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Bienvenida sea la máquina.

agosto 3, 2017

el arte de volar

Vengo de discutir con mi padre, una vez más, por esa España católica y mojigata.
Como la marea, que cada noche vuelve, es un tema recurrente en las discusiones familiares. Tanto o más como la invasión pancatalanista.
Decía la semana pasada Santiago Alba Rico, en Jaleo 2017, que una de las grandes conquistas de la educación pública es que puedes convertirte en adulto al margen de la herencia familiar.
Ojalá fuese tan sencillo, aunque algo hay de todo esto para que mi padre y yo, en principio, tengamos puntos de vista tan enconadamente opuestos.
Quién no tiene su Venezuela particular en su propia familia, yo sí.

Comprendo a todos aquellos que dicen que hay temas que son cansinos, recurrentes, y que hay que pasar página, lo comprendo, a mí también me gustaría pasar página, poder construir algo nuevo. Una nueva España, una nueva península ibérica con otro nombre. Otra concepción del estado nación, otra idea de lo que es una nación.

Comprendo la existencia de los nostálgicos de las naciones. Comprendo que se aferren a ello en un momento en que todo está tan diluido. Quizás por ello volvemos a necesitar símbolos del blanco o negro, del sí o el no, del 1 o el 0.

El capitalismo ha vaciado de tal modo el significado del continente que resulta difícil saber de qué estamos hablando cuando hablamos del nuevo estado de las cosas.
Sin embargo todo está claro cuando hablamos de España, de la nación. Paradógicamente es algo tangible. Una idea sencilla a la que aferrarse o no.

Cuando lees el arte de volar no puedes dejar de pensar en la vida gris de los vencidos. De la vida inocua de la masa silenciosa y de la estridente de la de los vencedores. Me sorprendió descubrir el estilo mafioso del régimen (esa impronta que hoy en día aún reconocemos en el comportamiento de la derecha) para acabar con la línea más afín a la restitución de la monarquía.

Supongo que ahí es donde cuesta entender la nueva España. Supongo que no hay mucho vencido que pueda aceptar una España construida sin la redención de los que durante 40 años fueron los vencedores.

Me gustaría decir que todo aquello no forma parte de nuestro ADN, que sí, que podemos por fin pasar página, que podemos hablar de una nueva concepción de España, incluso cambiarle el nombre a este Estado y llamarlo de una forma que apueste por el futuro cerrando las viejas heridas del pasado.

Pensemos en una España cuyo nombre en el futuro fuera 39N00W.

En 39N00W han desaparecido la bandera rojigualda, el rey, y las comunidades. Todas tienen el nombre de su latitud y longitud. La lengua que se habla en 39N00W es la lengua 724, la 725 y la 727.
Deshacerse de los símbolos arcaicos para entrar en una nueva era.
Yo hablo las lenguas 724, 725 y 727, ¿y tú?

Sí, para olvidar tendríamos que empezar por inventar nuevos códigos. Sino, siempre hacemos referencia a lo mismo. Vencedores y vencidos. Vencederos que han cedido poder por “voluntad propia” para convivir con los vencidos. Vencedores que han dado voz a los vencidos. Vencidos ingratos que siempre quieren más, que siempre verán a los vencedores como fachas, católicos y mojigatos.

Ojalá todo fuera tan fácil.
Desde la distancia, no veo peor condena para una persona como yo, con las ideas que tengo, como la de haber sido condenada a vivir en España durante la postguerra perteneciendo al bando de los vencidos. No puedo imaginar mayor tristeza. De hecho leyendo El ala rota y el Arte de volar es lo que siento, una terrible tristeza por todas esas vidas resignadas a vivir sometidas a un regimen político y moral que aborrecen.
Vuelvo al arte de volar y a Ala rota. No puedo dejar de pensar en la tristeza de esa vida. De esa vida de vencido en un país donde has de elegir: vivir renunciando a tus ideales o no volver o morir o vivir como un marginado.

Pero no todo es tan fácil de explicar.

Es muy sencillo inventar el todo desde la parte. Inventar el día a día y resumirlo en unas cuantas frases, palabras, en un libro. Qué sabremos de la vida, del día a día en la España franquista, qué sabremos. Ni tan siquiera los que la vivieron saben de lo que hablan, es cierto. Pero nos llega el perfume, el aroma, el olor a podrido. Nos llegan los comportamientos, las mentes reprimidas, los cuerpos reprimidos, el inmovilismo, el conformismo, la resignación cristiana.

Nos llega todo eso y una especie de aroma de felicidad popular de la masa inerte. El juego del paternalismo del régimen con las clases populares. Ese turismo de masas para el pueblo en la costa levantina potenciado en los 60s y 70s no se volverá a ver jamás. La pobreza también era para los vencidos, las masas inertes tuvieron su pequeña recompensa. Su pequeña compensación del estado de bienestar. Por eso hoy en día siguen calladas, por eso hoy en día siguen votando al PP. En España el estado del bienestar lo instauró el régimen.

No, no todo va a ser culpa del franquismo, 40 años no son nada en la historia de nuestra civilización. 40 años no hacen más que poner de relieve ciertos aspectos característicos de “nuestra” idiosincrasia frente a otros. Imposible aniquilar lo que somos en 40 años, signifique esto lo que signifique. Por que, qué somos. Y, hasta dónde llegamos. Donde empezamos a sentirnos extranjeros, donde nos sentimos habitantes de un lugar o de otro.

El otro día paseando por el paseo marítimo del Poeut, al lado del Perelló, me sentía como una marciano acabado de aterrizar en otro planeta.

Me ha pasado lo mismo paseando por la plaza de la virgen un día de festividad católica.

Me pertenece menos Valencia a mí que a vosotros porque no comparta vuestras tradiciones. ¿Son las personas los que nos hacen sentir que formamos parte de un lugar, son las personas en masa, son los actos en masa, las celebraciones sociales? ¿Todo eso que llevamos inoculado y que sale a la superficie cuando viajamos al extranjero? ¿Es el exterior lo que define nuestro lugar de pertenencia? ¿Es el rechazo del lugar donde vamos el que nos hace añorar el sitio donde hemos nacido?

Todo depende de nuestra personalidad. De nuestros vínculos afectivos. De nuestra capacidad para vivir nuestra propia vida al margen del juicio de los demás.

ala rota

No es sencillo.

39N00W se desvertebra. Y a mí qué. No le debo nada a este país. He crecido en él como la mala hierba, alimentándome a hurtadillas de las sobras. Creciendo a pesar de que nadie contara con mi existencia. Creciendo a pesar de que nadie esperara que existiera. Qué país puede considerarse como tal cuando abandona a sus hijos. Cuando los deja crecer a la merced del mercado. Qué país es digno de merecer el nombre de país cuando no es capaz de defender a sus ciudadanos, de arropar a sus hijos aunque sus creencias estén en las antípodas. Cómo creeis que evoluciona el ser humano si no es por su espiritu crítico e incorformistas. Otra herencia del Franquismo, o estás con nosotros o no existes.

No. No le debo nada a 39N00W. Si estoy vivo y continuo cuerdo ha sido gracias a mi tesón por encontrar respuestas a las preguntas fuera de los lugares comunes del pensamiento global, de las emisoras de radio, de las televisiones, gracias a mi olfato para perseguir, buscar y encontrar el pensamiento crítico.

39N00W siempre ha sido un lugar inhóspito para mí. He tenido que caminar a la contra. Buscar refugio en los márgenes, en las fronteras, en los submundos. Y he tenido mucha suerte. Mucha de haber encontrado compañeros de viaje que me han ayudado a sobrellevar cada una de las etapas. Personas que me han acompañado, gracias a las cuales no me he sentido aún más solo. Incluyo aquí a mis padres, que a diferencia de mi “país” ellos sí que han sabido aceptarme en mi diferencia y nunca se hubieran atrevido a marginarme en el “no existes”.

Solo frente a la masa.

Sí, sí, lo sé, ni soy el único, ni soy especial por ello. Incluso las minorías enfrentadas a la masa hoy en día somos multitud y hemos creado nuestros propios nichos de mercado. El capitalismo es generoso, el único sistema que sabe que incluso de su mayor enemigo puede sacar rédito económico.

Así que aquí estamos mi padre y yo discutiendo sobre una España católica facha y mojigata que dejará de existir en breve y que pasará a llamarse 39N00W.
Un lugar nuevo. Con nuevas inquietudes. Nuevos conflictos. Pero que por fin habrá superado los cansinos conflictos de la delimitación territorial y de la lengua porque ni los límites territoriales ni las lenguas existirán ya como rasgo distintivo de un grupo social.

Miraremos atrás y sentiremos nostalgia por haber superado esos conflictos tan banales. Habiendo como habrá un software que unificará todas las lenguas en una sola, ¿qué nos importará finalmente las particularidad de una de todas esas lenguas?
Y si finalmente se confirma la posibilidad de la mejora genética de los seres humanos en laboratorios, ¿de qué naciones estaremos hablando entonces?

Yo pertenezco al laboratorio X.O.Y.A.33B

Lo queramos o no se tendrá que experimentar con el ser humano, el que hoy en día conocemos está obsoleto. No logra superar los resquicios de los conflictos del siglo XIX. Hablamos de la gran crisis de los combustibles fósiles pero en realidad los seres humanos compartimos esa misma crisis. No hemos podido superar esas falsas expectativas de desarrollo humano que fracasaron.

Somos una bandada de pájaros a la merced de las corrientes de aire.

Ha llegado el momento de claudicar. Todos. Se ha acabado. Las máquinas cumplirán mejor que nosotros los requisitos básicos para proteger el planeta y no perderán el tiempo en discusiones estúpidas: religión, repartición de la riqueza, delimitación de las fronteras, gestión de los recursos limitados, control de las necesidades infinitas.

La carne no va a poder superar a la máquina. Y la máquina será un refugio para la protección y la conservación de la vida.

Bienvenida sea la máquina.

Del lalalalá al hachazo (o las manos de mis hijos).

junio 19, 2017

 

metroLlevo años diciéndome que antes de que deje de pasar tengo que escribir sobre ello. He hablado del tema en un par de ocasiones a personas anónimas a las que les he colado la idea sin que viniese a cuento y también lo he colado por ahí, como quien no quiere la cosa, en la biografía de algún personaje, pero eso que llevaba tiempo diciéndome, escribir sobre cómo le cojo las manos a mis hijos de camino al colegio, no lo había podido contar hasta hoy.

Una frase como ésta larga, difícil de digerir por expresar con un aprobado justo lo que quiere transmitir sería un claro ejemplo de lo que no ha hecho Ray Loriga en su nueva novela: Rendición.

Sí, llega un momento en que podemos identificar cuando escribimos mal y tenemos que sacar el hacha. Es el momento en que la escritura pasa de ser un lalalala a ser una tortura a la que hay que estar preparado para enfrentarse con un hacha bien afilada. Pasa en todos los ámbitos de creación: del lalalalá al hachazo.

Es verdad que de tanto hacerlo, al final, uno acaba encontrándo su aquel al trabajo meticuloso, artesanal, no hay otra manera, que significa crear algo, pero olvídate del lalalalá y prepárate a sudar tinta.

Sacas el hacha y empiezas a tallar el bloque de madera con contundencia pero al mismo tiempo con mimo, con cariño, pero con contundencia, ¿cómo se puede hacer esto?

rendición

Hace mucho, mucho tiempo, Ray escribió uno de sus mejores textos, no sé ni dónde ni cómo llegué hasta él. Describía de forma desternillante una situación cotidiana, ponerle parquet a su casa. En aquella época no había facebook pero había myspace y como estaba con Cristina Rosenvinge, Ray, claro, le escribí diciéndole que felicitara a su marido, que me había reído mogollón leyendo esa anécdota cotidiana, esa novelización de la vida cotidiana. Una veta que me pareció muy interesante y que yo, creativamente, he intentado explotar al máximo, Ray Loriga no mucho.

Iba a titular el post: novelizar la vida, o quizás inventarla, o quizás no. Seguramente tiene que ver con el día que Ray contó la hazaña de poner parquet en su casa, o quizás no.

Mi hijo y mi hija son diferentes, no importa en el lado que se pongan, lo noto cuando les cojo la mano para ir al colegio. Por decirlo así, rápido, ella tiene las manos finas y él las tiene gruesas. Él te coge la mano encajándola y a ella tienes que encajarla tú porque siempre deja un dedo por encima del lateral, como intentando dominar la situación.

No todo el mundo sabe utilizar un hacha. Es normal, no es fácil el manejo. Más difícil es aún utilizar un hacha para tallar cosas complicadas, cosas resistentes al tiempo en su propia “fragilidad”. No, no es fácil el trabajo del creador, has de estar pendiente de demasiadas cosas. La alta literatura tiene demasiados frentes abiertos y lo que no se te va por el estilo se te va por la forma o por la estructura o por la construcción de los personajes o por la credibilidad de lo que cuentas o por el cierre de la historia. Bufff, dan ganas de pegarle un hachazo al ordenador y mandarlo todo a la mierda. ¿Quién cojones me haría a mí pasarme del Lalalalá al hachazo?

ray-loriga

Hace unos meses fui a visitar a un colega a Toulouse, el viaje nos salió a cuenta porque utilizamos el blablacar. Siempre que voy a Francia pienso en Philippe Djian. Es el único escritor del que me he leído todos sus libros. Sin darme cuenta pasan los años, voy a la FNAC pregunto por él y hago que me traigan todo lo que ha publicado. Como no llevo un listado, y tiene tantos libros, hay algunos que tengo repetidos.

En Toulouse las cosas más interesantes le pasaron a Mr. Perfumme, que es más joven que yo y aún tiene energía para que le pasen cosas interesantes como levantarse por la mañana en un apartamento de Toulouse sin móbil, sin saber la dirección donde estábamos nosotros, ni qué hora era, ni si nos volvería a encontrar. Por suerte el edificio donde se durmió estaba justo al lado de la casa donde nos alojábamos, tuvo la suerte de levantarse y llegar a casa antes de que nosotros nos hubiéramos ido a desayunar.

Mientras Mr. Perfumme se llevaba su anécdota Toulousenca que contar a nuestros amigos, nuestra mayor ambición era comer paté, quesos variados, unas ostras, si era posible, y, por supuesto, pasarme por una librería a ver si Phillipe Djian había sacado libro.

Entré en la librería equivocada porque el vendedor se notaba que odiaba a Phillipe Djian. Así de pasada me contó que había trabajado para la editorial en la que estaba Djian en sus inicios, cuando vendía 200.000 y 300.000 ejemplares, en Francia puede pasar esto, pero que nunca le había parecido un gran escritor. Ni a él ni a ningún lector francés con criterio…

En ese momento pensé que ese librero era un capullo ya que yo he crecido como lector con Djian, desde 1994 hasta el 2017, y viene el librero con su soberbia francesa de conocer su sociedad mejor que yo para decirme que Djian se ha convertido en un escritor menor, que solo vende 10.000, 20.000 libros, esto también pasa en Francia.

Total que como soy muy respetuoso le digo que me diga él qué cojones es la alta literatura francesa y me encasqueta el último libro de Despentes, era de esperar, y un par de libros más que son muy buenos pero que no pasé de la primera página porque me dormía. Por supuesto me llevé también uno de Philippe Djian que no tenía: “Oh..”

oh...

Sé que las sensaciones no se pueden almacenar, que no son como videos o fotografías. Sé que las sensaciones son cosas que añoramos, como cuando ves a tus hijos irse en el coche de tu padre, van en los asientos de atrás, te miran, te saludan resignados como diciendo porqué no te vienes con nosotros. Te sonríen y se despiden moviendo la mano.

Eso es lo que tienes que aprender a manejar con el paso del tiempo para no ir directo al acantilado más cercano y saltar sin pensar demasiado. A veces las emociones son demasiado fuertes para ser contenidas dentro de un cuerpo humano. Estamos tan acostumbrados a no ser imprescindibles para nadie que de repente serlo puede resultar abrumador.

Así que ahí voy yo, los días que me toca llevar a mis hijos al cole, agarrado de sus manos, aunque ellos piensen lo contrario. Aprovechando ese contacto que sé efímero. Se sueltan y espero a que vuelvan, aún sé que van a volver, aún me necesitan. Sus manos se acoplan a las mías como Koji Kabuto en la cabeza de Mazinguer Z.

Ray Loriga y Philippe Djian son dos leñadores. Uno es español y el otro es francés. Esto marca. Vivir en un país u otro marca porque uno tiene que encajar la leyenda de El Quijote y el otro tiene convivir con la alta intelectualidad francesa de izquierdas, la divine gauche, un tío que empezó siendo guarda en una aduana, un self made writer, y un tío que bebe cerveza y es fanático del Real Madrid, un poco más de lo mismo. Universidad de la vida, de la calle. Luego claro está hay que sacar el hacha, alfilarla, y saber contar la historia, como Faulkner, en la economía de la palabra está la fuerza de la historia. Muy bien Ray, El Quijote y Faulkner todo en uno.

djian

Como soy fan de Isabelle Huppert, y tengo la suerte de trabajar en una biblioteca, cayó en mis manos Elle, la película de Paul Verhoeven. Empecé a verla y ya notaba yo algo raro, algo familiar, un posicionamiento ético y moral de la historia que me resultaba familiar. Cuando acabó la película y me fijé en los créditos lo comprendí, la peli está basada en “Oh..!”, el libro de Philippe Djian. Vi la entrevista que le hacían a Paul Verhoeven sobre como fue la producción de la película. Contaba cosas muy interesantes que tienen que ver con la forma de escribir de Phillippe Djan y que tiene que ver con la razón que haya sido fan suyo durante tantos años.

Cuenta Paul en la entrevista que originariamente ésta iba a ser una producción Norteamericana (aquí van a haber spoilers de la peli y del libro, o quizás no) pero que tanto las actrices como las productoras perdían el interés en cuanto conocían la resolución del conflicto que plantea la historia. En el cine americano hay una ética, una moral, y cuando en la historia, una vez se conoce el culpable, no aparece la venganza, ya no interesa. Ya no interesa al cine norteamericano hacer cine para adultos, no pueden aparecer desnudos ni ideas que hagan reflexionar a la gente. Así que Paul tuvo que mirar hacia Europa y más concretamente hacia Francia y más concretamente hacia Isabelle Huppert que es una actriz que si sabe algo es que por mucho que intentemos esconder la inmundicia humana, ella sigue estando ahí.

Y ahí está Ray, encorsetado en su armadura castiza española a la que los hachazos Faulkerianos le vienen que ni en pintura enfrentándose a nuestra propia idiosincrasia, intentando vehicular y consiguiéndolo, lo invehiculable. Francia y España son dos países diferentes pero Loriga y Djian son dos llaneros solitarios que a duras penas saben como han podido avanzar en todo esto.

Esta mañana mi mujer tenía trabajo. Del calor que hace ya no se puede estar en la ciudad a no ser que tengas un ático con piscina o una piscina pública cercana. Así que como buen hijo de mi tiempo decido irme a casa de mis padres, que ellos sí consiguieron triunfar en la vida y tienen un “chaletito” en las afueras de Valencia con piscina. Como mi mujer se ha llevado el coche iremos en metro. No voy a contar esta vez la de veces que cogí ese metro de joven los domingos por la tarde a partir de los 14 años para aprovechar esas horas previas a la vuelta de mis padres y tener un espacio privado con mi novia de entonces…

Son las 12h10 y el metro sale a las 12h33. Vamos semicorriendo porque vamos justos de tiempo. El sol cae a plomo y mis hijos que han salido con fuerza del patio empiezan a estar cansados, aunque van por delante de mí, ralentizan su paso hasta que se ponen un poco por detrás, estiran la mano y se cogen de las mías. Él las tienes gruesas y lánguidas, de jugador de pelota valenciana, ella finas y nerviosas, de jugadora de voleibol, para mí los dos tienen manos de pianista.

 

 

 

 

Calamaro & Monteserrat Caballé o la filosofía me salvó la vida.

junio 13, 2016

Sí, amigos, la filosofía me salvó la vida.

Hace ya unas cuantas semanas que le voy dando vueltas a esta idea. Estabámos comiendo en casa de mis padres y mi madre dijo: ¿véis esa serie nueva del profesor de filosofía? Mi padre la arropó: sí, esa que él es un gamberro.

MERLÍ.

merli_tv_series

He perdido la costumbre de ver series por televisión, no sé porqué, me pone muy nervioso no tener el control de lo que veo y cuándo lo veo.

Sobrevolé un capítulo de Merlí y comprobé que mis padres tenían razón: la serie valía la pena. Aún así dejé de verla a los 20 minutos, fue suficiente para recordar a Mr. Sánchez, mi profesor de filosofía de COU.

La semana pasada volví a ver un capítulo de la serie. Esta vez aguanté un poco más. Mientras la veía no podía dejar de pensar en Mr. Sánchez, ese profesor de filosofía que de alguna manera me salvó la vida, o me salvó de la locura. Creo que no fui al único al que rescató y creo que no me equivoco al decir que muchos de los alumnos que lo tuvimos como profesor sentimos algo que durante los años anteriores de colegio no habíamos sentido: en el conocimiento puedes encontrar la salvación, porque en el conocimiento puedes encontrar la explicación de lo que te pasa.

Esa temporada, la de los 17/18 años fue una de las más difíciles de mi vida. Tendría que escribir un libro para intentar desentramar lo que me pasó aquella temporada. Pero ahora quiero centrarme en Mr. Sánchez el profesor de filosofía que con su forma de explicar la filosofía me rescató de la oscuridad. Y no era solo porque era un buen pedagogo, que lo era, sino porque la filosofía era lo que precisamente necesitaba yo en ese momento de mi vida para entender lo que estaba pasando por mi interior, y lo que estaba pasando por mi interior con relación al exterior, al mundo que nos rodea.

Revisamos todas y cada una de las tendencias filosóficas y con cada una de ellas me abría la mente, me daba respuestas, me daba razones para ir hacia la luz, comprender y seguir viviendo. Mr. Sánchez parecía un mago y la filosofía era su varita mágica. ¡Chass!, te enciendo esta luz en el cerebro, ¡Chass!, te enciendo esta otra. Todo desde el escecpticimo, desde la ironía, desde la crítica.

Supongo que cualquiera que haya sido profesor sabrá lo difícil que es meterse a los alumnos en el bolsillo, sobre todo cuando se topa con una clase bastante guerrillera y descentrada.

Si digo que aprobé la selectividad gracias a la filosofía, ahora, después de leer esta entrada nadie estará sorprendido, pero durante aquel año ni tan siquiera Mr. Sánchez tenía claro que yo estuviese entendiendo algo de lo que estaba explicando. La mecha que había prendido en mí estaba por encima de lo que él mismo podía imaginar.

Ayer fui a ver a Calamaro, actuaba aquí en Valencia y como era el cumpleaños de Sonia le regalé una entrada y la acompañé.

Calamaro_01

En cuanto Calamaro salió al escenario, su propuesta era jazzy, supertranqui, la gente empezó a aplaudir como poseida por el mismísimo diablo. Un ruido atronador. Sin haber dado ni una sola nota.

Al ver a Calamaro ahí arriba, acallando las masas, volví a pensar en Mr. Sánchez. Pensé en algo que dijo en una de sus clases, esos enigmas que planteaba, que nos planteaba, creo que eran la esencia de su poder, ¿qué pensáis vosotros? ¿tenéis una opinión? ¿sois capaces de decir algo inteligente? Mr. Sánchez siempre nos estaba retando, de tú a tú, como personas inteligentes  (aunque según nuestro expediente fuésemos los burros de la clase), cómo personas que podíamos saber tanto a o más que él sobre la vida. Como personas responsables que eran capaces de manejar sus vidas.

Mr. Sánchez nos planteó aquel día la siguiente cuestión: cuando la gente va a un concierto de  Montserrat Caballé, que por aquella época ya era bastante mayor, ¿va a ver a Montserrat Caballé o va a escuchar a Montserrat Caballé?

Mr. Sánchez decía más o menos que uno, si admiraba mucho a alguien, perdía el espíritu crítico y ya no iba a ser capaz de valorar si la persona que tenía enfrente estaba por encima de su imagen. No iba a ser capaz de determinar si Montserrat Caballé estaba cantando bien o mal porque el simple hecho de ver a Montserrat Caballé en directo te hacía perder la perspectiva de su calidad. Querer ver lo que uno quiere ver puede distorsionar lo que uno ve realmente. Si queremos ver un gran concierto de Montserrat Caballé lo vamos a ver aunque Montserrat Caballé esté dando el peor concierto de su vida.

Ya os he dicho que Calamaro salió a escena y el público empezó a aplaudir poseido por el dios del ESTO ES DE PUTA MADRE, pase lo que pase, porque ese tío que tengo delante, el continente, es más importante que el contenido: qué va a cantar, cómo lo va a cantar, con quién va a tocar etc.

Pensé, Calamaro, tú no puedes hacer conciertos de este tipo, tío, tú tienes que hacer conciertos en grandes estadios porque la gente no quiere escucharte, la gente quiere aplaudir y corear tus himnos.

Y así fue gran parte del concierto, aplauso antes de empezar una canción, aplausos cuando empezaba a cantar, aplausos cuando dejaba de cantar y aplausos cuando acababa la canción.

Por momentos tenía la sensación de estar viendo un partido de fútbol y eso que la música, las canciones y la manera de cantar de Calamaro me gustan mucho, pero, amigo, qué público. Qué mierda de éxito, ché. Y eso que Calamaro los estuvo conteniendo todo el rato, el cuateto jazzy no daba para más, de volumen, no de calidad, evidentemente, había que contener el volcán.

Salí del Palacio de Congresos con una extraña sensación. No podía dejar de pensar en Mr. Sánchez y en Montserrat Caballé. Lo mismo que me salvó la vida cuando tenía 18 años había hecho imposible que  disfrutara del concierto, y no solo porque tenía la sensación de estar rodeado de hooligans, sino porque Calamaro al verse en esta tesitura estuvo condescendiente consigo mismo y dio un concierto al 50%. El continente fue más importante que el contenido y todo el mundo salió muy contento de allí, menos yo.

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -25-

mayo 10, 2016

¿Por qué, para qué hasta cuándo ser músico?

Los músicos de base nos conformamos con bien poco (Todo lo que voy a contar es algo sobradamente conocido por cualquier que haya tenido un proyecto musical serio).

nestor_ubik_01(Néstor Mir Grup, atentos que por primera vez en la historia Santi Serrano toca de pie)

Es domingo por la mañana en Valencia, ha salido el día lluvioso. Me he puesto el despertador a las 9h. He quedado a las 10h en el local de ensayo con Santi.

Pongo un vaso de agua en el microondas: ¡PING! Ya está lista. Un té rojo para desayunar. Me acerco a la ventana que da al patio interior. Llueve bastante. Pienso: ya veremos quién viene hoy al concierto.

Cargo con las mochilas donde llevo cables y pedales y voy a por el coche. Paso por casa de Landete para recoger un minialtavoz amplificado que le dejé para el pase que tenía el viernes en la expo de Paula Bonet. Se va a Gandía tocar. Los dos miramos el cielo, gris.

Cuando llego al local llamo a Santi para ver por dónde anda. Me dice que aún está en el empalme de Burjassot. Le digo que voy a recogerlo a la parada de benimaclet.

Para hacer tiempo me compro una empanadilla. Pienso: voy a comer algo porque ya veremos a qué hora comemos.

Justo cuando llega Santi, Gilberto me envía un whatsapp diciendo que va a coger un autobús para ir yendo al local donde tocamos. Le digo que estamos al lado de su casa y que si quiere pasamos a por él.

Finalmente nos vamos los tres juntos al local de ensayo a recoger los trastos: timbal base, toms y platos que nos ha dejado Rafa Ferreiro, un ampli pequeño de bajo, un ampli pequeño de guitarra que nos ha dejado Benjamin del grupo Mr. Les Art, un teclado y un guitarra Les Paul de Landete. Sigue lloviendo. Los tres sabemos que cuando llueve en Valencia no sale ni el Tato.

Llegamos al local donde vamos a tocar y descargamos por tandas porque no hay sitio donde dejar el coche y enseguida se hace cola detrás de nosotros, a la tercera vuelta a la manzana ya lo hemos descargado todo. Encuentro sitio relativamente cerca del local y relativamente pronto, lo cual está muy bien para un barrio como Russafa.

Marenges, un músico Mallorquín al que he invitado para este concierto, ya está en el local. Nos ayuda a descargar.

Cuando aparco el coche sigue lloviendo. Me ha costado bastante aparcar porque había el sitio justito para mi coche. Son casi las 11h30. No me ha sentado muy bien la empanadilla que me he comido. Miro las calles vacías y pienso: ¿qué hago aquí? Estiro el brazo para alcanzar el paraguas que Gilberto se ha dejado en el asiento trasero, no logro cogerlo. Me quedo quieto, no me apetece salir del coche. Me quedaría allí dejando pasar el tiempo hasta que fuese demasiado tarde para todo pero llega el dueño del coche de delante, se va, y pienso: voy a aparacar mejor el coche, más holgado. Y también: pase lo que pase, vamos a pasárnoslo bien.

Cuando llego al local donde vamos a tocar Estela y Lidia, vienen desde Alcoi, aún no han llegado. Las llamo y me dicen que están entrando en Valencia. Llevan la mesa de sonido, así que hasta que no lleguen no podemos probar. El local tiene un par de bafles autoamplificados y una mesita pequeña pero nosotros necesitamos más canales.

Cuando llegan las chicas solo falta conectar el equipo de voces. Son las 12h45 cuando hacemos la prueba de sonido. Algo rápido porque no llevamos técnico de sonido. Desde el último concierto en Alcoi he decidido simplificar la propuesta para no volvernos locos en la prueba y poder hacer un concierto con menos pretensiones pero más factible. En 10 minutos ajustamos volúmenes y prueba Maranges que sobre las 13h10 ha acabado.

Mientras hemos hecho la prueba ha ido entrando gente al local. Para mi sorpresa la gente sí que sale de casa cuando llueve en Valencia. Cuando acabamos el bolo uno de los dueños del local me comenta que la lluvia nos ha venido bien, que los dos últimos conciertos al hacer buen tiempo no había venido casi gente. Sorpresa.

maranges_01(Maranges, desde Mallorca)

Para cuando va a empezar Maranges el local está a tope. Nos han dado tres tickets para consumiciones, si nos queremos quedar a comer tenemos que reservarnos uno. Nos vamos a quedar así que nos dan dos tickets para bebida y un ticket para la comida.

Los conciertos van bien. El local es bullicioso, tienen una clientela más o menos fija que sabe que los domingos por la mañana hacen conciertos. Los que quieren prestar más atención al concierto se acercan al improvisado escenario, los que menos charlan, sin gritar, por los diversos rincones del local. Hemos Maranges ha empezado a las 13h30 y a las 1515h hemos acabado nuestro pase.

Recogemos los trastos y los apartamos a un lado. Entre unas cosas y otras sobre las 16h empezamos a comer.

Sobre las 17h hay que ponerse en marcha y llevar el material al local.

Esta vez hacemos zafarancho de combate y entre todos metemos todo el equipo en el coche bastante rápido. Hacemos un poco de cola en la calle aunque no demasiada.

Cuando llego a casa son más o menos las 18h30. He salido sobre las 9h30 de la mañana, hace nueve horas. Es el momento de echar cuentas. No solo monetarias:

  1. Qué tal el local: es un lugar agradable donde mola tocar, es escpacioso, hay ventanas, hay luz. Muy bien. Vale la pena.
  2. Qué tal el sonido del local: bien, aunque hubiésemos necesitado un técnico de sonido para sonar mejor, y claro está para sonar aún mejor mejor equipo de sonido, pero hay que buscar el equilibrio.
  3. Qué tal el público: el local estaba lleno, principalmente de clientela asidua al local, a pesar de que ha llovido el local estaba lleno así que MUY BIEN.
  4. ¿qué tal se comportado el público: era bullicioso pero no irrespetuoso. Quien quería atender podía acercarse a los músicos.
  5. Nos han dado tikets para comer (6 músicos)
  6. Nos han dado tickets par beber (2 por músico)
  7. Nos han pagado un fijo de 200 euros (había acordado con el dueño que a partir de cuatro músicos paga un máximo de 200 euros. De los 200 le doy 50 a Maranges al que el billete de barco ya le ha costado 50 euros. Se queda a dormir en casa de nuestro amigo y músico Hugo Más. El resto de músicos salimos a 30 euros por músico, unos 4 euros la hora, sin contar horas de ensayo etc.).
  8. Entre el concierto de Maranges y el mío la Sra. Carmen ha pasado la gorra y ha recogido unos 45 euros, de los cuales le doy 20 a Maranges y reparto el resto entre mis músicos ( 5 euros por músico)

A grosso modo, para un músico de base como soy yo, esta ha sido un gran bolo: ha habido gente, nos han pagado un fijo, nos han tratado bien. Ha sido un bolo en el que ni hemos perdido pasta ni hemos salido psicológicamente tocados, así que a las 18h30 de la tarde cuando me tumbo en el sofá para descansar estoy satisfecho. Aún me quedan un par de horas para desconectar antes de ir a por Maranges y llevarlo al puerto, sobre las 21h15 tiene que coger el barco de vuelta a Mallorca.

Para acabar voy poner primero esta video, lo siento solo lo podréis ver si pincháis aquí y entráis en facebook, y después comentar algo que es importante para la escena musical: nadie quiere, o por lo menos yo no, hacer conciertos subvencionados en locales vacíos pero sí que defiendo que ha de existir una inversión y subvención a la infraestuctura que sustenta la música para que se garanticen unos mínimos de público y condiciones, tanto técnicas como monetarias.

Los músicos, los de base, nos conformamos con bien poco pero debería existir un mínimo, llamémoslo mínimo de dignidad, por debajo del cual no deberíamos salir de casa.

 

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -21-

marzo 30, 2016

Música y cine. Por qué, para qué y hasta cuándo ser músico hoy en día.

Amy & Whiplash.

Cualquiera sabe que el cine, y por qué no, los documentales son ficción. Incluso, si me apuras, los artículos de opinión son ficción. Se aferran a un idea e intentan conseguir argumentos para demostrar esa idea. Será periodismo del malo, será cine del malo, no, es ficción.

Esos dos mundos ficticios; uno más que el otro ya que el protagonisa de Whiplash no es más que el recuerdo de juventud del director de la peli, sin embargo Amy, es Amy; reflejan perfectamente razones por las que no tendría sentido para mí ser músico.

Cada una a su manera muestran dos caminos de los que desde el principio he huido.

Hago aquí un inciso que, aunque no totalmente, algo tiene que ver. Además de Amy y Whiplash también vi Origen (desde que vi Interestellar me he hecho fan de Stepehn Nolan y voy a acabar viendo hasta las de Batman). En origen Leonardo di Caprio habla de inculcar en el origen una idea (Creo que la peli va más o menos de esto). Que una vez existe esa idea no hay manera de quitarla porque es una idea que está por encima de nuestra voluntad, una idea que pertenece al subconsciente.

Si alguna vez me preguntaran seriamente por qué sigo en esto respondería: porque está por encima de mi propia voluntad. Es la idea la que está en el origen. Lo importante es saber si esa idea está realmente, si esa idea resiste y si resiste por qué lo hace.

Whiplash expone, de nuevo, una manera muy economicista de ver la vida, de deportista de élite, de maximización de beneficios; en contraprestación, y aquí es donde siento cierta simpatía por Amy, lo interesante de Amy no es que fuera una gran voz, voces como la suya debían de haber y hay miles, lo importante es que tenía algo personal que contar.

Aún así en estos dos mundos tenemos, por un lado; solo si simplificamos y comprimimos conseguimos una historia, conseguimos un efecto en el espectador, es la época creativa que nos ha tocado vivir; un músico que para ser músico ha de ser como el Jordan de los Chicago Bulls, y una chica que no queriendo nada, como una hoja empujada por el viento, se ve en medio de un torbellino que, sorpresivamente, la lleva hasta el otro barrio.

Si tuviese 20 años menos me hubiese emocionado en un caso y enfadado en el otro, no digo que no, pero hoy en día con cierta perspectiva no puedo dejar de ver la intencionalidad que hay detrás de cada propuesta y que en ambos casos acaba siendo la misma: captar la atención del espectador por encima de explicar las cosas cómo son realmente.

Y, sí, te entretienes, pero qué hay de la idea original de Amy, o del protagonista de Whiplash, Andrew, qué hay de la idea de ser músico. ¿qué tiene que ver esto con el documental sobre la vida de Amy Winehouse o la experiencia de Andrew en Whisplash? Nada. No tiene nada que ver, tiene que ver con la industria del cine y de la música, tiene que ver con la idea de hacer dinero, tiene que ver con cerrar un buen guión que tenga ritmo, que cuente bien la historia.

Si alguien me preguntara si Amy o Andrew son músicos diré que no, que son carnaza, cada uno en su lugar, carnaza que alimenta la hoguera, carnaza que mueve la máquina de hacer billetes.

En otro lugar en otro espacio, en otro tiempo está esta otra propuesta:

The Living Room – A Film by Shane Meadows

Por si a alguien le interesa.

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -20-

marzo 15, 2016

Tocar mal, tocar bien, tocar mejor.

Tradicionalmente los grandes músicos, los técnicamente superiores, solían estar vinculados al mundo del jazz o de la música clásica. Esta es la idea que subyace en la concepción ortodoxa de la creación musical. Digamos que si la música es un melón, solo puedes exprimirla al máximo llegando desde el jazz o la clásica (si Quique Ruiz ha vuelto a darme una oportunidad y está leyendo esta entrada seguramente se pare justo ahora y cierre la pestaña para pasar a otra cosa).

Pero supongamos que después de dedicar mucho de nuestro tiempo a la música pudiéramos, sin parecer que queremos parapetarnos en la ley del mínimo esfuerzo, sino todo lo contrario, decir: no hago ni jazz, ni clásica, pero no porque no pueda, sino porque no me la la gana y he invertido mi tiempo en estudiar y practicar para plasmar música de calidad que no se puede encasillar dentro del jazz o la música clásica.

La música pop-rock popular tiene la mala fama de ser música sencilla, música fácilmente digerible. Se me ocurren varios ejemplos que demostrarían lo contrario pero esta entrada no es para hablar sobre ello. En esta entrada quiero hablar de la calidad actual de música pop-rock popular.

Echando un vistazo al panorama nacional da la sensación de que las nuevas generaciones se han puesto las pilas a saco.

Lo que en el pasado parecía tener que ver con una suerte de lotería, que un grupo, en su conjunto, estuviera compuesto por buenos instrumentistas a la vez que compositores, parece ser que hoy en día, ha quedado atrás.

Tuve esta especie de revelación cuando Santi Campos, el otro día, colgó una canción de Mucho.

Casualmente Julio Ruiz los había pinchado la semana pasada porque iba a grabar en directo un programa con ellos, pero pinchó un tema que no me convenció. Sin embargo, cuando vi el video que había compartido Santi Campos sentí algo extraño. Algo así como esa envidia que te entra cuando ves un video de un grupo americano o británico tocando en riguroso directo alguna de sus canciones y que éstas suenan como el disco.

Al llegar a esta conclusión me di cuenta de que desde que empecé en la música hasta ahora las cosas han cambiado mucho en todo, pero esencialmente en algo que tiene que ver con la siguiente anécdota.

Últimamente Santi Serrano (batería) y yo compartimos algunas horas en el coche de camino de nuestro ensayo en Alcoi con Julia. Estamos preparando el concierto del día 25 de marzo en la edición del MIMA de este año.

Santi, para que no me duerma, no para de hablar, y de hacerme hablar, y hablando de la calidad de los grupos me contó que cuando estaba en All Sex Picken telonearon a Green Day cuando vinieron a Valencia. En las pruebas de sonido se quedaron todos petrificados cuando aquellos tres jovencitos, que por aquella época tendrían poco más de 20 años, tocaban sus instrumentos que daba miedo. Y no solo eso, se pasaron la prueba haciendo versiones de los jam salteadas con versiones del blues más aunténtico del profundo Mississippi.

Los americanos y los británicos no se andaban con chiquitas, ni se andan, esa imagen de tocar bien, tocar mal, es un puñetero invento “español” ochentero. Una maldita rémora con la que hemos tenido que convivir durante muchos, muchos años. Y no digo que no puedas ser músico y tocar mal, yo mismo no soy un increíble instrumentista, pero lo que digo es que cuando haces un directo has de estar arropado por lo mejor. Y no hablo solo de la ejecución, hablo también del sonido.

Hasta hace no mucho tiempo era complicado encontrar buenos instrumentistas y los que eran buenos parecían solo querer dedicarse al jazz o a la música clásica y los que cedían a participar en el mundo del pop convirtieron el sonido del pop en un infierno. No puedo dejar de pensar en los conciertos de Antonio Vega o de Luis Eduardo Aute en los Jardines de Viveros acompañados por virtuosímos músicos que aniquilaron el sonido y la interpretación que, según mi punto de vista, debían acompañar y arropar esas canciones escritas en unas coordenadas y desde un lugar totalmente distinto.

Pero por fin eso se ha acabado, por fin podemos decir que en España hay virtuosos de la música pop rock popular que ya no buscan en el jazz y en la clásica la reafirmación de su calidad como instrumentistas (y como compositores). Músicos de la leche que han conseguido, como de hecho en muchas ocasiones hicieron los virtuosos del jazz y de la música clásica, transmitir convirtiendo una ejecución técnica compleja en una idea asimilable para el público en general.

Hablaba de ello en mi anterior entrada, la entrevista a Jordi Lanuza, como hacer que lo técnicamente difícil sea fácilmente escuchable y dejar de pensar que porque sea fácilmente escuchable es fácilmente ejecutable técnicamente.

El listado de grupos que se podría citar dentro de estas coordenadas podría ser muy larga pero ahí van 10 elegidos al azar(¿?):

Luis Prado (Señor Mostaza)

Santi Campos.

María Coma

Lorena Álvarez

Maika Makovski

Betunizer

Nueva Vulcano

Alberto Montero

León Benavente

Pau Vallvé

 

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -15-

febrero 2, 2016

Música y literatura musical.

Antes de escribir La conquista del Oeste, escribí un diario “musical” Tras la pista de Los Suicidas. Una amiga lo leyó y me dijo: no ha me ha quedado muy clara la historia, da la impresión de que hablas en un código secreto que sólo podéis entender los músicos.

No le faltaba parte de razón. La literatura musical, al igual que la música ha formado parte de mi vida: revistas musicales, biografías, letras de canciones y  ficción narrativa musical, sí, ante mis ojos ha pasado de todo.

Recuerdo que hubo un tiempo que sacaron algunas novelas en las que Lennon era el protagonista. Recuerdo haber leído El joven Lennon. Sí, mi amiga tenía razón hay un lenguaje especial que rodea el mundo de la música.

lennon

Cuando escribí La conquista del Oeste tuve la intención de que ese mundo de la música estuviese al servicio de la historia que quería contar, es decir, que cualquiera que no perteneciera al mundo de la música, por ejemplo un experto en fontanería, pudiera pillar el mensaje de fondo de la misma manera que yo pillo el mensaje de fondo cuando el que escribe un libro es un experto en lingüística, en filosofía pre-marxista o en fontanería.

Me he hecho lector de literatura musical pero también es verdad que mis amigos y familiares también se han encargado de confirmar este rasgo en mí. Muchas veces, los regalos que me han hecho han sido o bien sobre música o bien escritos por músicos. Aún me acuerdo cuando David y Almudena me regalaron Corre, rócker de Sabino Méndez, no estoy seguro pero creo que algún día lo acabé de leer. Si no recuerdo mal, cuando Sabino Méndez sacó este libro Loquillo quería pegarle una paliza, algo así leí en algún ruta 66 de aquella época. Enfín, esto os lo podrá contar mejor Rafa Cervera que escribía en el Ruta 66 (y escribe).

Sí, soy capaz de entrar en una tienda de discos y acabar comprando un libro. El año pasado, sin ir más lejos, cuando fuimos a pasar el fin de año a Granada, el día 2 de enero, fuimos primero al Bora Bora y después al Marcapasos, aunque allí compré varios discos, acabé comprándome uno bastante flojete de la serie Discos que marcaron una época: The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de Juan Manuel Escrihuela.

ziggy

Uno que también es un gran lector de literatura musical es Micalet Landete, él me regaló Nuestro grupo podría ser tu vida. Un libro muy interesante para comprender la verdadera esencia del do it yourself. Aunque claro no es lo mismo hacértelo tú mismo en Valencia, España, que en los EE.UU de Norteamérica. Allí tienen un poco más de sitio por donde moverse. Micalet también me ha sugerido que me lea: Bonnie “Prince” Billy por Will Oldham, estoy esperando a que me lo regale.

nuestro_grupo_podria_ser_tu_vida

Creo que en alguna otra entrada comenté los libros de otros músicos que cuentan su vida de músicos en un libro. No hablo aquí de los que intentan convertirse, como yo con La conquista del Oeste, en contadores de historias envueltas en un halo musical que nada tienen que ver con sus batallitas musicales, hablo de los que cuentan, como hago yo en Ser músico hoy, como les influye o ha influido en sus vidas ser músicos a través de sus vivencias. Hablo de Cosas que nuestros nietos deberían saber de Mark Oliver Everett y Rat Girl de Kristin Hersh. Dos libros que no es que te pongan a hervir la sangre por lo que te cuentan pero que si eres fan de sus propuestas te ayudan a comprender mejor el universo creativo en el que viven los autores.

Ningún fan de Neil Young y de toda la época del boom de la contracultura debería dejar de leer Shakey, la biografía de Neil Young escrita por Jimmy McDonough, que ahora odia a Neil Young, estuve en la presentación que hizo Elvira Asensi, la traductora, en Valencia, conectaron con él vía skype y nos contó que Neil Young lo había puteado bastante y después de nosécuántos años de trabajo no sabía si finalmente Neil le daría permiso para publicarla. Al final lo consiguió y ya no se hablan. Jimmy no quiere ver a Neil ni en pintura. Enfín, conocer a la estrella para acabar odiándola.

shakey

Y ahora, pasémonos ya a las cosas serias. Porque ya sabemos que el Rock no es serio, el rock es cachondeo, el rock es como un golpe de tequila y para ponerse sesudo hay que cambiar de tercio y hablar de música y pasamos de hablar de literatura rock a ensayo musical. No, en este apartado tampoco hablaremos de periodismo musical. Este apartado es otra dimensión como algo más especializado dentro de lo especializado, lo cual paradógicamente lo convierte en algo más universal, ya que de alguna manera se acerca más a la filosofía o a la sociología.

El primero está en la frontera entre estos dos mundos. Se llama Bendita Locura y está escrita por José Ángel González Balsa. La verdad es que tiene pinta de tesis doctoral pero a diferencia de muchas tesis el tema es divertido: La tormentosa epopeya de Brian Wilson y los Beach Boys. Me leí este libro en el 2010, en plena reconversión musical. En pleno descubrimiento de Brian Wilson y los chicos de la playa. La lectura del libro durante en aquel verano, no escuché otra cosa que los Beach Boys, fue determinante para que a la vuelta de las vacaciones me pusiera a componer La disolución doméstica. Si componer, grabar y publicar un disco es costoso en todos los sentidos hay que por lo menos intentar pasarlo lo mejor posible en proceso de gestación y producción. Intentar que el proceso nos sirva para aprender algo que de otra manera no habríamos aprendido. Aquel verano hice de aprendiz de brujo e intenté acercarme al genio de Brian, leer aquel libro me dió algunas claves para entender mejor la personalidad y el método compositivo de Brian, no era una mera descripción biográfica, una sucesión de datos, el autor se adentraba brillantemente en la comprensión del hecho de componer. ¿Por qué, cómo, en qué circuntancias, con qué material, con qué objetivo? Aquel fue el motor fundamental para llegar al final del proceso de creación de La disolución doméstica.

brian

En la liga de los campeones están ya dos libros que para mí son dos MUST, y eso que uno no me lo he leído: El ruido eterno (el que no me he leído) y Cómo funciona la música de David Byrne. Lo de David Byrne es alucinante porque parece que todo lo que hace lo hace bien. Es un tío inteligente y transmite una idea del arte que mola. Me hubiese encantado tenerlo de profesor, joder el mundo está ahí, todo lo tienes ahí, solo tienes que estar atento e intentar captarlo. El libro es como un desengrasante para descorsetar la relación de un músico con la industria de la música. Te ayuda a dar pasos para leer por un lado El ruido eterno (que espero leer en breve) y por otro, y con este acabo esta pseudobibliografía musical, Silencio de John Cage.

Sí, hemos llegado a John Cage. Sí, todo esto para hablar de John Cage, del silencio y de algunas cosas intersantísimas que dice en su libro.

Vamos si Bendita Locura fue mi libro de cabecera para La disolución doméstica este lo es para mi próximo disco. Silencio es el libro que convierte la música en ruido. Ruido y silencio. Ruido y música. Música y silencio. Sonido. ¿Qué es la música? ¿Qué es la composición? ¿Qué es el sonido? ¿Qué son lo ruidos? Evidentemente, de momento, no voy a hacer un disco de ruidos, pero relaja, y mucho, ver como las cosas pueden expandirse aún más. ¿Qué es una partitura de ruidos? ¿Dónde me encuentro en relación con el sonido del mundo? ¿Qué es una canción para el sonido del mundo?

cage

Voy a poner a continuación un extracto de lo que cuenta en el libro. Como voy a ir leyéndomelo a lo largo del proceso de creación de mi nuevo disco seguramente volveré a hacer una entrada, esta vez centrándome solo en este libro, con citas, interpretación de las citas y tal, en plan profesional, o quizás no, ya veremos.

Que transcriba esta conversación no significa ni que la entienda ni que esté de acuerdo con ella. Ni tan si quiera sé si estoy más cerca del que hace la pregunta que de la respuesta de John Cage. El caso es que me ha hecho pensar. Ahí va:

PREGUNTA: ¿La dinámica?

RESPUESTA: Es resultado de lo que sucede activamente (físicamente, mecánicamente, electrónicamente) al producirse un sonido. No la encontramos en los libros. Tome nota. En cuanto a lo demasiado fuerte: “siga las líneas generales de la vida cristiana”.

PREGUNTA: Le he preguntado sobre las distintas características de un sonido; ¿cómo es posible producir una continuidad, como creo que es su intención, sin intención? No memoria, psicología–

RESPUESTA: “–nunca más”.

PREGUNTA: ¿Cómo?

RESPUESTA: Christian Wolff introdujo acciones espaciales en su proceso compositivo en discrepancia con las acciones temporales consecuentemente interpretadas. Earle Brown concibió un procedimiento compositivo en el cual los acontecimientos, siguiendo tablas de números aleatorios, están escritos fuera de secuencia, posiblemente en cualquier lugar dentro de un tiempo total ahora y posiblemente en cualquier otro lugar dentro del mismo tiempo total después. Yo mismo utilizo operaciones aleatorias, algunas derivadas del I-Ching, otra de la observación de las imperfecciones en el papel sobre el cual escribo en ese momento. Su respuesta: no pensándolo.

PREGUNTA: ¿Es esto atemático?

RESPUESTA: ¿Quién ha hablado de temas? No es cuestión de tener algo que decir.

PREGUNTA: ¿Cuál es el propósito de esta musica “experimental”?

RESPUESTA: No hay propósitos, hay sonidos.

PREGUNTA: ¿Por qué preocuparse si, como ha señalado, los sonidos ocurren continuamente, tanto si los producimos como si no?

RESPUESTA: ¿Que ha dicho? Aún estoy–

PREGUNTA: Quiero decir– Pero ¿es esto música?

RESPUESTA: ¡Ah!, después de todo le gustan los sonidos cuando están hechos de vocales y consonantes. Es usted corto de entendederas, pues nunca ha utilizado el cerebro. ¿Necesita que yo o que alguien le ayude?¿Por qué no se da cuenta como yo de que no se logra nada ecribiendo, nunca será capaz de oír nada, ni siquiera lo que está al alcance del oído.

PREGUNTA: Pero, en serio, si esto es música, yo podría tan bien como usted.

RESPUESTA: ¿He dicho algo que pueda hacerle pensar que considero que sea usted estúpido?

Sí, al leer esto muchos tendrán el impulso de escuchar esa magnifica canción de los Rolling: It’s only R’N’R but I like it. Aunque tengo la ligera sensación de que John Cage y los Rolling en realidad están hablando de lo mismo.

 

 

David Bowie (Algunas claves para la supervivencia)

enero 12, 2016

La fiesta de fin de año fue peculiar este año. Añoraba la celebración del año pasado en Granada, nos retiramos poco antes de las 18h para volver a casa y reponer fuerzas para la fiesta de la noche. Todo el día por la calle de un bar a otro comiendo y bebiendo con dos anfitriones de excepción Manu Ferrón y Jota.

Este año, en Valencia, me empeñé en hacer lo que llamé UN GRANADA, convoqué a los que íbamos a cenar a las 18h para empezar la fiesta por las calles de Valencia y a las 21h volver a casa, cenar e irnos a la Plaza del Ayuntamiento a comernos las uvas.

Cuando salí a la calle dirección al local donde habíamos quedado noté las calles bastante desiertas, muchos locales estaban cerrados. Llegué al Rivendel y también estaba cerrado. Se lo comuniqué a los demás por whatsapp, les dije que iba a buscar algún sitio donde tomar alguna cerveza.

Llegué a la Plaza del Tossal y estaba llena de guiris cenando, seguí por la calle caballeros y o bien los locales estaban cerrados o bien estaban llenos de guiris. Entré en una pizzería al corte y me pedí un bote de cerveza, andé hasta la plaza de la virgen y me senté al lado de un grupo de jóvenes italianos que estaban allí comiendo unos bocadillos mientras comentaban si iban a ir o no aquella noche a misa.

No iba a poder hacer un Granada, aún así seguimos intentándolo, a las 19h se unieron a mí Miquel y Begoña, nos tomamos otra birra, y luego un vino. Después nos juntamos con Sonia, subimos a su casa a cenar, llegó la gente, cenamos, nos comimos las uvas, fuimos a bailar a la Plaza del Ayuntamiento, fuimos al Racó de la Corbella, y de allí, Sonia y yo nos fuimos a la francesa porque me dolía la cabeza atrozmente. Tenía una especie de resaca previa, que es lo peor, es decir una resaca antes de acostarte, en vez de a la mañana siguiente. Esto solo te pasa a partir de cierta edad.

A la mañana siguiente recogimos a los niños, fuimos a comer a casa de mis padres y en vez de comer me metí en la cama. De previa, la resaca había pasado a post.

Me levanté a las 16h30 más en forma, comí, bambamos por ahí y subimos al coche para volver a Valencia.

Puse la radio. Estaba algo decaído. Como con un reflejo de bajón adolescente. Me encanta escuchar la radio el día de fin de año o el día después de fin de año. Siempre recordaré que en el fin de año del año 2000 Jesús Ordovás puso el Sunny Afternoon de los Kinks para despedirse del milenio. Yo iba solo en el coche por las calles de la eliana, a saber a qué fiesta.

Esta vez iba en famila y era el día después. Es más difícil ir de bajón en familia. La música acentuó esa sensación. Al encender la radio sonaba la voz de Lou Reed, presentí que era una canción muy importante para mí, aunque mareado como estaba no la reconocí hasta que sonó Is the begining of a new age… Agárrate al sillón que viene curva. A ver cómo manejamos esto. Disimular la lágrima, mirar hacia adelante conducir. Pusieron alguna canción más, algo menos emotivo cuando acabó empezaron a sonar los acordes de Absolut Beginners de David Bowie… Ay, ay, ay… Jorge Madorell Blasco me cantaba esta canción cuando tenía catorce años, cuando empezaba a salir con chicas. Para mí en aquel entonces Bowie era un tío que tocaba el saxo y que se besaba con una chica asiática, sabía poco más de él. You’re an absolut beginner… Y me olvidé de él hasta que un año llegó LA CINTA, estoy seguro de que mi hermana y sus amigas se acuerdan de ella porque fue una cinta que se grabó todo el mundo, alguien había hecho una compilación de canciones, solo recuerdo cuatro: Get it on, de Marc Bolan, Career opportunities de los Clash, Get up and don’t come back (nunca he sabido su título real) de los Who y Ziggy Stardust, de Bauhaus (era el año 1989-90). Sí, de Bauhaus, eso me dijo Jorge Pastor cuando le pregunté qué cojones era aquello que estaba sonando.

La primera vez que oí el Ziggy Stardust fue de la mano de Bauhaus, no puedo explicar muy bien lo que pasó pero a groso modo puedo decir que de manera directa conecté por primera vez e inconscientemente con mi parte femenina y no sé muy bien porqué, aquello me liberó, y ya no volví a ser el mismo. Sí, la música es como la heroina (supongo) y nos pasamos el resto de nuestra vida buscando el recuerdo de aquel chute primigenio. Volví a mirar LA CINTA, , no quería olvidar el nombre de aquel grupo, entre paréntesis, al lado de Bauhaus, ponía: David Bowie.

Si David Bowie había escrito aquel pedazo de canción yo quería oirla de su propia voz. Quería subir hasta la fuente. Y me fui a Discos Amsterdam, le pregunté a Juan Vitoria y me sacó el Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars y se lo compré.

Fui a mi casa y puse el disco. Ziggy Stardust (junto a All along the Watchtower, Hey Hey My My y Heroin son canciones que debo haber oído miles de veces, millones de veces, soy un clásico cerril, o lo era, mientras duró el efecto del dopaje), la canción orginal no solo superaba la versión de los Bauhaus sino que además potenciaba aún más esa sensación andrógina y novedosa que había surgido en mí. Pero es que, además, me quedé alucinado con el sonido. Era algo muy muy novedoso para mí, acostumbrado a las cajas de ritmos, las cadencias oscuras y apagadas de los Cure, o incluso las baterías y guitarras sucias y desvencijadas de los Jam, aquello era otra dimensión, algo que bien podría asimilarse a un orgasmo sónico o como decía más arriba a un primer chute (esto lo sabrán sobre todo quien se haya metido un chute). El caso es que la canción de Ziggy fue la puerta por la que entré a lo grande al disco del auge y caída de las Arañas de Marte y por lo tanto al mundo de Bowie. Durante mi estancia en Poitiers escuché hasta exprimirlo el Diamond Dogs.

La culminación de todo esto se produjo primero de la siguiente manera:

“Estoy en en el Revólver, reputado local de conciertos del Carmen. Allí han tocado muchos grupos locales que sigo y esta vez nos toca a nosotros. Formo parte de una banda que se llama Rocaviva, hacemos sobre todo versiones porque aún no sabemos hacer nuestras propias canciones, es 1992, queremos emular a nuestros ídolos, creemos en ellos, creemos en su música, creemos que podemos ser héroes por un día. Rafa Murcia hace sonar en su guitarra el acorde de Sol, después el de Re con ese peculiar arreglo que hace tan característica esa canción, oouhh yeah, y entro a cantar: Ziggy played guitar jamming good with Weird and Gilly, the spiders from mars… Por allí anda David Barberá que oye por primera vez esa canción y que, como yo, se da cuenta de que le salvará más de una vez a lo largo de su convulsa adolescencia.”

La segunda culminación se produjo cuando lo vi en directo en el Doctor Music y tocó Ziggy Stardust. Solo recuerdo bailar en círculos mientras tocaba la canción como un cachorro feliz en medio de las montañas (por cierto por allí estaban David Barberá, Tana Capó y Héctor Arnau) al que por fin le habían concedido su gran deseo ( en ese Doctor Music hubieron varios deseos cumplidos: Patti Smith, Iggy Pop y Lou Reed. Casi Nada.)

Años más tarde me metí a fondo con el complicado disco Low de la mano de la protonovela de Rafa Cervera, en la que narraba una supuesta visita de Bowie a Valencia paseándose por el Carmen.

Mi hermana, no sé muy bien por qué a lo largo de los años me ha ido regalando sus discos. El Heroes me lo trajo de Amsterdam y más recientemente como cuento en otra entrada de este blog The Next day hace un par de años.

 

Acaba Absolut Beginners justo cuando aparco en el chaflán. Los niños se han dormido y cada uno cogemos a uno para subirlos a casa y meterlos en la cama. Justo cuando los metemos en la cama se despiertan. Estamos en Navidad y no quieren dormir. Bajo, aparco el coche. Subo. Veo por enésima vez con ellos y con Sonia un episodio de Star Wars que pasan en la tele.

Por fin todos duermen, me voy al estudio, enchufo el piano y me pongo a tocar. Es la única manera de no caer en el hoyo, seguir tocando, seguir tocando hasta el final intentando emular ese “chute” primigenio que me metió en todo esto.

 

Vengo a hablar de mi libro

diciembre 18, 2015

vengo a habar de mi libro

 

Ayer tuve el placer de participar en esta iniciativa para la visualización de l@s narrador@s valencian@s.

Ahí va el texto que leí para la ocasión antes de ser pulido para que durase dos minutos y medio.

Premisa: leer como con sensación de realización personal total, con sentimiento triunfalista, como si todo hubiese salida de puta madre.

 

Voy a hablar de mi libro:

 

Hola soy Néstor Mir y vengo a hablaros de mi libro: La conquista del Oeste.

 

Pero antes de hablaros de La conquista del Oeste quisiera contaros mi experiencia como futbolista.

 

A los 9 años después de dejar el judo y el solfeo me volví loco con el fútbol.

Seguramente esta locura tenga que ver con el Mundial 82. En aquel año vivía en Villajoyosa. A lado de Alicante, y al equipo de Argentina que jugaba en el campo del Hércules le tocó concentrarse en un hotel cercano a Villajoyosa, el Montíboli.

La suerte quiso que mi padre conociera al dueño del hotel y que este nos invitara a pasar a saludar a la selección. Tengo fotos con Maradona, con Kempes, con Menotti, con Pasarela, con Tarantini. A partir de ese día me volví loco. Yo quería ser Maradona, tener el movimiento de cintura de Maradona.

maradona_nestor

Así empezó mi carrera en el fútbol.

Me obsesioné, jugaba en el cole, después del cole, mientras mis padres hacían la siesta, con niños, con las paredes, todo el tiempo.

Donde mejor me lo pasaba era en el patio del cole, muy pocos me podían quitar el balón.

 

Cuando volvimos a Valencia, mi padre, al ver mi afición consiguió que me hicieran unas pruebas en el Valencia. Me cogieron para jugar en el equipo de alevines.

Tenía unos 11 años, aquel fue una año maravilloso, quizás por ser un poco más grande, que no más alto, que los demás me hinché a meter goles. El fútbol tanto en el cole como en el Valencia estaba ligado a la diversión y me lo estaba pasando pipa y cuando me divertía era el mejor.

 

Al año siguiente las cosas se pusieron más serias. Empezamos a competir. El entrenador quería que ganásemos, quería enseñarnos a jugar a fútbol, a que hiciésemos tal y tal cosa en el campo.

Ahí empezó el declive de mi carrera.

Ahí empezó mi vida en el banquillo.

 

A los 13 años me echaron del Valencia. Me cedieron a un equipo filial: El Rumbo.

En un partido de pretemporada hice el mejor partido de mi vida. En El Rumbo pensaron que al Valencia se le había escapado una estrella… Era verano, estaba contento, tenía trece años, ese día quería pasármelo bien, y cuando me lo pasaba bien era el mejor.

Después empezó la liga y al segundo partido ya estaba en el banquillo.

 

Al cumplir los 18 años tuvimos que dejar El Rumbo. Mi padre me volvió a conseguir una prueba en el Alboraya, en 3ª división. Dos semanas de entrenamiento intensivo, 4 días a la semana, dos de ellos en gimnasio y partido el fin de semana. Me dijeron que no contaban conmigo.

Estaban por allí unos ojeadores del Rafelbunyol y se nos llevaron a unos cuantos. En el Rafelbunyol estuve dos o tres años. No recuerdo haber jugado ningún partido de titular. De preferente pasamos a primera regional, y de primera regional a segunda regional. La última categoría. Al final de ese año me fui de Erasmus a Francia.

 

En Francia intenté meterme en el equipo universitario pero no me cogieron. Ese mismo año me fui con unos amigos franceses a esquiar a los Pirineos, en un salto, al caer me rompí el ala de una vértebra. Mis amigos me llevaron a un hospital, en Lourdes. Sí, en un hospital de  Lourdes me hicieron unas radiografías y me dijeron que tenía que estar dos semanas tumbado.

 

Mal que bien me recuperé y cuando volví a Valencia, a pesar de que me dolía la espalda, me inscribí en el típico campeonato de futbito de la Eliana.

 

Fui a correr detrás del balón pero  mis piernas ya no me respondían, había perdido mi movimiento de cintura. Había dejado de ser Maradona. El fútbol se había acabado para mí, después de 12 años de obsesión, el fútbol se había acabado para mí.

 

 

Últimamente voy a hacer bicicleta por el río, paso por delante de las nuevas y modernas instalaciones de El Rumbo. A las 16h suelen jugar partidos los veteranos, una vez a las semana, los jueves. Me paro y me apoyo en la reja para verlos. Los envidio, y mira que juegan mal. ¡Dios! Cómo los envidio… Cómo los envidio. Los envidio muchísimo, muchísimo, con toda mi alma. Como los envidio. Los envidio. [Aquí es cuando suena el pitido del final de los dos minutos y medio y vuelves a tu butaca diciendo: los envidio, Dios, cómo los envidio.]

 

Ser músico hoy (Mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -10-

diciembre 10, 2015

La definición del sonido. La invocación del acorde.

Ayer me fui a ensayar a Alcoi. Estela está allí (la bajista) y no voy a hacerle venir cada vez que ensayamos a Valencia. Hay que cuidar a los músicos que queremos. Me llevé unos cuantos discos para el viaje. El lunes por la noche había visto Love & Mercy, una porción de la vida de Brian Wilson. Él ya no quería tocar en directo, se quería quedar grabando, hacer un disco como el Rubber Soul de los Beatles. No sé por qué el disco estaba en al aparador de la entrada de mi casa, así que lo cogí para el viaje. En el coche además tenía el último disco de Francisco Nixon, y de la biblioteca llevaba el último de Destroyer y el de Sufjan Stevens, Carrie & Lowell.

Salí de Valencia escuchando el Rubber Soul, ajusté los bajos ya que en comparación con la voz no los escuchaba bien, a pesar de estar balanceados a mi izquierda; la voz, la guitarra y la percusión, que no la batería, a la derecha; y así surgieron mejor definidos los arreglos de piano, bajo y batería.

Cuando acabó puse el disco de Sufjan, que ya había escuchado bastante este verano. Pensé en la diferente manera de enfrentarse a la composición, el disco de Sufjan es magnífico pero uniforme. En los Beatles, a pesar de que como decía Brian Wilson hay un pretensión de contar una historia global, cada canción es un universo, cada canción parece ser concebida para contrarestar, sin perder la intención global, la intención de la canción anterior.

Son otros tiempos, todo está más parcelado, acotado y todo parece uniforme, y hay que buscar la diversidad dentro de una especialidad global, cosa que para mí, a pesar de ser maravilloso, no me parece sublime. En esta línea, aunque arriesgando un poco más, anda Destroyer, a pesar de que él sí que consigue que tres o cuatro temas de su disco alcancen esa etiqueta de estridencia dentro de la totalidad sigue existiendo una especie de plomo que arrastra toda la sonoridad global hacia un mismo lugar, una misma atmósfera que lo vuelve a convertir todo en uniforme. Extrañamente, o quizás no, Francisco Nixon es el que ha hecho el disco más arriesgado y Beatleiano de los tres, quizás por no tener un mercado demasiado amplio, por poder hacer lo que le da la gana o simplemente por inquietud personal. Eso sí, se nota, aunque no sé si también está buscado, una producción más low-fi, en comparación a esos dos mastodontes de la producción independiente mundial.

Bien, estaba llegando a Alcoi, a 70 kilómetros una neblina invadió la calzada, iba escuchando el disco de Sufjan Stevens, pensando en la deuda que tiene con Elliot Smith,  me estaba quedando sin gasolina, así que paré justo antes de entrar a la ciudad, estaba dentro de una nube.

Era un autoservicio. Puse la cantidad, metí la tarjeta, dejé la cartera encima del servidor,  y enchufé la manguera al depósito. Me fijé en el marcador, los litros iban más rápidos que los euros. Volví a mirar. ¡Sí! Los litros iban más rápido que los euros. No, no estaba soñando. No daba crédito, desde el 2009 que los litros no iban más rápido que los euros. La leche, que no me cabe todo el gasoil en el depósito, al mismo tiempo desde la pantalla del autoservicio iban lanzando anuncios para comprar lubricante, ponerse el casco cuando vas en moto etc. Acabo de poner el gasoil, el depósito a reventar, le regalo un euro a la gasolinera, no me cabía, no me cabía, y me voy a l’Escenari que es donde había quedado con Estela.

La recojo, vamos al local de ensayo, aparcamos y le digo que me quiero pillar un café largo para llevar. Entramos en el bareto de al lado de los locales, le digo al camarero: un americano, tres latas de cerveza y dos paquetes de papas. Busco mi cartera en el bolsillo del pantalón. No estaba. La busco en el bolsillo de la chaqueta. Tampoco. Ostia, pienso, me la he dejado en la gasolinera. Me la he dejado en la gasolinera, le digo a Estela, salgo al coche, miro dentro, vuelvo, me la he dejado en la gasolinera. Volvemos pitando a la gasolinera. Conforme vamos llegando veo que hay dos coches, les hago luces, freno, bajo del coche y digo habéis… Un mujer me tiende la tarjeta, la cartera y me dice, la acabamos de ver. Miro en su interior, está todo el dinero. En media hora nadie había tocado la cartera.

 

¿Por qué ser músico hoy? ¿Para qué? ¿Hasta cuando?

Hace un año, no sé muy bien porqué, quizás por culpa de Marcelo Camelo y Rodrigo Amarante, por consiguiente podría decir que por culpa de Micalet, empecé a sacar algunos temas de Marcelo y Rodrigo. Empecé a buscar acordes de bossa. Fue en ese momento cuando empecé a revisar dos de mis temas en forma de bossa: Veronal & Crucifixión y La rutina del Knock out. Fue el verano del 2014. Cuando todo empezó. La invocación del acorde llevó a la regeneración de la canción y en definitiva del marco de composición.

Al mismo tiempo pasaron otras cosas a nivel sónico. Por un lado tuve el privilegio de que Remi Carreres accediese a enseñarme algunos trucos para hacer ruidos con pedales de guitarra desde una mesa de sonido, más tarde los utilicé para hacer la banda sonora del medioetraje La conquista del Oeste.

Después, yo llevaba tiempo preocupado con el sonido y la potencia de mi voz en directo. Estaba buscando registros más graves e íntimos y estaba perdiendo presencia en directo. Así que empecé a fijarme en la producción en las voces en los conciertos en directo. Descubrí cosas muy interesantes. Hoy en día gracias al avance tecnológico las voces llevan una producción en directo impresionante. Me di cuento en especial en el concierto de Mujeres el año pasado en el DELESTE, estaba tan impresionado con el sonido de la voz que fui a la mesa y pregunté, oye, qué efectos lleva la voz. El técnico me dijo, un delay, reverb, un echo, un compresor y no sé qué más… Pensé, joder, eso sí que es ir respaldado. Me pareció bien, todo aquello me pareció lógico y bien. La voz sonaba cojonuda para el tipo de música que estaban haciendo así que tomé nota.

 

Por aquella época le había dejado mi bajo Fretless a Miguel Matallín para que lo pusiese a punto. Cuando fui a recogerlo le dije a Matallín, aquel día estaba Nerea Serrano en su taller, que si me podía aconsejar algún efecto para voz que se pudiera lanzar desde un pedal. Les pregunté que qué pensaban del Vox pero ambos me dijeron que no, que el Vox, no. Me había fijado en él en un concierto de los valencianos We used to pray. También me acerqué a final del concierto para ver el pedal de voz que llevaba ya que durante el concierto había percibido que aquella voz no podía ser la voz propia del cantante, allí también había algo más. Tanto Miguel como Nere me recomendaron el Helicon. Tomé nota.

 

Me compré el Helicon para mi cumpleaños. Y empecé a hacer pruebas. No sabía muy bien lo que buscaba, así que tuve que hacer bastantes pruebas y estudiarme el maldito manual de instrucciones. Lo dejé por un tiempo. Al mismo tiempo recuperando lo que me había enseñado Remi Carreres para meter efectos desde la mesa, utilicé mi pedal de flanger, un wha wha y un RAT para meter efectos en un segundo micro. Esta forma de conseguir un sonido raruno en un segundo micro me dio muchos problemas y tuve que abandonar ese camino. Finalmente, para el segundo micro opté por utilizar el IPAD como pedal de voz. Me compré un IRIG y me descargué la aplicación VOICE LIVE.

Retomé el estudio del manual del Helicon, finalmente conseguí crear unos tres sonidos que se acoplaban a lo que iba buscando. Por fín lo tenía. Dos micros con efectos bien diferenciados para lanzarlos desde pedales distintos.

 

Ahora la guitarra, pensé, esto fue durante el verano, Miguel Matallín había puesto a punto mi Stratocaster noventera y tuneada. Recuperé un pedal Delay/Echo/loop que hasta entonces solo había utilizado como loop pero que después de los directos de La conquista del Oeste empecé a utilizar como delay. Et voilà. Se produjo el milagro.

 

Durante el verano estuve ensayando con esos nuevos sonidos. Asentando la idea con la que iba a hacer el concierto del MUV, en noviembre. Los acordes bossa para revisar algunas de las antiguas canciones y los efectos en la voz y en la guitarra para crear un nuevo camino sónico.

 

Ahí estaba hasta ayer, digo ayer porque ayer di otro paso más en la investigación del sonido de mi próximo disco. Sabía que además de lo que me atañía directamente a mí, voz y guitarra, habían más cosas que iban a determinar el sonido del disco. De hecho la primera vez que hablé con Estela para que se metiese en este proyecto no fue para que tocara el bajo sino para que se ocupara de la programación de la caja de ruidos y de los ruidos. Finalmente ha tenido que ocuparse de los bajos pero por suerte su compañera de Julia, Lidia, estaba ayer en el ensayo. Allí en Alcoi en su local de ensayo Lidia tiene montado un especie de púlpito que parece el del alto de los Pet shop boys. Rodeado de aparatos, teclados y pedales.

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Ayer después de recuperar milagrosamente mi cartera intacta de la gasolinera Estela y yo estuvimos charlando un rato, una especie de reunión Malatesta Records, ella se ocupa de la difusión en nuestra discográfica, hasta que llegó Lidia. ¿No estáis ensayando? nos preguntó Lidia cuando llegó. No, le dijimos, he perdido la cartera, hemos tenido que ir a por ella… No me conoce aún mucho y estaba flipando.

 

Todo fue muy natural, se puso detrás del púlpito con todos sus aparatos y le expliqué lo que creía que buscaba ya que ni yo mismo hasta ayer tenía muy claro qué buscaba. Le estuve preguntando cómo funcionaba cada aparato y qué hacía cada uno de ellos. Un vez tuve más o menos claro el funcionamiento empezamos a tocar. Creó una base inicial y partir de ella le pedí cosas que pudiesen arropar la canción. Estela también iba opinando sobre qué podíamos meter o cómo lo podíamos meter. Probamos un par de temas. Aquello tenía muy buena pinta. Me comentó que si quería trabajar con ritmos más claros que podíamos utilizar el garage de IPAD. Que se los podía enviar y ella los construiría. Le dije que ok.

 

Ellas se quedaron ensayando, tenían hoy un concierto como Julia.

Salí del local de ensayo, me subí al coche. Recorrí la gran avenida de Alcoi, pasé por delante de la gasolinera donde me había dejado la cartera. Seguía habiendo neblina, lloviznaba un poco, intenté ponerme el disco de Destroyer pero estaba demasiado cansado. Intenté ponerme el disco de Francisco Nixon pero tampoco estaba para su música de la Costa Fleming. Necesitaba que me hablara alguien para despejarme. Estuve a punto de llamarte pero finalmente puse Radio 3, sonó la voz de Juan de Pablos y lo escuché hasta que llegué a Valencia.