Archive for the ‘General’ Category

Hugo Más & Néstor Mir

mayo 4, 2018

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Néstor Mir en el baño.

abril 30, 2018

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La cultura como cuestión de estado (también para l@s bibliotecari@s)

marzo 28, 2018

PVFLL

Nunca pensé que llegaría a escribir las siguientes palabras: l@s bibliotecari@s y l@s músic@s valencian@s (quizás también sea extensible al resto del estado) tienen en común algo que determina su situación de insatisfacción profesional: han dejado en manos de otros actores las decisiones importantes que delimitan su marco profesional.

Para el caso de l@s músic@s: promotores, productores, gestores culturales, managers, críticos etc.

Para el caso de l@s bibliotecari@s: editores, libreros, políticos, gestores culturales, dinamizadores etc.

Ambos comparten, músic@s y bibliotecari@s, algo más, siendo el centro de su  universo deberían ostentar el poder, sin embargo aún siéndolo carecen de voz o apenas se les oye.

¿Sabéis por qué les pasa esto?, yo os lo diré: no hablan entre ellos de las cosas importantes, cuestiones que les afectan directamente y que dificultan la consolidación de una carrera profesional.

A partir de aquí ya me centro en el mundo bibliotecario, en anteriores post ya reflexioné bastante sobre el fin de la concepción de músico tal y como se entendía hasta más o menos principios del siglo XXI.

Ser bibliocari@ tiene un problema de origen: da igual lo que hayas estudiado, da igual la cantidad de empresas para la que hayas trabajado, para hacerte bibliotecari@ has de conseguir un puesto de funcionari@ (no es el único camino, lo sé, sé de una amiga que se va a tirar de los pelos cuando lea esto). La mayoría de bibliotecari@s que conozco son funcionari@s. Pueden ser funcionarios del Estado (Diputación), funcionarios municipales (Ayuntamientos) o funcionarios de la generalitat (Generalitat Valenciana). También pueden ser funcionarios de las Universidades o de la Unión Europea. He dejado estos dos últimos de lado porque me voy a centrar en reflexionar sobre la biblioteca pública, que es lo que más conozco ya que llevo currando en una desde el 2009.

Aquí van a aparecer dos términos muy importantes uno incumbe a todo el ámbito cultural: La cultura como cuestión de Estado (de Comunidad Valenciana para nuestro caso) y la jaula de “oro” (término que aprendí en un taller de teatro cuando hablaban de los actores subvencionados por el estado alemán para hacer de por vida clásicos del teatro alemán o no) en referencia a conseguir un puesto de bibliotecari@ convirtiéndote en funcionari@.

Convertirte en funcionari@ es un poco como darle parte de tu alma al diablo. No compites por un puesto específico, a lo mejor has estudiado para ser documentalista, o te apasionan las bibliotecas juveniles, pero cuando te sacas una plaza es posible, sobre todo en la Comunidad Valenciana donde aún ahora no se han separado las especialidades de Bibliotecas y Archivos, que te toque, por ejemplo, trabajar en el archivo central de la Generalitat Valenciana… Ya puedes quemar tu certificado de máster, tú sí que te lo has sacado, y todos los cursos de literatura y dinamización infantil y juvenil que te hayas sacado.

¿Incongruente? No, es la función pública.

Bien, estás trabajando en tu archivo central de la Generalitat, no  has quemado tu certificado del máster, tampoco los cursos de especialización, es más has seguido formándote en ese sentido… Da igual lo que hagas, estás en la cárcel de “oro”. ¡Eres funcionari@! Tienes que estar agradecid@, tu madre y tu padre están contento de que tengas un curro de por vida. El banco te dará la hipoteca deseada… Pero, recuerdas que has vendido parte de tu alma al diablo. Hay un truco: eres prescindible, sustituible, tu trabajo no se verá valorado más que, en el mejor de los casos, momentáneamente, no hay una razón clara para ello, ni tan siquiera es seguro que pase, pero si pasa tendrá que ver con que hayas conseguido formar parte de los intereses de alguno de tus superiores para conseguir sus fines. También te puede pasar lo contrario: formar parte de lo que hay que eliminar para que tus superiores puedan conseguir sus fines.

Me podréis decir, y con razón, esto te puede pasar también en el sector privado, sí, pero quién diablos se pasa siete años estudiando para conseguir un puesto de trabajo haciendo un examen en el sector privado. Ese examen te garantiza algo: vas a cobrar dignamente. ¿Quién me inculcaría el deseo, la necesidad, de sentirme realizado en el trabajo? La cárcel de “oro”. O por qué es tan complicado conseguir la realización profesional dentro de la función pública.

ciutat lectora

Pero me estoy desviando del tema, o quizá no. La cultura como cuestión de Estado. Qué es la cultura como cuestión de Estado. Algo muy sencillo de decir pero muy complicado de poner en práctica. Estoy hablando del sector de las bibliotecas públicas pero podría servir para cualquier otro sector bibliotecario, o cultural, música, cine, teatro, poesía etc.

Que la cultura, que las bibliotecas fueran una cuestión de Estado (algo normal en países como Alemania, Francia, Inglaterra, Canadá, Estados Unidos de América etc.) para los partidos que gobiernan debería pasar por la creación de un plan estratégico. Sí, sé que se está intentando llevar a cabo uno pero elaborado por…. los editores valencianos. Recuerdan lo que decía al principio de que alguien toma las decisiones por nosotr@s, l@s bibliotecari@s, pues eso, que evidentemente al hacerlo ellos se están dejando de lado, sin solucionar y sin tener en cuenta muchos problemas de base del funcionamiento de las bibliotecas públicas.

Voy a enumerar a continuación unos cuantos muy básicos a ver si Dios Misericordioso (soy laïco) me escucha y logramos que aunque sea mediante lo editores se tengan en cuenta:

  1. Planificación de actividades de dinamización lectora contando con las experiencias de l@s biobliotecari@s en grupos de trabajo sobre el tema. Estas actividades deberán poder funcionar al margen de los personalismos (a ver si podemos limitar que los grandes proyectos bibliotecarios estén sujetos a existencia de una persona y que éstos desaparecen cuando desaparece la persona).
  2. Creación de nuevos espacios bibliotecarios para nuestros usuarios acordes con nuestros tiempos. Por favor, no más chapuzas, llamemos a diseñadores y arquitectos especializados en bibliotecas que para eso están.
  3. Formación de trabajadores. Es muy importante formar, no solo a l@s bibliotecari@s, que también, a subalternos y auxiliares y explicarles con grandes letras que: trabajar en una biblioteca es una cuestión de Estado.
  4. Formación de cuadros gerentes y políticos. Sí, este grupo también necesita ser formado, necesita saber como funciona el mundo bibliotecario, saber hacia dónde se dirige y cuales son los retos y poner los medios económicos y de personal (ya sé que es lo mismo) necesario para conseguirlo.
  5. Concienciación, sensibilización y visibilidad de la biblioteca pública del futuro y de sus servicios.

A veces la gente viene a las bibliotecas públicas y agradecen las actividades que ven, lo que no saben es todo el curro que hay detrás. Trabajar, innovar, en la función pública, es algo parecido a un milagro. Hay que batallar con administradores, gerentes, políticos, trabajadores etc. Pero todo esto sería más fácil si el desarrollo de una red moderna de bibliotecas públicas fuese tratada como una cuestión de Estado.

Un impulso desde arriba de este tipo ayudaría a romper la cárcel de “oro” de l@s funcionari@s bibliotecari@s, los sacaría de su letargo e incomunicación y los llevaría quizás a retomar el control de decisión en su sector. Lo que sí se conseguiría, y este es el verdadero fin último, es dar a los usuarios los servicios que cualquier biblioteca pública moderna del siglo XXI está ofreciendo en los países antes mencionados: Francia, Alemania, Gran Bretaña, Canadá, EEUU etc.

No nos quedemos por más tiempo de brazos cruzados.

bibliotecarios
Bibliotecarios explicando sus experiencias de animación lectora en sus respectivas bibliotecas públicas (o no) sin que estuvieran presentes: políticos, gerentes de instituciones culturales, auxiliares o subalternos.

Contenedores para estudiantes

marzo 22, 2018

Tras la publicación de ¿Dictadura de los estudiantes en la bibliotecas públicas? Me han llegado algunos comentarios interesantes.

Un de ellos me invitaba a desarrollar la idea de los contenedores para estudiantes. Hay que apuntar, y así se lo he comentado a mi comentarista, que no hemos de entender como algo peyorativo el meter a los estudiantes en contenedores. Todo lo contrario.

Las necesidades de los estudiantes son, normalmente, contínuas pero también con momentos de picos en los periodos pre-exámenes.

contenedor

Las ventajas de utilizar contenedores son múltiples.

La principal es que se pueden sumar o quitar módulos dependiendo de las necesidades.

También es destacable la flexibilidad de su ubicación. Podríamos ubicar contenedores en los lugares donde detectemos que hay necesidad de espacio para estudio.

Un lugar idéoneo donde montar contenedores para estudiantes serían los jardines del MUVIM (en Valencia).

Todo la zona al rededor de Guillem de Castro se ha llenado de sedes Universitarias. Es de suponer, que estos centros al crearse olvidaron construir salas de estudio para sus estudiantes ya que muchos de ellos vienen a estudiar a las bibliotecas públicas de Valencia.

Como comentaba en el anterior post estos contenedores tendrían que estar bien provistos para cubrir las necesidades básicas de los estudiantes: máquinas con bebidas y comida rápida, wifi, baños, zona de descanso etc.

Bien, ¿qué hace un bibliotecario hablando de contenedores para estudiantes? Eso me gustaría saber a mí.

No recuerdo que cuando estudiaba documentación (me quedé en segundo curso, se me cruzaron las oposiciones por medio) hubiera ninguna asignatura que hablase del problema de los estudiantes en las bibliotecas.  No recuerdo que nadie me explicase que todas esas ideas de dinamización lectora y cultural iban a estar sujetas a la presencia de unos no-usuarios de la biblioteca.

Como no recuerdo que hubiera ninguna asignatura que hablase del problema de la falta de flexibilidad de la función pública para afrontar problemas bibliotecarios –cuando en el fondo y finalmente la mayoría de los problemas de eficiencia de las bibliotecas son por cuestiones burocráticas y de procedimiento de la función pública (sí, amig@s, las bibliotecas públicas pertenecen al estado, al gobierno de la comunidad o a los ayuntamientos, y por lo tanto no se puede entender su falta de eficiencia sin entender la falta de eficiencia de la función pública)–.

Hay muchas cosas que son muy bonitas en la teoría bibliotecaria pero que en la práctica son frenadas por cuestiones que no tienen nada que ver con la esencia de la biblioteconomía y que están totalmente vinculadas con el procedimiento administrativo. Por ejemplo: las oposiciones para ser bibliotecari@. Pero de este tema hablaremos más adelante.

Lo que me gustaría que quedara claro ahora es que las bibliotecas repletas de estudiantes no necesitan bibliotecari@s ni políticas bibliotecarias, necesitan vigilantes y contenedores. Sin embargo las bibliotecas necesitan contenidos y bibliotecari@s dinámicas al margen del continente.

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¿Dictadura de los estudiantes en las bibliotecas públicas?

marzo 21, 2018

Supongamos que usted abre un concesionario de coches y que para promocionar sus coches deja que los potenciales compradores se sienten en los coches que hay en la sala de exposición.

Supongamos que esperando vender algún coche deja que día tras día los potenciales compradores se acostumbren a pasar allí, sentados sobre los cómodos asientos de los coches en exposición, dos o tres horas al día. Supongamos. Que esos usuarios, al estar en un lugar confortable y relativamente tranquilo, sin prestar atención a lo que hay a su alrededor, un vendedor intentando vender coches, deciden traer sus libros para estudiar. Imaginemos que esos estudiantes que han conquistado todos los coches que hay en la sala de exposición se acostumbran a esos sillones cómodos, a que haya un relativo silencio y que, cuando un entra un cliente para preguntar por los coches que hay en exposición lo primero que oye el cliente es: SHHHHHT, silencio.

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Evidentemente este es un ejemplo llevado al extremo, en el sector privado, donde el vendedor tiene que vender un coche para cobrar a fin de mes jamás se le permitiría a un estudiante acomodarse en un coche para estudiar sin cumplir con el fin último para el que se abrió el concesionario: venderles un coche a los potenciales clientes.

 

Esto que parece una perogrullada es el pan nuestro de cada día en la mayoría de las bibliotecas públicas que conozco: clientes que transforman el uso para el que se abrió una biblioteca (difundir la cultura) en una sala de estudio.

 

Voy con mi hijo a la sala de estudio en la biblioteca pública que hay al lado del colegio. Me meto en la sala para estudiar con él, le explico un tema en voz alta y lo primero que oigo es: SHhhhht, aquí no se puede hablar en voz alta….

 

Perdón, ¿cómo?

 

Soy bibliotecario, así que lo primero que pienso es: ¿dónde está escrita la ley de que en una biblioteca  no se pueda hablar? Segundo, y más importante, ¿cuándo y por qué las bibliotecas se convirtieron en contenedores de estudiantes pidiendo silencio?

 

Me surgen más preguntas, ¿para qué sirve un bibliotecario en un contenedor donde los que dictan las normas y los contenidos de un biblioteca son los estudiantes que quieren silencio y que vienen a estudiar los libros que traen de fuera de la biblioteca y no los que hay en ésta?

 

¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Es un mal endémico de Valencia? ¿De esta ciudad?

¿Por qué las bibliotecas públicas han de someterse a la dictadura de los estudiantes? ¿Por qué los estudiantes que sólo están pendientes del examen que están estudiando tienen que condicionar el tipo de usuario que ha de utilizar una biblioteca? ¿Puede estar la política bibliotecaria de una ciudad condicionada por las necesidades de salas de estudio para los estudiantes?

 

Podrías decir: si son estudiantes irán a estudiar los libros de la biblioteca. Y yo os diría: no. Ni tan siquiera miran las estanterías, ni se fijan en los carteles donde se anuncian actividades, ni se preocupan por saber si en la biblioteca hay música, películas, revistas etc.

 

¿Cómo podemos calificar este tipo de usuarios? Usuarios que utilizan el continente sin prestar atención al contenido. ¿Para qué necesitan estos usuarios las bibliotecas? ¿De qué sirve abrir bibliotecas si nuestro perfil de usuario mayoritario es este? Ya os lo digo yo: para nada.

 

Podríamos perfectamente acumular 100 containers en la plaza del ayuntamiento, también podríamos repartir diez containers por barrio, eso sí, debidamente equipados con WIFI  calefacción en invierno y aire acondicionado en verano, con waters, muchos waters, y dejarlos en esos contenedores con sillas y mesas, y serían felices, ninguno de ellos echaría a faltar las estanterías llenas de libros.

Ninguno de ellos protestará porque en esos containers no habrán visitas escolares, cuentacuentos, conciertos, cine, música, teatro y danza en directo o tertulias para aprender idiomas.. La cultura pública y popular habrá desaparecido de esos containers porque los estudiantes no los necesitan.

 

Demósle a los estudiantes lo que necesitan: cientos de contenedores esparcidos por la ciudad para que puedan estudiar tranquilos y a sus anchas.; y pongamos a la biblioteca pública del siglo XXI en el lugar que le corresponde: un lugar de encuentro social y cultural, un lugar ruidoso y vivo, un lugar de intercambio y de aprendizaje.

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Héctor Arnau contra Roger Federer

marzo 1, 2018

Un sábado sí un sábado no, acompaño a mi hija a clases de tenis. Como no me gusta estar parado he acabado por apuntarme yo también y aunque siempre he sido más de frontón he querido probar para conocer mejor este juego.

No es que no lo haya practicado nunca, mi primer hijo nació la noche que Del Potro ganó a Roger Federer el Open USA en el 2009, eran más o menos las 2h de la mañana cuando acabó el partido, media hora después mi mujer se ponía de parto.

Esa noche no dormí.

Desde entonces he jugado al tenis al menos un par de veces al año. Normalmente con gente que como yo no tiene ni idea de jugar al tenis.

Las partidas entre malos jugadores son tediosas pero hay algo en ese juego que me tiene enganchado desde el 2009. Su estética, su marco psipolíticofilosófico. Roger Federer perdiendo a pesar de dar todos los golpes con la posición continental de la raqueta, incluso el revés. La perfección técnica.

roger federer

A Héctor Arnau lo conozco desde el principio. Forma parte de la constelación de cuerpos celestes con los que he crecido. Da igual que la relación haya sido más o menos cercana a lo largo de los años, al final lo que queda es una cierta familiaridad como muestra de una experiencia vital común. Común en el sentido de que hemos coexistido en el mismo espacio tiempo.

Fui a ver ayer su nueva propuesta: El Feminista. Hacía tiempo que no lo veía en directo, a excepción de un concierto de Las Víctimas Civiles, el proyecto en el que ahora está más volcado, al que llegué cuando casi estaba acabando.

Héctor Arnau y su planteamiento estético. Su marco psicopolíticofilosófico.

Hector arnau

Cuando empezó el año, tras el subidón de La Batalla Vital, me sentía vacío como un saco de patatas vacío, a diferencia del saco de patatas vacío, el mío, mi vacío, no parecía tener fondo.

Era un poco como ir cayendo por un tobogán. Intentas asirte a las paredes pero los asideros, que son ideas que lanzas sin ton ni son, son tan endebles que lo único que hacen es acelerar más aún la caída.

Y supongo que de tanto caer lo que le pasa a uno es que acaba flotando.

Mi marco estético. Mi posicionamiento psicopolíticofilosófico. La especialización. La concentración de la energías en un solo punto. El tener algo que decir. Reducirlo todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz. Todo eso se había ido a la mierda. Flotando en medio de la nada todo eso había desaparecido.

Ya en estado de flotación sentí una terrible necesidad de lectura. De aniquilar al elemento creador y dar paso al elemento observador. Recolector.

En ese estadio necesito planificar y compartimentar mi tiempo.

Recuerdo una noche rodeado de libros. Con mi libreta en la mano dibujando una tabla con los días de la semana donde racionalizaba el empleo de mi tiempo. En ese momento toqué fondo. Pisé de nuevo tierra firme.

SOLENOIDE

Cuando tengo un ataque de lectura puedo leer muchos libros a la vez. Mi ansiedad lectora está por encima de mi capacidad lectora. Y mientras avanzaba en la ardua tarea de leer Solenoide de Mircea Cartarescu –una especie de tapiz tejido con puntadas tan finas que podría servir perfectamente como chaleco antibalas. Y es que la literatura cuando lo abarco TODO se convierte en un artefacto sin fisuras, indestructible, eso sí, hay que hacer un esfuerzo de concentración extra para captar el mensaje.– fueron apareciendo a su alrededor otras lecturas.

El marco estético. El posicionamiento psicopolíticofilosófico. La especialización. La concentración de la energías en un solo punto. El tener algo que decir. Reducirlo todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz.

Esto son los requisitos básicos que le pido a un libro para seguir leyéndolo. Para acabarlo. La noche que me rodeé de libros tenía a mi alrededor los siguientes: Nombres y animales de Rita Indiana, Esa gente tranquila de David Mamet, Lejos de todo de Rafa Cervera, Les quatre vides de l’oncle Antoine de Xavier Aliaga, Wendy y la bañera de los agujeros negros de Julio de la Rosa, Lagartija de Banana Yoshimoto, Esto no es América de Jordi Puntí, Tony Pagoda y sus amigos de Paolo Sorrentino y el Cuento de la criada de Margaret Atwood (este último es que alterno con Solenoide para coger aire).

 

 

Al empezar con las clases de tenis te das cuenta de algunas cosas. Principalmente de aquello que jamás podrás alcanzar. En el deporte hay una cuestión clara: el deterioro físico. Empezar a jugar al tenis a los 46 años… Pues, bueno, no estas en tu mejor momento para llegar a según qué pelotas…

Yo se lo expliqué a mi entrenador: mira estoy mayor, no me hagas correr mucho que me ahogo. Él lo entendió y hemos tenido un relación cordial durante los últimos meses. Hace un par de sábados no vino mi entrenador. Pusieron en su lugar a un chico joven, no creo que tuviera más de 21 años. Rebosaba energía. Al verlo con tanta energía me puse a la defensiva. No tengo el corazón para muchos trotes. Se me acelera con poco que haga. Así que empezamos el entrene y con todo su entusiasmo, al verme resoplar como una mula después del primer calentamiento me dijo: Ves a la fuente a beber agua que hace mucho calor. Por lo menos se dio cuenta de que no estaba en muy buena forma física. Aún así, su pasión, su deseo de enseñar, de que yo aprendiese, me conmovían, y me esforcé mucho más que con mi entrenador habitual.

Me contó algunas historias personales. Que no voy a contar aquí. Y hablamos de Federer y de que lo hacía todo bien, de que cogía siempre la raqueta en la postura continental, para todos los golpes, y que era técnicamente perfecto.

Me dijo también que al tenis no se juega con los brazos, se juega con el cuerpo y que con cada golpe tienes que pisar fuerte el suelo con las piernas para cargar cada golpe con la fuerza de tu cuerpo. Cada golpe chafando fuerte el suelo, con convicción para ejectuar el mejor golpe con toda la potencia de tu cuerpo.

El chico se desesperaba, acostumbrado a jugar al frontón, que es todo fuerza de brazo con el cuerpo recto, para mí es difícil jugar con el cuerpo ladeado. “Pisa fuerte y golpea, pisa fuerte y golpea.” Me decía. Le pregunté si podía volver a la fuente, hacía calor, entre ola de frío y ola de frío, el tiempo en Valencia es casi primaveral.

federer reves

Héctor Arnau ayer en el Ca Revolta representaba su última creación: El Feminista. De todo lo suyo que he visto es lo que más me ha gustado. Tengo la sensación de que por primera vez se ha quitado la máscara. De que por primera vez pisa la tierra de los mortales mostrándose no ya como un ser prodigioso que nos habla desde un púlpito sino mostrándose como un ser de carne y hueso que nos toca con su mano la mejilla para hacernos morir.

Solo le falta una cosa, y se lo dije al salir: pisa fuerte y golpea. Pisa fuerte y golpea. Este es un nuevo registro pero tienes que ir con todo el peso de tu cuerpo a golpear la bola.

hector arnau joven

Ni Héctor Arnau, ni Rafa Cervera, ni Julio de la Rosa, ni Xavier Aliaga (estos fueron los tres libros que me acabé este mes), de momento, pueden competir con el Roger Federer de la literatura, no creo ni tan siquiera que sea esta su intención, competir con Mircea Cartarescu, pero sí que pueden, y lo hacen a la perfección, defender su partida con total solvencia. Y esto es debido a algo que he dicho varias veces más arriba: tienen definido el marco estético su obra. Tienen definido el posicionamiento psicopolíticofilosófico de su obra. En su obra hay un trabajo de especialización y de concentración de la energías en un solo punto. Los cuatro tienen algo importante que decir. Los cuatro lo han reducido todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz.

 

Me hace especial ilusión que tres de estas “nuevas promesas” de la ESCRITURA sean valencianas: Rafa Cervera, Xavier Aliaga y Héctor Arnau. Y me hace ilusión porque siempre me ha dado por saco que se infravalorase la escena local. Que la escena local siempre haya sido una etiqueta para desprestigiar en vez de ser una manera de poner en valor el trabajo de la gente que vive aquí al lado, en nuestra tierra. Por suerte, el tiempo va poniendo las cosas en su lugar y poco a poco lo local tiene poco o nada que envidiar a lo nacional o lo internacional.

 

 

Chiqui, chiqui, revolution

febrero 7, 2018

Antes  de navidades recuperé la lectura de los cómics de Leo: Aldebarán, Betelgeuse, Antares y Supervivientes. Había empezado a leer a Leo hace bastantes años y me encantó esa manera de imaginar la colonización del espacio y del concepto de extraterrestres.

Volví a Leo porque me pasé por Futurama y vi una copia de Antares. No la tenía así que la compré. Me volvió a encadilar ese mundo y me quedé con ganas de más así que busqué en la biblio y me encontré con Supervivientes que aún no había leído y con Kenia y Namibia.

Los leí todos ferozmente. Y me quedé con ganas de más. En todos ellos aparece la búsqueda de una explicación a la existencia alienígena que me engancha.

Pero este post no es para hablar de la obra de Leo, este post es para hablar de algo que sucede en uno de sus álbumes, en Supervivientes, anomalías cuánticas.

La nave de los protagonistas tiene un accidente y aterriza en un planeta desconocido. Allí el espacio tiempo no es como aquí: uniforme (sí, ya sé que tal y como está hoy en día la física cuántica este comentario es bastante atrevido. Julio de la Rosa intenta dar una explicación en Wendy y la bañera de los agujeros negros). Allí hay diferentes espacios tiempo en un mismo planeta. De repente de la nada, surge un campo que al atraversarlo te transporta al futuro. No se sabe cuantos años, no es algo fijo, solo lo sabes cuando encuentras a alguien o algo que no le ha afectado el espacio tiempo.

Imagina que sales de casa por la mañana, que llegas a tu trabajo que está en otro campo espacio temporal y que mientras para ti han pasado ocho horas, para tu familia han pasado diez años de tiempo real. Tus hijos se han hecho mayores, tus padres han muerto pero para tí solo han pasado ocho horas.

Este viaje espacio temporal es una de las claves del éxito de la serie Perdidos. Los viajes en el tiempo son su gancho. No sé sabe exactamente que es la nube negra pero en el cómic de Leo aparece también una nube negra como una forma de delimitar la aparición del campo espacio temporal. En Perdidos no solo se puede viajar al futuro, también se puede viajar al pasado.

Viajes en el tiempo. ¿Qué son los viajes en el tiempo?

Este fin de año estuvimos en Bucarest. Fue así, pensado y hecho. No había estado en mi vida en Rumanía (mi primera incursión consciente a los países del Este. Cuentan mis padres que cuando vivíamos en Suiza fuimos a Yugoslavia). Leí hace muchos, muchos años una novela que hablaba de la consolidación de la nación rumana luchando contra el Imperio Otomano. No recuerdo el título. Pero fue lo primero que pensé cuando subí el avión.

Cuando bajé del avión lo primero con lo que nos encontramos fue un taxi. Un taxi que nos llevó a la casa que habíamos alquilado. Nos costó 30 Leis el viaje. El taxista había puesto en marcha el taxímetro y eso era lo que marcaba cuando llegamos a la puerta de nuestra casa.

Era de noche, quizás la 23h, allí es una hora más que en España, y tienen Leis porque son de la Unión Europea pero no, ya había empezado el viaje espacio temporal, aunque no lo sabíamos. El dueño de la casa nos dijo que en el centro los bares con comida (Kebabs) cerraban a las 3h de la mañana. Así que dejamos las maletas en nuestros cuartos y nos fuimos caminando al centro. Estaba a unos 25 minutos.

Volvamos a Leo y a sus cómics donde sus personajes viajan en el tiempo.  Hay diferentes formas de viajar en el tiempo. Unas son ciencia ficción otras son reales. Ahora mismo, cogiendo un avión puedes volar al pasado. Y al futuro, claro está.

No sé porqué cuando viajé a Argentina o Uruguay no tuve esta sensación de viaje en el tiempo. Quizás porque en mi cabeza entiendo Europa como algo homogéneo. Como una unidad de países con mucho más en común de lo que ellos mismos son capaces de admitir.

También es verdad, y aquí empieza la visión incómodamente etnocentrista de esta entrada, que siempre tendemos a mirar a aquello hacia lo que queremos avanzar: Francia, Alemania, Gran Bretaña, Bélgica, Italia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia… Y tendemos a obviar aquello a lo que a lo mejor nos parecemos más pero queremos dejar atrás: Polonia, Chequia, Grecia, Bulgaria, Eslovaquia… y Rumanía.

Ir a Rumanía, y aquí voy a desvelar una de la ideas centrales de esta entrada, es como viajar a la España de los años 80. Sí, es verdad, hay nichos de modernidad que no existían y supongo que habrán en las afueras nuevas urbanizaciones para los nuevos ricos. Pero el núcleo de la ciudad es decadente. Los edificios, las calles, el pavimento, los postes, los cables. El lavado de cara  mediante las ayudas europeas aún no ha llegado a Rumanía.

las fotos son de Begoña Lozano

Siempre he sido muy crítico con lo sucia que es Valencia. Llena de meados y cagadas de perro. En Bucarest no hay cagadas y meadas de perro, lo que hay son ruinas que conviven cotidianamente con edificios antiguos que tienden a convertirse en ruinas.  A mí eso, me pareció mágico. No sé lo que puedes buscar en tus viajes pero encontrarte con tu pasado, encontrarte con una ciudad en la que todo está por hacer me pareció mucho más motivante que ir, por ejemplo, a Helsinki, y eso que Helsinki me encanta.

La imperfección de la nación decadente.

Para el viaje me llevé también el último libro del rumano Cartarescu, Solenoide. En Bucarest no me había metido a fondo con él. Cuando lo hice, haber estado en Bucarest me permitió comprender mucho mejor la decadencia de la que habla en su libro. Esa sensación de grandes cosas abandonas: monumentos, casas, apartamentos, calles, fábricas, frío, mucho frío… Y en medio de todo esto, los taxis.

A la mañana siguiente nos despertamos tarde. Era 31 de diciembre y teníamos que hacer la compra. Salimos de casa a las 12h30. El mercado cerraba a las 14h. Decidimos coger un taxi.

Yo subí en la parte de delante. Cuando tiré a ponerme el cinturón el conductor me dijo que no, que no hacía falta, me dio un golpe en el brazo para que lo dejara tranquilo encima de mi pierna. Le indiqué el contador pero no lo puso en marcha. Desde atrás me dijeron que  habían cerrado un precio por 20 Leis el viaje. Vale, nada más arrancar el conductor se enciende un cigarrillo. Ostras fumar en el taxi, esto sí que hacía años que no lo veía. Empezamos a hablar de cuánto hacia que no se permitía fumar en los taxis en Valencia. Desde el 2006.

Así que ahí estábamos nosotros subidos a un taxi circulando por Bucarest. El taxista andaba contentísimo, fumaba, no llevaba cinturón y había conseguido un viaje por 20 Leis sin tener que bajar el contador.

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Sí, esta historia va de taxistas y de viajes en el tiempo.

Llegamos al mercado. Era casi hora de cerrar. Me dió tiempo para pedirme un vino caliente. Compramos carne que parecía ternera pero que al final resultó ser cerdo. Era como un mercado soviético, de detrás del telón de acero, allí no había llegado la modernidad neoliberal pero justo enfrente había un Carrefour donde acabamos de  hacer las compras.

Cuando nos disponíamos a coger otro taxi para volver a casa, el taxista que estaba esperando en la parada no nos quería llevar. No sabemos por qué. Pasamos al siguiente y tras discutir sobre el precio logramos subir diciendo que lo que marcara el contador. Finalmente lo conseguimos y creo que pagamos unos 7 Leis….

Viajes en el tiempo subidos a taxis postsoviéticos.

Llegó la noche, celebramos la entrada del nuevo año por partida doble, primero con horario español y luego con horario Rumano. Hicimos un poco el ganso disfrazándonos de vampiros y salimos a la calle a la búsqueda de un garito con Música Indie.

Como eran las 2h hubiésemos preferido ir al centro en taxi y de hecho nos subimos en uno pero a los dos minutos de estar subidos le dije a la sonriente y fumadora taxista señalando el contador apagado: “¿Chiqui Chiqui?” Ella contestó: “Chiqui chiqui, no, revolution.” Nos reímos todos: jajajaja, jijijiji… Alguien desde atrás le preguntó: How much?. 30 Leis, contestó. Dijimos que ni de coña, así que paró el taxi, nos bajamos y llegamos al centro andando. “Chiqui, chiqui Revolution”.

La revolución de los taxistas rumanos, ellos se han quedado mosqueados tras el telón de acero, con precios de la época del telón de acero y ven a los extranjeros y a algunos de sus paisanos como un viaje al futuro. Un futuro en el que 7 Leis son 30 Leis. Un futuro donde serían más ricos, aunque eso sí, ni podrían fumar, ni conducir sin cinturón.

Aquí estoy yo en mi casa. aviones desde casa_02

 

Veo pasar un avión.

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Aquí estoy yo en el avión, veo mi casa desde mi asiento. Justo en medio de la imagen, hacia la izquierda.

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Espera, lo señalo.

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Ahí, en el puntito rojo estoy yo. Aquí, subido al avión viendo mi casa desde el aire estoy yo.

Un avión es como una máquina del tiempo. Vuelvo de Bucarest. Un avión, otro avión, otro avión y otro avión. Cada uno un viaje en el tiempo. Ahí arriba estoy yo, aquí abajo también.

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Comprendo muy bien la sensación de volver al trabajo y que para tus compañeros hayan pasado solo unos días pero para ti hayan sido como 10 años.

Protegido: Jornadas Creación Escénica Contemporánea (Cetae 2009)

enero 4, 2018

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E,e,e,s,es,p,p,p,pa,pa,ñi,ñi,ñi,o,o,o,o,l,l,l.

diciembre 26, 2017

Quedo con Micalet y Hugo para comer, comida de empresa de Navidad, Pau So no puede venir pero al final viene Pau Aracil. Es una comida de empresa abierta. Es el día siguiente de las elecciones catalanas y este es el tema de conversación de toda la comida. Luego, cuando Micalet se va a recoger a sus hijas, el tema vira hacia modelos de guitarra. Hugo se quiere comprar una nueva y Pau sabe mucho de eso.

No es la primera vez que hablamos de este tema, difícil eludirlo siendo como somos animales políticos.

Doctor: vamos, vamos, abre la boca, empieza por la primera letra: E. Mira haz como yo: E, eeeee, venga vamos, Eeeeeeeeeee, abre más la boca, venga, vamos, eso es.

Micalet habla de irse de este país. Hugo de que el proceso catalán nos ha puesto frente a frente al pequeño nacionalista que llevamos dentro. A mí esto me jode, toda la vida huyendo del sentimiento de patria para acabar oyendo que hay un nacionalismo que esta por encima de mí debido a mi posicionamiento con respecto al procés.

Lo he dicho por activa y por pasiva más de una vez, creo en el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Puedo imaginarme una España sin Cataluña o sin el Pais Vasco pero también puedo imaginarme una España con Cataluña y con el Páis Vasco.

Doctor: vamos, muy bien, muy, eso es, ahora la S, venga, Esss,sss,ssss, muy bien eso, coge aire. Venga así continua. Essss, esssssss, essssssssssssss.

Uy, qué he dicho, puedo imaginarme a España sin Cataluña o el País Vasco… Uy, qué he dicho, puedo imaginarme a España con Cataluña o el País Vasco.

Uno de los efectos del Procés es que me he visto obligado a posicionarme, y este posicionamiento, de alguna manera, viene impuesto del exterior, no puedo estar en ambos lados tengo que decantarme

Si me decanto por la segunda opción (puedo imaginar una España con Cataluña o con el País Vasco) tengo que reconocer que existe en mí un sentimiento nacionalista español (eso me decía Hugo). Para el primer caso (una España sin Cataluña o el País Vasco) el tema es distinto ya que tendríamos que afrontar la desaparición del concepto España tal y como lo conocemos y tendríamos que ver cómo se llama lo que queda y dónde quedo yo si no soy ni catalán ni vasco.

Doctor: Vale, vale, vamos con la P, Eeeeeessssssssss, ssssss, muy, muy bien, sigue, p, p, p, p, Esssspppppp.

Lo mío no es lo de sentirme orgulloso por pertenecer a un lugar que no va más allá de lo que ven mis ojos, me cuesta encontrar una definición de lo que para mí es pertenecer a una tierra, un grupo de personas, un pueblo. Sin embargo he vivido en el extranjero y allí fuera es donde el lugar de donde vienes te define. Ah, ¿eres de Valencia? Eres español, lo pone en tu pasaporte, tu aspecto es mediterráneo, tu lengua viene del latín, podrías ser Italiano pero al venir de Valencia, está aceptado por los convenios internacionales, eres español.

Doctor: ahora la A, aaaaaaaa, venga, abre la boca aaaaaaa, eeeeeeesssssssssssspppppppppppaaaaaaaaaaa. Venga, que casi lo tienes.

Cuando me han preguntado en el extranjero lo he dicho como una mera característica más de mi ser, vengo de España, soy español, así, con minúsculas, sin sentimiento, sin orgullo, con indiferencia, no es algo que ponga por delante cuando hablo de mi, a lo mejor es algo anticuado pero me siento más bien europeo que Español, y me siento más de Nazaret (barrio de Valencia donde vivián mis abuelos) o de Noguera (pueblo de Teruel donde paso los veranos desde pequeño) que de La Comunidad Valenciana o de Valencia.

Quiero que quede claro esto ya que es difícil resolver de dónde se siente uno, qué nacionalidad tiene uno, de dónde quiere ser. Si me sincero conmigo mismo, lo que más hubiese deseado, desde los 18 años, habría sido vivir en París. Haberme convertido en ciudadano francés y haber pasado el resto de mis días en aquella ciudad. Ahora tendría que estar aguantando el auge del Frente Nacional y del terrorrismo islamista (como en todos lados), pero, bueno, oye, viviría en París.

Doctor: vale, vale, vamos, que ya lo tienes, la más difícil, la Ñ, ñññ, vamos a ponerle la I que si no no suena, ñiiiiiii, ññññiiiiii, ñiñññiiiiñiiii, Eeeeeeeeeeessssssss, esssssssssspppppp, essssssppppppppaaaaaaaaaaañññiiñiññññññiññiñññiñiñiñi.

El caso es que caso es que por razones que no vienen a cuento, aquí estoy, en Valencia, en pleno siglo XXI y en medio de un problema de legitimación del Estado Nacional en el que vivo.

Tengo que rebuscar en mí mismo algún sentimiento que explique porqué — y ahora sí que he de sincerarme y aquí es donde Micalet decidió que prefería irse de este país y fue cuando Hugo me dijo que tenía que reconocer al pequeño nacionalista que hay en mí  — me cuesta imaginar un estado Español sin Cataluña y el Pais Vasco.

Siempre que llego a este punto pienso en Zapatero, hizo muchas cosas mal y una bien: conseguir unir a los “españoles” en un concepto de España dentro del que podían encajar tendencias que en principio parecían encontradas: una España Federal que fuera un continente de las diferentes inquietudes nacionalistas que la integran. Por qué no puede existir una España que contenga el País Vasco y la nación catalana. El Reino Unido es la unión de unas cuantas naciones bajo un mismo paraguas (ahora Escocia se quiere separar y ha podido hacer un referéndum). Micalet cuando hablé de esta posibilidad, además añadí el término república, sí, por qué no podemos pensar en un República Federal Española, la R.F.E, me dijo que eso era una utopía y que no iba a pasar nunca, que el prefería irse del País. Hugo insistía en que este posicionamiento dejaba entrever el pequeño nacionalista español que hay en mí. Que fea es la palabra, leche, nacionalista, prefiero la multiculturalidad de Zapatero.

Doctor: vamos, vamos que ha pasado lo peor, ahora ya no se te escapa, vamos a por la O, ooooo, essssss, esssssspppppppp, essssssspppppppaaaaaañiiiiiiñiññiñiñiñiñiññiñiñiññiññiñiiiiiiiiiiiiiiiiiooooooooooooooo.

Vale, ya estamos llegando al final. Vale, Hugo, tienes razón, hay un pequeño nacinoalista en mi que defiende un concepto concreto de España, un concepto de España donde Cataluña y el Pais Vasco están dentro, vale, lo admito, admito que prefiero ese concepto de Epaña, lo admito ya que si no soy Catalán o Vasco, por obligación, así lo marcan los Convenios Internacionales, tendré que pertenecer a algún lugar, no es el mejor de los lugares pero geográficamente es el que me ha tocado. Soy Español a pesar de lo que pueda pensar al respecto, como decía Errejón: de dónde voy a ser leche, ¿de Holanda?

Ahora bien, ¿de qué España soy? No me metas en el saco de los militantes del PP o de Ciudadanos. Yo creo en la tercera vía, creo en otra España, creo en un estado plurinacional y creo en la autodeterminación de los pueblos. También creo que en la recuperación de la memoria histórica y que España, la antigua le debe una disculpa a los vencidos. Creo en una España plurilingüe. Aún así, aunque todo esto pasara, aunque España se convirtiera en un potencia cultural, capaz de la autocrítica, aunque España consiguiera esos logros humanistas de los que cada vez esta más alejada, tendría muchos problemas para sentirme orgulloso de ser español, ya que el orgullo patrio, el orgullo nacional, no va con mi carácter, creo en la abolición de las fronteras, creo en un mundo de individuos sin fronteras. ¿Es esto tan difícil de comprender? ¿Hemos reducido nuestra ambición como humanidad hasta tal punto que necesitamos delimitar y redefinir de nuevo donde están nuestras fronteras y qué somos cómo país? Vamos para atrás, entonces. Estamos cada vez más lejos del objetivo.

Doctor: Esssssspañññññiiiiññiiiñññiiiooool, dilo conmigo, soy Español, soy español.

Yo: Soy, soy, sooooooooooy, eeeeeeeessssssssssspppppppppppañol. Soy eessssspppppañññiiñiñiñiol. Esssseesssssssspppppppaaaaaañoooooooooooollllllll.

Vale, vale, soy español, pero ya que estoy obligado a serlo vamos a redefinir el concepto España, ya está bien de que España pertenezca a los que sacan aireados la bandera, ya está bien de que se apropien del significado y el significante. Ya que estamos condenados a definirnos como tales, ya que hay un pequeño nacionalista español en mí, vamos a hacer que el concepto España sea el de todos y no el de unos cuantos herederos de tradiciones franquistas. Yo también salí a celebrar la victoria de la selección en las Eurocopas y el Mundial y no tengo nada que ver con ellos. Y ellos no eran los únicos que tenían derecho a celebrar esas victorias. No volvamos a ceder nuestro espacio huyendo de este país. Ya no estamos en guerra (de momento), no nos pueden obligar a abandonar el barco otra vez, no debemos rendirnos sin ofrecer resistencia y defender lo que también es nuestro. Se lo debemos a nuestros antepasados.

YO SOY ESPAÑOL

(aunque preferiría ser recordado como CIUDADANO DEL MUNDO).

Tengo un problema

diciembre 20, 2017

yesterday

Tengo un problema. No me gusta encasillarme. No me gusta que me encasillen. Me molesta que porque no hable mucho se me tenga que definir desde el exterior. Me cago en esa maldita necesidad de etiquetar a las personas. Esa necesidad de saber dónde están para así saber qué es lo que quieren y así catalogarlas como una amenaza, un competidor o como público potencial.

El jueves pasado me pedí el día libre. La asociación de escritores de guionistas de valencia había montado unas jornadas sobre el guión en los videojuegos. Algo que me interesa desde hace algún tiempo. Cuando acabó la sesión me di cuenta de por qué había querido ir a esta conferencia. Luego lo cuento. Primero quiero poner de relieve algo: una de las cosas que se dijo fue lo siguiente: ¿a que es imposible hacer un triatlon dentro de dos meses si no has corrido, nadado e ido en bicicleta en tu vida? Todos sabemos la respuesta.

Da la impresión de que en el mundo de la creación hay una cierta tendencia al proteccionismo. Lo digo porque no es la primera vez que voy a una conferencia, taller o pido consejo a alguien, y lo primero que quieren es poner un muro ante nosotros en el que hay un cartel que anuncia: SI QUIERES TRABAJAR EN ESTO HAY QUE CONOCER LOS MECANISMOS Y TÚ NO LOS CONOCES.

Evidentemente, no los conozco, por eso voy a ese taller, conferencia, o te pido consejo, porque me estoy formando y estoy empapándome del funcionamiento de los mecanismos. Si no, ¿qué carajo hago aquí? Escuchar que me digas que todo es muy difícil, que hay que emplear mucho tiempo y dinero para hacer cualquier cosa. Leche, esto ya lo sé, estoy aquí para que me des instrumentos, técnicas, ejercicios prácticos, etc.

Puede que el proteccionimo sirva como herramienta para proteger los derechos de un sector concreto pero como filosofía pedagógica es una puta mierda.

Y lo digo por lo siguiente, no creo que haya nada mejor para cualquier tipo de actividad que su propia hibridación, que sea capaz de exponerse al trabajo en abierto, a la interrelación entre diferentes campos.

En estos momentos hay muchas disciplinas que gracias a su aperturismo están consiguiendo crear nuevas formas. La que más me ha impactado últimamente es la de la poesía. Últimamente vas a un recital de poesía y ya no sabes si es una performance, una miniobra de teatro o un concierto. Pasa lo mismo, aunque menos, en el teatro. Porque, ¿qué tipo de teatro es Las actrices siempre mienten? Sea cual sea su clasificación, es una maravilla.

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Y, ¿por qué hay un aperturismo en el teatro o en la poesía? ¿Por qué pasa esto? Porque se han abierto las puertas. Porque para ser poeta no hay que tener el carnet de POETA, hay que tener un voluntad, conocer los mecanismos, sí, pero tener una voluntad. Después ya encontrarás el tiempo, le dinero y la manera de concretar un proyecto, de encontrar un núcleo de personas que tengan tus mismas inquietudes, de crear una comunidad. Es más importante tener la voluntad de hacer algo que conocer los mecanismos de la especialidad en la que quieras desarrollarlos. Los mecanimos para hacer algo se aprenden, tener la voluntad de hacer algo, tener un idea, es más difícil.

Entonces, no nos pongamos tan a la defensiva cuando alguien se acerca a cualquier tipo de disciplina, a la que ha llegado por su curiosidad, esto ya es algo que hay que poner de relieve, tú, que eres tan especialista en los videojuegos, ¿cuantas obras de teatros fuiste a ver el año pasado, cuántas performance poéticas, cuántos conciertos…?

Proteccionimos frente a los curiosos, temor a la mirada ajena, estamos encasilladitos en nuestro mundito. Al final paso lo que he comentado al principio que encasillándonos a nosotros mismos sentimos la necesidad de encasillar a los demás. Y lo que pasa llegado a este punto es que has perdido tu capacidad para escuchar y entonces te pierdes la intervención de alguien que fue a tu conferencia y que podría haber dicho una chorrada pero que también podría haber dicho desde su visión transversal de tu profesión, algo que te sirviera como visión externa y enriquecedora.

Vale, voy a la conferencia sobre narrativa en los videojuegos. Como no conozco muy bien el mundo, soy un ser curioso, no me percato hasta que estoy arriba de que he coincidido en la en entrada con Josué Monchuán. Cuando estoy arriba y empieza su ponencia caigo en quién es.

gemini street

Lo había googleado hace tiempo porque cuando me dio para investigar en la narrativa en los videojuegos llegué a algunos de los juego en los que él ha trabajado para Péndulo. Como buen bibliotecario sé que las editoriales y los autores marcan una línea de trabajo y llegué a ellos a través de un artículo en los que se hablaba de juegos indis con aventura narrativa. Juego de puzzles, lo llaman a veces. Aventura gráfica otras. He estado jugando, además de a Yesterday de Péndulo, a Gone Home o Gemini Street.

Y aquí viene la pregunta que me gustaría haberle hecho. O mi visión externa que me hubiese gustado transmitirle: ¿por qué los puzzles? Sentí cierta desilusión cuando para conseguir avanzar en la historia, en Yesterday, tuve que resolver un enigma sobre una partida de ajedrez que NO TENÍA NADA QUE VER CON LA HISTORIA. Y no fue el primero de los acertijos que tuve que resolver. Estás metido en una superhistoria, una especie de Thriler negro para adultos y de repente un puto puzzle para niños, o para adolescentes, sí, a veces muy complicado, pero, tío, que no tiene nada que ver con la historia. Que una propuesta con un marco de jugabilidad tan chulo se vea rebajado a un simple juego de tablero de mesa de casa de mis padres… pues no sé. Me decepcionó. Lo jugué bien, pero ya tuve esa sensación de estar perdiendo el tiempo. De adulto perdiendo el tiempo jugando a un videojuego para adolescentes.

Y ese es el tema, ¿queréis realmente hacer videojuegos para adultos?

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Con Gone Home, la sensación fue diferente. Ahí sí que sentí que desde el principio me trataban como a un adulto. Que iba a jugar a algo más “serio”. Buscar pistas, pistas que tenían que ver con la historia que me estaban contando, que estaba experimentando. Pistas que me hacían comprender mejor la historia que estaban viviendo. La narrativa es mil veces mejor porque detrás hay una narrativa pura y dura literaria que ha sido desmenuzada y puesta al servicio de la investigación que te sirve el juego.

Aún así, supongo por el miedo de perder público juvenil, o por el miedo de no lanzarse al mundo adulto, sigue habiendo un trasfondo de juego de puzzle, de utilizar mecanismos enrevesados para encontrar algunas pistas. No hay nada más tedioso que pasar una y mil veces por un mismo sitio sin encontrar la lógica que hay que encontrar para pasar a la siguiente pista. Imaginemos una peli o un libro. Imaginemos que no encontramos la manera de pasar página y que una y otra vez tengamos que leer la misma página sin saber cuál es el mecanismo para conseguir continuar. Esto pasa en estos videojuegos y esto pasa por una sencilla razón. Se prioriza la jugabilidad, la astucia de la jugabilidad ante el disfrute de la narración de la historia. Ante el aprendizadaje global que nos puede dar la historia. Y ¿por qué pasa esto? Porque los videojuegos no han sido capaces de abrir sus puertas a guionistas de cine, novelistas, dramaturgos, poetas etc.

Cualquiera sabe que una novela, una obra de teatro o una película no es un juego. Por lo tanto no existe esa obsesión por pasar de pantalla. Lo que se persigue es una sensación de disfrute y aprendizaje global. Y esto es lo que les falta a este tipo de videojuegos. No una narrativa de los videojuegos, sino la utilización de una narrativa de las otras disciplinas en los videojuegos para que cuando un adulto decida adentrarse en esos mundos se enfrente a una experiencia global y no al reto particular de descubrir una misera prueba de mierda. Quiero una historia de verdad detrás del videojuego, porque quiero que ese videojuego me haga sentir que estoy tomando las decisiones como lo hace el protagonista de una película, de una novela o de una obra de teatro.Y para eso amigos míos, además de personas encargadas de la programación, de la animación, del diseño, de la jugabilidad, etc. vais a tener que abrir las puertas y empezar a contar con narradores de verdad, tal y como ha hecho el cine, o el teatro. Un buen director de un un videojuego debería contar en su equipo alguien que construya la estructura narrativa del videojuego desde la visión de la narrativa “literaria”, “cinemaográfica” o dramatúrgica. Y saber que para hacer un buen videojuego, como para hacer una buena peli, novela u obra de teatro, tendrán que haber una buena definición de los personajes, de sus conflictos, de sus objetivos y de todo lo que va a pasar para que esos peronajes bien definidos consigan o no sus objetivos.

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