Archive for the ‘Crítica y actualidad’ Category

El pasado es hoy

abril 25, 2014

Estas Navidades mi hermana me regaló un par de discos. Ella suele regalarme discos, más que libros. Sí, sí, sí, estamos a punto de empezar el mes de mayo, lo sé. No sé cómo será vuestra vida, la mía es abrirse paso a través de la jungla a base de machetazos.

Me doy cuenta de que casi nunca hablo de música en este blog, no sé por qué. O sí que hablo, pero de manera bastante tangencial, nunca central. Hoy va a ser diferente. La culpa la tiene uno de los discos que mi hermana me regaló en Navidad.

Sé que no tengo perdón. Que un regalo así debería haberlo abierto el mismo día que me lo dió, pero es que yo, para escuchar discos soy muy especial. Odio la saturación y odio la escucha obligada, y odio tener que abrir un regalo en el momento que me dan el regalo.

Además me gustan los objetos sin abrir, sobre todo los discos o cds sin abrir. Todos sabemos que hoy en día no tenemos tiempo para oir como es debido lo que cae en nuestras manos. Gracias a Dani Cardona ha vuelto a caer entre mis manos el disco de Petit Mal, Finlandia y, entre sus canciones he encontrado una joya que en aquella escucha del 2005 pasó desapercibida para mí: la canción número 8. No sé su nombre. Es otro de mis defectos: no recuerdo los nombres de las canciones, ni los títulos de los discos, ni los nombres de los miembros de las bandas etc.

Podría justificar por qué no saber, en este caso, fue una decisión voluntaria. Me vienen a la cabeza dos momentos; el primero en el colegio, cuando los burros de la clase (entre los cuales estaba), pasaron de rechazar aprender lo que los profesores les enseñaban en clase, a competir por recitar de memoria los componentes de los Jam, los Who, Led Zeppelin, etc. La formalización de la formación informal.

El otro momento fue mucho más protofilosófico. Durante mi estancia en Poitiers, en 1994, mi amigo Jêrome y su compañero de piso acogieron a un vagabundo en su casa. Dormía en el recibidor. Pasabas por allí y preguntabas, qué hace aquí: no tiene donde dormir, estará aquí un tiempo. Jêrome contaba que ese  hombre había aprendido a olvidar, llevaba mucho tiempo entrenándose para olvidar, para no recordar…

La semana pasada pasé una tarde en casa de mis padres, subí un momento a mi antigua habitación y buscando un libro para leer durante un rato de pausa me topé con los dos discos que me había regalado mi hermana en navidades. Me había olvidado completamente de ellos. Joder, pensé, cómo puedo haberme olvidado estos discos aquí.

Y bueno, ahora contando todo esto me doy cuenta de que esta es la única manera de que los actos mundanos se conviertan en actos maravillosos, y que, de alguna manera, una escucha pase de ser algo rutinario a algo excepcional.

El pasado es hoy. El próximo día. Comprendo vuestra angustia por llegar a todo, yo también me desvivo por llegar a todo. Pero… Pausa, P-A-U-S-A.

No voy a ponerme a buscar qué es lo que se dijo sobre The Next Day en los medios. Sí diré que como buen descerebrado voluntario, no tengo ni la menor idea de cuál fue su disco anterior. Mi hermana me regaló el del lifting, y antes de ese recuerdo el que iba vestido con la bandera británica, a partir de ahí todo lo que he escuchado de David Bowie es un revoltijo del pasado que vivió en aquel presente y que hoy también es pasado.

Me doy cuenta de que es difícil hacer una crítica musical sin memoria, sin citar discos anteriores, creadores coetáneos (Neil Young, Bob Dylan, Lou Reed, Los Rolling etc.) a Bowie. Solo diré que David Bowie, junto a Neil Young; le van a la zaga Lour Reed y Dylan -a los Rolling más vale no mencionarlos-; es  aquel que sigue haciendo canciones impresionantes sin despeinarse.

The Next Day es una nueva biblia sónica. La primera escucha es rara. Con la segunda ya detectas que algo está pasando: Boss of me y sobre todo How Does the grass Grow? que es el himno del siglo XXI,  te dejan con la cabeza retumbando y pensando: este cabrón, que tiene la edad de mi padre, cómo puede hacer esta puta canción, hijo de perra. El ñañañañañañaña, que es una especie de estribillo interrumpido como quien no quiere la cosa de manera magistral por la frase How does the grass grow Blood blood blood es para no parar de escucharlo jamás.

Luego vienen la tercera y la cuarta escucha y entonces ya cogen fuerza The Next day, Love is lost (del que hay una remezcla en el bonus track), Valentine’s day, Where are we now, I’d rather be high y poco a poco todas las demás.

Aún saltándome la premisa antes expuesta de que he crecido olvidando, diré que hay dos cosas que me han hecho mirar quién cojones había grabado este puto disco con david Bowie: 1. el batería (que me hacía pensar todo el tiempo en Santi Serrano), un tal Zachary Alford, impresionante lo que es capaz de hacer en favor de la canción con todos esos detalles rítmicos. 2. La producción del bajo. El bajo es impresionante en todos los temas, pero lo mejor de todo es su producción, y sin tener ni puta idea, me atrevo a decir que el productor del disco Tony Visconti, sigue produciendo a la antigua usanza es decir, bajos magistrales ajustados en su preciso lugar dejando que en la canción quepan guitarras distorsionadas, arreglos vocales, rítmicos etc.

Muchas veces me pregunto cómo es posible que en ciertos grupos sea tan complicado oir la composición global de la canción y detectar el conjunto, en este disco está la respuesta. Si me preguntas algún día como debería estar producido y mezclado un disco te diré: escucha The Next Day, no te lo vas a acabar nunca.

P.D.:

Señores de Sony, me debéis un par de birras.

 

 

 

 

 

 

 

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John Williams vs Nacho Vegas

marzo 7, 2012

Ya no tengo tiempo ni para escribir reseñas. Es una lástima, en un mundo utópico en el que dispusiese de todoeltiempoparamí, me pasaría el día haciendo reseñas sobre lo que leo, lo que veo, lo que escucho etc.

Pero, como es evidente, hacer reseñas no me da de comer, no soy un profesional, soy un amateur, de esos que contaminan la red con sus opiniones sesgadas y sus gustos poco contrastados y que campa a sus anchas generando ruido y sepultando a los verdaderos valedores de la opinión.

Me pregunto cuál es el número de horas que hay dedicarle a alguna actividad para pasar de ser un amateur a ser un profesional, y me pregunto si se puede tomar en consideración el número de horas acumuladas a los largo de nuestra vida. Valen los ensayos de 4 horas de 4 días a la semana, más el tiempo que pasaba después en casa tocando la guitarra, o solo cuentan los 40 minutos diarios que le puedo dedicar hoy en día a la música. Podemos establecer el mismo baremo para la escritura, la lectura etc.

La gente anda preocupada con el efecto multiplicador de opiniones que supone que todo el mundo pueda tener su blog en internet, se siente amenazada. Toda autoridad, por muy indi que sea, no deja de ser una autoridad, y todo el que tiene una autoridad tiene miedo de perderla. Es natural, si todo vale, si todo el mundo tiene una opinión y yo ya no controlo el canal de distribución, mi voz, mi opinión, queda sepultada. Gran error. El ruido puede hacer que tardemos más en encontrar la búsqueda que se corresponde a nuestra necesidad, pero la necesidad de alguien, la inteligencia del que busca, está por encima de la necesidad del que ofrece. Y el que busca si realmente quiere encontrar dará con la persona idónea que le de la información correcta y que necesita. ¿Retrasa internet esta búsqueda¿ ¿Retrasa esta búsqueda que en el océano de internet todos tengamos un blog? Desde mi punto de vista, evidentemente, no. Porque el problema no es internet, el problema es lo que le cuesta a la persona que busca saber qué es lo que está buscando. Una vez lo encuentra, el buscador suele ser lo bastante inteligente como para diferenciar la calidad de aquello que ha encontrado, y sin duda seguirá buscando en este sentido hasta encontrar lo mejor. La mejor información.

Entonces, la gran revelación es que tenemos que formar a personas que sepan qué es aquello que buscan. Esto sí que es importante: qué busco.

La respuesta a esta pregunta evidentemente tiene que ver con una revelación personal, con un proceso de aprendizaje personal. Por ejemplo, a mí me ha llevado más de 20 años empezar a tener una percepción clara de qué es aquello que me gusta y aquello que no. Tener criterio es una construcción privada, que en muchos casos está reñida con el propio aprendizaje, aprender es estar abierto, tener criterio supone empezar a cerrarse.

Sí, me he pasado 20 o 25 años abierto, sin querer cerrarme, ya que para mí era difícil concretar mis gustos en algo concreto. Esto durante mucho tiempo me ha llevado a tener unas expectativas demasiado amplias sobre las cosas. Por ejemplo ayer, en el concierto de Nacho Vegas, el teatro Principal hasta los topes, me preguntaba: ¿cómo es posible que esta música se haya converido en mainstream? Recordaba y se lo comenté cuando acabó el concierto a Jota, que aún recordaba el concierto que hace años dió Nacho Vegas en el Black note para15 o 20 personas. ¿Qué ha pasado?

De repente, ahora que creo tener criterio va y resulta que le mainstream tiene el mismo criterio que yo.
Viendo a Nacho Vagas tocando ante un teatro lleno, pensé: cualquier músico no es capaz de llenar este teatro. Por ejemplo, Fela Borbone nunca llenaría este teatro, y entonces pensé en el discurso que hay que acabar teniendo para llenar teatros, y también pensé en que quizás discursos que creemos minoritarios a lo mejor no lo son tanto, porque, claro, qué es una minoría en una sociedad de masas: ¿100.000 personas?

Vale, entonces Nacho Vegas es un músico mainstream, ¿no? Vale, busco en google la programación del Tanned Tin de este año. El Tanned Tin, podríamos decir que es como un faro que ilumina el camino de los perdidos, en cuanto a criterio musical se refiere. Si quieres conocer grupos o músicos que están por llegar, ahí has de mirar. Yo, buscador inteligente, sé donde ir para encontrar la información que necesito. En la programación, no sólo de este año, sino también de la de algunos años anteriores, aparece Nacho Vegas. ¿Contradictorio?

Para mí, no. ¿Por qué? Lo he dicho antes, no es el criterio el que forma a la persona sino su afán por aprender y buscar. El criterio tiene que existir, pero, lo realmente importante reside en la inteligencia o el deseo del buscador, ese motor es lo que nos lleva a tener el suficiente criterio como para coger de una mesa, de una biblioteca, un libro al azar, uno como Tengo una pistola, y decir: no me lo voy acabar, creo que no merece el esfuerzo, tengo demasiadas cosas mucho más importantes que hacer antes que acabarme este libro. ¿Alguien me ha dicho que me tengo que leer ese libro depositado al azar sobre una mesa de una biblioteca? No, nadie. ¿Puedo determinar que ese libro no merece la pena que haga un esfuerzo de lectura? Sí, evidentemente. Si luego busco en internet y personas que yo considero que tienen criterio se explayan diciendo que es un buen libro, me pasará dos cosas, la primera empezar a dudar del criterio de la persona que pensaba que tenía criterio, y la segunda, empezaré a pensar que como todo dios, por mucho que sepamos, nuestro criterio jamás podrá dejar de estar sesgado por nuestro propio gusto. Esto es muy importante, ya que el buscador inteligente tiene que aprender a determinar aquello bueno y malo que el poseedor de criterio le puede ofrecer, es decir, el buscador eficiente es crítico con el crítico.

Volviendo al Tanned Tin. Como lo tengo en un pedestal en lo que se refiere a criterio musical, cada año examino su cartel, busco a los músicos que traen para el festival y evalúo qué es lo que más me interesa o lo que no. Normalmente el cartel me ofrece tantas cosas que me interesan como cosas que no. Que no me interese el 50% del cartel no tiene nada que ver con la calidad, tiene que ver con el gusto musical, hace tiempo que identifiqué que hay una línea editorial en el festival que me interesa y otra que no, así que no me sorprende que todo no me guste. Soy consciente de que tengo que hacer un esfuerzo como buscador para desentrañar aquello que me gusta de aquello que no. Cometería un error si pensase que el Tanned Tin tiene que ofrecerme todo aquello que me gusta, cometería un error vital si delegase en cualquier persona la decisión final de determinar aquello que yo considero que es de calidad. La búsqueda, la última búsqueda contrastada no corresponde nunca a un festival, a una revista o a una critico, la última búsqueda pertenece a uno mismo. Comprender e identificar las “debilidades” de los vendedores de criterio, nos permite, a los buscadores, mejorar la calidad de nuestras búsquedas. Delegar en los vendedores de criterio nuestro propio criterio nos convierte en buscadores vagos, en buscadores que no quieren hacer su trabajo, en buscadores ineficientes que prefieren delegar su gusto en alguien que haga el trabajo por ellos.

Volvemos al océano de Internet que es como entrar en una biblioteca y coger una novela al azar. ¿Qué probabilidades hay de que esa novela sea la novela que queremos leer?. Muy pocas. Casi ninguna, pero, al igual que en internet, en una biblioteca tienes la posibilidad de ir abriendo libros, de ir leyendo las primeras páginas, existe la posibilidad de encontrarte con una sorpresa. Para un buscador no hay nada más gratificante que encontrarse con alguna sorpresa, algún libro del que nadie le haya hablado, algún libro del que no haya leído ninguna reseña. Dar con un libro así, al azar, es como encontrar un tesoro. No tiene precio.

Vale, voy por la biblioteca, creo que voy al baño, me paro a mirar los libros que hay en un carro. Están a punto de devolver los libros a las estanterías. Me fijo, no sé muy bien por qué, en uno: Stoner. Ahora lo recuerdo, no iba al baño, iba recoger un libro que tenía reservado, El Hombre que se enamoró de la luna. Buscar, uno no puede dejar de buscar. El buscador está siempre alerta, se alimenta de nuevos descubrimientos. El buscador tiene muchas fuentes, no se contenta con tener una sola, tiene almacenada una base de datos con fuentes que le facilitan y retroalimentan la información sobre aquello que busca. Pero además, el buscador picotea, incluso en aquello que parece que no le va a llevar a ningún sitio. La experiencia le dicta que puede encontrar verdaderos tesoros ocultos en los lugares más inverosímiles. El buscador de la misma manera que picotea en los blogs de los aficionados a la literatura, a la música, al cine etc. picotea en los carros llenos de libros que vuelven a las estanterías. Sin saber por qué selecciona un libro: Stoner. No es capaz de retener el autor hasta bien avanzada la novela. De hecho comienza a leer el Hombre que se enamoró de la luna y Stoner al mismo tiempo, pero hay algo en Stoner que le engancha desde la primera hoja. No sabe lo que es, pero la lectura de Stoner le lleva a dejar de lado todo lo demás que estaba haciendo en su tiempo libre. La lectura de Stoner le cautiva hasta el punto que sabe que no va a poder hacer nada más mientras le queden páginas del libro por leer. Al buscador, cuando le sucede algo de este estilo, está contento. Es en este momento cuando el amateur tiene la sensación de convertirse en profesional, es el momento en el que el buscador se convierte en un vendedor de criterio. Es el momento en el que el amateur a pesar de no ganar dinero haciendo reseñas busca y encuentra un momento para hablar sobre el libro que ha encontrado, dejando de lado todo tipo de responsabilidades que una persona que trabaja haciendo reseñas no puede ni tan siquiera imaginar. El buscador no tiene tiempo para escribir de tonterías, su tiempo es oro y cada post que sube al blog tiene que tener un razón última de ser. Si no para qué hacer el esfuerzo, nadie le va a pagar por ello.

El buscador cuelga su post sobre Stoner y sobre su visión de lo que es internet hoy en día. Stoner es un libro de John Williams. Busca en google lo que la crítica dice sobre él y se da cuenta de que es un libro que ha gustado mucho. Se da cuenta de que John Williams ha escrito libros que gustan a… ¿una minoría de 100.000 personas? ¿Al mainstream?. Será Stoner en la literaruta como Nacho Vegas en la música, llenando el Teatro Principal de Valencia pero al mismo tiempo tocando en un festival de vanguardia musical como es el Tanned Tin. ¿Habrá llegado el momento de dar un paso más como buscador, de que me adentre un poco más en la escpecialización para ofrecerme a mí mismo un vision aún más concreta de mis gustos, o ha llegado el punto en el que estoy contento y cómodo con aquello que busco y encuentro? Piensa que yo no vivo de esto, que todo esto lo hago por placer, por el placer de aprender, no tengo que venderle a nadie una nueva visión de nada. Sólo estamos el conocimiento y yo. Yo ante el conocimiento, y sé, es de las pocas cosas que sé, que el conocimiento es infinito. ¿dónde quiero ir a parar como buscador? ¿hasta dónde y por qué quiero retar a mi inteligencia?

Ciudad veintisiete (Jonathan Franzen)

diciembre 19, 2011

Imagina que eres un abogado que vive en la ciudad de Valencia. Imagina que estás especializado en el tema urbanístico para el desarrollo de esta ciudad. Imagina que de alguna manera estás vinculado al PP, que conoces los entresijos del funcionamiento interno de las decisiones importantes, las realmente importantes, las que se toman en una ciudad para que de un paso hacia adelante, hacia la “modernidad”.

Imagínate que te gusta escribir, y que escribes bien, con precisión en los datos, con una clara percepción de los personajes protagonistas, de su psique. Imagina que lo tienes todo al alcance de la mano y que sólo tienes que cambiar los nombres.

Decía Boyero que Berlanga, con el caso Gürtel, podría haber hecho una gran película, yo pienso que lo que necesita el caso Gürtel, o más bien el auge y caída del PP valenciano desde los 90 hasta ahora, lo que necesita es a un Jonathan Franzen.  Alguien que, meticulosamente, con su estilete narrativo, desde la ficción,  sea capaz de explicar qué es lo que ha pasado aquí.

Me viene a la cabeza Javier Cercás. Javier Cercás podría hacer una buena novela sobre el auge y caída de la filosofía del PP valenciano. El final, por supuesto, el juicio a Camps.

No, no estoy hablando de periodismo de investigación. Tampoco hablo de escribir una tesina para un doctorado en la Universidad, no, hablo de escribir una novela. Una novela que describa una situación político económica concreta en una país, región, ciudad. Pero, una novela, al fin y al cabo.

Lo ha hecho Stieg Larsson (Trilogía -periodismo, mafia, servicios secretos-) , Don Winslow (El Poder del Perro-contabando de drogas y armas-), Tom Wolfe (Todo un hombre- Especulación urbanística y poder judicial), Michel Houllebecq (Plataforma- el turismo-, Las partículas elementales -física cuántica-, El mapa y el territorio- especulación en el arte-), todos ellos lo han hecho, basar sus novelas en recopilar datos sobre los que basar su historia. También lo hace Jonathan Franzen en Ciudad Veintisiete – regeneración urbana especulativa y conspiración- y también lo haría Javier Cercás, o “X”, si hablase de la Valencia del PP: 1990-2010: auge y caída.

Claro está, el autor tendría que buscar un título novelesco. Pero, no le costaría nada encontrarlo, yo tengo uno. Que me llame si quiere que se lo diga.

Comentaba Stephen King, en Mientras escribo, que no es conveniente basar una novela en datos, que no es conveniente explicar un tema de forma que el tema esté por encima de la trama, de los personajes, pero, no se puede negar que saber mucho de algo, sea cuál sea la materia, ayuda a concretar personajes y perfiles psicológicos. Una novela no debería convertirse en una obra divulgativa, pero tener un punto divulgativo, da un empujón a la obra.

La creación, la pureza de la creación está en todas partes, incluso en la economía, en la física cuántica, en los folletos de turismo, incluso en las reuniones de los grandes ejecutivos, incluso ahí, en lo supuestamente antagónico a la “creación narrativa” puede haber material para dicha creación.

Imagina que eres un abogado. Estás en Valencia. Has estado en el meollo, has conocido de primera mano todo lo que ha sucedido desde el principio de los noventa hasta ahora. Has tenido amigos en el poder, has conocido a los grandes inversores, has conocido a las grandes personalidades, las grandes familias que gobiernan esta ciudad.

Has vivido en primera persona los acuerdos, las negociaciones, la elaboración secreta de los planes. Has visto apretones de manos, brindis, sonrisas complices, has visto como los Hombres y Mujeres que gobernaban Valencia, decidían sobre lo que iba a ser Valencia en el futuro, has visto como se repartían el pastel, has presenciado la compra y venta de posición de voto, de poder “lobbístico”, a quién se le ha permitido entrar en el negocio y cómo.

Lo sabes todo, deberías contárnoslo. Te estamos esperando. Estamos esperando esa novela. Si además escribes como Franzen, no sólo será una novela para pasar el rato, será una gran novela. Te consagrará como un gran escritor. No te escondas, ponte en marcha, te lo agradeceremos.

El poder del perro (Don Winslow)

diciembre 16, 2011

Novelar periodos históricos recientes a través de personajes ficticios para describir la realidad, puede ser una herramienta mucho más contundente que cualquier artículo escrito para cualquiera de las revistas universitarias más prestigiosas del planeta.

No sé si es el paso del tiempo lo que permite a la gente tener acceso a la verdad y a los secretos de Estado, pero, de ser así, no consigo entender un par de cosas: una; por qué quedan impunes ciertas conductas a pesar de que queda constancia de que han superado cualquier comportamiento salvaje del ser humano, dos; por qué, aún a sabiendas de cómo funciona el mundo no se toman medidas drásticas para solucionar estos comportamientos salvajes.

De alguna manera la piedra que lanzó hace algunos años Bolaño sobre la aparición del mal, en este libro, El poder del Perro, queda retratado con más concreción.

Bolaño nos hablaba tras de un velo de lo que estaba pasando en México, del asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, Don Winslow, nos hablá directamente del origen: cuando lanzas una piedra por una pendiente, la piedra rueda cada vez más rápido. Cuando instalas el asesinato en tu forma de vida, asesinar se convierte en un arte cada vez más “elaborado”, en el cual cada vez importa menos el dolor o el sufrimiento de la víctima, y más “qué se me puede ocurrir para infringir mayor dolor o sufrimiento”.

No hace falta que remarque que el ser humano es un experto en infringir dolor y sufrimiento antes de la muerte. A lo largo de la historia podríamos encontrar infinidad de ejemplos que pertenecen a nuestro imaginario colectivo. ¿Entonces qué es lo que nos choca de que siga existiendo este tipo de comportamiento humano?

Cuando lees un novela como El poder del Perro te das cuenta de la existencia de muros de protección, de contención en el mundo global que hoy en día vivimos. De un lado todo se intenta reglar en acuerdo con los derechos fundamentales de las personas, en el otro lado del muro, todo vale. Y cuando digo todo, es todo. No voy a enumerar en esta reseña la cantidad de atrocidades que se mencionan en esta novela, que parece ser que en México, Colombia etc, son el pan nuestro de cada día, pero si que voy a apuntar un interrogante: ¿por qué?

¿Por qué creemos que lo que condescendientemente permitimos que pase en nuestros países vecinos no va a acabar pasando en nuestros propios países? O lo que es lo mismo, ¿cuánto tiempo más va a aguantar el muro de contención?

Y ahora, me traslado a la actualidad.
Estamos en plena crisis, todo el mundo se rasga las vestiduras, todo el mundo cree que es el fin del mundo, pero, ¿por qué las cosas iban a ser diferentes?

En los últimos decenios cuando de cara a la galería se pretendía que lo que estaban haciendo las grandes naciones e instituciones mundiales era acercar el “tercer mundo” al “primer mundo”, lo que estaba pasando en realidad era que el “primer mundo” se estaba deslizando velozmente hacia el “tercero”. (nota: sé que esta acepción del primer y tercer mundo no es muy correcta, pero me sirve para retratar lo que pretendo).

Qué podíamos esperar sino de las políticas de deslocalización de las empresas del primer mundo, ahí tenemos uno de los orígenes de la crisis: buscar mano de obra barata en países sin protección de los derechos humanos.

Qué esperábamos, buscar mano de obra barata en países sin protección de los derechos humanos ha abaratado los costes de producción a costa de vaciar de contenido social los logros laborales y cívicos conseguidos por los países del “primer mundo” y por lo tanto convirtiendo en una utopía estos mismos derechos en los países en vías de desarrollo.

Sí, podemos decir que somos testigos de la derrota mundial de la clase media. Porque, el final de todo esto es la polarización, es decir, un mundo dividido entre pobres y ricos, un mundo divido por muros, países divididos por muros, ciudades dividas por muros. Barrios divididos por muros y urbanizaciones residenciales separadas de las barriadas por muros.

Hablo de todo esto sin haber hablado del tema central de la novela. La Industria de la droga. Y mi pregunta, como ciudadano de a pie de un mundo “normal” es: ¿El mundo está gobernado por la mafia, verdad?
Podemos comentar sin temor a equivocarnos que tras esa máscara de hipócritas que se ponen todos nuestros gobernantes, si rascamos un poco, encontraremos el dinero negro de la mafia, ¿no? Porque,¿cuántos millones puede mover al año el tráfico ilegal de drogas, de armas, de mujeres etc.? Y si me apuras un poco más, legalizar todo este dinero ilegal, ¿cómo se hace?

¿Se puede invertir en bolsa? ¿Se pueden comprar Bonos del Estado de un país hasta desestabilizarlo, se puede invertir, en la industria inmobiliaria de un país hasta desestabilizarlo? ¿Se pueden comprar votos? ¿Se pueden construir fábricas de esclavos en las fronteras con los países ricos para vender productos a las clases medias en declive de los países ricos? O, ¿se pueden construir fábricas con esclavos, no importa donde siempre y cuando los trabajadores sean esclavos, para vender productos de lujo a los ricos del mundo, poco importa de qué país sean?

El Poder del Perro te abre los ojos en muchos sentidos, te explica cómo funcionan las cosas. Te puede explicar cómo van a funcionar las cosas en une futuro.

Podríamos pensar en que hay soluciones: legalizar la compra y venta de droga, implantar el respeto de los derechos humanos y del trabajador en el mundo etc. Pero todos sabemos, ya no nos pueden seguir engañando, que esto más que una utopía es una patraña que la mafia no va a permitir que suceda.

Mientras escribo

noviembre 4, 2011

Mientras escribo

Creo que me he leído un par de novelas de Stephen King: El Resplandor e It. Miento, me leí un libro que tiene un par de cuentos, uno de ellos era El Cuerpo. Creo que hicieron un película con esa historia en la que salía River Phoenix de niño. Escribo de memoria sin confiar demasiado en ella, así que, voy al google y compruebo que es cierto: Stephen King escribió un cuento que se llama El Cuerpo; también es cierto que en el cuento se basaron para hacer una película coprotagonizada por River Phoenix.

Una de las ideas que lanza Stephen en Mientras escribo tiene que ver con la voz pasiva que he utilizado en la última frase del párrafo anterior, mejor evitarla al escribir. No es el único consejo que da.

He dudado mucho antes de ponerme a escribir esta reseña, ya que si la mayoría de las veces las reseñas que hago suelen ser hipersubjetivas, esta puede rayar suprasubjetividad. Esta se da en los casos en los que una persona toma las riendas para describir una situación en la que no ha sido el único protagonista y al mismo tiempo sí que ha sido el único protagonista.

He reflexionado muchas veces, y siento pudor al explicitar esta reflexión en público, en el día en el que decidí ser escritor, porque, sí, hubo un día en el que decidí ser escritor. Sí, es cierto, aquí abro un paréntesis para que quien quiera suelte un grito, una carcajada o una sonrisa soterrada por un labio mordido (otra frase en voz pasiva).

El día que decidí ser escritor, en realidad no sabía lo que hacía, miento, no tenía ni la más remota idea de lo que hacía, la verdad es que no tenía ni puta idea de lo que hacía.

Tomé esa decisión hace casi ocho años, y sí, es cierto, siempre había escrito, alguna novelita, algunos relatos cortos, letras de canciones, poesías, pero nunca, ni en el más remoto de mis pensamientos, escribí todo aquello bajo la idea de SER ESCRITOR. Digamos que lo hacía de forma irreflexiva. Además siempre había sido un mal estudiante; cómo un mal estudiante iba a querer ser escritor. Ser escritor para mí iba asociado con una concepción muy clásica de la creación. Yo era un creador outsider, un selfmade creator. Es decir, un ignorante.

Sí, porque la ignorancia tiene una gran importancia en lo que estoy intentando transmitir con esta reseña. Es cierto que ser ignorante te puede dar una gran valentía, pero, esa es la gran verdad, ser valiente no te libra de ser ignorante.

El día que decidí ser escritor, no lo sabía en aquel momento, lo que había decidido no era ser escritor, lo que había decidido había sido intentar luchar contra mi ignorancia. Sí, puede que llegase con algo de retraso, hay quien toma esta decisión bien joven, yo siempre he sido un hombre lento, y de esto, sin embargo, no me arrepiento.

Digamos que hay un tiempo para estar totalmente embotado, como incomunicado, este estadio es particular para cada persona, pertenece a su privacidad evolutiva, a su desarrollo como ser humano. No hay reglas para provocar ciertas revelaciones en las personas. Por eso no me ha importado ser lento, lo que me ha importado ha sido llegar a experimentar LA REVELACIÓN.

Bien, estoy en mi antigua casa, quizás sea una tarde cualquiera del mes de septiembre. Estoy ansioso con lo que voy a hacer o dejar de hacer durante la temporada. Ante mí se presenta el reto de superar una oposición inminente, pero, yo, lo que decido, es ser Escritor. Y como otras veces, me pongo a escribir, pero, esta vez va en serio.

Desde luego mirándome con perspectiva no puedo más que esbozar una sonrisa. Menos mal que en fondo nunca he sido una persona impaciente, que siempre he tenido la intuición, esa es una de mis virtudes, de que las cosas bien hechas solo se pueden hacer a fuego lento.

Y así, ha sido. Como he comentado antes, el día que decidí ser escritor en realidad decidí emprender una batalla contra mi ignorancia. Ese día salté al ruedo de la vida, al ruedo de la verdad, al ruedo de los millones de pensamientos nacidos de millones de personas lúcidas, hiperlúcidas, y más, personas que llevaban muchos muchos años, a pesar de su juventud, queriendo ser escritores. Qué maravilla, ser tan joven y saber que quieres ser escritor, músico, artista, creador, soldador, fontanero. Qué grande es saber lo que quieres ser. Pero este es otro tema.

El tema que me ocupa es de el combate contra la ignorancia. Y aquí, a diferencia de esta reseña no estoy hablando de un combate público, aunque muchos se lo toman como tal, no, hablo de un combate privado, un combate personal contra la ignorancia, que sin más nos llevará, a mi me llevó, me sigue llevando, hacia la búsqueda infinita, a meterme en el papel de Sísifo.

Para qué confesar todo esto, para qué hablar de todo esto sabiendo, como sé en estos momentos, lo que sé. Qué es lo que sé: la fórmula tiene que dar con dos variables, si no, no funciona.

Las dos variables para que la fórmula sea resuelta están sujetas a una total aleatoriedad, no conocen la vejez, ni la juventud, sólo saben que dependen exclusivamente de la predisposición a La Revelación.

La Revelación, si la alcanzas no te dará las claves para ser escritor, nadie te puede dar las claves para ser escritor, por mucho que asistas a talleres o que recurras a maestros o guías. Nada excepto tú puede dar con La Revelación. Esta es una de las variables. La otra es estar dispuesto a la aniquilación de tu ego sin que esto suponga la aniquilación ni de tu ego ni de tu voluntad.

Estamos aproximándonos a lo realmente importante. La filosofía de vida personal de cada uno de nosotros. A mi filosofía de vida.

El día que decidí ser escritor, en realidad estaba plantando una estaca en el suelo firme de mi vida para establecer los límites por los que irrefutablemente iba a moverme. No lo sabía, o yo no era consciente de ello, pero hasta entonces, no había hecho más que dar bandazos.

Tuve que deshacerme de toda una serie de misiones que me había encomendado por creer que estaba en deuda con el mundo. Tuve que centrarme en responder a la gran pregunta: qué es lo que en el fondo quería realmente hacer en la vida: La Gran Revelación. Muy a mi pesar muchas de las percepciones que había construido de manera racional cayeron y dieron paso a la verdad.

La verdad, la única verdad, era que me gustaba escribir, me gustaba escribir, lo que fuese, canciones, poesías, relatos, novelas. Eso era lo que me gustaba hacer, y eso era lo que iba a hacer.

Y a pesar de que sabía que tenía que sacarme una oposición, pude entrever que aquella nueva idea que se había instaurado en mí, que siempre había estado en mí, pero que nunca había tenido la posibilidad de aflorar (LA REVELACiÓN), iba a ser lo que iba a darle sentido a mi vida.

El día que decidí ser Escritor, una gran certeza dio paso a una incertidumbre infinita. Lo primero que hice fue comprar más libros, ver más películas, escuchar más música. Más, cada día más. Seguí escribiendo, pero, debido a mi falta de referencias tuve que buscar guías, maestros, y aquí es donde entra la suprasubjetividad, y aquí es donde tiene alguna razón de ser que escriba de todo esto para hacer una reseña de Mientras escribo.

Es verdad que no podemos, o no debemos echarle la culpa de nuestras desgracias o deficiencias a quien nos rodea, a quien pedimos ayuda o asistencia, pero en muchas ocasiones, para poder tratar con principiantes hay que tener una serie de pautas bien definidas que no den lugar al error, al vacío o al equívoco: parámetros fríos y tangibles.

Un taller de literatura, un maestro o un guía espiritual nunca podrá ayudarte a ser escritor pero te podrá indicar ciertos parámetros orientativos que te podrán acercar a saber en qué situación estás.

Cuando tuve mi primer profesor de escritura, a pesar de que le hice muchas preguntas de carácter objetivo, del tipo, cuántas horas hay que leer de media al día, cuántas horas hay que escribir de media al día etc. no supo contestarme. Tampoco logramos un entendimiento en la corrección del estilo. Tampoco la conseguimos en la ayuda para la construcción de una trama o de los personajes. En definitiva, acabamos mal.

Está claro que el tiempo es importante para poner cada cosa en su sitio. Para realizar ejercicios de autocrítica y para revisar todo aquello en lo que nos hemos equivocado. Bien no puedo dejar de pensar que lo mejor que me hubiese pasado el día que decidí ser Escritor fue haberme topado con un libro como Mientras escribo y que mi mayor error fue tomar clases particulares de escritura.

Cuando decides ser escritor te lanzas al vacío. Psicológicamente, si no tienes a mano un mentor de confianza, eres carne de cañón en manos de buitres voraces que están esperándote para alimentar su ego. Sí, porque cuando decides ser escritor, te das cuenta de que antes que tú, hay cientos, miles de personas que también han decidido ser escritores, y que, por lo tanto llevan tiempo intentando serlo, y que por lo tanto, a pesar de no serlo, conocen mejor que tu los instrumentos, porque no nos equivoquemos, el dominio de la lengua es una cuestión de dedicación y tiempo, de pulir y corregir, pero, ¿quién es capaz de contar una buena historia?

En la técnica, en las reglas, en el tiempo dedicado a las lecturas es donde te van a dar un repaso en cuanto digas que quieres ser Escritor sin haber meditado sobre lo que ello significa. Tiempo, todo es cuestión de tiempo.

El día que decidí ser escritor, lo intuí cuando mi profesor particular acabó enfadándose conmigo, se dio cuenta de que lo que me decía carecía de valor para mí y se enfadó. Lo que uno necesita es tiempo.

En Mientras escribo está claramente definido a qué debes dedicar tu tiempo si quieres ser escritor. Cuanto tiempo debes dedicarle a la lectura, cuanto a la escritura. Parecerá una perogrullada pero leer, tanto libros como críticas de libros, te ayudará a definir tu estilo, pero sobre todo te ayudará a saber cómo enfrentarte a los lugares comunes, todo está inventado.

Pero además este libro te dará un serie de claves básicas y completas sobre las que basar el camino que has emprendido para luchar contra la ignorancia.

Mientras escribo debería ser el libro de cabecera de todo aquel que un día cualquier tiene la revelación de que quiere ser Escritor.

Después de leer este libro. Pasados cuatro o cinco años haciendo lo que dice este libro, tal y como dice Stephen, si tienes la genialidad y el tesón suficiente, quizás puedas escribir un relato corto; pasado otro cierto tiempo, si tienes la imaginación y la fuerza suficiente como para inventar personajes y tramas (en Mientas escribo también se habla de la construcción de personajes y tramas), quizás puedas escribir tu primera novela.

Cuando llegues a este punto quizás puedas decir que eres escritor, pero, aún así es muy probable que nadie quiera publicarte la obra, por eso Stephen te recomienda dos cosas: que busques un agente, incluso antes de escribir tu primera novela, y otra, que sepas para quién estás escribiendo, que sepas cómo funciona el mercado, ya que de ello dependerá que puedas vender o no tu obra.

Libro esencial, revelador, totalmente pedagógico sincero y sin pretensiones.

Recomendado para cualquier ignorante que quiera ser escritor.

Stone Junction por Jim Dodge

agosto 5, 2011

Llevo un tiempo sin poder dejar de pensar en una conversación que tuve con un amigo tras leer una reseña que hizo sobre los Perros de Riga. El género policíaco le parecía, él lo decía de una manera más elegante, una mierda, infantil, predecible etc. Haber leído este libro le llevó a plantearse para qué servía la lectura, y denunciaba, de manera realmente lúcida, que por qué la lectura de la literatura policíaca debía ser mucho más beneficiosa para el ser humano que desayunar gin tónics todos los días.

Quedamos un día, últimamente para mí es difícil entablar una conversación de más de cinco minutos con alguien, siempre hay algún pañal que cambiar o algunos mocos que sonar, así que la mayoría de las veces, tengo que intentar sacar el máximo rendimiento en los lapsos de tiempo que me quedan “libres”, saqué el tema, le dije: he leído tu reseña, me ha parecido muy divertida, había leído esa y otras más, le dije, pero insistí en que había leído esa. Cuando escribes en internet, en el facebook o en tu blog, a veces, cuando alguien se te pone a hablar de ese mundo virtual tienes que situarte, darte cuenta de que también tienes que dar vida a esa identidad virtual en la realidad, a veces esto es cansado, y eso es lo que pareció pasarle a mi amigo cuando le hablé de sus reseñas. Tuvo que hacer un esfuerzo para saber de qué estaba hablando: Los Perros de Riga, el género policíaco, la lectura.

Le comenté que, de una cierta manera, yo había llegado a un cuestionamiento similar sobre el significado de la lectura leyendo a Bernhard. Bernhard es considerado literatura de alto nivel intelectual, por no decir, que Bernhard, puede ser considerado uno de los paradigmas de lo que debería ser buena literatura. Pues bien leyendo a Bernhard, lo escribí en mi blog, leyéndolo en voz alta a Bernhard, llegué a la conclusión de que la lectura podía ser como un rezo. Que la lectura podía llegar a ser como rezar. Que igual que estaba leyendo a Bernhard, podía estar leyendo el Corán, la Biblia o un único y gran libro sagrada, cualquiera que sea ese libro, una y mil veces, ya que, y aquí es donde mi amigo y yo reemprendimos la charla, la lectura, del tipo que sea, puede tener connotaciones alienantes, en todos sus géneros. Qué es la buena literatura, qué es la mala literatura, pues, mire usted, no lo sé, por qué es bueno leer y para qué leer, pues podría justificar mi respuesta, pero, en el fondo, y aquí es donde apareció la gran duda elemental, un país de lectores, de mentes refugiadas en la lectura, de mentes leyendo libros como rezos, de personas escondiéndose detrás de hojas, ¿no son como un ejército que aplaca la acción con el run, run, con el arrullo, de la melodiosa palabra leída mentalmente? La lectura, ¿no es finalmente como desayunar gin tónics, como consumir heroína, como ser una adicto a paraísos artificiales, a utopías, a vidas y sueños ajenos? ¿Acaso la literatura a fin de cuentas no es como un Dolce Far Niente? Porque, ¿qué es la lectura sin acción?

No quiero dejar de pensar que estoy escribiendo una reseña sobre un libro, todo esto ha empezado, como dice el encabezamiento para hablar de Stone Junction, pues bien, últimamente duermo poco, o a trozos, me despierto a media noche, o a las 6h de la mañana, o a las 5h, o a la 1h, o a las 3h, es aleatorio, esta mañana eran las 6h30 y ya no me podía dormir. Así que me he ido al baño, me he sentado en la taza del inodoro y he atacado las últimas diez páginas de Stone Junction. Cuando lo he acabado aún faltaba un poco para que sonase el despertador. Había amanecido, pero, la luz era muy tenue, entraba un poco de aire fresco, el rocío de la noche se podía apreciar sobre la hierba. He dejado el libro al lado del lavabo. ¿Y ahora qué?, he pensado. ¿Ya ahora qué?(*)

(*) Stone Junction es un libro adictivo. Desde la primera frase quedas atrapado en una historia que como un cohete va cogiendo más y más velocidad. Las primeras doscientas páginas te las lees sin darte cuenta y cuando llegas al ecuador del libro y crees que el autor puede haber tenido la tentación de caer en picado, la historia sigue subiendo. Y esto no es fácil. No es fácil por el tema que trata el libro, como dice el subtítulo: una epopeya alquímica. Sí, hacia el ecuador del libro, la historia entra en otra dimensión, una dimensión que el autor ha ido gestando para que el lector pueda entrar con la completa convicción de que cree en lo que está leyendo. Sin duda, este es el reto más difícil que plantea el libro, convertir en verosímil, hacer creíble, lo imposible. Como digo este intento de podría haber desembocado en un fracaso estrepitoso, pero, al igual, que Paul Auster con Mr. Vértigo, o Murakami en cualquiera de sus obras más lisérgicas, o incluso, apurando las similitudes, si pensamos en El Vagabundo de las estrellas de Jack London, podemos certificar que el Jim Dodge sale sobradamente airoso de su intento.

Stone Junction juega con algunas bazas complementarias, el escenario: Los EEUU; un posicionamiento político: el anarquismo (entendido desde una perspectiva muy EEUU); el ingrediente alquímico y químico; en ciertos momentos es una interesante novela iniciática, en otros roza el thriller, para finalmente descubrirnos que la mecánica que se esconde tras la trama no es otra que un Mc Guffin que queda resuelto brillantemente en las páginas finales.

Expiación por Ian McEwan

abril 27, 2011

Cuando empecé a leerlo me recordó automáticamente a Cumbres borrascosas. Después, en una entrevista, Ian McEwan, en la presentación de su libro Solar, comentaba que para todo aquel que fuese neófito en su literatura, si era mujer, le recomendaba que empezase por Expiación, y si era hombre, por Sábado. Creo que esto debió decirlo por lo que comento anteriormente, en Expiación el fantasma de Emily Brönte campea a sus anchas. Es más, conforme avanza la historia te das cuenta de que el libro no está escrito por Ian McEwan, sino que está escrito por Briony Tallis. Empecé a leerme este libro al mismo tiempo que Solar, pero Solar lo dejé al poco tiempo, quizás, como Sábado, estaba escrito para hombres, me recordó automáticamente a un libro de Tom Wolfe, Todo un hombre, y esto no era nada bueno…

El caso, es que a pesar de que a lo largo de las primeras cien páginas de Expiación no sucede nada, llega un momento que de te das cuenta de que lo que está haciendo el autor es crear una atmósfera, tanto psicológica como ambiental. Definitivamente, el autor, autora, al final del libro se comprende mucho mejor por qué, es así como Ian Mc Ewan piensa que debe escribir Briony Tallis, se toma mucho tiempo en describir objetos, lugares, sensaciones; es muy minuciosa y detallista en la concreción de todo el escenario de la obra. Con el desarrollo del libro comprendemos también por qué sucede esto. El libro está dividido en cuatro partes, pero, la realmente importante es la primera. La primera parte es aquella que deja claro que en la vida siempre hay un momento en el que atraviesas una puerta de la que no hay vuelta atrás. ¿Cuándo damos el paso que dejará marcada para bien o para mal nuestra vida irrevesiblemente?

Sin duda, la importancia de esta obra, radica en la contundencia de la irreversibilidad que una situación puede suponer para una vida. Da igual cuál sea el dedo acusador cuando se está en el momento y en el sitio equivocado, da igual, ya que la vida nunca permitirá una segunda oportunidad. Lo deseaba la autora, que hubiese una segunda oportunidad para aquellos a los que había destrozado la vida. Lo deseaba, pero, al final, la vida, como decíá Henry Miller, pasa por encima de las personas hasta doblegarlas y postrarlas, por eso escriben, para poder lograr la expiación que la vida real les arrebata.

La playa de los ahogados por Domingo Villar

noviembre 26, 2009

Me topé con este autor por casualidad, hace un par de años, en una librería, su libro Ojos de agua, estaba sobre un montón de libros de oferta. Miré unos cuantos, algunos eran de ciencia ficción y otros eran policiacos. No me gustó ni la portada del libro ni su título, pero me interesó la trama que planteaba en las primeras páginas. También el saber que era del género policiaco. Estaba en aquel momento recopilando material sobre el género policiaco.
No me leí aquel libro enseguida, pero cuando empecé no paré hasta el final.
A mi entender no es libro perfecto, es más bien como un primer escopetazo, un primer ensayo de traer a la vida a una serie de personajes, un primer ensayo que permite al autor testar su capacidad para, sin tener una historia totalmente sólida, crear ambientes adictivos, tensión en la historia y necesidad de conocer el final.
Como digo, aquella historia, Ojos de agua, empezaba creando grandes expectativas y conforme iba avanzando la historia, la propia intriga perdía fuelle, o perdía verosimilitud, o se enmarañaba en una explicación que resultaba un tanto enrevesada y cada vez, esas eran mis sensaciones, menos creíble.
Aún así, sin duda consideré aquella novela, como una buena novela, además de un autor joven (de mi edad), quiero decir que, la novela, a pesar de sus deficiencias tenía un trasfondo que dejaba entrever una gran capacidad para el oficio del autor. Además, por qué no decirlo, algunos diálogos entre Leo Caldas y Rafael Estevez (un poco más comedido en esta segunda entrega) me hicieron desternillarme de risa.
Ahora bien, pasemos a La playa de los ahogados. He de decir que me lo compré el mismo día que me compré Porno de Irvine Welsh y La muerte de Bunny Munro de Nick Cave. Empecé a leer un poco de los tres libros. Cuando me pongo a leer siempre se establece un competición entre los libros (no soy el único, lo sé, Nacho Messeguer y otros, también lo hacen). Y siempre hay uno que acaba llevándose el gato al agua. De momento Cave y Welsh (los cuales rondaban en el fondo, a primera vista, alrededor de una misma sensación y percepción frente al mundo) se han quedado a la espera.
La playa de los ahogados se llevó el gato al agua, por diversas razones. Muchas de ellas personales, muchas veces en las distancias cortas, esto es lo que cuenta.
Una vez ganada la primera batalla, el libro fue ganando las siguientes con sobrada maestría.
El perfil de los personajes esta vez está definido de forma magistral, la introducción de elementos del a vida personal de Leo Caldas para acompañar la historia ha sido una de las mejores decisiones que ha tomado el autor para que esta novela policiaca vaya más allá del género. La descripción de Vigo, de sus alrededores y de su gastronomía me ha empujado a tomar la decisión de que mis próximas vacaciones las pasaré allí. Pero no sólo eso, además, la trama, el enigma esta vez está basado en un engranaje perfecto, una estructura sólida, ni un cabo suelto, pequeñas señales que cobran significado a medida que avanza la historia. Cuando acabé de leerla no pude más que pensar en la perfección de algún elemento geométrico, o en una cruz, pero, no una cruz cristiana, una cruz equidistante, un cruz que bendice una obra.
Chapeau.
Intuyo que la diferencia entre la primera obra, además del mayor dominio del autor, tiene mucho que ver con tener tiempo y dinero para poder dedicarse a tiempo completo a la creación. Se nota que la obra ha ido madurando, no es una obra apresurada, es un homenaje, un homenaje al vino y a un modo de vida.

Ahora es el momento por Tom Spanbauer

noviembre 26, 2009

Hablando este verano con Paula Bonet me comenta algo sobre un libro llamado El Hombre que se enamoró de la luna. Me pongo a buscarlo pero al final sólo encuentro, Ahora es el momento. Me lo compro.
Como he comentado en algún otro momento, siempre empiezo a leer un libro junto a otros para ver cuál es que al final se lleva el gato al agua. En esta ocasión Ahora es el momento iba acompañado de 1280 almas de Jim Thompsom, y de Árbol de humo de Denis Johnson. 1280 almas me lo acabé hace tiempo y si bien es un libro entretenido, me pareció ante todo, más un ejercicio de provocación que un intento de escribir una novela sólida. Aún así no discuto que tiene un punto que lo acerca del mundo del cómic que me atrajo desde el principio. Por eso ganó la primera batalla para ser leído. La verdad es que intenté leer durante un tiempo los tres libros a la vez, pero, tanto Ahora es el momento como Árbol de humo son dos buenos tochos difíciles de leer en la cama.
Pero, claro, desde verano han pasado bastantes cosas en mi vida, y sorprendentemente tengo más tiempo para leer. Y para tocar la guitarra.

Volviendo a Ahora es el momento.
Una vez desbancado frente a 1280 almas, quedó un poco apartado, al igual que Árbol de humo. La verdad es que pretendía hacer una especie de estudio comparativo entre los tres libros. Tres autores americanos frente a sus propias paranoias, y cómo se enfrentaban a ellas para plasmarlas en el papel, pero, como siempre, la vida impone ciertas prioridades y me dediqué a escribirle una carta de bienvenida a mi hijo.

Hace una semana reemprendo la lectura y, cansado como estoy de las novelas de iniciación vital y existencial, tengo que forzarme para llegar hasta la página 200. Da la impresión de que en 200 páginas el autor se toma su tiempo para que no pase nada. En realidad, está calentando motores. A veces en la literatura hay que tener paciencia. Mucha paciencia si no quieres perderte algo interesante. En cualquier caso si aguanté un poco más de doscientas páginas fue, por una lado porque casi llegado a la mitad de la novela no me iba a tirar atrás y por otro, que, no iba dejar de leer un libro cuyo autor una buena amiga me había comentado que valía la pena leer.
Total que sigo leyendo. En varias ocasiones tengo ganas de tirar el libro al water, por diferentes razones. La primera: qué me importa a mí la vida de un ranchero en medio de sus campos en Idaho. Lo mismo podría haber pensado leyendo a Faulkner pero, el estilo de Faulkner es harina de otro costal. Tallado en la piedra. Sí, otra de las cosas que me echaban hacia atrás al principio era el tipo de escritura, muy poco comprimida, como llevada de la mano de una labor más de reflexión que de investigación lingüística y gramatical (quiero decir que pocos días antes había intentado empezar a leerme V de Thomas Pynchon y, claro está, el estilo hermético de éste no tiene nada que ver con el de Spanbauer).
Total, que llego hasta la página 200 tirándome del pelo en más de una ocasión, pero, llego (no hay nada peor que llegar a la página 200 de un libro y darte cuenta de que has perdido el tiempo).
Y entonces las cosas, la historia empieza a despegar, los acontecimientos empiezan a sucederse con más y más velocidad.
Vuelvo a buscar Tom Spanbauer por internet y esta vez me fijo que además de profesor de Chuk Palahniuk es uno de los popes de la literatura peligrosa. Por supuesto me gusta el nombre y si bien en un principio no había comprendido a qué se refería, conforme avanzo en mi lectura voy entendiendo.
Con la literatura peligrosa, entre otras cosas el autor pretende enfrentarse en primera persona a los tabúes que nos rodean en nuestra sociedad. Tom Spanbauer en su libro Ahora es el momento, de repente da un salto. Da un salto mortal. Y además esa forma de escribir que en un principio parecía como poco comprimida, como muy aireada, de repente, alcanza el reto de acercarse a la poesía pura. La reiteración, o los caballos, son uno de los elementos que consigue este efecto poético, pero también la descripción de los sentimientos o de las situaciones desde un percepción global de los sentidos. El tacto, la vista, el oído, el gusto y el olfato están presentes en toda su dimensión a lo largo de toda la obra y conforme te vas metiendo en ella van cobrando mayor peso y relevancia.
Ahora es el momento, conforme se va abriendo paso en sí misma, nos va desvelando la vida de la juventud de norteamérica en una época concreta: finales de los 60. Una época en la que en las radios las canciones más escuchadas eran las de los Beatles, las de Jimmi Hendrix, las de Bufallo Springfield etc.
Pero Ahora es el momento, esconde una sorpresa, Ahora es el momento, en realidad no habla de nada de lo que podríamos haber pensado en un principio. Ahora es el momento en realidad habla de amor. Ahora es el momento, no es más que eso, una historia de amor que poco a poco, a la vez que la historia coge fuerza se va presentando ante nosotros de forma contundente y de una forma tan natural que asusta.
El descubrimiento de la sexualidad de Rigby John, el protagonista, es tan progresiva, es tan subjetiva, que te da la impresión de estar viviéndola en tiempo real.
Pero, lo más importante, el descubrimiento, a pesar de ser el de un campesino en medio del campo, es un descubrimiento sin traumas, es un descubrimiento acompañado de una belleza interior brutal. Frente a una represión exterior tan grande, y tan poco coherente y tolerante frente al mundo diverso, lo más lógico es que aquello que parece distorsionado en nuestro interior en realidad acabe pareciéndonos como bello y defendible. Y esto es lo que le pasa a Rigby John, a pesar de que tenga que huir a San Francisco para ser quien realmente quiere ser. Eso sí, con una flor en su cabeza.

Turquía. Teatro de Los Manantiales [151109]

noviembre 26, 2009

Turquía.
Teatro de Los Manantiales.
Autor: Arturo Sánchez Velasco
Director, puesta en escena y música: Miguel Ángel Altet

Interpretes:
Mercé Tienda
Ruth Atienza
Miguel Ángel Altet
Sergi Juesas

Iluminación
Marc Gonzalo

Flashes, una mujer en el suelo, habla, intenta comunicarse, ¿con quién? El espacio escénico es escueto, estamos en la terminal de un aeropuerto. Es el inicio. Estamos en Turquía. Estamos ante el poder de la palabra. Si vienes a que te animemos el día, si vienes a que te distraigamos y te hagamos olvidar la complejidad de la existencia del ser humano no entres aquí, este no es tu lugar. Aquí entrarás y hurgarás en tu interior, hasta en el más profundo de tus secretos. Sacaremos a la luz, ante tus ojos, todo aquel dolor que puedas haber experimentado alguna vez. Sí, Turquía plantea un reto al espectador. Increpa al espectador y le está diciendo, piensa, piensa, imagina, no te lo vamos a dar todo mascado, no te vamos a ofrecer una vez más un texto para todos los públicos, no, no te vamos ayudar a olvidar, todo lo contrario, te vamos a empujar hacia el recuerdo. Te vamos a mostrar retales de una historia rota y tú la tendrás que reconstruir.

Podemos esperar muchas cosas cuando entramos en un teatro, si eres de los que están enamorados de esa especie de cuadrilátero, sin duda sabrás que allí todo es posible. Es posible que salgas con la cabeza abierta de par en par. Es posible, es posible que los actores lleguen a meterse en lóbulo parietal de tu cerebro y lo hagan estallar. Pero claro, esto no lo puede conseguir cualquier actor.
Cuando hace un año tuve el privilegio y la suerte de participar como músico en la obra de Paco Zarzoso, Arbushto, Ruth Atienza me comentó que uno de los grandes regalos que le podía dar un escritor a un actor era un buen texto. Pero, claro está, el mejor regalo que le puede dar un actor a un escritor es una interpretación a la altura del texto que ha escrito. El teatro es un equilibrio, un toma y daca, un buen texto con un reparto de actores de lujo, como fue el caso de Turquía, puede convertir un texto excelente, en una experiencia extrasensorial, en un viaje en el tiempo y en el espacio. Por supuesto el puente entre ambos lo debe crear el director de la obra (Miguel Ángel Altet).

Sentado en mi butaca, fui testigo del engrandecimiento del texto de Arturo Sánchez Velasco conforme los actores (Miguel Angel Altet, Mercé Tienda, Ruth Atienza y Sergi Juesas) iban ellos mismo creciendo. El texto estaba llegando hasta el fondo de ellos mismos. Como iban a poder hacer creíble todo lo que estaban diciendo si no hubiesen llegado en su interpretación hasta este punto.

Flashes, imágenes y texto, y diálogo y situaciones concretas que explican el pasado, el futuro, el presente, y música, y una historia que avanza hacia la debacle, hacia un desenlace que se presiente trágico, angustioso, sin salida. Damos un salto. En un momento dado damos un salto, o quizás lo de yo, de repente me veo sumido entre fantasmas, me veo sumido en los miedos de la relación de pareja, los miedos de los fantasmas del pasado que aparecen en la relación de pareja. Los personajes dejan de estar contándome una historia real, pasan a mostrarme las elucubraciones de los miedos que surgen al depositar nuestra vida en el otro. Personajes que son fantasmas para los propios personajes.

Puesta en escena, contacto físico, triángulo de amor bizarro. Mercé Tienda en su papel de Gloria borda la imagen de la mujer perdida, sin rumbo, dentro de su laberinto, en busca de una última oportunidad de la mano del mismo hombre que la sumió en la desesperación; en el otro extremo Sybil, interpretada magistralmente por Ruth Atienza, dando el contrapeso, la contención, hasta llegar al estallido, hasta que más allá de la humillación, sobrepasada por la situación, saca su navaja para dejar claro que ella tampoco se va a rendir; en medio Carlos, un personaje que parece haber sido escrito a medida para Miguel Ángel Altet, el eje sobre el que reposa toda la obra, sobre el que bascula la obra. Sobre sus espaldas, sobre la frustración de Carlos, sobre su huida, sobre su fracaso, sobre su imposibilidad por conseguir un poco de claridad y de seguridad en las decisiones tomadas. Su cabeza no puede abandonar la búsqueda del movimiento constante y eterno de sus ideas caducas.

El triángulo de amor se dirige hacia el desenlace. La escena de la cena supone una vuelta de tuerca. La aparición de un nuevo personaje, Marc, interpretado por Sergi Juesas, insufla la tensión necesaria para conseguir un cierre que esté a la altura de la expectativas creadas.
Cuatro personas alrededor de una mesa, cenan, la ironía ácida que ha sobrevolado toda la obra se hace más latente, toma la riendas que nos llevarán hasta el final. Los personajes siguen creciendo. El Drama Contemporáneo elevado a su máxima potencia. Estamos ante el poder del Teatro de Texto contemporáneo. Un teatro defendido en Valencia a capa y espada por autores como Paco Zarzoso, como Xavier Puchades, como Begoña Tena, o como el propio Arturo Sánchez. El teatro que resurge de las cenizas de la triada crítica: la crisis de la acción, la crisis de la historia y la crisis del personaje; para asestarnos un golpe definitivo y demoledor.

¿Quién no estuvo allí?
Y otra cosa más, quien no estuvo allí se lo perdió, y no se perdió únicamente la representación de una obra, se perdió la progresiva consolidación de un movimiento teatral contemporáneo de texto.