Turquía. Teatro de Los Manantiales [151109]

Turquía.
Teatro de Los Manantiales.
Autor: Arturo Sánchez Velasco
Director, puesta en escena y música: Miguel Ángel Altet

Interpretes:
Mercé Tienda
Ruth Atienza
Miguel Ángel Altet
Sergi Juesas

Iluminación
Marc Gonzalo

Flashes, una mujer en el suelo, habla, intenta comunicarse, ¿con quién? El espacio escénico es escueto, estamos en la terminal de un aeropuerto. Es el inicio. Estamos en Turquía. Estamos ante el poder de la palabra. Si vienes a que te animemos el día, si vienes a que te distraigamos y te hagamos olvidar la complejidad de la existencia del ser humano no entres aquí, este no es tu lugar. Aquí entrarás y hurgarás en tu interior, hasta en el más profundo de tus secretos. Sacaremos a la luz, ante tus ojos, todo aquel dolor que puedas haber experimentado alguna vez. Sí, Turquía plantea un reto al espectador. Increpa al espectador y le está diciendo, piensa, piensa, imagina, no te lo vamos a dar todo mascado, no te vamos a ofrecer una vez más un texto para todos los públicos, no, no te vamos ayudar a olvidar, todo lo contrario, te vamos a empujar hacia el recuerdo. Te vamos a mostrar retales de una historia rota y tú la tendrás que reconstruir.

Podemos esperar muchas cosas cuando entramos en un teatro, si eres de los que están enamorados de esa especie de cuadrilátero, sin duda sabrás que allí todo es posible. Es posible que salgas con la cabeza abierta de par en par. Es posible, es posible que los actores lleguen a meterse en lóbulo parietal de tu cerebro y lo hagan estallar. Pero claro, esto no lo puede conseguir cualquier actor.
Cuando hace un año tuve el privilegio y la suerte de participar como músico en la obra de Paco Zarzoso, Arbushto, Ruth Atienza me comentó que uno de los grandes regalos que le podía dar un escritor a un actor era un buen texto. Pero, claro está, el mejor regalo que le puede dar un actor a un escritor es una interpretación a la altura del texto que ha escrito. El teatro es un equilibrio, un toma y daca, un buen texto con un reparto de actores de lujo, como fue el caso de Turquía, puede convertir un texto excelente, en una experiencia extrasensorial, en un viaje en el tiempo y en el espacio. Por supuesto el puente entre ambos lo debe crear el director de la obra (Miguel Ángel Altet).

Sentado en mi butaca, fui testigo del engrandecimiento del texto de Arturo Sánchez Velasco conforme los actores (Miguel Angel Altet, Mercé Tienda, Ruth Atienza y Sergi Juesas) iban ellos mismo creciendo. El texto estaba llegando hasta el fondo de ellos mismos. Como iban a poder hacer creíble todo lo que estaban diciendo si no hubiesen llegado en su interpretación hasta este punto.

Flashes, imágenes y texto, y diálogo y situaciones concretas que explican el pasado, el futuro, el presente, y música, y una historia que avanza hacia la debacle, hacia un desenlace que se presiente trágico, angustioso, sin salida. Damos un salto. En un momento dado damos un salto, o quizás lo de yo, de repente me veo sumido entre fantasmas, me veo sumido en los miedos de la relación de pareja, los miedos de los fantasmas del pasado que aparecen en la relación de pareja. Los personajes dejan de estar contándome una historia real, pasan a mostrarme las elucubraciones de los miedos que surgen al depositar nuestra vida en el otro. Personajes que son fantasmas para los propios personajes.

Puesta en escena, contacto físico, triángulo de amor bizarro. Mercé Tienda en su papel de Gloria borda la imagen de la mujer perdida, sin rumbo, dentro de su laberinto, en busca de una última oportunidad de la mano del mismo hombre que la sumió en la desesperación; en el otro extremo Sybil, interpretada magistralmente por Ruth Atienza, dando el contrapeso, la contención, hasta llegar al estallido, hasta que más allá de la humillación, sobrepasada por la situación, saca su navaja para dejar claro que ella tampoco se va a rendir; en medio Carlos, un personaje que parece haber sido escrito a medida para Miguel Ángel Altet, el eje sobre el que reposa toda la obra, sobre el que bascula la obra. Sobre sus espaldas, sobre la frustración de Carlos, sobre su huida, sobre su fracaso, sobre su imposibilidad por conseguir un poco de claridad y de seguridad en las decisiones tomadas. Su cabeza no puede abandonar la búsqueda del movimiento constante y eterno de sus ideas caducas.

El triángulo de amor se dirige hacia el desenlace. La escena de la cena supone una vuelta de tuerca. La aparición de un nuevo personaje, Marc, interpretado por Sergi Juesas, insufla la tensión necesaria para conseguir un cierre que esté a la altura de la expectativas creadas.
Cuatro personas alrededor de una mesa, cenan, la ironía ácida que ha sobrevolado toda la obra se hace más latente, toma la riendas que nos llevarán hasta el final. Los personajes siguen creciendo. El Drama Contemporáneo elevado a su máxima potencia. Estamos ante el poder del Teatro de Texto contemporáneo. Un teatro defendido en Valencia a capa y espada por autores como Paco Zarzoso, como Xavier Puchades, como Begoña Tena, o como el propio Arturo Sánchez. El teatro que resurge de las cenizas de la triada crítica: la crisis de la acción, la crisis de la historia y la crisis del personaje; para asestarnos un golpe definitivo y demoledor.

¿Quién no estuvo allí?
Y otra cosa más, quien no estuvo allí se lo perdió, y no se perdió únicamente la representación de una obra, se perdió la progresiva consolidación de un movimiento teatral contemporáneo de texto.

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