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Todo lo que tiene que ver, y no, con tejer: franzen, spanbauer & Repila.

junio 28, 2012

Me levanto, me afeito, visto a los niños. Los dejo en el colegio. Empieza mi jornada laboral.

Llamada 1, constructor:

– ¿Habéis podido montar ya el andamio?

– Estamos pendientes de la resolución del ayuntamiento.

– ¿Cuánto tiempo?

– Cinco meses.

– Hostia.

Llamada 2, gestoría, me llaman:

– Tenemos que presentar el IVA, ¿puedes mandarnos las facturas?

– Pero no quedamos en que eso lo tenías que hablar con xxxxxxxx.

Llamada 3, llamada 4, llamada 5, llamada 6, llamada 7…

Padre:

– ¿Cuanto tiempo llevo diciéndote que no puedes seguir desinhibiéndote?

Hijo, acelera subido en la moto:

– Me voy, he quedado.

Llego a casa y me siento. El ordenador delante. Agarro un libreta. Escribo: tejer. Tu necesitas tiempo para tejer y algo más.

Dejo la libreta al lado de la pantalla. Enciendo el ordenador.

Mail 1, concierto colectivo.

Mail 2, lanzamiento disco XXXXX.

Mail 3, lanzamiento disco YYYY.

Mail 5, chat, mail 6, chat, mail 7, mail 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, chat, chat, chat…

Tejer, tejer, tejer. Lo que hagas hazlo bien. Tejer y algo más.

Conflicto 1, conflicto 2, problema, problema, problema, ecuación.

Padre: la improvisación solo puede sustentarse sobre un trabajo previo intensivo de investigación.

Hijo: la improvisación se sustenta en ella misma, no hay nada por abajo y nada por arriba.

Me voy al despacho:

objetivo 1, objetivo dos, objetivo 3, 4, 5, 6, salgo a merendar, me compro algo en la tienda de música (almacen sonoro) o en la tienda de cómics (futurama), objetivo 7, 8, 9, 10…

Niños, correr, abrazar, baños (a veces), cama, biberón, canción de cuna. Apago la luz.

Ando por el pasillo: hay un monasterio encima de una montaña, allí está Jonathan Franzen, escribe, junto a él está Tom Spanbauer. Están tejiendo. Pero hay algo inexplicable en la imagen, sí, ahora lo veo, junto a ellos está Repila, Iván Repila. Me froto los ojos: Iván Repila junto a Jonathan Franzen (está escribiendo Libertad) y Tom Spanbauer (está escribiendo El hombre que se enamoró de la luna). Se le nota algo descolocado, mira hacia abajo y a los lados, como buscando una salida. Hace rato que ha acabado de escribir Una comedia canalla. Es la típica imagen del alumno universitario que no sabe si es que el examen era demasiado fácil o si era tan difícil que lo que ha escrito es basura. El caso es que está ahí y que ha acabado.

Tejer, tejer, tejer y algo más.

Ahora es el momento por Tom Spanbauer

noviembre 26, 2009

Hablando este verano con Paula Bonet me comenta algo sobre un libro llamado El Hombre que se enamoró de la luna. Me pongo a buscarlo pero al final sólo encuentro, Ahora es el momento. Me lo compro.
Como he comentado en algún otro momento, siempre empiezo a leer un libro junto a otros para ver cuál es que al final se lleva el gato al agua. En esta ocasión Ahora es el momento iba acompañado de 1280 almas de Jim Thompsom, y de Árbol de humo de Denis Johnson. 1280 almas me lo acabé hace tiempo y si bien es un libro entretenido, me pareció ante todo, más un ejercicio de provocación que un intento de escribir una novela sólida. Aún así no discuto que tiene un punto que lo acerca del mundo del cómic que me atrajo desde el principio. Por eso ganó la primera batalla para ser leído. La verdad es que intenté leer durante un tiempo los tres libros a la vez, pero, tanto Ahora es el momento como Árbol de humo son dos buenos tochos difíciles de leer en la cama.
Pero, claro, desde verano han pasado bastantes cosas en mi vida, y sorprendentemente tengo más tiempo para leer. Y para tocar la guitarra.

Volviendo a Ahora es el momento.
Una vez desbancado frente a 1280 almas, quedó un poco apartado, al igual que Árbol de humo. La verdad es que pretendía hacer una especie de estudio comparativo entre los tres libros. Tres autores americanos frente a sus propias paranoias, y cómo se enfrentaban a ellas para plasmarlas en el papel, pero, como siempre, la vida impone ciertas prioridades y me dediqué a escribirle una carta de bienvenida a mi hijo.

Hace una semana reemprendo la lectura y, cansado como estoy de las novelas de iniciación vital y existencial, tengo que forzarme para llegar hasta la página 200. Da la impresión de que en 200 páginas el autor se toma su tiempo para que no pase nada. En realidad, está calentando motores. A veces en la literatura hay que tener paciencia. Mucha paciencia si no quieres perderte algo interesante. En cualquier caso si aguanté un poco más de doscientas páginas fue, por una lado porque casi llegado a la mitad de la novela no me iba a tirar atrás y por otro, que, no iba dejar de leer un libro cuyo autor una buena amiga me había comentado que valía la pena leer.
Total que sigo leyendo. En varias ocasiones tengo ganas de tirar el libro al water, por diferentes razones. La primera: qué me importa a mí la vida de un ranchero en medio de sus campos en Idaho. Lo mismo podría haber pensado leyendo a Faulkner pero, el estilo de Faulkner es harina de otro costal. Tallado en la piedra. Sí, otra de las cosas que me echaban hacia atrás al principio era el tipo de escritura, muy poco comprimida, como llevada de la mano de una labor más de reflexión que de investigación lingüística y gramatical (quiero decir que pocos días antes había intentado empezar a leerme V de Thomas Pynchon y, claro está, el estilo hermético de éste no tiene nada que ver con el de Spanbauer).
Total, que llego hasta la página 200 tirándome del pelo en más de una ocasión, pero, llego (no hay nada peor que llegar a la página 200 de un libro y darte cuenta de que has perdido el tiempo).
Y entonces las cosas, la historia empieza a despegar, los acontecimientos empiezan a sucederse con más y más velocidad.
Vuelvo a buscar Tom Spanbauer por internet y esta vez me fijo que además de profesor de Chuk Palahniuk es uno de los popes de la literatura peligrosa. Por supuesto me gusta el nombre y si bien en un principio no había comprendido a qué se refería, conforme avanzo en mi lectura voy entendiendo.
Con la literatura peligrosa, entre otras cosas el autor pretende enfrentarse en primera persona a los tabúes que nos rodean en nuestra sociedad. Tom Spanbauer en su libro Ahora es el momento, de repente da un salto. Da un salto mortal. Y además esa forma de escribir que en un principio parecía como poco comprimida, como muy aireada, de repente, alcanza el reto de acercarse a la poesía pura. La reiteración, o los caballos, son uno de los elementos que consigue este efecto poético, pero también la descripción de los sentimientos o de las situaciones desde un percepción global de los sentidos. El tacto, la vista, el oído, el gusto y el olfato están presentes en toda su dimensión a lo largo de toda la obra y conforme te vas metiendo en ella van cobrando mayor peso y relevancia.
Ahora es el momento, conforme se va abriendo paso en sí misma, nos va desvelando la vida de la juventud de norteamérica en una época concreta: finales de los 60. Una época en la que en las radios las canciones más escuchadas eran las de los Beatles, las de Jimmi Hendrix, las de Bufallo Springfield etc.
Pero Ahora es el momento, esconde una sorpresa, Ahora es el momento, en realidad no habla de nada de lo que podríamos haber pensado en un principio. Ahora es el momento en realidad habla de amor. Ahora es el momento, no es más que eso, una historia de amor que poco a poco, a la vez que la historia coge fuerza se va presentando ante nosotros de forma contundente y de una forma tan natural que asusta.
El descubrimiento de la sexualidad de Rigby John, el protagonista, es tan progresiva, es tan subjetiva, que te da la impresión de estar viviéndola en tiempo real.
Pero, lo más importante, el descubrimiento, a pesar de ser el de un campesino en medio del campo, es un descubrimiento sin traumas, es un descubrimiento acompañado de una belleza interior brutal. Frente a una represión exterior tan grande, y tan poco coherente y tolerante frente al mundo diverso, lo más lógico es que aquello que parece distorsionado en nuestro interior en realidad acabe pareciéndonos como bello y defendible. Y esto es lo que le pasa a Rigby John, a pesar de que tenga que huir a San Francisco para ser quien realmente quiere ser. Eso sí, con una flor en su cabeza.