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Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -11-

diciembre 15, 2015

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo?

Talleres.
Una de las cosas que podemos hacer y por las que podemos seguir existiendo como músicos son los talleres.
Hasta hace bien poco ser músico sólo estaba vinculado con las clases particulares para mejorar y aprender a tocar un instrumento pero desde un tiempo a esta parte, supongo que vinculado con el boom de la inversión en formación personal, con el negocio de la formación, se han multiplicado los talleres y las master class. De hecho, hace un año, le comenté a Remi Carreres que podría hacer un taller o una master class con sus conocimientos sobre cacharros y construcción de ruidos. Me explicó que no se veía con las fuerzas para ello, sin embargo me invitó a que quedaramos un día para explicarme alguno de los trucos que sabía.

Como he explicado en anteriores entradas lo que me explicó me ha servido tanto para hacer la banda sonora de La conquista del Oeste como para indagar en cómo meter efectos en la voz.

Hace aún más tiempo le comenté a Caballero Reynaldo que debería hacer un taller sobre como revisar un tema y pasarlo al folk pop que tanto le gusta a él. Reynaldo, directamente, se rió de mí.

Todos tenemos derecho a hacer lo que nos de la gana con nuestro conocimiento, también es verdad que en la música estamos poco acostumbrados a encontrar vías de trasvase, es solo cuestión de tiempo que encontremos la manera y que no resulte tan extraño que empiecen a existir talleres como este que me he creado para la ocasión y que por supuesto pondría en marcha sin duda en cuanto alguna plataforma de difusión y promoción musical estuviera interesada en potenciar:

CONSTRUIR UNA CANCIÓN

La importancia de las letras (y el sonido)

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construir una cancion-1

Este tipo de talleres son muy comunes en el mundo del teatro, en el mundo de la narrativa, de la poesía o del cine, pero, extrañamente, en el mundo de la música se limitan a mejorar la técnica para tocar un instrumento, como si para hacer una canción bastase con saber tocar.

Sin pretender parecer pedante, espero que las anteriores entradas hayan dejado claro por el universo musical por el que me muevo, mi taller, como he anunciado más arriba trataría sobre las letras en las canciones. Es un primer boceto de taller, en él también he querido darle importancia al sonido, y quizás pensándolo ahora un poco más tendría que añadir una tercera parte dedicada a la reflexión sobre la estructura de una canción.

Creo que estaría bien que en el mundo de la música dejásemos de pensar en los músicos como personas que solo se realizan en el escenario. El escenario es sin duda una parte fundamental de nuestra vida pero existen otros mundos, mundos que crean sinergias, que crean afición, que crean cantera, que transmiten de forma directa una forma de vivir la música, una forma de sentir la música. Métodos que destrozan la idea deíca del músico y lo convierten en algo más terrenal, cercano. Músicos cerca de las personas que comparten sus conocimientos. Y músicos que a través de los talleres encuentran otra manera de ganarse la vida. ¿Por qué no?

Presentación del libro Limbo de Agustín Fernández Mallo en la librería Ramón Llull

abril 9, 2014

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Cuando el otro día Almudena me llamó para hacer la presentación del nuevo libro de Agustín Fernández Mallo, acepté sin pensármelo dos veces. Al darme cuenta de mi decisión, lo primero que pensé fue: ¿por qué voy a estar yo allí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí? Lo pensáis vosotros, y lo pienso yo.
¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Hacia el año 2004, coincidiendo con una de las grandes decisiones que tuve que tomar en mi vida, sacarme una oposición de bibliotecario, decidí que, si con 33 años iba a pasarme algunos años encerrado en casa estudiando, como compensación, y para acompañar este encierro, iba, al mismo tiempo, a escribir una novela.

No es que no hubiese escrito nada antes y que de la noche a la mañana decidiese ponerme a escribir, pero sí que es cierto que el gusanillo que siempre había estado allí, en ese momento, se convirtió en una anaconda.

Escribo letras de canciones desde los 17 años, pero fue a los 18 años, al leerme tres veces seguidas Rojo y Negro de Sthendal, para aprobar la selectividad francesa, cuando me convertí en el lector empedernido que me llevó a escribir algo más que letras de canciones.

Al cumplir los 21 años escribí una novela cortita. A los 26 años volví a escribir otra novela corta. Y sobre los 28 escribí una serie de relatos cortos. Además, tengo por casa un montón de cuadernos llenos de notas y reflexiones.

Nada de todo esto fue publicado y puede que no tenga el más mínimo interés, pero forma parte de la razón por la cual hoy estoy aquí.

Ahora, más que antes estaréis pensando: ¿Por qué hoy él está aquí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Bien, como he dicho antes, hacia el 2004 decidí volver a escribir una novela. Durante su escritura redoblé mi intensidad lectora. Con la aparición de internet y de las publicaciones digitales indagué a conciencia lo que estaban produciendo las nuevas generaciones de escritores en España. Fue entonces cuando di con una publicación fundamental para mi formación: la revista digital Teína. De ella saqué multitud de autores noveles que leí vorazmente. Además el jefe de todo aquello, Rubén A. Arribas, escribía muy bien.

Después de haber leído todos los números publicados hasta la fecha de la revista de cabo a rabo y haber descubierto gracias a ella referencias tan importantes como la de Bolaño, que no era novel ni español pero era muy bueno, decidí pedirle a Rubén que me ayudara a pulir la novela que acababa de escribir.

Ni nuestra relación ni la novela llegaron a buen puerto. Pero durante ese tiempo, además de tres artículos para la revista, me pidió que escribiera algo que os quiero enseñar: es un librito, de producción cuidada y artesanal, que publicó Jesús Zomeño. En este en particular estamos Jesús Zomeño, Agustín Fernández Mallo y yo.

Es la primera y única cosa que me han publicado en la vida.

Y mira por donde estamos Agustín y yo juntos, estamos juntos en una misma publicación, y hoy estamos juntos en la misma mesa.

Mientras escribía este relato, Rubén o Jesús, no recuerdo exactamente quién, me comentó: Agustín aportará un cuento que forma parte de una novela que está escribiendo.

La novela es esta:
Nocilla Dream, publicada por la editorial Candaya.

Cuando me leí esta novela, y en aquella época leía mucho libros de autores noveles, como os he dicho, sentí lo mismo que cuando escuché Actos Inexplicables, el primer disco de Nacho Vegas (que por cierto me regaló David Barberá): un nuevo lenguaje había llegado por fin a la música y a la literatura española. Un lenguaje que lejos de intentar conquistar los círculos academicistas, quería conquistarme a mí, una persona que había desarrollado sus conocimientos literarios y musicales al margen de los cánones ortodoxos.

En ellos descubrí un tipo de literatura que por fin establecía un puente entre la generación Beat y España. Que por fin trasladaba a España hasta ese pasado que le fue negado por el franquismo, esa losa que nos arrebató aquello que ahora nos estaban dando estos nuevos autores. Por fin nuestras mentes y nuestras inquietudes estaban en consonancia con las mentes e inquietudes de aquello que en otros países sucedió en los años 50 y 60.

A nivel personal encontrar un libro como este fue liberador. Más tarde hablando con Alberto Torres Blandina, que también creo que está por aquí, me comentó que para él, ante todo, este libro era rompedor en su forma, en su contenido hipertextual y en la presentación de una información multidisciplinar de manera novedosa y experimental.

Yo en esto no voy a entrar. Alberto os podrá explicar mucho mejor que yo su visión sobre la importancia de esta nueva forma de creación. Como tampoco voy a entrar en el debate que se gestó en torno a este libro, la generación Nocilla, o la Postmodernidad. Sinceramente, y aquí vuelvo a invocar a Nacho Vegas, no me interesa este debate. Conocí la obra de Nacho Vegas y la de Agustín antes de que fuesen famosos, antes de la polémica y antes de las críticas (positivas o negativas), y las menciones que leí de pasada sobre el tema me parecieron fruto del desconocimiento del origen de las cosas.

Hay creaciones que están por encima de la mercadotecnia. Creaciones que se consolidan porque quien las hace están en el lugar y en el momento adecuado. Nacho Vegas fue en España un pionero en su manera de escribir canciones y Agustín Fernández Mallo en su manera de escribir novelas.

En el caso de Agustín, surge otro símil con el mundo de la música indie española, al que sé que está muy vinculado. Para mí, su salto de la editorial Candaya a Alfaguara fue como cuando Los Planetas ficharon por la RCA.

Se puede decir que tras dar muchos coletazos durante los años noventa, con Agustín Fernández Mallo, en España, por primera vez, se asienta la literatura Indie. De la que puede formar parte, y esto es una apreciación personal, Kiko Amat o Ray Loriga (aunque él no quiera) y en sus primeras novelas, antes de rendirse al academicismo, Francisco Casavella.

No os descubro nada cuando os digo que ser escritor puede significar muchas cosas. Cosas tan grandes como ganar un premio Nobel o formar parte de la Real Academia de las Letras. Ser escritor, plantearse ser escritor, en muchas ocasiones, da miedo, y gracias a escritores como Agustín, lo difícil parece fácil. Sus novelas se leen con avidez, de tirón y siempre acabas con una sensación doble: la de movimiento, la de que hay que moverse, que hay que ponerse en marcha y hacer cosas, viajar (aunque sea por google maps), aprender, vivir, experimentar, escribir; y la de que lo que has aprendido leyendo va más allá de lo que realmente has comprendido.
Y es que, tras los libros de Agustín se parapeta el reto filosófico de tratar al lector como alguien inteligente, capaz de reconstruir ideas, historias, reflexiones e información, sin que, y ahí estriba su gran logro, el lector se sienta como un imbécil.

En su último libro, Limbo, además de todo lo que he dicho hasta ahora, hace algo que le aproxima aún más a mí como músico. Me cuenta, entre otras cosas, la historia de un grupo de música formado por Joan de Vacabou (que por cierto tienen alguna canción en francés: Le Monde Sens Dessus Dessous, como yo hace unos años) y el propio narrador de la novela.
Hay dos ideas interesantes en esta propuesta. La primera que el grupo, le ponen el nombre de Artwork, tiene éxito, y consigue grabar su primer disco en una especie de casa rústica francesa convertida en estudio de grabación. Sí, en la literatura se puede escribir sobre un grupo de música que tenga el éxito que tú siempre hubieses deseado en la vida real.
La segunda idea es la propuesta musical en sí misma, que a mi entender ronda todo el libro: El Sonido del Fin. No sé si el narrador pretendió, al escribir la segunda parte de la novela, dar vida al Sonido del Fin, pero esa fue mi interpretación. En esa casa rústica francesa los dos personajes estaban dándole forma al Sonido del Fin. La forma de concebir el proyecto musical me pareció especialmente interesante, hasta el punto que cuando Almudena me propuso hacer esta presentación pensé: no voy a perder la oportunidad de proponerle a Agustín que busquemos él y yo, esta tarde, un poco, el Sonido del Fin.
Así que, Agustín, he traído un aparatito muy básico para hacer loops, he pensado que yo puedo crearte alguna base y tú puedes recitar alguno de tus poemas sobre ella, o bien puedes crear tú la base y yo recito alguno de tus poemas sobre ella o invitamos a alguna de las personas aquí presentes y que recite alguno de tus poemas sobre algunas de las bases que crees tú o que cree yo.

O no sé, si esta propuesta te parece muy atrevida, podemos pasar directamente a tu exposición o a la rueda de preguntas que seguro que muchos de los presentes querrán hacerte.

Veronal & Crucifixión

abril 26, 2013

Como son las cosas, como los recuerdos de las palabras se retuercen con el paso del tiempo, como los ídolos se reblandecen con el paso del tiempo.

Recuerdo que la primera vez que oí hablar de Stefan Zweig estaba en Poitiers, la madre de un amigo me prestó La Confusion des sentiments, era 1993-94. En Poitieres me apunté a un coro, donde ensayábamos habían revistas. Cogí una al azar y leí que un tal Stefan Zweig se había suicidado ingiriendo lejía cuando los nazis tomaron el poder en Alemania.

Desde entonces me hice fan. No recuerdo que en aquella época hubiesen traducciones de Stefan al castellano, de hecho la mayoría de libros que tengo suyos son en francés.

Recuerdo que a Poitiers me llevé un libro que me había regalado un amigo: Trilogía de Nueva York, de un desconocido Paul Auster. Casi me vuelvo loco leyéndola. Fue maravilloso.

Años más tarde,  hacia el 2003, estuve viviendo en París cinco semanas, parece poco, pero visto en la distancia, ahora me parece mucho. La última semana que estuve en París, me alojé en casa de un amigo de la época de Poitiers, como siempre que voy a casa de alguien, husmeé en sus estanterías de libros. Di con un título que me llamaba la atención: Aprés le tremblement de terre, de un tal Haruki Murakami.

En el 2001, un amigo me regaló un disco, Actos inexplicables, de Nacho Vegas. Cuando lo oí, casi me da un sincope, ahí estaba yo, de haber logrado ser lo que hubiera querido ser en aquella época. Un espejo.

En el 2003 decidí escribir mi primera novela seria. Me puse a leer como un descosido. Leyendo las entrevistas de Nacho Vegas llegué hasta una revista con la que acabé colaborando: Teína.

Era el año 2004, ese año descubrí a Bolaño, cuando acabé de leerme todos sus libros, en el 2005, me enteré que se había muerto.

Hoy en día, Stefan Zweig, Paul Auster, Haruki Murakami, Roberto Bolaño y Nacho Vegas, muy a mi pesar, se han convertido en lugares comunes. Es decir, se han convertido en Mainstream.

Es paradógico como el tiempo se encarga de meternos dentro de un traje sin que nosotros hayamos tomado partido en ello.

Cuento todo esto porque cuando escribí Veronal & Crucifixión, este no era el título original. Originalmente se llamaba Lejía & Crucifixión. Veinte años pensando que Stefan se había suicidado con Lejía. Escribo una canción sobre ello y la grabo.

Otra de las cosas que pasó tras escribir esta canción tiene que ver con el anteriormente mencionado traje que nos hace el tiempo a medida a pesar de nosotros.

Después de aquel intento de escritura que me llevó a conocer a Bolaño, seguí leyendo e investigando. Un día llegué a una entrevista que le hacían a Agustín Fernández Mayo.  Si no recuerdo mal, se sorprendía, estamos hablando del año 2005, o 2006, o ponía de relieve, el resurgir de Stefan Zweig entre los lectores españoles, supuestamente underground, cuando en vida, Stefan Zweig, había sido un Best Seller, como Paul Auster, Murakami, Bolaño (no sé si incluir aquí a Nacho Vegas), hoy en día. El caso es que Stefan Zweig, con su segundo renacimiento y de vuelta al mainstream, no podía morir en mi canción  de un sobredosis de lejía sin que pegase el cante. Ya al año de grabarla, Santi Serrano, el batería de mi grupo, vino un día y me dijo: Stefan Zweig no se suicidó con lejía, se suicidó con Veronal. Yo le dije: que dices tío, se suicidó con lejía, lo leí en Poitiers, en una revista… Finalmente tuve que cambiar el título de la canción: Veronal & Crucifixión, y tuve que regrabar esa parte donde decía lejía y decir: Veronal.

Aquí podéis escuchar la canción:

John Williams vs Nacho Vegas

marzo 7, 2012

Ya no tengo tiempo ni para escribir reseñas. Es una lástima, en un mundo utópico en el que dispusiese de todoeltiempoparamí, me pasaría el día haciendo reseñas sobre lo que leo, lo que veo, lo que escucho etc.

Pero, como es evidente, hacer reseñas no me da de comer, no soy un profesional, soy un amateur, de esos que contaminan la red con sus opiniones sesgadas y sus gustos poco contrastados y que campa a sus anchas generando ruido y sepultando a los verdaderos valedores de la opinión.

Me pregunto cuál es el número de horas que hay dedicarle a alguna actividad para pasar de ser un amateur a ser un profesional, y me pregunto si se puede tomar en consideración el número de horas acumuladas a los largo de nuestra vida. Valen los ensayos de 4 horas de 4 días a la semana, más el tiempo que pasaba después en casa tocando la guitarra, o solo cuentan los 40 minutos diarios que le puedo dedicar hoy en día a la música. Podemos establecer el mismo baremo para la escritura, la lectura etc.

La gente anda preocupada con el efecto multiplicador de opiniones que supone que todo el mundo pueda tener su blog en internet, se siente amenazada. Toda autoridad, por muy indi que sea, no deja de ser una autoridad, y todo el que tiene una autoridad tiene miedo de perderla. Es natural, si todo vale, si todo el mundo tiene una opinión y yo ya no controlo el canal de distribución, mi voz, mi opinión, queda sepultada. Gran error. El ruido puede hacer que tardemos más en encontrar la búsqueda que se corresponde a nuestra necesidad, pero la necesidad de alguien, la inteligencia del que busca, está por encima de la necesidad del que ofrece. Y el que busca si realmente quiere encontrar dará con la persona idónea que le de la información correcta y que necesita. ¿Retrasa internet esta búsqueda¿ ¿Retrasa esta búsqueda que en el océano de internet todos tengamos un blog? Desde mi punto de vista, evidentemente, no. Porque el problema no es internet, el problema es lo que le cuesta a la persona que busca saber qué es lo que está buscando. Una vez lo encuentra, el buscador suele ser lo bastante inteligente como para diferenciar la calidad de aquello que ha encontrado, y sin duda seguirá buscando en este sentido hasta encontrar lo mejor. La mejor información.

Entonces, la gran revelación es que tenemos que formar a personas que sepan qué es aquello que buscan. Esto sí que es importante: qué busco.

La respuesta a esta pregunta evidentemente tiene que ver con una revelación personal, con un proceso de aprendizaje personal. Por ejemplo, a mí me ha llevado más de 20 años empezar a tener una percepción clara de qué es aquello que me gusta y aquello que no. Tener criterio es una construcción privada, que en muchos casos está reñida con el propio aprendizaje, aprender es estar abierto, tener criterio supone empezar a cerrarse.

Sí, me he pasado 20 o 25 años abierto, sin querer cerrarme, ya que para mí era difícil concretar mis gustos en algo concreto. Esto durante mucho tiempo me ha llevado a tener unas expectativas demasiado amplias sobre las cosas. Por ejemplo ayer, en el concierto de Nacho Vegas, el teatro Principal hasta los topes, me preguntaba: ¿cómo es posible que esta música se haya converido en mainstream? Recordaba y se lo comenté cuando acabó el concierto a Jota, que aún recordaba el concierto que hace años dió Nacho Vegas en el Black note para15 o 20 personas. ¿Qué ha pasado?

De repente, ahora que creo tener criterio va y resulta que le mainstream tiene el mismo criterio que yo.
Viendo a Nacho Vagas tocando ante un teatro lleno, pensé: cualquier músico no es capaz de llenar este teatro. Por ejemplo, Fela Borbone nunca llenaría este teatro, y entonces pensé en el discurso que hay que acabar teniendo para llenar teatros, y también pensé en que quizás discursos que creemos minoritarios a lo mejor no lo son tanto, porque, claro, qué es una minoría en una sociedad de masas: ¿100.000 personas?

Vale, entonces Nacho Vegas es un músico mainstream, ¿no? Vale, busco en google la programación del Tanned Tin de este año. El Tanned Tin, podríamos decir que es como un faro que ilumina el camino de los perdidos, en cuanto a criterio musical se refiere. Si quieres conocer grupos o músicos que están por llegar, ahí has de mirar. Yo, buscador inteligente, sé donde ir para encontrar la información que necesito. En la programación, no sólo de este año, sino también de la de algunos años anteriores, aparece Nacho Vegas. ¿Contradictorio?

Para mí, no. ¿Por qué? Lo he dicho antes, no es el criterio el que forma a la persona sino su afán por aprender y buscar. El criterio tiene que existir, pero, lo realmente importante reside en la inteligencia o el deseo del buscador, ese motor es lo que nos lleva a tener el suficiente criterio como para coger de una mesa, de una biblioteca, un libro al azar, uno como Tengo una pistola, y decir: no me lo voy acabar, creo que no merece el esfuerzo, tengo demasiadas cosas mucho más importantes que hacer antes que acabarme este libro. ¿Alguien me ha dicho que me tengo que leer ese libro depositado al azar sobre una mesa de una biblioteca? No, nadie. ¿Puedo determinar que ese libro no merece la pena que haga un esfuerzo de lectura? Sí, evidentemente. Si luego busco en internet y personas que yo considero que tienen criterio se explayan diciendo que es un buen libro, me pasará dos cosas, la primera empezar a dudar del criterio de la persona que pensaba que tenía criterio, y la segunda, empezaré a pensar que como todo dios, por mucho que sepamos, nuestro criterio jamás podrá dejar de estar sesgado por nuestro propio gusto. Esto es muy importante, ya que el buscador inteligente tiene que aprender a determinar aquello bueno y malo que el poseedor de criterio le puede ofrecer, es decir, el buscador eficiente es crítico con el crítico.

Volviendo al Tanned Tin. Como lo tengo en un pedestal en lo que se refiere a criterio musical, cada año examino su cartel, busco a los músicos que traen para el festival y evalúo qué es lo que más me interesa o lo que no. Normalmente el cartel me ofrece tantas cosas que me interesan como cosas que no. Que no me interese el 50% del cartel no tiene nada que ver con la calidad, tiene que ver con el gusto musical, hace tiempo que identifiqué que hay una línea editorial en el festival que me interesa y otra que no, así que no me sorprende que todo no me guste. Soy consciente de que tengo que hacer un esfuerzo como buscador para desentrañar aquello que me gusta de aquello que no. Cometería un error si pensase que el Tanned Tin tiene que ofrecerme todo aquello que me gusta, cometería un error vital si delegase en cualquier persona la decisión final de determinar aquello que yo considero que es de calidad. La búsqueda, la última búsqueda contrastada no corresponde nunca a un festival, a una revista o a una critico, la última búsqueda pertenece a uno mismo. Comprender e identificar las “debilidades” de los vendedores de criterio, nos permite, a los buscadores, mejorar la calidad de nuestras búsquedas. Delegar en los vendedores de criterio nuestro propio criterio nos convierte en buscadores vagos, en buscadores que no quieren hacer su trabajo, en buscadores ineficientes que prefieren delegar su gusto en alguien que haga el trabajo por ellos.

Volvemos al océano de Internet que es como entrar en una biblioteca y coger una novela al azar. ¿Qué probabilidades hay de que esa novela sea la novela que queremos leer?. Muy pocas. Casi ninguna, pero, al igual que en internet, en una biblioteca tienes la posibilidad de ir abriendo libros, de ir leyendo las primeras páginas, existe la posibilidad de encontrarte con una sorpresa. Para un buscador no hay nada más gratificante que encontrarse con alguna sorpresa, algún libro del que nadie le haya hablado, algún libro del que no haya leído ninguna reseña. Dar con un libro así, al azar, es como encontrar un tesoro. No tiene precio.

Vale, voy por la biblioteca, creo que voy al baño, me paro a mirar los libros que hay en un carro. Están a punto de devolver los libros a las estanterías. Me fijo, no sé muy bien por qué, en uno: Stoner. Ahora lo recuerdo, no iba al baño, iba recoger un libro que tenía reservado, El Hombre que se enamoró de la luna. Buscar, uno no puede dejar de buscar. El buscador está siempre alerta, se alimenta de nuevos descubrimientos. El buscador tiene muchas fuentes, no se contenta con tener una sola, tiene almacenada una base de datos con fuentes que le facilitan y retroalimentan la información sobre aquello que busca. Pero además, el buscador picotea, incluso en aquello que parece que no le va a llevar a ningún sitio. La experiencia le dicta que puede encontrar verdaderos tesoros ocultos en los lugares más inverosímiles. El buscador de la misma manera que picotea en los blogs de los aficionados a la literatura, a la música, al cine etc. picotea en los carros llenos de libros que vuelven a las estanterías. Sin saber por qué selecciona un libro: Stoner. No es capaz de retener el autor hasta bien avanzada la novela. De hecho comienza a leer el Hombre que se enamoró de la luna y Stoner al mismo tiempo, pero hay algo en Stoner que le engancha desde la primera hoja. No sabe lo que es, pero la lectura de Stoner le lleva a dejar de lado todo lo demás que estaba haciendo en su tiempo libre. La lectura de Stoner le cautiva hasta el punto que sabe que no va a poder hacer nada más mientras le queden páginas del libro por leer. Al buscador, cuando le sucede algo de este estilo, está contento. Es en este momento cuando el amateur tiene la sensación de convertirse en profesional, es el momento en el que el buscador se convierte en un vendedor de criterio. Es el momento en el que el amateur a pesar de no ganar dinero haciendo reseñas busca y encuentra un momento para hablar sobre el libro que ha encontrado, dejando de lado todo tipo de responsabilidades que una persona que trabaja haciendo reseñas no puede ni tan siquiera imaginar. El buscador no tiene tiempo para escribir de tonterías, su tiempo es oro y cada post que sube al blog tiene que tener un razón última de ser. Si no para qué hacer el esfuerzo, nadie le va a pagar por ello.

El buscador cuelga su post sobre Stoner y sobre su visión de lo que es internet hoy en día. Stoner es un libro de John Williams. Busca en google lo que la crítica dice sobre él y se da cuenta de que es un libro que ha gustado mucho. Se da cuenta de que John Williams ha escrito libros que gustan a… ¿una minoría de 100.000 personas? ¿Al mainstream?. Será Stoner en la literaruta como Nacho Vegas en la música, llenando el Teatro Principal de Valencia pero al mismo tiempo tocando en un festival de vanguardia musical como es el Tanned Tin. ¿Habrá llegado el momento de dar un paso más como buscador, de que me adentre un poco más en la escpecialización para ofrecerme a mí mismo un vision aún más concreta de mis gustos, o ha llegado el punto en el que estoy contento y cómodo con aquello que busco y encuentro? Piensa que yo no vivo de esto, que todo esto lo hago por placer, por el placer de aprender, no tengo que venderle a nadie una nueva visión de nada. Sólo estamos el conocimiento y yo. Yo ante el conocimiento, y sé, es de las pocas cosas que sé, que el conocimiento es infinito. ¿dónde quiero ir a parar como buscador? ¿hasta dónde y por qué quiero retar a mi inteligencia?