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Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -6-

noviembre 10, 2015

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De lo vertical y lo horizontal.

Durante mis estudios universitarios me decanté por la economía. Ya desde el principio todo lo que olía a verticalidad (política económica, historia económica etc.) me atraía mucho más que todo aquello que se orientaba hacia la horizontalidad (economía de la empresa, contabilidad etc.).

Se puede decir que me pasé toda la carrera huyendo de la gestión económica en pro de la política económica. Lo último que deseaba en aquellos días era estudiar para trabajar en una empresa, estudiar algo que tuviera que ver con el mundo empresarial. En ese marco lo que se estudiaba, el contenido de lo que se estudiaba no tenía vida, no explicaba la vida, que era lo que en aquellos momentos necesitaba, temas que me explicasen el funcionamiento de la vida.

Bueno, como digo giré hacia la política económica, en busca de la verticalidad de la profundidad de las cosas, de la comprensión del sistema, del porqué del sistema.

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Por este camino me topé con el Pensamiento económico. Todas esas teorías económicas que explican desde un punto de visto economicista pero también, algunas de ellas, sociológico, el mundo en el que vivimos. Y me topé con el marxismo. El centro periferia. Me encantó. Era una explicación muy interesante y correcta del mundo, me parecía que todo aquello que me rodeaba y que no había entendido hasta entonces por fin tenía una explicación que me resultaba coherente.

Supongo que hoy en día en la facultad de económicas ya no se debe estudiar el marxismo y la economía planificada tan alegremente como se hacía en mi época. La victoria del neoliberalismo debe haber cerrado algunos departamentos de las antiguas líneas de estudios económicos.

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Bien, y qué tiene que ver ser músico, por qué y para qué, con todo esto.

Pues en realidad todo. A la vez que huía de la economía de empresa y me deslizaba por la vertientes de la verticalidad de la política económica me iba convirtiendo en músico. Por un lado tenía el marco filosófico, que me lo daba mis estudios de política económica, y por el otro el estilo de vida bohemio musical, totalmente incompatible, por lo menos para mí en aquella época, con estudiar economía de la empresa.

Cuando acabé la carrera dirigí mi “carrera” profesional hacia la cooperación al desarrollo que era la rama que más se acoplaba con la “lucha” que me había planteado llevar para cambiar el mundo.

Fue el inicio de camino trufado de decepciones. Y durante ese camino perdí la fé en la visión romántica y combativa que tenía de la vida. Pero aprendí una cosa muy impotante, es una regla fundamental en la cooperación al desarrollo: la proyectos deben surgir de la contraparte local que pide la ayuda.

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Este es otro link con el por qué ser músico, para qué y por qué, y aquí es donde vuelvo a mencionar al MUV, y quiero destacar y poner de relieve dos cosas; por un lado que la propuesta fue un éxito, y por otra; por qué fue un éxito.

Me centraré en la segunda. Que tiene que ver con la horizontalidad y con la verticalidad. Estoy totalmente convencido de que el mayor éxito del MUV ha sido que ha sabido satisfacer el deseo y las necesidades de una parte de la sociedad civil valenciana (para lo que sería un proyecto de cooperación al desarrollo: la contraparte local). Muchos proyectos de dinamización musical fracasan porque no nacen desde la sociedad civil sino que nacen en un despacho, de la mano de teóricos que piensan como deben ser las cosas y no como son las cosas (pienso en proyectos como Girando por salas, que siembran expectativas para recolectar decepciones). Pero a diferencia de esos proyectos, por lo menos la edición actual, el MUV ha sabido darle verticalidad al proyecto, ha sabido implicar a la sociedad civil y ha logrado esa profundadid que necesitan los proyectos para que tengan autenticidad, para que tengan calado social real. Esto ha sido un éxito por parte de los organizadores y hay que ponerlo de relieve.

Pero, ahora tenemos que hablar de la horizontalidad, esa de la que huí durante toda mi larga juventud, que duró más o menos desde los 14 años hasta los 36 (que fue cuando tuve mi primer hijo). La otra vertiente del éxito del proyecto ha tenido que ver con la gestión. Todo aquello que no quise aprender en la carrera de económicas y que he tenido que aprender en estos últimos años, como llevar una empresa, como montar un proyecto con parámetros de eficiencia y planificación, sin sentimentalismos, sino con rendimiento. Como armar un proyecto pensando en un público amplio, en un público diverso, en un mercado diverso, como somos las personas, diversas y con muchos gustos diferentes. Este ha sido otro de los logros de la organización: se ha llevado el festival con una profesionalidad en la gestión impecable.

Entonces, ¿dónde ha estado el éxito? Desde mi punto de vista en el equilibrio. Una visión demasiado vertical del proyecto hubiese dado al traste con él, como nos pasó en Malatesta Records en algunos de nuestros proyectos como el Circuit Vermut.

Pero también hubiera sido un fracaso que la balanza se hubiera cargado demasiado de horizontalidad, ya que de proyectos de animación cultural vacíos de contenido y trazados con tiralíneas por los dueños del mercado el mundo está lleno.

Solo quedaría recordar otra de las premisas fundamentales de la cooperación al desarrollo: los proyectos se han de poner en marcha para que se mantengan en el tiempo. Que el año que viene no hubiese MUV sería un fracaso del proyecto de este año. Por lo tanto ahora queda asentar los mecanismos para consolidar el MUV en los próximos años y para que en las próximas ediciones la ambiciosa horizontalidad no engulla la esencia vertical que lo ha hecho realmente hermoso.

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(Para esta entrada he cogido algunas de las fotos que se han colgado en diversos facebooks, si sus autores no quieren que cuelguen sus imágenes que me envíen un privado a esta entrada).

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -5-

noviembre 2, 2015

¿Por qué ser músico hoy? ¿Para qué? ¿Cómo?

Os comentaba en la anterior entrada lo importante que fue mi estancia en Poitiers en 1994 para tener una visión de lo que para mí significa ser músico. Comenté la importancia de ir lo domingos por la tarde a ver conciertos de cualquier tipo a Chez Dominique.

Otra de las grandes revelaciones fue experimentar en primera persona y como espectador El día de la música. Allí la llaman La Fête de la musique. La Fiesta de la música.

Este mismo año, 2015, en una post del facebook, Alberto Correcto, conocido como el autodidacta, comentaba su experiencia en el día de la música en Toulouse: toda una ciudad llena de escenarios haciendo música en la calle.

Más de una vez he expresado mi opinión acerca de cuál es el tipo de festival que encaja con mis preferencias: un festival urbano, por locales pequeños de toda la ciudad y a ser posible con conciertos también en la calle. (En alguna ocasión, desde Malatesta, intentamos poner en marcha algo parecido mediante el Circuit Vermut o algunas celebraciones del día de la Música en Russafa. Alguna vez tuvimos que cancelar algunos conciertos debido a la intervención de la policía municipal. No dejemos de recordar que la normativa municipal prohibe hacer conciertos en la calle y en locales de pequeño aforo. Si pincháis aquí podréis leer una reclamación que hicimos una de las veces que la policía nos obligó a dejar de tocar).

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Esta visión de lo que para mí debería ser un festival tiene que ver desde luego con aquella experiencia en Poitiers en 1994, cuando aquella pequeña ciudad fue invadida por músicos de todo pelaje convirtiendo las calles en una verdadera fiesta. Pero, además, detrás de este posicionamiento, también hay una actitud política.

Desde Malatesta y desde que empezamos con el Festival Incrustados en el Escaparate, siempre pretendimos que detrás de la voluntad musical hubiese algún tipo de reivindicación. Con Inscrutados en el Escaparate se reclamaba una visibilidad hacia una serie de grupos que eran ninguneados por las políticas de grandes eventos de nuestro querido y duradero gobierno del PP. No estábamos todos,  ni representábamos, ni queríamos representar ninguna escena, pero logramos hacer algo de ruido. También se pretendió, por primera vez, creo, normalizar una escena valenciana en la que confluyeran sin barreras idiomáticas grupos que cantaban en castellano, valenciano/catalán, inglés o francés desde la autogestión. La propuesta músical estaba por encima del idioma y esto permitió que muchos grupos de la ciudad separados por la barrera idiomática por primera vez tomaran contacto.

Incrustados en el Escaparate, Circuit Vermut, Circuito Urbano de Música: Festival MUV.
Creo que por primera vez Valencia va a experimentar en el barrio de Russafa algo muy parecido a lo que es el día de la música en Francia: un barrio donde durante varios días habrá música por todas partes.

Algunas cosas que han hecho bien para que esto pudiese funcionar y que Malatesta Records nunca supimos como resolver: abrir el abanico de estilos musicales, pasar de la autogestión de los propios grupos a trabajar de manera profesional con promotores de conciertos y conseguir un respaldo institucional para que esos días la policía no interrumpa el correcto desarrollo de los conciertos.

Cosas que posiblemente se hayan perdido por el camino: que no haya sido posible que un festival de este tipo surgiese de una demanda de los propios grupos y que de asentarse la propuesta, seguramente, con el paso de las ediciones la presencia de las propuestas locales que este año lo copan todo desaparecerá paulatinamente en pro de la supuesta calidad exterior.

MUV