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Ser músico hoy (Mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -10-

diciembre 10, 2015

La definición del sonido. La invocación del acorde.

Ayer me fui a ensayar a Alcoi. Estela está allí (la bajista) y no voy a hacerle venir cada vez que ensayamos a Valencia. Hay que cuidar a los músicos que queremos. Me llevé unos cuantos discos para el viaje. El lunes por la noche había visto Love & Mercy, una porción de la vida de Brian Wilson. Él ya no quería tocar en directo, se quería quedar grabando, hacer un disco como el Rubber Soul de los Beatles. No sé por qué el disco estaba en al aparador de la entrada de mi casa, así que lo cogí para el viaje. En el coche además tenía el último disco de Francisco Nixon, y de la biblioteca llevaba el último de Destroyer y el de Sufjan Stevens, Carrie & Lowell.

Salí de Valencia escuchando el Rubber Soul, ajusté los bajos ya que en comparación con la voz no los escuchaba bien, a pesar de estar balanceados a mi izquierda; la voz, la guitarra y la percusión, que no la batería, a la derecha; y así surgieron mejor definidos los arreglos de piano, bajo y batería.

Cuando acabó puse el disco de Sufjan, que ya había escuchado bastante este verano. Pensé en la diferente manera de enfrentarse a la composición, el disco de Sufjan es magnífico pero uniforme. En los Beatles, a pesar de que como decía Brian Wilson hay un pretensión de contar una historia global, cada canción es un universo, cada canción parece ser concebida para contrarestar, sin perder la intención global, la intención de la canción anterior.

Son otros tiempos, todo está más parcelado, acotado y todo parece uniforme, y hay que buscar la diversidad dentro de una especialidad global, cosa que para mí, a pesar de ser maravilloso, no me parece sublime. En esta línea, aunque arriesgando un poco más, anda Destroyer, a pesar de que él sí que consigue que tres o cuatro temas de su disco alcancen esa etiqueta de estridencia dentro de la totalidad sigue existiendo una especie de plomo que arrastra toda la sonoridad global hacia un mismo lugar, una misma atmósfera que lo vuelve a convertir todo en uniforme. Extrañamente, o quizás no, Francisco Nixon es el que ha hecho el disco más arriesgado y Beatleiano de los tres, quizás por no tener un mercado demasiado amplio, por poder hacer lo que le da la gana o simplemente por inquietud personal. Eso sí, se nota, aunque no sé si también está buscado, una producción más low-fi, en comparación a esos dos mastodontes de la producción independiente mundial.

Bien, estaba llegando a Alcoi, a 70 kilómetros una neblina invadió la calzada, iba escuchando el disco de Sufjan Stevens, pensando en la deuda que tiene con Elliot Smith,  me estaba quedando sin gasolina, así que paré justo antes de entrar a la ciudad, estaba dentro de una nube.

Era un autoservicio. Puse la cantidad, metí la tarjeta, dejé la cartera encima del servidor,  y enchufé la manguera al depósito. Me fijé en el marcador, los litros iban más rápidos que los euros. Volví a mirar. ¡Sí! Los litros iban más rápido que los euros. No, no estaba soñando. No daba crédito, desde el 2009 que los litros no iban más rápido que los euros. La leche, que no me cabe todo el gasoil en el depósito, al mismo tiempo desde la pantalla del autoservicio iban lanzando anuncios para comprar lubricante, ponerse el casco cuando vas en moto etc. Acabo de poner el gasoil, el depósito a reventar, le regalo un euro a la gasolinera, no me cabía, no me cabía, y me voy a l’Escenari que es donde había quedado con Estela.

La recojo, vamos al local de ensayo, aparcamos y le digo que me quiero pillar un café largo para llevar. Entramos en el bareto de al lado de los locales, le digo al camarero: un americano, tres latas de cerveza y dos paquetes de papas. Busco mi cartera en el bolsillo del pantalón. No estaba. La busco en el bolsillo de la chaqueta. Tampoco. Ostia, pienso, me la he dejado en la gasolinera. Me la he dejado en la gasolinera, le digo a Estela, salgo al coche, miro dentro, vuelvo, me la he dejado en la gasolinera. Volvemos pitando a la gasolinera. Conforme vamos llegando veo que hay dos coches, les hago luces, freno, bajo del coche y digo habéis… Un mujer me tiende la tarjeta, la cartera y me dice, la acabamos de ver. Miro en su interior, está todo el dinero. En media hora nadie había tocado la cartera.

 

¿Por qué ser músico hoy? ¿Para qué? ¿Hasta cuando?

Hace un año, no sé muy bien porqué, quizás por culpa de Marcelo Camelo y Rodrigo Amarante, por consiguiente podría decir que por culpa de Micalet, empecé a sacar algunos temas de Marcelo y Rodrigo. Empecé a buscar acordes de bossa. Fue en ese momento cuando empecé a revisar dos de mis temas en forma de bossa: Veronal & Crucifixión y La rutina del Knock out. Fue el verano del 2014. Cuando todo empezó. La invocación del acorde llevó a la regeneración de la canción y en definitiva del marco de composición.

Al mismo tiempo pasaron otras cosas a nivel sónico. Por un lado tuve el privilegio de que Remi Carreres accediese a enseñarme algunos trucos para hacer ruidos con pedales de guitarra desde una mesa de sonido, más tarde los utilicé para hacer la banda sonora del medioetraje La conquista del Oeste.

Después, yo llevaba tiempo preocupado con el sonido y la potencia de mi voz en directo. Estaba buscando registros más graves e íntimos y estaba perdiendo presencia en directo. Así que empecé a fijarme en la producción en las voces en los conciertos en directo. Descubrí cosas muy interesantes. Hoy en día gracias al avance tecnológico las voces llevan una producción en directo impresionante. Me di cuento en especial en el concierto de Mujeres el año pasado en el DELESTE, estaba tan impresionado con el sonido de la voz que fui a la mesa y pregunté, oye, qué efectos lleva la voz. El técnico me dijo, un delay, reverb, un echo, un compresor y no sé qué más… Pensé, joder, eso sí que es ir respaldado. Me pareció bien, todo aquello me pareció lógico y bien. La voz sonaba cojonuda para el tipo de música que estaban haciendo así que tomé nota.

 

Por aquella época le había dejado mi bajo Fretless a Miguel Matallín para que lo pusiese a punto. Cuando fui a recogerlo le dije a Matallín, aquel día estaba Nerea Serrano en su taller, que si me podía aconsejar algún efecto para voz que se pudiera lanzar desde un pedal. Les pregunté que qué pensaban del Vox pero ambos me dijeron que no, que el Vox, no. Me había fijado en él en un concierto de los valencianos We used to pray. También me acerqué a final del concierto para ver el pedal de voz que llevaba ya que durante el concierto había percibido que aquella voz no podía ser la voz propia del cantante, allí también había algo más. Tanto Miguel como Nere me recomendaron el Helicon. Tomé nota.

 

Me compré el Helicon para mi cumpleaños. Y empecé a hacer pruebas. No sabía muy bien lo que buscaba, así que tuve que hacer bastantes pruebas y estudiarme el maldito manual de instrucciones. Lo dejé por un tiempo. Al mismo tiempo recuperando lo que me había enseñado Remi Carreres para meter efectos desde la mesa, utilicé mi pedal de flanger, un wha wha y un RAT para meter efectos en un segundo micro. Esta forma de conseguir un sonido raruno en un segundo micro me dio muchos problemas y tuve que abandonar ese camino. Finalmente, para el segundo micro opté por utilizar el IPAD como pedal de voz. Me compré un IRIG y me descargué la aplicación VOICE LIVE.

Retomé el estudio del manual del Helicon, finalmente conseguí crear unos tres sonidos que se acoplaban a lo que iba buscando. Por fín lo tenía. Dos micros con efectos bien diferenciados para lanzarlos desde pedales distintos.

 

Ahora la guitarra, pensé, esto fue durante el verano, Miguel Matallín había puesto a punto mi Stratocaster noventera y tuneada. Recuperé un pedal Delay/Echo/loop que hasta entonces solo había utilizado como loop pero que después de los directos de La conquista del Oeste empecé a utilizar como delay. Et voilà. Se produjo el milagro.

 

Durante el verano estuve ensayando con esos nuevos sonidos. Asentando la idea con la que iba a hacer el concierto del MUV, en noviembre. Los acordes bossa para revisar algunas de las antiguas canciones y los efectos en la voz y en la guitarra para crear un nuevo camino sónico.

 

Ahí estaba hasta ayer, digo ayer porque ayer di otro paso más en la investigación del sonido de mi próximo disco. Sabía que además de lo que me atañía directamente a mí, voz y guitarra, habían más cosas que iban a determinar el sonido del disco. De hecho la primera vez que hablé con Estela para que se metiese en este proyecto no fue para que tocara el bajo sino para que se ocupara de la programación de la caja de ruidos y de los ruidos. Finalmente ha tenido que ocuparse de los bajos pero por suerte su compañera de Julia, Lidia, estaba ayer en el ensayo. Allí en Alcoi en su local de ensayo Lidia tiene montado un especie de púlpito que parece el del alto de los Pet shop boys. Rodeado de aparatos, teclados y pedales.

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Ayer después de recuperar milagrosamente mi cartera intacta de la gasolinera Estela y yo estuvimos charlando un rato, una especie de reunión Malatesta Records, ella se ocupa de la difusión en nuestra discográfica, hasta que llegó Lidia. ¿No estáis ensayando? nos preguntó Lidia cuando llegó. No, le dijimos, he perdido la cartera, hemos tenido que ir a por ella… No me conoce aún mucho y estaba flipando.

 

Todo fue muy natural, se puso detrás del púlpito con todos sus aparatos y le expliqué lo que creía que buscaba ya que ni yo mismo hasta ayer tenía muy claro qué buscaba. Le estuve preguntando cómo funcionaba cada aparato y qué hacía cada uno de ellos. Un vez tuve más o menos claro el funcionamiento empezamos a tocar. Creó una base inicial y partir de ella le pedí cosas que pudiesen arropar la canción. Estela también iba opinando sobre qué podíamos meter o cómo lo podíamos meter. Probamos un par de temas. Aquello tenía muy buena pinta. Me comentó que si quería trabajar con ritmos más claros que podíamos utilizar el garage de IPAD. Que se los podía enviar y ella los construiría. Le dije que ok.

 

Ellas se quedaron ensayando, tenían hoy un concierto como Julia.

Salí del local de ensayo, me subí al coche. Recorrí la gran avenida de Alcoi, pasé por delante de la gasolinera donde me había dejado la cartera. Seguía habiendo neblina, lloviznaba un poco, intenté ponerme el disco de Destroyer pero estaba demasiado cansado. Intenté ponerme el disco de Francisco Nixon pero tampoco estaba para su música de la Costa Fleming. Necesitaba que me hablara alguien para despejarme. Estuve a punto de llamarte pero finalmente puse Radio 3, sonó la voz de Juan de Pablos y lo escuché hasta que llegué a Valencia.

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -6-

noviembre 10, 2015

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De lo vertical y lo horizontal.

Durante mis estudios universitarios me decanté por la economía. Ya desde el principio todo lo que olía a verticalidad (política económica, historia económica etc.) me atraía mucho más que todo aquello que se orientaba hacia la horizontalidad (economía de la empresa, contabilidad etc.).

Se puede decir que me pasé toda la carrera huyendo de la gestión económica en pro de la política económica. Lo último que deseaba en aquellos días era estudiar para trabajar en una empresa, estudiar algo que tuviera que ver con el mundo empresarial. En ese marco lo que se estudiaba, el contenido de lo que se estudiaba no tenía vida, no explicaba la vida, que era lo que en aquellos momentos necesitaba, temas que me explicasen el funcionamiento de la vida.

Bueno, como digo giré hacia la política económica, en busca de la verticalidad de la profundidad de las cosas, de la comprensión del sistema, del porqué del sistema.

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Por este camino me topé con el Pensamiento económico. Todas esas teorías económicas que explican desde un punto de visto economicista pero también, algunas de ellas, sociológico, el mundo en el que vivimos. Y me topé con el marxismo. El centro periferia. Me encantó. Era una explicación muy interesante y correcta del mundo, me parecía que todo aquello que me rodeaba y que no había entendido hasta entonces por fin tenía una explicación que me resultaba coherente.

Supongo que hoy en día en la facultad de económicas ya no se debe estudiar el marxismo y la economía planificada tan alegremente como se hacía en mi época. La victoria del neoliberalismo debe haber cerrado algunos departamentos de las antiguas líneas de estudios económicos.

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Bien, y qué tiene que ver ser músico, por qué y para qué, con todo esto.

Pues en realidad todo. A la vez que huía de la economía de empresa y me deslizaba por la vertientes de la verticalidad de la política económica me iba convirtiendo en músico. Por un lado tenía el marco filosófico, que me lo daba mis estudios de política económica, y por el otro el estilo de vida bohemio musical, totalmente incompatible, por lo menos para mí en aquella época, con estudiar economía de la empresa.

Cuando acabé la carrera dirigí mi “carrera” profesional hacia la cooperación al desarrollo que era la rama que más se acoplaba con la “lucha” que me había planteado llevar para cambiar el mundo.

Fue el inicio de camino trufado de decepciones. Y durante ese camino perdí la fé en la visión romántica y combativa que tenía de la vida. Pero aprendí una cosa muy impotante, es una regla fundamental en la cooperación al desarrollo: la proyectos deben surgir de la contraparte local que pide la ayuda.

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Este es otro link con el por qué ser músico, para qué y por qué, y aquí es donde vuelvo a mencionar al MUV, y quiero destacar y poner de relieve dos cosas; por un lado que la propuesta fue un éxito, y por otra; por qué fue un éxito.

Me centraré en la segunda. Que tiene que ver con la horizontalidad y con la verticalidad. Estoy totalmente convencido de que el mayor éxito del MUV ha sido que ha sabido satisfacer el deseo y las necesidades de una parte de la sociedad civil valenciana (para lo que sería un proyecto de cooperación al desarrollo: la contraparte local). Muchos proyectos de dinamización musical fracasan porque no nacen desde la sociedad civil sino que nacen en un despacho, de la mano de teóricos que piensan como deben ser las cosas y no como son las cosas (pienso en proyectos como Girando por salas, que siembran expectativas para recolectar decepciones). Pero a diferencia de esos proyectos, por lo menos la edición actual, el MUV ha sabido darle verticalidad al proyecto, ha sabido implicar a la sociedad civil y ha logrado esa profundadid que necesitan los proyectos para que tengan autenticidad, para que tengan calado social real. Esto ha sido un éxito por parte de los organizadores y hay que ponerlo de relieve.

Pero, ahora tenemos que hablar de la horizontalidad, esa de la que huí durante toda mi larga juventud, que duró más o menos desde los 14 años hasta los 36 (que fue cuando tuve mi primer hijo). La otra vertiente del éxito del proyecto ha tenido que ver con la gestión. Todo aquello que no quise aprender en la carrera de económicas y que he tenido que aprender en estos últimos años, como llevar una empresa, como montar un proyecto con parámetros de eficiencia y planificación, sin sentimentalismos, sino con rendimiento. Como armar un proyecto pensando en un público amplio, en un público diverso, en un mercado diverso, como somos las personas, diversas y con muchos gustos diferentes. Este ha sido otro de los logros de la organización: se ha llevado el festival con una profesionalidad en la gestión impecable.

Entonces, ¿dónde ha estado el éxito? Desde mi punto de vista en el equilibrio. Una visión demasiado vertical del proyecto hubiese dado al traste con él, como nos pasó en Malatesta Records en algunos de nuestros proyectos como el Circuit Vermut.

Pero también hubiera sido un fracaso que la balanza se hubiera cargado demasiado de horizontalidad, ya que de proyectos de animación cultural vacíos de contenido y trazados con tiralíneas por los dueños del mercado el mundo está lleno.

Solo quedaría recordar otra de las premisas fundamentales de la cooperación al desarrollo: los proyectos se han de poner en marcha para que se mantengan en el tiempo. Que el año que viene no hubiese MUV sería un fracaso del proyecto de este año. Por lo tanto ahora queda asentar los mecanismos para consolidar el MUV en los próximos años y para que en las próximas ediciones la ambiciosa horizontalidad no engulla la esencia vertical que lo ha hecho realmente hermoso.

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(Para esta entrada he cogido algunas de las fotos que se han colgado en diversos facebooks, si sus autores no quieren que cuelguen sus imágenes que me envíen un privado a esta entrada).

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -5-

noviembre 2, 2015

¿Por qué ser músico hoy? ¿Para qué? ¿Cómo?

Os comentaba en la anterior entrada lo importante que fue mi estancia en Poitiers en 1994 para tener una visión de lo que para mí significa ser músico. Comenté la importancia de ir lo domingos por la tarde a ver conciertos de cualquier tipo a Chez Dominique.

Otra de las grandes revelaciones fue experimentar en primera persona y como espectador El día de la música. Allí la llaman La Fête de la musique. La Fiesta de la música.

Este mismo año, 2015, en una post del facebook, Alberto Correcto, conocido como el autodidacta, comentaba su experiencia en el día de la música en Toulouse: toda una ciudad llena de escenarios haciendo música en la calle.

Más de una vez he expresado mi opinión acerca de cuál es el tipo de festival que encaja con mis preferencias: un festival urbano, por locales pequeños de toda la ciudad y a ser posible con conciertos también en la calle. (En alguna ocasión, desde Malatesta, intentamos poner en marcha algo parecido mediante el Circuit Vermut o algunas celebraciones del día de la Música en Russafa. Alguna vez tuvimos que cancelar algunos conciertos debido a la intervención de la policía municipal. No dejemos de recordar que la normativa municipal prohibe hacer conciertos en la calle y en locales de pequeño aforo. Si pincháis aquí podréis leer una reclamación que hicimos una de las veces que la policía nos obligó a dejar de tocar).

vermut-todos

Esta visión de lo que para mí debería ser un festival tiene que ver desde luego con aquella experiencia en Poitiers en 1994, cuando aquella pequeña ciudad fue invadida por músicos de todo pelaje convirtiendo las calles en una verdadera fiesta. Pero, además, detrás de este posicionamiento, también hay una actitud política.

Desde Malatesta y desde que empezamos con el Festival Incrustados en el Escaparate, siempre pretendimos que detrás de la voluntad musical hubiese algún tipo de reivindicación. Con Inscrutados en el Escaparate se reclamaba una visibilidad hacia una serie de grupos que eran ninguneados por las políticas de grandes eventos de nuestro querido y duradero gobierno del PP. No estábamos todos,  ni representábamos, ni queríamos representar ninguna escena, pero logramos hacer algo de ruido. También se pretendió, por primera vez, creo, normalizar una escena valenciana en la que confluyeran sin barreras idiomáticas grupos que cantaban en castellano, valenciano/catalán, inglés o francés desde la autogestión. La propuesta músical estaba por encima del idioma y esto permitió que muchos grupos de la ciudad separados por la barrera idiomática por primera vez tomaran contacto.

Incrustados en el Escaparate, Circuit Vermut, Circuito Urbano de Música: Festival MUV.
Creo que por primera vez Valencia va a experimentar en el barrio de Russafa algo muy parecido a lo que es el día de la música en Francia: un barrio donde durante varios días habrá música por todas partes.

Algunas cosas que han hecho bien para que esto pudiese funcionar y que Malatesta Records nunca supimos como resolver: abrir el abanico de estilos musicales, pasar de la autogestión de los propios grupos a trabajar de manera profesional con promotores de conciertos y conseguir un respaldo institucional para que esos días la policía no interrumpa el correcto desarrollo de los conciertos.

Cosas que posiblemente se hayan perdido por el camino: que no haya sido posible que un festival de este tipo surgiese de una demanda de los propios grupos y que de asentarse la propuesta, seguramente, con el paso de las ediciones la presencia de las propuestas locales que este año lo copan todo desaparecerá paulatinamente en pro de la supuesta calidad exterior.

MUV

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -3-

octubre 26, 2015

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¿Qué es ser músico?, ¿qué significa ser un músico hoy?. ¿Para qué?, ¿por qué?, ¿hasta cuándo?. ¿Cómo?.

Al echar la mirada atrás me doy cuenta de que sigo luchando por la mayorías de las cosas por las que luchaba cuando empecé: tiempo, espacios donde mostrarme, lugares espaciales y temporales donde trabajar.

Ese concepto global parece, al menos desde la distancia, asemejarse al que hoy día persigo. Han habido vaivenes, dudas. Pero las prioridades se me antojan las mismas que las que sentí aquel día que decidí que quería montar un grupo de música.

Tendría unos 13 o 14 años, veraneaba en la Pobla de Farnals, aquel fue mi último año allí, los siguientes los pasaría en la Eliana, la Eliana de Espiral y Seguridad Social. Pero allí, en la Pobla de Farnals me di de frente con la música en directo. La Última Rosa se llamaban. Algo pasó cuando los vi que me hizo querer ser como ellos. Ahí empezó todo, en un bareto de malamuerte en un edificio de un complejo de la playa de La Pobla de Farnals.

Ese mismo verano me pasaron un cassette de Interterror mezclado con canciones de la Resistencia, quizás fuera al revés.

Tomemos nota de esto: un garito de malamuerte donde tocaba un grupo novel. Una cinta de cassette que sonaba a rayos donde un grupo novel había grabado su primera maqueta.

No, ni mi hermano mayor me pasaba discos de David Bowie ni mi padre me llevaba a conciertos de Bruce Springteen.

Las cosas han cambiado a mejor, sin duda. Los garitos de malamuerte se han convertido, en su mayoría, en locales o espacios bien acondicionados, y los grupos noveles ya no lo son tanto, o más bien nada, y hacen grabaciones que, muchas de ellas, son de calidad pro.

Dicen que un niño queda marcado por aquello que le sucede en los 5 primeros años de su vida. Que su personalidad queda marcada por lo que sucede en estos cinco primeros años. Yo quedé marcado por ese primer concierto, por esa manera de llegar a la música.

Me di cuenta este fin de semana durante los conciertos del Circuit Intercities que monté junto Micalet Landete. Mientras ayudaba a montar y desmontar el equipo para los conciertos de Isaac Ulam y de Gener en el Deluxe, en el Trova’m, en La Casa Cantonera o en L’Escenari, pensaba que el marco global de lo que para mí ha de ser la música y ser músico se quedó grabado aquella noche de aquel verano en aquel garito de mala muerte. La cercanía del músico, de la música, del público.

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Y, ¿por qué un músico debería montar conciertos de otros músicos?

Algunos músicos se dedican a grabar a otros músicos, otros a producir las canciones de otros músicos, algunos se especializan en arreglar instrumentos, a algunos les gusta conducir y se hacen Pipas… Muchos no entienden porque habrían de hacer algo diferente a hacer canciones. Muchos de estos últimos sacan tantos discos innecesarios… tantos discos que no son más que un vómito de la inercia de una vida que les empuja a crear cuando lo que de verdad deberían hacer es aprender a estar callados. Estar callados, también es una virtud. 50% para la creación artística, 50% para gestión artística.

Hay muchas razones por las que es positivo no solo dedicarse a “ser músico”. Todas ellas tienen que ver con comprender mejor las diferentes facetas del oficio al que te dedicas, y por lo tanto a comprender mejor por qué las cosas no funcionan como tú creías que iban a funcionar.

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Hay que tener en cuenta que en el ámbito de la música se trabaja con un enorme grado de frustración. Si hiciéramos una encuesta nos daríamos cuenta de que la mayoría de los músicos de música popular están frustrados. La mayoría no han visto satisfechas las espectativas que se crearon cuando llegaron a este mundo. Y esto es porque cometieron el error de querer ser únicamente estrellas del Rock. Sucede en otras ramas artísticas, todas aquellas que tienen que ver con posicionarse por encima de los demás, por aplastar a los demás para desmotrar que estás por encima de ellos, y que tú sí lo has conseguido porque eres mejor y los demás no porque son unos mierdas.

Este sentimiento no aparece por ejemplo en el mundo de la alfarería, o en de la orfebrería, o quizás sí, pero seguro con no son como en la música popular el eje central. Las tradiciones artesanales suelen ser más modestas, pero la creación artística suele ser elitista, y en el caso de la música popular existe un problema añadido, como los deportistas de élite, los músicos “pop” (entendemos músicos Pop aquellos que hacen música popular) tienen fecha de caducidad.

Esa función por la que el R’N’R nació como instrumento de destrucción de las relaciones intergeneracionales tiene hoy en día pocas posibilidades de manternerse sin crear un situación cuanto menos estúpida.

No hace falta más que ver a los Rolling para darse uno cuenta de la gran farsa del R’N’R. La verdadera revolución, hoy en día, los únicos que mueren por algo hoy en día, son los Yihaidistas, y estos no escuchan música. Solo rezan y destruyen.

Pero volvamos a la música popular y a ese problema suplementario que tienen con respecto a las otras artes debido a su nacimiento fuera del ámbito universitario: la falta del trasbase informativo intergeneracional. Quien hace música popular, muchas veces, ha convertido y simplificado su mensaje antisistema en un mensaje projuventud y antienvejecimiento. Con slogan rollo: todos tenemos derecho a ser jóvenes y a cargarnos en nuestros viejos y no vas a ser tú quien va a venir aquí a explicarnos como hacerlo.

Y en esto se ha quedado la pataleta y la gran revolución contracultural de los años 60. Nos convertimos en unos jovencitos enfadados con nuestros padres, ya que el mundo se había convertido en algo tan complejo que era difícil saber contra qué estar enfadado.

He pensado en todo esto durante estos cuatro días acompañando a Gener e Isaac Ulam en el Circuit Intercities. Pensaba en ello para encontrar respuestas y saber qué estaba haciendo allí en vez de estar viendo la liga, o estar preparándome para la maratón de Valencia.

Es difícil explicarle a una persona lo que es tener una pasión por algo a no ser que esta persona también la sienta, no necesariamente por lo mismo que tú. Cuando tienes una pasión por algo haces cosas que no se pueden catalogar como normales, ni se pueden evaluar en términos económicos.

Pero son estas cosas las que mantienen a flote tu pasión, traer a gente de la que puedas aprender, gente que aprende de ti. Gente que te enseña y a la que enseñas. Intercambiar. Compartir. Crecer. Términos tan poco rockanroleros son los que escriben el nuevo R’N’R.

No hubiera escrito todo esto si no fuera para explicar que hay actuaciones poco musicales, es decir, que tienen que ver poco con cantar, tocar la guitarra o escribir canciones, que te empujan también a ser más músico, y a saber por qué y para qué quieres ser músico. Hay actos que aparentemente no tienen nada que ver con escribir una canción pero que finalmente te por alguna razón te ayudan a escribir una canción, a iniciar un nuevo proyecto.

Podría ser de otra forma, pero a veces los disparadores creativos son extraños e imprevisibles. Quiero decir que nunca hay que rechazar un trabajo aparentemente menos musical, puede que te lleve a componer una buena tanda de canciones.

Esto es lo que me pasó a mí antes de verano. Me llamaron del Circuito de Música Urbana para aportar algo de apoyo en la organización desde Malatesta Records, también me ofrecieron un concierto, igual que a algunos otros músicos del sello.

En aquel momento llevaba casi un año y medio sin hacer conciertos de canciones. En cuanto cerré el concierto supe que tenía que ponerme las pilas, que tenía que reconstruir todo aquello que había dejado algo abandonado en los úlimos tiempos, y que ya no podía seguir dudando hacia dónde ir. Había estado investigando, probando, había llegado el momento de decir basta. De plantarse y con lo puesto ponerse el mono de trabajo.

Y eso hice este verano, con algunas ideas difusas en la cabeza me puse a trabajar en sonidos y en canciones con la intención de crear un nuevo repertorio y con la intención de pensar en cómo darle vida, y con quién, a ese nuevo repertorio.

Y en esto estoy ahora, metido hasta el fondo. Y con un primer concierto a la vista el 6 de noviembre. Un concierto que va a ser como un nuevo primer concierto. Si es que reinventarse es posible, esta será una manera de comprobarlo.

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy)-1-

octubre 20, 2015

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(foto tomada por Verlanga durante el Gilberfest en Los Aperitiver del Tulsa/Verlanga)

Permitidme que exprese mi propia visión de lo que es ser músico, de mi relación con la música. Sé y comprendo que en un mundo de nichos de mercado y de target todos creemos tener algo especial que ofrecer, y serguramente así es pero, paradójicamente, el mercado todo lo homogeneiza, hay una tendencia a considerar el ser músico como algo estandarizado, al margen del tipo de música que hagas.

Hay ciertas definiciones que parecen globalmente aceptadas: un músico ha de divertir, ha de entretener, ha de emocionar, ha de empatizar, ha de comunicar, ha de transmitir, ha de dominar su instrumento etc.

Últimamente me vienen a la cabeza una y otra vez las siguientes preguntas: ser músico, ¿para qué? ¿con qué fin? ¿de qué manera? ¿cómo y hasta dónde?

Supongamos que soy un músico con terror escénico, que no puedo o no soy capaz de actuar en directo, ¿dejo por ello de ser músico?

Supongamos que me den miedo las personas, que me da miedo que estén todos ahí mirando lo que hago y lo que digo o lo que dejo de decir, lo que cuento en mis canciones o como cuento mis canciones con los diferentes instrumentos que toco.

Supongamos que hay instrumentos que no domino completamente y que necesito que otros toquen por mi para grabar mis composiciones.

Supongamos que no me llega la idea de hacer música en lugares donde quepan más de 300 personas y que lo ideal para mí son lugares donde caben entre 30 y 150.

Supongamos que a mí mismo como espectador me encanta la idea de entrar en un local pequeño, sentarme, tomarme unas cuantas cervezas mientras veo una actuación y después irme al cine, cenar y volver a casa para, por la mañana, irme con la bicicleta a recoger de arriba a abajo el río.

Pero además supongamos que no comparta la idea del músico como animador, como sanador, como mesías, como profeta, como líder que guía a la manada por los caminos de la redención. Supongamos que esa mera imagen me ponga enfermo. Supongamos que quiero que me dejen tranquilo en mi rinconcito de mi bar, o de mi teatro, o de mi local acondicionado clandestinamente para hacer conciertos, escuchando esa música, que puede ser de cualquier tipo, incluso ruidosa, incluso estridente, incluso caótica, incluso luminosa, y que cuando acabe el concierto me voy a ir, tranquilamente, sin haber descubierto ninguna panacéa, a descansar apaciblemente a mi casa.

Supongamos que mi relación con la música sea como muy intuitiva, muy básica, muy elemental, que tocando mis intrumentos, entonando mis melodías vengan a mí ideas musicales, que mezclando acordes pueda llegar a saber cómo quiero que suenen mis creaciones, que puedo intuir qué tipos de ritmo busco, supongamos que pueda acceder digitalmente a ritmos que yo no puedo ejecutar pero que pienso que acoplan perfectamente a la idea musical que quiero concretar. ¿Soy músico?

¿Qué es ser músico? ¿Para qué quiero ser músico? ¿Dónde quiero llegar? Más de uno debería preguntarse esto antes de lanzarse en el mundo de la música alegremente.

Aquí es donde la palabra diversión toma su peso. Pero no en el sentido externo: hay que divertir a la gente. No, tenemos que hacer música para divertirnos nosotros. Debemos encontrar la manera personal e intransferible que nos permita disfrutar de la música. Luego el mundo está ahí, un enmarañado entramado de personas con visiones particulares y colectivas acosados por el torrente creativo que les (nos) invade cada día.

Luego si pasa algo en tu vida musical, si de repente tienes una conexión con esa corriente que la gente suele llamar éxito o reconocimiento gracias a tu peculiar manera de divertirte haciendo música, recuerda las respuestas que diste más arriba. Recuerda por qué llegaste hasta aquí, y no te sorprenda si hay gente que elude en la medida de lo posible la conexión con ese torrente del éxito. Hay gente a la que no le gusta como está montada la industria, hay gente que aún teniendo claro que no está abocada al éxito, el mero sentimiento de acercarse a él teniendo en cuenta lo que ello significa no le atrae lo más mínimo. Yo me encuentro entre ellos. El sota, caballo, rey de la industria musical me resulta poco motivador para sacrificar mi vida y mi amor por la música por ello. En mi caso el fin no justifica los medios, sobre todo porque un músico no tiene más fin que el de hacer música. Sea como sea.

Curly Teeth

Micachu & The Shapes

Yeah she had straight eyes and curly teeth,
when she smiled at me I got a nose bleed.
She spat me out, said “What’s your business with me?”,
but all I wanted to be was in her company.She had a room with no space to compete.
When I fell at her feet she clapped in time to the beat.
That beat me up inside but I was discrete,
she blew smoke in my eyes and flicked me out on the street.Boom boom dead. (x4)She’s got my money now I’m sinking to deep.
Those curly teeth. That fucking fief.
She’s got my stuff buried into concrete.
Those curly teeth will be the death of me.

Boom boom dead, yeah you thought that it would last. (x4)

Presentación del libro Limbo de Agustín Fernández Mallo en la librería Ramón Llull

abril 9, 2014

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Cuando el otro día Almudena me llamó para hacer la presentación del nuevo libro de Agustín Fernández Mallo, acepté sin pensármelo dos veces. Al darme cuenta de mi decisión, lo primero que pensé fue: ¿por qué voy a estar yo allí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí? Lo pensáis vosotros, y lo pienso yo.
¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Hacia el año 2004, coincidiendo con una de las grandes decisiones que tuve que tomar en mi vida, sacarme una oposición de bibliotecario, decidí que, si con 33 años iba a pasarme algunos años encerrado en casa estudiando, como compensación, y para acompañar este encierro, iba, al mismo tiempo, a escribir una novela.

No es que no hubiese escrito nada antes y que de la noche a la mañana decidiese ponerme a escribir, pero sí que es cierto que el gusanillo que siempre había estado allí, en ese momento, se convirtió en una anaconda.

Escribo letras de canciones desde los 17 años, pero fue a los 18 años, al leerme tres veces seguidas Rojo y Negro de Sthendal, para aprobar la selectividad francesa, cuando me convertí en el lector empedernido que me llevó a escribir algo más que letras de canciones.

Al cumplir los 21 años escribí una novela cortita. A los 26 años volví a escribir otra novela corta. Y sobre los 28 escribí una serie de relatos cortos. Además, tengo por casa un montón de cuadernos llenos de notas y reflexiones.

Nada de todo esto fue publicado y puede que no tenga el más mínimo interés, pero forma parte de la razón por la cual hoy estoy aquí.

Ahora, más que antes estaréis pensando: ¿Por qué hoy él está aquí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Bien, como he dicho antes, hacia el 2004 decidí volver a escribir una novela. Durante su escritura redoblé mi intensidad lectora. Con la aparición de internet y de las publicaciones digitales indagué a conciencia lo que estaban produciendo las nuevas generaciones de escritores en España. Fue entonces cuando di con una publicación fundamental para mi formación: la revista digital Teína. De ella saqué multitud de autores noveles que leí vorazmente. Además el jefe de todo aquello, Rubén A. Arribas, escribía muy bien.

Después de haber leído todos los números publicados hasta la fecha de la revista de cabo a rabo y haber descubierto gracias a ella referencias tan importantes como la de Bolaño, que no era novel ni español pero era muy bueno, decidí pedirle a Rubén que me ayudara a pulir la novela que acababa de escribir.

Ni nuestra relación ni la novela llegaron a buen puerto. Pero durante ese tiempo, además de tres artículos para la revista, me pidió que escribiera algo que os quiero enseñar: es un librito, de producción cuidada y artesanal, que publicó Jesús Zomeño. En este en particular estamos Jesús Zomeño, Agustín Fernández Mallo y yo.

Es la primera y única cosa que me han publicado en la vida.

Y mira por donde estamos Agustín y yo juntos, estamos juntos en una misma publicación, y hoy estamos juntos en la misma mesa.

Mientras escribía este relato, Rubén o Jesús, no recuerdo exactamente quién, me comentó: Agustín aportará un cuento que forma parte de una novela que está escribiendo.

La novela es esta:
Nocilla Dream, publicada por la editorial Candaya.

Cuando me leí esta novela, y en aquella época leía mucho libros de autores noveles, como os he dicho, sentí lo mismo que cuando escuché Actos Inexplicables, el primer disco de Nacho Vegas (que por cierto me regaló David Barberá): un nuevo lenguaje había llegado por fin a la música y a la literatura española. Un lenguaje que lejos de intentar conquistar los círculos academicistas, quería conquistarme a mí, una persona que había desarrollado sus conocimientos literarios y musicales al margen de los cánones ortodoxos.

En ellos descubrí un tipo de literatura que por fin establecía un puente entre la generación Beat y España. Que por fin trasladaba a España hasta ese pasado que le fue negado por el franquismo, esa losa que nos arrebató aquello que ahora nos estaban dando estos nuevos autores. Por fin nuestras mentes y nuestras inquietudes estaban en consonancia con las mentes e inquietudes de aquello que en otros países sucedió en los años 50 y 60.

A nivel personal encontrar un libro como este fue liberador. Más tarde hablando con Alberto Torres Blandina, que también creo que está por aquí, me comentó que para él, ante todo, este libro era rompedor en su forma, en su contenido hipertextual y en la presentación de una información multidisciplinar de manera novedosa y experimental.

Yo en esto no voy a entrar. Alberto os podrá explicar mucho mejor que yo su visión sobre la importancia de esta nueva forma de creación. Como tampoco voy a entrar en el debate que se gestó en torno a este libro, la generación Nocilla, o la Postmodernidad. Sinceramente, y aquí vuelvo a invocar a Nacho Vegas, no me interesa este debate. Conocí la obra de Nacho Vegas y la de Agustín antes de que fuesen famosos, antes de la polémica y antes de las críticas (positivas o negativas), y las menciones que leí de pasada sobre el tema me parecieron fruto del desconocimiento del origen de las cosas.

Hay creaciones que están por encima de la mercadotecnia. Creaciones que se consolidan porque quien las hace están en el lugar y en el momento adecuado. Nacho Vegas fue en España un pionero en su manera de escribir canciones y Agustín Fernández Mallo en su manera de escribir novelas.

En el caso de Agustín, surge otro símil con el mundo de la música indie española, al que sé que está muy vinculado. Para mí, su salto de la editorial Candaya a Alfaguara fue como cuando Los Planetas ficharon por la RCA.

Se puede decir que tras dar muchos coletazos durante los años noventa, con Agustín Fernández Mallo, en España, por primera vez, se asienta la literatura Indie. De la que puede formar parte, y esto es una apreciación personal, Kiko Amat o Ray Loriga (aunque él no quiera) y en sus primeras novelas, antes de rendirse al academicismo, Francisco Casavella.

No os descubro nada cuando os digo que ser escritor puede significar muchas cosas. Cosas tan grandes como ganar un premio Nobel o formar parte de la Real Academia de las Letras. Ser escritor, plantearse ser escritor, en muchas ocasiones, da miedo, y gracias a escritores como Agustín, lo difícil parece fácil. Sus novelas se leen con avidez, de tirón y siempre acabas con una sensación doble: la de movimiento, la de que hay que moverse, que hay que ponerse en marcha y hacer cosas, viajar (aunque sea por google maps), aprender, vivir, experimentar, escribir; y la de que lo que has aprendido leyendo va más allá de lo que realmente has comprendido.
Y es que, tras los libros de Agustín se parapeta el reto filosófico de tratar al lector como alguien inteligente, capaz de reconstruir ideas, historias, reflexiones e información, sin que, y ahí estriba su gran logro, el lector se sienta como un imbécil.

En su último libro, Limbo, además de todo lo que he dicho hasta ahora, hace algo que le aproxima aún más a mí como músico. Me cuenta, entre otras cosas, la historia de un grupo de música formado por Joan de Vacabou (que por cierto tienen alguna canción en francés: Le Monde Sens Dessus Dessous, como yo hace unos años) y el propio narrador de la novela.
Hay dos ideas interesantes en esta propuesta. La primera que el grupo, le ponen el nombre de Artwork, tiene éxito, y consigue grabar su primer disco en una especie de casa rústica francesa convertida en estudio de grabación. Sí, en la literatura se puede escribir sobre un grupo de música que tenga el éxito que tú siempre hubieses deseado en la vida real.
La segunda idea es la propuesta musical en sí misma, que a mi entender ronda todo el libro: El Sonido del Fin. No sé si el narrador pretendió, al escribir la segunda parte de la novela, dar vida al Sonido del Fin, pero esa fue mi interpretación. En esa casa rústica francesa los dos personajes estaban dándole forma al Sonido del Fin. La forma de concebir el proyecto musical me pareció especialmente interesante, hasta el punto que cuando Almudena me propuso hacer esta presentación pensé: no voy a perder la oportunidad de proponerle a Agustín que busquemos él y yo, esta tarde, un poco, el Sonido del Fin.
Así que, Agustín, he traído un aparatito muy básico para hacer loops, he pensado que yo puedo crearte alguna base y tú puedes recitar alguno de tus poemas sobre ella, o bien puedes crear tú la base y yo recito alguno de tus poemas sobre ella o invitamos a alguna de las personas aquí presentes y que recite alguno de tus poemas sobre algunas de las bases que crees tú o que cree yo.

O no sé, si esta propuesta te parece muy atrevida, podemos pasar directamente a tu exposición o a la rueda de preguntas que seguro que muchos de los presentes querrán hacerte.

Veronal & Crucifixión

abril 26, 2013

Como son las cosas, como los recuerdos de las palabras se retuercen con el paso del tiempo, como los ídolos se reblandecen con el paso del tiempo.

Recuerdo que la primera vez que oí hablar de Stefan Zweig estaba en Poitiers, la madre de un amigo me prestó La Confusion des sentiments, era 1993-94. En Poitieres me apunté a un coro, donde ensayábamos habían revistas. Cogí una al azar y leí que un tal Stefan Zweig se había suicidado ingiriendo lejía cuando los nazis tomaron el poder en Alemania.

Desde entonces me hice fan. No recuerdo que en aquella época hubiesen traducciones de Stefan al castellano, de hecho la mayoría de libros que tengo suyos son en francés.

Recuerdo que a Poitiers me llevé un libro que me había regalado un amigo: Trilogía de Nueva York, de un desconocido Paul Auster. Casi me vuelvo loco leyéndola. Fue maravilloso.

Años más tarde,  hacia el 2003, estuve viviendo en París cinco semanas, parece poco, pero visto en la distancia, ahora me parece mucho. La última semana que estuve en París, me alojé en casa de un amigo de la época de Poitiers, como siempre que voy a casa de alguien, husmeé en sus estanterías de libros. Di con un título que me llamaba la atención: Aprés le tremblement de terre, de un tal Haruki Murakami.

En el 2001, un amigo me regaló un disco, Actos inexplicables, de Nacho Vegas. Cuando lo oí, casi me da un sincope, ahí estaba yo, de haber logrado ser lo que hubiera querido ser en aquella época. Un espejo.

En el 2003 decidí escribir mi primera novela seria. Me puse a leer como un descosido. Leyendo las entrevistas de Nacho Vegas llegué hasta una revista con la que acabé colaborando: Teína.

Era el año 2004, ese año descubrí a Bolaño, cuando acabé de leerme todos sus libros, en el 2005, me enteré que se había muerto.

Hoy en día, Stefan Zweig, Paul Auster, Haruki Murakami, Roberto Bolaño y Nacho Vegas, muy a mi pesar, se han convertido en lugares comunes. Es decir, se han convertido en Mainstream.

Es paradógico como el tiempo se encarga de meternos dentro de un traje sin que nosotros hayamos tomado partido en ello.

Cuento todo esto porque cuando escribí Veronal & Crucifixión, este no era el título original. Originalmente se llamaba Lejía & Crucifixión. Veinte años pensando que Stefan se había suicidado con Lejía. Escribo una canción sobre ello y la grabo.

Otra de las cosas que pasó tras escribir esta canción tiene que ver con el anteriormente mencionado traje que nos hace el tiempo a medida a pesar de nosotros.

Después de aquel intento de escritura que me llevó a conocer a Bolaño, seguí leyendo e investigando. Un día llegué a una entrevista que le hacían a Agustín Fernández Mayo.  Si no recuerdo mal, se sorprendía, estamos hablando del año 2005, o 2006, o ponía de relieve, el resurgir de Stefan Zweig entre los lectores españoles, supuestamente underground, cuando en vida, Stefan Zweig, había sido un Best Seller, como Paul Auster, Murakami, Bolaño (no sé si incluir aquí a Nacho Vegas), hoy en día. El caso es que Stefan Zweig, con su segundo renacimiento y de vuelta al mainstream, no podía morir en mi canción  de un sobredosis de lejía sin que pegase el cante. Ya al año de grabarla, Santi Serrano, el batería de mi grupo, vino un día y me dijo: Stefan Zweig no se suicidó con lejía, se suicidó con Veronal. Yo le dije: que dices tío, se suicidó con lejía, lo leí en Poitiers, en una revista… Finalmente tuve que cambiar el título de la canción: Veronal & Crucifixión, y tuve que regrabar esa parte donde decía lejía y decir: Veronal.

Aquí podéis escuchar la canción:

La Disolución Doméstica de Néstor Mir

abril 4, 2013

La Fotonovela de La Disolución Doméstica de Néstor Mir

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