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Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -17-

febrero 16, 2016

La batería, la percusión y el electribe.

A veces pienso que la batería es un instrumento infernal para la música.

No hace tanto tiempo que llegué a esta conclusión. Y no es que piense esto todo el tiempo pero el mero hecho de que esta reflexión haya aparecido en mi mente significa algo.

Digamos que ya intuía algo cuando grabé algunos temas de De l’amour à l’abîme.

En este disco solo hay cuatro canciones que llevan batería (Sans ton regard, Ce coin, Sans futur y Voyage au bout de la nuit), en las restantes la base rítmica se apoya en la percusión: Dans les rues, Route 66, Mogambo le tigre vert, Fin de fête, De l’amour à l’abîme, Le gardien de tes pas, Au revoir les enfants, Paris, Madrid, Barcelonne, Dublin.

Rectifico, no es que en estas canciones no hubiera batería, lo que pasó es que la batería fue tocada como si fuese, no uno solo, sino muchos instrumentos de percusión, cajas, bombo, timbales y platos tocados de forma deconstruida. Es verdad que también utilicé panderetas, cascabeles, maracas y todo tipo de instrumentos de percusión complementarios, pero en ninguno de ellos toqué la batería completa. Para eso tenía que llamar a un baterista. Para la perscusión, por contra, siempre me las he apañado bien.

Mi relación con la percusión se remonta nuevamente a uno de mis primeros grupos, Rocaviva (aclararé en este post que yo pertenecí a esta formación en su primera etapa, antes de irme de Erasmus a Poitiers y de que entrara Paco Luna a sustituirme, fue esa segunda formación la que fue elegida para el Circuit Rock). En aquella primera formación hacíamos muchas versiones, una de ellas de los Ten Years After, una que tenía un solo de unos 10 minutos, yo tocaba la pandereta durante esos 10 minutos de solo, cada vez más rápido, cada vez más rápido. Si crees que es fácil, intenta tocar la pandereta 10 minutos seguidos a toda leche sin perder el ritmo.

Estoy hablando de mi relación con la percusión. Durante estos primeros años, a pesar de saber tocar una pandereta durante más de diez minutos a toda leche, para mí, la batería seguía siendo la reina. Amaba al batería de los Doors y a Charlie Watts porque eran capaces de navegar con las olas, de subir y bajar de intensidad, de interpretar la necesidades de una canción y de acompañarla de la manera más beneficiosa posible. (L.A. woman; Midnight Rambler)

A pesar de que he amado la batería, desde que escuché a los Beach Boys se empezó a instaurar en mí esa idea de que, como he dicho antes, intuía, es un instrumento infernal para la música.

Solo tenéis que oir las cuatro siguientes canciones para daros cuenta de que nunca podrían haber visto la luz si se hubieran tocado con una batería, pero tampoco hubiese podido existir sin esos prodigiosos arreglos de percusión (cito estas cuatro de los Beach Boys pero podrían ser muchas más):

  1. God only knows
  2. Wouldn’t it be nice
  3. Good vibration
  4. Surf’s up

Tomé conciencia de la importancia de la composición musical a partir de los arreglos de la percusión después de publicar La disolución doméstica.

Era verano, tenía por delante de mí más o menos un par de horas o tres casi cada noche durante un par de semanas, no me sentía inspirado para escribir nuevas canciones pero quería probar a aproximarme, en la medida de mis posibilidades, a escribir algo que se acercara a una composición instrumental construida a partir de la idea de trabajar con elementos de percusión.

Ese experimento culminó con la composición de una “suite” que para mí marca un antes y un después de ver mi propia música.

La suite Brian Wilson 05.

Ahí no solo se juntaron los arreglos de percusión, también los de vientos, cuerdas etc. Otra canción que no hubiese visto la luz de haber tenido que pensar en términos de batería…

Y bueno llegamos al ahora. Y podréis pensar, ¿qué tiene que ver la batería y la percusión con el Electribe?

Bueno, pues el electribe es el puente entre la batería y la percusión acústica. El Electribe es el elemento que me va permitir, eso espero, unir estas dos facetas de mi idea de la composición y llevarlo al terreno de la composición de la canción.

Junto a Julia llevamos un par de semanas trabajando con el aparatito. Yo llevo desde navidades creando bases para las nuevas y antiguas canciones. El miércoles pasado vino Santi Serrano al ensayo y al oir la nueva intención de los temas le dije: no te preocupes, tenemos un reto ante nosotros, vamos a ver cómo lo resolvemos, vamos a divertirnos resolviéndolo. Seguramente la resolución estará en ver la batería no ya como un todo sino como un instrumento deconstruido como un instrumento de instrumentos que se puede tocar por partes como si en vez de estar en un grupo de rock estuvieras en una orquesta filarmónica.

electribe

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -12-

diciembre 22, 2015

¿Por qué, para qué, hasta cuándo ser músico?

Una de las cosas más interesantes y gratificantes de ser músico  es ponerte a investigar por alguna razón sobre un tipo de música concreto. Esto te ayuda primero a romper con la inercia de volver una y otra vez a escuchar siempre lo mismo y por otro lado acota la vasta ofera que el mercado nos hace.

Hacer música muchas veces tiene que ver con acotar, con partir de unos presupuestos sónicos, con renunciar a otros. Estas decisiones tienen una repercusión en lo que vas a escribir pero también en lo que vas a escuchar. Para delimitar tu estilo tienes que escuchar a los músicos que en este momento están haciendo cosas como tú, proposiciones musicales que se acercan a tus preceptos.

Como he comentado en anteriores entradas hubo un momento este año que tuve claro hacia adonde iba. Ese fue el momento que dejé de escuchar música dispersa y aleatoriamente y me puse a investigar lo que se estaba cociendo en la actualidad.

Sé que al tomar esta decisión me pierdo muchas cosas, que este año han habido muchas más cosas que sin duda han sido interesantes pero perseguir un objetivo, como digo más arriba, tiene un coste.

También es cierto que  después de escuchar todos estos discos y todas estas canciones, en mi próximo disco, es posible que no se perciba por ningún lado la influencia de lo escuchado. Me pasó con La disolución doméstica, una cosa es todo aquello que engullimos para nutrirnos y crear y después está la manera cómo lo digerimos y expulsamos desde nuestra visión particular de la música.

Los “creadores” somos nosotros mismos un instrumento, o una especie de máquina transformadora que se alimenta de lo que le rodea para después escupir una nueva particular visión de lo que le ha servido de alimento.

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De la lista que voy a poner a continuación y que están circunscritas al 2015, esta vez me voy a dejar llevar por la actualidad, hay discos que he oído más a fondo que otros. Otros los he oído solo una vez por curiosidad y enseguida he sentido que no necesitaba más escuchas ya que no se acercaban al proyecto musical que me andaba montando o que la propuesta que hacen la tengo muy asimilada. Finalmente hay otros que no he escuchado con la intensidad que sé que necesitan. Por contra he escuchado muchas veces Lo malo que nos pasa de Francisco Nixon porque a pesar de que su música no es la que más adentro me llega tiene una peculiar forma de escribir y contar historia que me encanta. Esto me ha hecho volver una y otra vez al disco y me ha permitido comprender mucho mejor su propuesa musical. Para mí discos como este son como una regalo ya que te enseñan cosas que uno no es capaz de entender en una primera escucha. Para que os creáis lo que os digo os escribo aquí un trocito de la letra de su canción La empresa:

 

“Con la reestructuración de la empresa

Nos cambiaron de sitio

Antes tenía una planta en la mesa

Y ahora estoy contigo.”

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Algo similar me ha pasado con Pegasus de Joan Miquel Oliver que sin duda fue la banda sonora de este verano. Mi aversión pasada a la actualidad me ha llevado a descubrir a Joan Miquel Oliver con este disco, ni tan siquiera recuerdo haber escuchado antes de este disco a Antonia Font y puedo decir que el disco además de las letras tiene una producción que me ha dado muchas claves para lo que quiero que sea el sonido de mi próximo disco.

Entre los discos que me parecen muy interesantes pero que me han servido para descartar posibles caminos está el de Pablo Und Destruktion. Vigorexia emocional es sin duda el disco que rompe con mi generación. Hay un discurso en ese disco, en la propuesta de Pablo que yo ya solo puedo ver desde la barrera. Un tipo de humor y de escribir desde la pseudoviolencia que me resulta tan sorpresiva como lejana. Esto no es una crítica negativa es la constatación de la irrupción de una nueva generación de entender la escritura y la desacralización de un imaginario diferente al mío. Tuve la suerte de disfrutarlo y de constatar todo esto en primera persona cuando lo trajimos con el Circuit Intercities.

En la misma línea pero por otras razones está el Nuevos misterios de Joe Crepúsculo que me pareció muy divertido pero que me dejó bastante frío; y luego, Premeditación, nocturnidad y alevosía de La Bien Querida, al que me he acercado de puntillas y tengo pendiente prestar más atención antes de tomar una decisión.

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Hay varios discos que por cercanía geográfica y por considerar a sus compositores buenos escritores de letras de canción tenía ganas de escuchar este año. Por un lado La Gran Esperanza Blanca y su Tren fantasma, y por otro Manolo Tarancón y sus Historias mínimas son dos referencias autóctonas que he escuchado con atención. Y puedo decir que se confirman, si es que hacía falta esta confirmación, como dos de nuestros mejores baluartes. Sumo a este grupo, aunque con una propuesta musical diferente, el sorpresivo disco de Pentatronika. Cuando lo escuché me caí de bruces al suelo. Guillem con este disco ha conseguido un disco fresco, directo, bien producido y con unas letras que, para mí, son las mejores que ha hecho hasta ahora. En esa misma línea pero viniendo del Norte viene La paradoja de Rafael Berrio que por cierto, vamos a tener la suerte de ver en Valencia dentro de poco junto a La Gran Esperanza Blanca en el Delux. Pongo aquí un trocito de la letra de su canción El animal que has sido para que los que no lo conozcáis tengáis una idea de lo que estoy hablando:

“Tú te has reconocido

por la letra desigual

en esa vieja postal

que de un infierno te llega.

Y que abierta despliega

la bobada angelical

de las dos caras del mal,

y de tu ya muy lacio emblema. “

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Toda esta “investigación” que he hecho me ha llevado a la conclusión de que el 2015 ha sido un muy buen año para los escritores de canciones que ponen el acento en la letra.

Fernando Alfaro sin ir más lejos en su disco Saint-Malo ha escrito una de sus mejores canciones: Saariselkä Stroll. En esta canción aparece un ejercicio de escritura de letra que yo probé a hacer en mi canción Desencuentros dominicales y que él consigue resolver magistralmente introduciendo rítmicamente la palabra Cucurbitaceae. Fantástico.

Como digo, un muy buen año, el 2015, para las letras de canción. Os pongo a continuación las que más me han impactado:

Alguien tiene que hacer algo por Joaquín Pascual (Una nueva psicodelia)

Romeo y los demás por Cristina Rosenvinge (Lo nuestro)

En tu corazón solo hay sitio en los suburbios por Tulsa (La calma chicha)

 

Para acabar, en esta búsqueda de la definición de un sonido también ha entrado música de fuera de España:

  1. Malamadre por Camila Moreno
  2. B’liev I’m Goin’ down… por Kurt Vile
  3. Poison seasons por Destroyer
  4. Carrie & Lowell por Sufjan Stevens
  5. Hollow Meadows por Richard Wahley

Nota01:No he metido en esta lista lo último de Nacho Vegas ya que no lo he podido escuchar.

Nota02: esta, a no ser que pase algo espectacular en mi búsqueda del porqué ser músico hoy, sera mi última entrada del año. Me tomaré un descanso para retomar el año con nuevas fuerzas e ideas.

Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -8-

noviembre 24, 2015

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Las Canciones y sus letras.

¿Por qué ser músico? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo? ¿Cómo?

El otro día fui al local de ensayo. Por allí andaban Landete y Rafa arreglandolo y sacando trastos. Como para un parto, están dejando el local preparado para empezar a componer los temas del próximo disco.

Rafa dijo algo bastante interesante mientras sacaba una carpeta llena folios. “¿Son tuyos estos folios?”, le decía a Landete. “Mira que poner acordes lo puede hacer cualquiera pero hacer buenas letras de canciones…”

Parecía que no había dicho nada, pero, Rafa, había dicho ahí mucho. ¿Por qué ser músico? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo?

Cada uno pone un peso específico a su adicción musical. Cada uno busca el motor específico que le va a permitir sustentarse en el tiempo, afrontar los vaivenes, resucitar.

Para mí, como músico, hay dos cosas fundamentales, dos cosas por la cuales estoy aún hoy en día enganchado.

Antes podría decir unas cuantas por las cuales me lo habría dejado hace mucho tiempo: hacer un punteo a 120, tener un superchorro de voz, ser espídico y espasmódico en el escenario, tocar un bajo de cinco cuerdas etc.

Hace algunos años también habría incluido la teoría musical ya que pensaba que todo lo que tenía que aprender tenía que venir de escuchar hasta el infinito a Bob Dylan y Neil Young, pero por suerte se me pasó el calentón y me puse a buscar nuevas construcciones de acordes, y consecuentemente nuevas formas de hacer canciones.

Lo cierto es que desde que empecé a “estudiar música” mi camino como compositor ha sido un calvario. Eso que le decía a Rafa en el local a Landete de que todos sabemos poner acordes es cierto, pero, ¿cómo, por qué, para qué, en qué dirección? Con lo fácil que era hacer canciones con Lam, Do y Sol (Eso sí, con fingerpicking)

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Alguna vez alguna persona ha comentado que bien, está muy bien todo esa justificación filosófica que acompaña mi música pero que al final lo que queda es la música y la música o bien te llega o bien no, o bien es buena o bien no. Bien pues por esto escribo este blog. No es tan sencillo, no es tan sencillo encontrar el camino. No es tan sencillo encontrar la veta de la que vamos a extraer el oro con el que asentar nuestra carrera como músico. No es tan sencillo decidir pasarte el resto de tu vida haciendo canciones con Lam, Do y Sol (con fingerpicking) y estar contento y convencido de ello.

Porque lo realmente complicado es encontrar respuestas cuando uno solito se enfrenta al abismo, le pregunta y no recibe respuesta. Entonces antes de saltar tenemos que pensarlo muy, muy bien. ¿Por qué y para qué hacer una nueva canción? ¿Por qué y para qué? Y, ¿hasta cuándo?

Ya he dicho antes que tengo 43 años, ¿no?, sino lo repito, tengo 43 años, ya no puedo ir a las bravas por ahí como si el tiempo fuese infinito, así que lo que voy a hacer, volver a sacar un disco, (¡Volver a sacar un disco!, ¿de verdad?, ¿por qué, para qué?) tiene que ver con las dos razones por las que aún me mantengo en la música y esencialmente tienen que ver con un reto personal: escribir mejores letras de canciones en cada disco y hacer canciones que me planteen un reto personal, o bien porque soy capaz de componerlas y no de tocarlas, o bien porque al componerlas me doy cuenta de que nunca hasta entonces habia hecho algo así y que el resultado, al escucharlo, me sorprende y me gusta, me tiene que gustar mucho, mucho, mucho, tanto como para dar un paso hacia el abismo y saltar.

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En este momento, como muestran las fotos que he puesto en esta entrada estoy escuchando los borradores de las canciones que me han hecho saltar al abismo. Aún me puedo pegar un hostión porque esta vez he saltado sin tener claras la letras. Quiero decir, que aún es posible que entre dentro de un bucle infinito del que no vaya a salir jamás. Aunque teniendo el armazón es menos probable. Teniendo la textura estética de las canciones es menos probable. Teniendo la dirección sónica de asunto es menos probable.

No ha sido una batalla sencilla crear ese armazón, no solo por la consistencia musical sino también por el calentamiento de cabeza que me ha supuesto encontrar el revestimiento de la música. Encontrar una evolución de mi disco anterior que me aproximase a un estilo de música más concreto y definido. En otra entrada hablaré de cómo he conseguido ese revestimiento. De esa otra pata que quizás he obviado y que me ha ayudado a saltar una vez más al abismo de la composición musical. Efectos para la voz y la guitarra que me han permitido encontrar un nuevo sonido.

Pero ahora estoy ante ese gran, gran, reto que ,para mí, son las letras. Por eso ando todo el día escuchando los borradores de mis canciones, no hago más que pensar a dónde quiero llegar textualmente con todo esto. Qué es lo que voy a contar con mis letras, ¿por qué? ¿para qué? y ¿para quién?

¿Volveré a intentar una historia global narrada por diferentes voces en cada una de las canciones? ¿Un tema global? O tendrán cada una de las canciones una identitad independiente. ¿Evitaré, como en La disolución doméstica, la rima; o buscaré la rima como eje de la narración? Lo que sí que sé es que al igual que este disco no será un disco de Lam, Do, Sol (con fingerpicking), las letras tampoco serán ni poesía abstracta, ni sonidos guturales, ni palabras muy bonitas o muy feas conectadas sin sentido para ser propulsadas por una garganta profunda, no hablarán de nada. Hablarán de algo, seguramente de amor y desamor, seguramente de cosas bastante cotidianas, me gustaría poder volver a contar alguna historia cotidianda como las de La disolución doméstica, aunque no sé si seré capaz. Quizás en vez de crear personajes me tenga que centrar en mí mismo como personaje. Aún no sé, empieza el reto de escribir las letras de las canciones, comprendo perfectamente que quien tiene una supervoz, o toca un instrumento como Dios, se dedique a ser intérprete, yo, seguramente, si fuese buen instrumentista no haría nada de todo esto.

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Veronal & Crucifixión

abril 26, 2013

Como son las cosas, como los recuerdos de las palabras se retuercen con el paso del tiempo, como los ídolos se reblandecen con el paso del tiempo.

Recuerdo que la primera vez que oí hablar de Stefan Zweig estaba en Poitiers, la madre de un amigo me prestó La Confusion des sentiments, era 1993-94. En Poitieres me apunté a un coro, donde ensayábamos habían revistas. Cogí una al azar y leí que un tal Stefan Zweig se había suicidado ingiriendo lejía cuando los nazis tomaron el poder en Alemania.

Desde entonces me hice fan. No recuerdo que en aquella época hubiesen traducciones de Stefan al castellano, de hecho la mayoría de libros que tengo suyos son en francés.

Recuerdo que a Poitiers me llevé un libro que me había regalado un amigo: Trilogía de Nueva York, de un desconocido Paul Auster. Casi me vuelvo loco leyéndola. Fue maravilloso.

Años más tarde,  hacia el 2003, estuve viviendo en París cinco semanas, parece poco, pero visto en la distancia, ahora me parece mucho. La última semana que estuve en París, me alojé en casa de un amigo de la época de Poitiers, como siempre que voy a casa de alguien, husmeé en sus estanterías de libros. Di con un título que me llamaba la atención: Aprés le tremblement de terre, de un tal Haruki Murakami.

En el 2001, un amigo me regaló un disco, Actos inexplicables, de Nacho Vegas. Cuando lo oí, casi me da un sincope, ahí estaba yo, de haber logrado ser lo que hubiera querido ser en aquella época. Un espejo.

En el 2003 decidí escribir mi primera novela seria. Me puse a leer como un descosido. Leyendo las entrevistas de Nacho Vegas llegué hasta una revista con la que acabé colaborando: Teína.

Era el año 2004, ese año descubrí a Bolaño, cuando acabé de leerme todos sus libros, en el 2005, me enteré que se había muerto.

Hoy en día, Stefan Zweig, Paul Auster, Haruki Murakami, Roberto Bolaño y Nacho Vegas, muy a mi pesar, se han convertido en lugares comunes. Es decir, se han convertido en Mainstream.

Es paradógico como el tiempo se encarga de meternos dentro de un traje sin que nosotros hayamos tomado partido en ello.

Cuento todo esto porque cuando escribí Veronal & Crucifixión, este no era el título original. Originalmente se llamaba Lejía & Crucifixión. Veinte años pensando que Stefan se había suicidado con Lejía. Escribo una canción sobre ello y la grabo.

Otra de las cosas que pasó tras escribir esta canción tiene que ver con el anteriormente mencionado traje que nos hace el tiempo a medida a pesar de nosotros.

Después de aquel intento de escritura que me llevó a conocer a Bolaño, seguí leyendo e investigando. Un día llegué a una entrevista que le hacían a Agustín Fernández Mayo.  Si no recuerdo mal, se sorprendía, estamos hablando del año 2005, o 2006, o ponía de relieve, el resurgir de Stefan Zweig entre los lectores españoles, supuestamente underground, cuando en vida, Stefan Zweig, había sido un Best Seller, como Paul Auster, Murakami, Bolaño (no sé si incluir aquí a Nacho Vegas), hoy en día. El caso es que Stefan Zweig, con su segundo renacimiento y de vuelta al mainstream, no podía morir en mi canción  de un sobredosis de lejía sin que pegase el cante. Ya al año de grabarla, Santi Serrano, el batería de mi grupo, vino un día y me dijo: Stefan Zweig no se suicidó con lejía, se suicidó con Veronal. Yo le dije: que dices tío, se suicidó con lejía, lo leí en Poitiers, en una revista… Finalmente tuve que cambiar el título de la canción: Veronal & Crucifixión, y tuve que regrabar esa parte donde decía lejía y decir: Veronal.

Aquí podéis escuchar la canción:

La Disolución Doméstica de Néstor Mir

abril 4, 2013

La Fotonovela de La Disolución Doméstica de Néstor Mir

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