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A deeper understanding: de Kurt Vile a WAR on DRUGS pasando por Courtney Barnett

agosto 28, 2018

Si vas de Valencia a Noguera de Albarracín, cuando dejas las autovía, hay dos caminos posibles, por Albarracín o por Santa Eulalia.

Suelo hacer el viaje por Albarracín porque tengo grabado a fuego ese camino desde niño. Llevo 46 veranos  yendo como mínimo una semana allí. Ahora mis hijos han iniciado ese mismo ritual. Y cuando voy a recogerlos voy por la carretera de Albarracín.

Pero el año pasado, estaba en pleno proceso de creación de La Batalla Vital, solo este verano, sin objetivo alguno, me he dado cuenta de lo agobiado que andaba por aquellas fechas, fui a recoger a mis hijos por Santa Eulalia. No fue algo premeditado. Fue algo que pasó porque la música que estaba escuchando me pedía un tipo de paisaje semidesértico, el camino que va a noguera por Albarracín es más frondoso, también tiene más curvas, sin embargo el camino que va a Noguera por Santa Eulalia se ajustaba perfectamente a mis necesidades sensoriales de ese momento.

46 veranos dan para mucho. Erosionan nuestros gustos, los tallan, los moldean, los cansan, los agotan, los saturan. La juventud es novedad, la madurez está llena de lugares comunes. Llegas con el oído saturado, imposible conseguir ese chute juvenil de la sorpresa, de lo nuevo. El problema no está en lo que oyes o ves, el problema está en ti. En tu cabeza llena de información, de melodías, de imágenes. Es muy difícil sorprenderte porque el margen para la sorpresa ya es muy pequeño, casi no existe. No tiene que ver con el saber, tiene que ver con la erosión de la ilusión. El conocimiento lo homogeneiza todo, tendemos a la frigidez sensorial.

Voy a recoger a mis hijos, como este año, curro la última semana de agosto, así que debe ser viernes por la tarde. S. tiene faena y se queda en Valencia. Llevo dos discos: B’lieve I’m going down de Kurt Vile y Singing saw de Kevin Morby (aún no he escuchado el siguiente que sacó, me opongo a que el mercado o el músico marque el tiempo de vida de un disco y a Singing saw aún le quedadan muchas escuchas en mi coche cuando Kevin sacó el siguiente, no sé ni como se llama).

Ya he oído los discos infinidad de veces pero soy consciente de que conduciendo, lo he experimentado infinidad de veces, puedes alcanzar una escucha más profunda.

Recuerdo que esperé a estar fuera de la ciudad para poner el disco de Kurt. Un camino sin paradas, sin semáforos, para poder sintonizar, conectar, directamente con la esencia de la música.

Conforme pasan los años es más difícil alcanzar el extasis. El extasis aparece en muy pequeñas dosis. Hay que estar muy atento, muy predispuesto. Has de haber trabajado mucho la creatividad vital para cazar ese momento. Más difícil aún es que ese momento de éxtasis se convierta en una epifanía. En una revelación. En la toma de conciencia de un deseo que estaba en tu interior y que no podías realizar, ni sacar a la superficie.

Las canciones de B’lieve I’m going down se sucenden, me voy acercando a Teruel y ya en mi interior noto que mi estado ha mutado. La autovía ya no es una autovía. Los coches y camiones que adelanto ya no son coches y camiones. Solo hay espacio para la música y el paisaje. Está atardeciendo así que el sol se pone por el horizonte. Solo puedo seguir el camino de la puesta de sol, el camino semidesértico, de matorrales bajos y piedra y roca amarilla. Subiendo la montaña hacia la meseta se produce el milagro. Lo que escucho y veo me transporta al lugar dónde comenzó todo. Al lugar de placer e ilusión desde donde toda mi carrera musical se puso en marcha. Querer ser como alguien, querer alcanzar la capacidad expresiva y comunicativa de alguien. Admirar a alguien porque lo que hace no es solo inmensamente relevante para ti sino también porque sientes que ese modo de expresión está al alcance de tu mano. Y no solo eso, además, la mera escucha te zambulle en el éxtasis, un cierto tipo de orgasmo. Uno de esos momentos que dan sentido a toda una vida.

Lo peor de la madurez es la tendencia a estar pasado de vueltas de todo, a que ya nada te emocione porque ya nos sabemos, o intuimos, cada giro de guión. Lo complicado cuando llega la madurez es mantener la ilusión por lo que haces, más difícil aún es transmitir esta ilusión a los demás. Por eso, cuando, a esta edad, te ves cara a cara con una revelación, no puedes soltar presa. Puede ser la última vez que te suceda algo así.

En medio de la carretera que une Santa Eulalia con Noguera, subiendo la montaña hacia la meseta, mientras atardecía y el paisaje se fundía con la música, tuve una revelación y tomé una decisión.

Cuando acabó el disco de Kurt Vile puse el de Kevin Morby y finalmente llegué a Noguera. Seguía siendo consciente de que había tomado una decisión. La epifanía se confirmaba, no había sido una mera alucinación.

En Noguera recogí mis hijos y al día siguiente volvimos a Valencia. Entramos de lleno en la rutina de un nuevo curso. Cerré unos cuantos frentes antes de meterme de lleno en la producción teatral de La batalla vital.

Estrenamos, actuamos y se acabó. Vino el vacío. Intenté agarrame a alguna cuerda para volver a subir. Me resbalaba, cada cuerda se me escapaba de las manos, buscaba otra de la cual también acababa soltándome. Creatividad Vital. Cuerdas que te sacan del pozo. Alguno de ellas debería funcionar.

Nos fuimos a Canadá el 26 de junio. Yo me senté junto a P. en el avión, O. junto a S. El primer vuelo había ido muy bien. Escuché A deeper understanding de War on Drugs. Ahora, de Portugal a Toronto iba a escuchar B’elieve I’m going down. Miré a P. estaba preocupado. Yo mismo estaba algo nervioso, aquel disco no estaba consiguiendo tranquilizarme en aquel momento. Los dos teníamos miedo. Cambié de disco, puse de nuevo A deeper understanding y le dejé un auricular a P. Nuestra actitud cambió, desbloqueamos la situación y disfrutamos del despegue y del vuelo.

Voy por la pista de Ademuz, voy a casa de mis padres a recoger a los niños. Salgo del ensayo. Llego con tiempo para cenar y charlar un rato. Escucho por enésima vez el disco conjunto de Kurt Vile con Courtney Barnett. Me he comprado su primer y último disco pero ninguno de los dos me enganchan como este que ha hecho con Kurt. Me mola sobre todo la primera canción. Los niños se la saben de memoria. Me encanta como acaba. Muy a lo Velvet.

Tras la epifanía del semidesierto me obsesioné con Kut Vile. Me compré el disco que había sacado ese mismo año con Courtney Barnett. Me obsesioné con Courtney Barnett y me compré sus dos discos. Como he dicho no me gustaron tanto como el disco conjunto pero no importaba tanto porque ya me había enganchado a ella.

Seguí la pista de Kurt Vile y compré A deeper Understanding de War on Drugs. Había intentado anteriores escuchas. Otros trabajos que no me engancharon. Hasta que Micalet me sacó de mi error pensé que A deeper Understanding era el disco que había grabado Adam Granduciel con Kurt Vile. Pensar que Kurt Vile había grabado algunos arreglos de guitarra del disco me predispuso a forzarme en la escucha. Aún recuerdo que empecé por el tema 6. No sé porqué. Nothing to find. Quizás fueran los sintes. Cuando abrí esa puerta, cuando dejé entrar a ese compositor en mi cabeza, todo tembló de nuevo. No me lo podía creer, a mi edad dentro de una mina de oro, estaba oyendo un discazo detrás de otro.

Atravesamos medio Canadá oyendo A deeper understanding, Lotta See Lice y B’lieve I’m going down. Son tres discos que he escuchado hasta la saciedad. Uno ha ido superando al otro.

En estos momentos muy a pesar de mi epitanía, o gracias a ella, pienso que A Deeper Understanding, a diferencia de los otros dos discos, que también amo con locura, es un disco histórico. Como el Sky blue Sky de Wilco. Un grupo pequeño que se convierte en un gigante. Llegué tropezando a Adam Granduciel pero ha sido él el que está poniendo la banda sonora a mi madurez. De Kurt Vile a War on Drugs pasando por Courtney Barnett lo que hay es el peso del paso de tiempo que cae como un cielo de plomo sobre la tierra para aplastarlo todo. Lo que nadie, menos yo, esperaba es que de ahí fuese a surgir tanta belleza. Que del intento de seguir entendiéndose a uno mismo, a pesar de lo mayores que nos vamos haciendo, en este caso Adam Granduciel, haya creado unas canciones eternas con las que sentirnos totalmente identificados.

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