Un inmenso e infinito continent #06

César Castells antes de entrar a la BAnQ

César Castells está subiendo a lo alto de la montaña. Está llegando a la cima, sabe que tiene que coronarla para alcanzar la sabiduría que ha venido a buscar.

Subir la montaña para bajarla habiendo extraído la piedra de la locura. Llevando esa piedra en la mano a lo largo del camino de regreso para, al llegar a casa, guardarla en una cajita, esconderla en lo más profundo de un cajón y sacarla solo de vez en cuando para recordar de dónde viene.

La piedra de la locura está en tod@s nosotr@s. Si seguimos adelante cuerdos es solo debido a que hay un frágil equilibrio que se mantiene al margen de nuestra voluntad. Nunca sabemos lo que puede pasar mañana, solo sabemos que hoy nos hemos mantenido cuerdos.

Comprender el mundo, intentar entenderlo, pasa por ser conscientes de que la existencia de la piedra de la locura es algo que tenemos en común todas los seres humanos, nadie se libra. Por eso no deberíamos ser tan estrictos juzgando al prójimo, deberíamos pensar siempre que el lugar del que huimos podría ser nuestro lugar de destino.

Por eso a César Castells le gusta la literatura, el teatro, el cine, la poesía, por eso son tan necesarias las artes, a través de ellas escupimos sobre lo sagrado para entendernos y perdonarnos, para explicar aquello que la ciencia y las leyes, desconcertadas, no son capaces de explicar, piensa César Castells. Queremos salvar el mundo pero primero tendremos que saber si podemos salvarnos a nosotros mismos, y perdonar a nuestras familias, amigos, padres, hijos etc.

César Castells sube a lo alto de la montaña porque es lo que debe hacer llegada cierta edad. Recapitular. Visualizar todo lo que ha aprendido a lo largo de todos estos años para ahora poder difundirlo, legarlo, ofrecerlo a su allegados y a la sociedad.

César Castells, a punto de alcanzar la cima, al contrario que le pasaba cuando aún escalaba la pendiente, piensa que todos los pretendidos fracasos y esfuerzos, culminados supuestamente en vano, realizados en el pasado, han reinventado su realidad de un estado inestable a uno más firme. Cerca de la cima, todas las mal nombradas frustraciones pasan a ser procesos de aprendizaje que no alcanzaron los objetivos soñados pero que, en el transcurso de su realización, forjaron a la persona. Cada uno de esos esfuerzo, sacrificios y renuncias consideradas durante mucho tiempo estériles e inservibles se materializan ante él como una herramienta de entendimiento y de construcción de gran poder. César Castells comprende finalmente que es el proceso y no el resultado lo que edifica el conocimiento de las personas, su pericia, sus cualidades y habilidades para levantar proyectos.

César Castells, está preparado ahora para bajar la montaña, no tiene prisa ya, con lo que sabe puede bajarla con calma. De la misma manera que recorre con calma las calles de Montreal. Ha venido al centro en Metro y ha bajado en la parada de Berri-UQAM. Tenía una reunión con un bibliotecario a las 12h30 pero la reunión ha acabado antes de lo esperado. Es tan sencillo, llegada cierta edad, leer en la cara de nuestro interlocutor la incomodidad, el deseo de no estar aquí, ahora. César Castells, ha intentado ponérselo fácil, ha jugado la partida como si realmente fuera importante para él, a César Castells no le gustan las situaciones incómodas, para qué, piensa, acabemos con esto cuanto antes. A la media hora, la reunión había finalizado. Todos contentos.

César Castells sale de la reunión y da un respiro. Tiene bastante tiempo por delante. Aún no le han confirmado la siguiente cita. Se toma este impass con calma. Sabe más o menos dónde está pero no es consciente de estar tan cerca de la BAnQ hasta que anda calle abajo y se da de frente con ella.

Tiene recuerdos del anterior viaje. De haber visitado el FabLab, recuerda a sus hijos y pareja esperarlo mientras él realizaba una entrevisa, en la zona de cómics y ordenadores infantil. César Castells, al entrar en la BAnQ, nota el contraste entre la prisa con la que hizo aquella visita en el 2018, y lo pausadamente y relajado que entra hoy en la biblioteca. Esa misma tarde cuando quede con su co-directora de tesis, ella le explicará que la BAnQ fue construida con una voluntad firme de ofrecer a los ciudadanos una biblioteca tercer lugar, pero que del plan inicial solo se ha cumplido un 20% de esa aspiración.

Aún así, cuando entras, no puedes evitar sentir la invitación que te ofrece el espacio a estar. Al pisar el hall sientes que allí eres bien recibido, sea lo que sea lo que vengas a buscar. A César Castells le hubiese gustado tomarse un café, como hizo la otra vez, pero por razones sanitarias la cafetería está cerrada, así que baja a la zona infantil y toma unas cuantas fotos. La Hutte, un espacio para las actividades infantiles también está cerrada. Se acerca a la sección manga y fotografía la extensa colección. Nota un eco de apretón y sube la escalera en busca de un cuarto de baño. Pasa por delante de las sección de cómics y piensa, mejor vuelvo cuando haya pasado por el baño, quiero disfrutar del momento, no estar todo el tiempo pensando en otra cosa. Va al cuarto de baño pero esta ocupado, da una vuelta por la sala para hacer tiempo y cuando entra de nuevo en el cuarto de baño este sigue ocupado. Sube a la siguiente planta, va directamente al cuarto de baño. Este sí que está vacío.

Cuando acaba sigue recorriendo la biblioteca. La sala de la hemeroteca esta situada frente a un gran ventanal y toda una hilera de sillones enfrentados a la ventana. Detrás de él un gran estrado donde las personas estudian o trabajan. Hay un gran silencio. César Castells sube por el lateral del estrado. Quiere sacar un foto pero para hacerlo las personas han de salir de espaldas. Al subir hasta arriba del estrado sube al tercer piso, otro ventanal lleno de sillones encarados al ventanal opuesto y mesas colectivas para el trabajo. Detrás de las paredes, la colección de libros. Sube hasta el cuarto piso donde está la música y el cine. ¿Cuánto tiempo más durará ésta y las demás secciones de soportes físicos?, ¿qué harán con todo este espacio cuando el soporte físico desaparezca?, piensa César Castells, mientras vuelve a bajar hacia la sección de cómics.

César Castells coge dos cómics al azar, uno hecho con mucha voluntad pero poca calidad, realizado por alguien bastante joven que intenta explicar su confusión sexual, y otro mucho más profesional que habla de los días finales de una persona mayor.

Cuando deja en la mesa de al lado los cómics, se ha sentado en un sillón, frente a él tiene todas las estanterías de la sección, a su lado un chico lee, vuelve a pensar en la montaña, en la ascensión, en lo agotadora que ha sido la ascensión, pero a la vez, al verse aquí y ahora, no puede dejar de pensar también, en lo fructífera que ha sido. Saber que hay que seguir moviéndose a pesar de que todo te quiera indicar que has de permanecer más y más parado. No escuchar los mensajes que a lo largo del tiempo pretenden dejarte fuera de juego. Todos esos mensajes, César Castells lo sabe ahora, no son más que mensajes de personas cobardes que lo único que pretenden es quitarse de en medio la competencia. Cuanta más gente logren que caiga, más parte del pastel se comerán ellos.

Por eso César Castells no puede evitar pensar de vez en cuando que él, en realidad, no debería estar aquí, no puede dejar de pensar: que yo esté aquí no es más que una anomalía, un capricho del destino, del azar, pero lo cierto es que aquí estoy, contra viento y marea y contra todo pronóstico.

Mira a su alrededor, se fija en la biblioteca en la que está, e intenta conectar ese espacio físico que tiene ante él con algunas de las respuestas que las bibliotecarias a las que ha entrevistado, le han dado al intentar explicar la relación de su trabajo con la existencia del tercer lugar en las bibliotecas.

Vuelven a aparecer ante él términos como PLAN ESTRATÉGICO Bibliotecario, PLAN DE ACCIÓN Bibliotecario, reuniones mensuales entre l@s bibliotecari@s jef@s de división, reuniones mensuales entre l@s bibliotecari@s jef@s de sección, la conexión entre la formación de estudiantes en la Escuela de Biblioteconomías y Ciencias de la Información y la cobertura de puestos de trabajo bibliotecario en las bibliotecas de la red de bibliotecas de Montreal…

Hay muchas cosas más que han sorprendido a César Castells, cada entrevista ha sido reveladora. Por ejemplo casi se pone a llorar cuando una de las bibliotecarias a las que entrevistó le explicó que en los procesos de selección del personal una de la cosas que más había tenido en cuenta, y que más habían puntuado, era que esa persona fuese activa y que en el fondo de sus pretensiones estuviese la de querer salvar el mundo. Uf, César Castells, cuando oyó esta respuesta tuvo ganas de abrazar, abrazar a la mujer que acababa de contestarle, abrazar al mundo. Sí, sí, aquellas eran las razones por las que César Castells había cruzado el océano en busca de respuestas. Las estaba encontrando. Planes estratégicos, planes de acción, reuniones entre los bibliotecarios, formación continúa para adquirir competencias en dinamización social y cultural, en didáctica, en pedagogía, alfabetización digital, l@s bibliotecari@s del siglo XXI no tienen límites en sus competencias y capacidades, tienen que hacer frente a la necesidad de acceso democrático y gratuito al conocimiento en todos los frentes.

César Castells mira su móvil, por fin llega el mensaje que confirma la cita. Con calma se levanta, se prepara para salir al exterior, tiene que volver a coger un metro, esta vez cogerá el metro naranja hasta las parada de Laurier, allí cogerá un bici, está intentando evitar coger las azules, no solo porque son más caras sino también porque en las eléctricas es obligatorio el uso del casco, y el miércoles por la mañana, una policía, amablemente, se lo recordó.

El metro está lleno, debe ser la hora en que los estudiantes salen de clase, son las 15h30, César Castells piensa en lo que le va a contar a su tutora. Al final las labores de producción, de exploración, como más adelante las calificará ella, son bastante similares en todos los procesos de producción y exposición: trabajas durante un tiempo buscando a los actores adecuados para que en un momento dado muestren lo que saben.

En este caso, el objetivo de César Castells era el de conseguir una muestra de agentes bibliotecarios relevantes a los cuales durante dos días entrevistarlos individualmente para que dieran desde su experiencia y formación la definición de lo que para ellos es la biblioteca tercer lugar y su relación con la participación ciudadana. Si estas entrevistas, en vez de ser grabadas y pasar a formar parte del material de estudio de César Castells para realizar su tesis, se emitiesen en directo, podrían convertirse en un mini-congreso sobre la biblioteca tercer lugar y la participación ciudadana, una visión “montrealina”, o en un Festival Biblioteca Tercer Lugar, con los horarios de cada participante, cada participante una hora para exponer sus ideas. Esto, piensa César Castells, es muy similar a lo que hacía cuando montaba festivales de música. Al final toda experiencia es válida, siempre acaban por aparecer los vasoscomunicantes. Y a César Castells no le pasa solo con esto, también le pasa al preguntarse, ¿para qué aprendí francés?, ¿para qué estudié económicas?, ¿para qué aprendí a escribir teatro y narrativa?, y todas las respuestas le llevan al mismo lugar, para realizar lo mejor posible lo que he venido a hacer estas cuatro semanas en Montreal: una primera misión exploratoria para conocer el sistema bibliotecario de esta ciudad y sus procedimientos, un primer acercamiento y una recopilación de material para seguir trabajando en la definición de la biblioteca del siglo XXI.

César Castells llega al lugar donde han quedado, se pide un capuchino y espera, enfrente de él hay una librería especializada en cómics, cuando llegue su codirectora de tesis, ella le dirá si quiere entrar a visitarla, pero César no quiere entrar a ninguna librería hasta la semana que viene, todas estas semanas precedentes se ha reprimido, ha estado pensando en qué ropa iba a abandonar en Montreal para hacer hueco en su maleta a los libros que sabe que, en cuanto entre en una librería, no va a poder evitar comprar.

César Castells en la cima de la montaña, con todo ese saber adquirido, mira hacia bajo, hacia la pendiente que ahora le va a toca recorrer, con todo ese bagaje encima, con todo ese saber hacer, con todo ese criterio obtenido a base de experimentar, de hacer y fracasar, a base de construir su vida por el caótico método de la prueba y el error, a base de saber que en la mayoría de los casos, la mayoría de las veces, estaba tomando la decisión errónea.

La piedra de la locura. Sacarse la piedra de la locura del lóbulo parietal derecho de su cerebro. Saber por qué es, por qué está aquí, qué le pasó en el inicio de los tiempos para llegar justo hoy aquí.

César Castells, durante esta estancia en Montreal, ha tenido mucho tiempo para interrogarse, para responder a preguntas que hacía tiempo rondaban por su cabeza pero que no era capaz, primero, de identificar, y segundo, de responder. Ahora, César Castells, encima de la montaña, ha podido encontrar respuestas, explicaciones, cuestiones íntimas y sagradas que forman parte de su formación como ser humano, que forman parte del núcleo sagrado al que no debemos cuestionar si no queremos dinamitar el relato vital que nos ha llevado a ser lo que hoy somos. La conclusión a la que ha llegado César Castells es la siguiente, al final no hay culpables, solo circunstancias extremas cuya resolución marcan nuestra personalidad de por vida, que nos hacen ser tal y como vamos a ser. Estas circunstancias pueden ser externas o internas, pero siempre son traumáticas porque golpean directamente a la piedra de la locura, alteran su frágil y azarosa estabilidad, y hacen que cambie de rumbo, o de tamaño o de estado. César Castells ha tenido la suerte, quizás momentánea, de haberse extirpado la piedra de la locura, va a poder llevarla durante un tiempo en la mano, mientras baja la vertiente de la montaña, y más tarde podrá guardarla en un cajón, escondido, de su casa, a la espera de que pase desapercibida, anodina, hasta el final de sus días.

Cuando llega la codirectora de tesis, César Castells le comenta lo serio que se toman en este país la celebración del Halloween, calles y calles ataviadas, para la celebración del día de los muertos (vivientes) por estas latitudes, calaveras, cementerios, lápidas, fantasmas y todo tipo de artefactos terroríficos se acumulan en portales, balcones y jardines: ratas, zombies, guadañas y tumbas etc. También le comenta la parrilla de entrevistas que llevará a cabo el lunes y el miércoles en la biblioteca Mordecai-Richler, con los horarios de cada intervención.

César Castells piensa para sus adentros: Incrustados en el escaparate, Circuit Vermut, Circuit Intercities y ahora, Mini-Congreso (en cerrado) Biblioteca Tercer Lugar. A veces, piensa César Castells, da la sensación, de que hagamos lo que hagamos, siempre acabamos haciendo lo mismo, como si hubiese una fuerza superior que nos dirigiese irremediablemente hacia el lugar donde hemos de estar, sino, se pregunta César Castells a sí mismo, qué fue el germen de Incrustado en el Escaparate sino un laboratorio ciudadano de músicos independientes cuyo objetivo era fundamentalmente el de reivindicarse, existir y tocar en directo. Ciudadanos organizándose para defender sus derechos, músicos, en este caso, luchando por su supervivencia. Laboratorios ciudadanos en estado embrionario.

Evidentemente, César Castells, todo esto lo piensa, no puede expresarlo con palabras, porque, quién podría entenderle, nadie. Así que sigue hablando de lo que sabe que su interlocutora va a considerar como un mensaje válido de comunicación. Estuve hablando, dice César Castells, con una de las bibliotecarias que trabajan en el departamento de remodelación y nueva construcción de bibliotecas. Me sorprendió mucho, dice César Castells, que un ayuntamiento tuviese dos equipos de bibliotecarias específicamente dedicados, uno, a la mejora y modernización de las bibliotecas existentes, y otro, a los proyectos de construcción de nuevas bibliotecas. Más aún me sorprendió que ninguno de los dos equipos para de trabajar, siempre tienen uno o dos proyectos entre manos. También me sorprendió dice César Castells, que en la mayoría de las bibliotecas se presten instrumentos musicales: guitarras, violines, bongos, etc. Que algunas de ellas presten material para la nieve: trineos, raquetas de nieve, crampones etc. Y, una de las cosas que más me sorprendió es que en algunas bibliotecas, especialmente en la biblioteca del Plateau de Montréal, donde trabaja uno de los bibliotecarios más activos de la ciudad, existiera una semilloteca, es decir, que en esa biblioteca se prestan semillas para plantar en los huertos urbanos colectivos o particulares. César Castells siguió hablándole a su codirectora de todo lo que había aprendido durante estas semanas, siguió hablando hasta que notó que la codirectora estaba temblando de frío. El día soleado había dado paso al frió con la caída de la noche. Ella le acompañó a buscar una estafeta de bicicletas y César Castells, ya con más confianza, le dijo, la mayoría de gente que he entrevistado es super joven, entre 30 y 45 años, como mucho, soy un viejo, incluso tú eres más joven que yo. ¿Cómo es posible?, César Castells le dijo que fue una grata sorpresa para él ver que gente tan joven y con un perfil tan dinámico y socialemente comprometido estuviera al cargo de la dirección de las bibliotecas más modernas de la ciudad y de los departamentos bibliotecarios más activos del ayuntamiento. ¿Quién fue la persona que asentó la primera piedra para que el sistema basculara hoy en día hacia esta tendencia?, preguntó César Castells, la codirectora se giró y dijo, durante los años 70, 80 y 90, los bibliotecarios de esta ciudad lucharon a fondo por la biblioteca social, lucharon por una biblioteca que tuviera, por encima de todo, la misión de asistir a las necesidades básicas de los más desfavorecidos, y estas necesidades iban desde enseñarles a leer hasta que sintiesen la biblioteca como un lugar propio donde sentirse seguros y donde poder, desde buscar trabajo, hasta aprender idiomas, o simplemente, encontrar y charlar con personas en su misma situación, y así ayudarse entre ellas.

César Castells se sube a la bici y se despide de su codirectora. De camino tiene mucho sobre lo que reflexionar, al fin y al cabo, esta segunda reunión del día ha ido mucho mejor de lo que tenía previsto. Ahora, solo falta rematar, piensa César Castells, Inaugurar el Mini-Congreso (en cerrado) Biblioteca Tercer Lugar, grabarlo, Clausurarlo, empaquetarlo y estudiarlo, una de vez esté de vuelta en Valencia.

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