Un inmenso e infinito continente #05

Montreal#05

La maratón ciclista de César Castells por la ciudad de Montréal no cesa. Sus medios de locomoción han aumentado: bici, bici eléctrica (va a acabar pagando una buena pasta por no llegar sudado a las reuniones), metro, autobús, uber y taxi. Todo financiado de su bolsillo. Cómo el alojamiento y las dietas. César Castells ha pensado bastante en esta visión tan anglosajona de autofinanciarse la formación, de pedir un préstamo al banco para convertirte en un mejor profesional, invirtiendo en uno mismo para que tus expectativas profesionales aumenten. También ha pensado, este pensamiento surgió después de salir de una de las entrevistas de esta semana, que en la vida es importante poner en marcha los proyectos en el momento y en el lugar adecuado. Es importante que las propuestas que tengas aparezcan justo cuando hay una voluntad política de financiarlas. Por ejemplo aquí, en la década pasada, el ayuntamiento de Montreal financió el viaje de dos bibliotecarias que trabajaban en la dirección de bibliotecas del ayuntamiento y a unos cuantos estudiantes de la EBSI (Escuela de biblioteconomía y ciencias de la información) para que estuvieran dos semanas visitando bibliotecas en Finlandia. O, en el 2006, se financió desde la Asociación de Bibliotecas Públicas de Quebec el viaje a dos de sus miembros para asistir al congreso sobre el futuro de las bibliotecas públicas realizado en Barcelona. Inversión institucional en formación e investigación. Otra planeta en nuestro territorio, mejor pedirle un préstamo al banco que esperar una formación eficaz por parte de la administración pública, piensa César Castells.

Pero este es el tiempo y el lugar en el que le ha tocado vivir a César Castells. Quizás vengan tiempos mejores, tal y como está pasando en el mundo de la música, 10 años montando un movimiento musical desde la base (Inscrustados en el Escaparate, Circuit Vermut —haciendo conciertos al mediodía antes de que nadie se hubiese planteado esta posibilidad— y Circuit Intercities—mezclando artistas locales y foráneos). Sin dinero, sin apoyo institucional, tirando de amistades, contactos, complicidad, creando una red social desde la absoluta carencia presupuestaria, invirtiendo tiempo, ilusión, energía y salud. Pretendiendo crear lo que cualquiera podía comprender que era necesario hacer, si miraba la situación de la escena musical con perspectiva de futuro y con el deseo de crear las bases de una proyección profesional musical real asentada sobre unas buenas bases y cantera. Sin circuito básico no hay circuito profesional de calidad, hay lotería. Esto era lo que pensaba César Castells cuando se dedicaba a montar todos estos saraos. Pensaba en un futuro profesional que no estuviera a la merced del mercado, del neoliberalismo imperante en ese momento (que aún persiste hoy en día). La calidad de la escena catalana actual no se construye más que sobre la inversión pública en una red local, real y financiada de espacios donde l@s músic@s, desde que desean serlo, tienen la posibilidad de intentar ganarse la vida dignamente. Estar en el momento y el sitio adecuado, crear los proyectos cuando el grifo que reparte el dinero público está abierto, cuando la voluntad política esté presente. Darse cabezazos contra la pared mientas esto no suceda. Pero todo esto, como dice Micalet Landete, es agua pasada, lo que hicimos bien hecho está, ahora estamos en otra cosa y, ahora, César Castells vuelve a picar piedra. Este vez en Montréal. En busca de la biblioteca del siglo XXI.

Si pudiéramos ver desde el cielo los recorridos de César Castells por la ciudad de Montréal y algunas ciudades adyacentes, podríamos pensar que está escribiendo un poema de amor a las bibliotecas de la ciudad, a las bibliotecas del mundo. Estos han sido hasta ahora los recorridos realizados en las tres últimas semanas: Biblioteca de Benny, Biblioteca Intercultural de Laval, Biblioteca Mordecai-Richler, entrevista con un bibliotecario de la dirección de bibliotecas de la ciudad de Montréal encargado de los Fablabs, entrevista con la bibliotecaria encargada de la sensibilización en las bibliotecas en la temática de los pueblos autóctonos, entrevista con el bibliotecario de la bibliotecas del Plateau de Mont-Royal para que le indique otras bibliotecas y personas a las que visitar y entrevistar, visita de la biblioteca Du Boisé, visita de la biblioteca de St-Henry, visita de la biblioteca Saul-Bellow, entrevista con la bibliotecaria de la dirección de bibliotecas y jefa del programa de inclusión social y mediación del libro (sí, es uno de los programas estrellas de la dirección de bibliotecas de la ciudad de Montreál), vuelta a Benny a tomar algunas fotos, visita a la biblioteca Marc-Favreau, entrevista con la directora de la Asociación de Bibliotecas Públicas del Quebec (qué necesaria es una asociación específica de bibliotecas públicas en España, piensa César Castells), visita al fablab de la biblioteca multicultural de Montréal, entrevista por ZOOM con el bibliotecario de St-Jérôme, entrevista con la directora del espacio social sin ánimo de lucro Temps-libre, entrevista con Suzanne Payette y Sarah-Ann en la biblioteca de Brossard, entrevista con la recién incorporada bibliotecaria de la biblioteca de Longueuil, y hoy César Castells, tiene un par de entrevistas más, las últimas. Todo un trabajo de exploración bibliotecaria.

A César Castells, además de ir de un lado para otro en busca de la biblioteca del siglo XXI, le ha dado tiempo a hacer algunas cosas más, incluso le ha dado tiempo a que le de un ataque de pánico. Aprender a vivir en soledad, recordar como se vive en soledad, no es tan sencillo en la práctica como en la teoría.

En pareja on en grupo obviamos o esquivamos situaciones que en solitario se convierten en verdaderos dramas, escenas de una película trágica. César Castells no es una excepción ya que como diría Paco Zarzoso, es un héroe tragicómico, y como tal sabe que siempre le va a suceder algo que le recuerde que tiene los pies de barro. El número 13 tatuado en su cuello.

Es sábado o viernes, César Castells, no recuerda, los días solo existen y tienen coordenadas cuando tiene alguna entrevista que realizar o alguna biblioteca que visitar, así que seguramente sea sábado. Lleva demasiado tiempo centrado en el tema bibliotecario y decide ir al cine. En la entrevista de ayer, la mujer a la que entrevistó se despidió diciendo que iba a ver Dune con una amiga. Antes habían hablado de los proyecto de los que elle era jefa y coordinaba en la dirección de bibliotecas del ayuntamiento de Montréal. César Castells tomó nota de algunas de las dossier que ella se encargaba de poner en marcha: lectores de mp3 prestar en las bibliotecas con podcast contando la historia de los barrios narrada por escritor@s de la ciudad, o con recomendaciones de lecturas para jóvenes o sobre la temática de la reconciliación con los pueblos autóctonos. Iniciativas como libros en las calles, en los parques, en las piscinas, en los centros de salud etc. Premios literarios, residencias para creador@s artísticas (uno al año), donde lo que se potencia es la interacción del/la Creador/a con l@s usuari@s de las bibliotecas más que la entrega final de un producto concreto o el proyecto de ayuda bibliotecaria para trabajar por la alfabetización digital. Todo ello, solo el pensar en esta denominación hace que César Castells necesite que le pinchen para ver si está soñando, incluido dentro del programa antes mencionado de inclusión social y mediación del libro de la dirección de bibliotecas de la ciudad de Montreal. No uno, no, millones de años luz.

Qué ha pasado, qué nos ha pasado, se pregunta César Castells. Va a llegar el fin del mundo, el colapso medioambiental y a nosotros nos va a pillar con la casa por barrer. La bibliotecaria se despide diciendo que se va con una amiga a ver Dune. Él está a puntos de decirle que se va con ella, pero le parece descortés, no le parece apropiado y va al cuarto de baño, paga las dos consumiciones y vuelve a su casa. Es viernes pero César Castells se vuelve a su casa, al subsuelo que es su hogar. Coge un bici eléctrica, qué leches, es viernes, pero antes de subirse ve un supermercado, entra se compra un entrecot, carne picada para espaguetis, jamón York ahumado (muy típico por aquí) unas cuantas botellas de Perrier, otras tantes de cerveza, tiene que pensar en si va a poder llevarlo todo en la bici, algo de pan, queso, paga, sale y vuelve a casa haciendo equilibrios en la bicicleta eléctrica.

Roberto Bolaño decía que él no tenía problema a la hora de escribir, si su problema era precisamente el contrario, tenía problemas para parar. Cuando César Castells, ya hace muchos años leyó este comentario, no lo entendió, aún no se había tan seriamente como ahora con la escritura. Pero ahora lo comprende perfectamente. Cuando uno empieza a narrar una vida sabe cuando empieza pero no cuando acaba, cuando tu propia vida se convierte en la narración, la escritura es infinita.

César Castells ha decidido ir a ver la película Dune, irá al día siguiente, mañana. La noche anterior verá algunos capítulos de Seinfield, se acercará al final de la serie de Michael Douglas, con pesar, César Castells, nunca pensó que Michael acabara siendo tan buen compañero de aventuras aventuras para él, y se desvelará a media noche y continuará leyendo el libro de Jon Bilbao, Basilisco. En medio de la noche pegará un grito, ¡no!, ¡no!, no lo hagas, pero Jon lo hizo. Es le problema de tener un criterio, que tener un concepción pensada de cómo deben ser o no los recursos literarios a la hora de contar una historia. La vuelta del vaquero al narrador. No. No. Pero sí, sí, el libro es tan bueno, que César Castells se lo perdona, se lo perdona todo. No hay nada como haber probado en uno mismo ciertos recursos para rechazarlos al ver otros autores los utilizan, pero, claro, César Castells ha pensado mucho en la razón que ha llevado a Jon a meterse en la metaliteratura, en por qué no remató de otra manera el puente hasta la historia final del oeste. Ese puente, ese puente, piensa César Castells, debería haberse construido sobre otros cimientos. Los dos mundos separados del principio eran más reales, aunque es verdad que conforme llega al final, todo se murakamiza un poco. Cavando un agujero en la montaña, buscando su propia cueva, el agujero desde el que inventarlo todo. César Castells acaba el libro y piensa que sin Michael Douglas y Jon Bilbao los días van a ser más complicados.

https://youtu.be/RGGQ27neQxQ Aquí Jon Bilbao de joven, creo.

Y aquí Jon Bilbao de más mayor: https://youtu.be/1yij6D4FPF4

César Castells has estado leyendo otros libros. Ha picado un poco del último libro de Xavier Aliaga, Ja estem morts amor, del último de Mariana Enríquez, Alguien camina sobre tu tumba, de L’épopée du buveur d’eau de John Irving, al que ataca ya desde verano, y finalmente, y del que a la postre de momento se ha convertido en el sucesor del libro de Jon Bilbao: Estoy pensando en dejarlo, de Iain Reid. César Castells, que sigue teniendo insomnio, no sabe ya si debido al jet lag o si este «hábito» ha pasado ya a formar parte de su vida, esté donde esté, sigue aprovechando las horas en vela para leer. Y, aunque le cuesta bastante subraya los pasajes que le parecen interesantes. A continuación vienen algunas citas que César Castells ha seleccionado del libro que ahora está leyendo, Estoy pensando en dejarlo:

Esta es una cita dentro de una cita, ya que son palabras de Yung: «El significado de mi existencia es que la vida me ha formulado una pregunta. O, al contrario, yo mismo soy una pregunta que se formula al mundo y he de comunicar mi respuesta, porque de no hacerlo dependeré de la respuesta que me dé el mundo.»

Otra cita del mismo libro:

… cada vez que rememoramos algo, ese algo cambia. No es absoluto. Los relatos basados en hechos reales suelen tener más de ficción que de realidad. Las ficciones y los relatos se rememoran y se relatan más de una vez. Ambos son relatos. Los relatos son la manera que tenemos de entendernos unos a otros. En cambio la realidad sucede solo una vez.

Y aquí otra:

Lo que perdemos al ir envejeciendo merece la pena, teniendo en cuenta lo que ganamos. Es un intercambio justo.

Y aquí una buena también:

Renunciar a vivir solos e independientes constituye un sacrificio mayor de lo que muchos creemos. Compartir un hábitat, una vida, es sin duda alguna mucho más difícil que vivir solo. De hecho, vivir en pareja parece prácticamente imposible, ¿no? ¿Encontrar una persona con la que pasar toda la vida? ¿Con la que envejecer y con la que cambiarnos de ropa? ¿Verla a diario, reaccionar a sus estados de ánimo y atender a sus necesidades?

Y, finalmente, la que más le gusta a César Castells, la que, como en el libro Un verdor infinito de Benjamin Labatut, apunta que la poesía y el arte llegaron, antes que la ciencia a imágenes tan potentes como: existir en dos lugares al mismo tiempo, existir solo cuando eres observado, o en el caso de la siguiente cita, la toma de conciencia de la futilidad del equilibrio que subyace tras la existencia:

Intentar restablecer un equilibrio crítico es algo sobre lo que he estado reflexionando últimamente en el trabajo. El equilibrio crítico es necesario en todo… Todo est tan… delicado. La alcalosis metabólica, por ejemplo. Un ligerísimo aumento del pH del tejido, que tiene que ver con una pequeña disminución de la concentración de hodrógeno y, sin embargo, resulta vital. Y hay muchas cosas así. Todo posee una fragilidad imposible. Incluso que tú y yo estemos ahora, aquí (esta última frase la ha añadido César Castells a lapiz en su libro).

César Castells finalmente se dormirá, a no ser que tenga que apuntar alguna idea de última hora, se acabará durmiendo. No descansará lo suficiente pero igualmente se levantará a la mañana siguiente, seguramente a las 6h40, o las 7h. Ese sábado, cuando se despierte, pensará que se merece una recompensa por el esfuerzo realizado durante la semana, pensara que sí, se merece ir esta tarde a ver Dune. A las 6h40, en el cinéma du Parc, parada de metro Place de Arts. La semana ha sido dura así que sí, se lo merece, ha ido a Laval, ha vuelto a ir a Benny después de visitar la biblioteca du Boisé y a la bibliotea de St-Henry y la Saul-Bellow. El día que fue a estas dos últimas bibliotecas llovía. Menos mal que para llegar a la primera podía ir en metro, hubiese sido muy complidao ir en bici ese día, llovía bastante. César Castells sabía que ese día estaría todo el día fuera, así que, antes de salir se preparó media barra de pan con mantequilla, queso brie, jamón york ahumado, mostaza y pepinillos. Este tipo de bocadillos los probró por primera vez en París. Tuvo que dejar de consumirlos porque eran un bomba de relojería para su estómago, pero, hoy, necesita energía. Para compensar se lleva también un manzana.

La visita a St-Henry resulta ser más rápida de lo previsto. Tiene suerte de seguir el consejo de la bibliotecaria a la que ha entrevistado. Ir en bicicleta en día tan lluvioso a un lugar tan alejado no parecía un buen plan, así que se sube al bus 191 y sentado en el último asiento se dispone a relajarse la media hora larga de trayecto que le queda hasta llegar a la siguiente biblioteca. Le da tiempo a pensar en el bocadillo que se ha hecho antes de salir, esa bomba calórica que ha de aplacar su hambre hasta que llegue a casa a la hora de cenar. La comida. Saber cocinar está siendo una gran fuente de distracción para él. Y una buena forma de ahorrar. Se ha hecho un caldo de verduras y pollo que ha utilizado para hacerse algún arroz, o ha utilizado como complemento para la sopa de ajo y cebolla a la que se ha aficionado. Un plato que comía a disgusto cuando era un niño y que ahora disfruta con regozijo. Le recuerda a las sopas de pan y malta que desayunaba su abuelo, con cantidad de azúcar. Un calentito de sencilla elaboración la sopa de ajo y cebolla: sofries tantos ajos y cebollas como quieras, hechas el pan, también al gusto, cuando esté frito, si quieres lo sacas, para que esté más duro, si te gusta blando, lo dejas, (si tienes pimentón, añades un poco también), tiras agua, en este caso tiraba caldo, salpimentas, dejas que hierba y, finalmente, justo antes de servirlo, tiras un huevo.

César Castells llega a la biblioteca Saul-Bellow casi una hora antes de la cita. Está lloviendo. Lleva su paraguas. Ese que compró los primeros días, cuando la lluvia los sorprendió por pimera vez, y del que no se arrepiente haber pagado un poco más por una mayor calidad porque, gracias a él, a pesar de la lluvia, va a poder caminar hasta un parque que ha avistado tras la bibliotecas, se ha sentado en el respaldo de uno de los bancos, has sacado su bocadillo parisino, y bajo el paraguas, bocado a bocado, se ha comido la media barra de pan.

Cualquiera que estuviese en su casa teletrabajando en las fincas que rodeaban al parque y que hubiese salido al a terraza para fumarse un pitillo o para que le diera un poco el aire, podría, si hubiese dirigido su mirada la parque, hacer visto a un hombre sentado sobre el respaldo de un banco, como un pajarillo solitario, comiéndose un bocata más gran de lo normal, bajo un paraguas consistente y apropiado para salir con éxito de esa situación.

Aquí dejo una fotos de la biblioteca Saul-Bellow:

César Castells sabe que vostr@s mism@s, al imaginaros todas estas idas y venidas por la ciudad de Montreál de este héroe tragicómico, también pensáis que se merece ir a ver Dune el sabado por la tarde, antes de cenar, al cinéma du Parc. Así que, César Castells sale de casa hacia las 17h. No creáis que sale muy emocinado, cuando uno se obsesiona con algo es difícil sacarle de los carriles y las rutinas que se ha marcado. César Castells es así, un poco obsesivo compulsivo. Se sube al metro y se da cuenta de que está bastante cansado. La noche anterior es la que ha estado leyendo hasta acabarlo el libro de Jon Bilbao. Se ha abrigado bastante ya que hace bastante frío y ha tenido que coger el paraguas por si acaso.

El cinéma du Parc está en un zona centríca. Un zona céntrica con muchas personas sin techo. Al principio no César Castells no es consciente pero acotumbrado a su barrio tranquilo, de repente se ve envuelto en la batalla vital por la subsistencia. Pasa por delante de un comedor social y muchas de las persnas con las que se cruza están son o bien indigentes o bien jóvenes que se van de fiesta.

Ir solo por la vida. No poder cotejar tus miedos a tiempo. Dejarte llevar por tus paranoias. Estar solo en una gran ciudad. Llevar enciam el fardo que todos los habitantes del mundo occidental llevamos sobre nuestras espaldas desde los atentados de las torres gemelas. Más tarde, al día siguiente, o quizás durante la siguiente semana, César Castells se acordará del libro de Sabina Urraca sobre los atentados de Madrid. Pero de momento, ahora, César Castells, entra en el cinema du parc y se dipone a hacer el ridiculo con un café americano ardiento en la mano, sudando debido a sus calzoncillos largos, su camiseta interior para la nieve, su cazadora, su suéter y su abrigo, y orinando en balde antes de entra a ver la peli.

Antes de que empiece la película, el cine se llena. Las sillas no están numeradas, así que la gente siguen entrando buscando sitio con el acomodadro a pesar de que la peli ya ha empezado. Antes de que empiece la Dune, una pareja se sienta al lado de César Castells, que pensaba que en el cine se iban a respetar las distancias de seguridad, y justo antes de qu de se apagune las luces, entra un hombre que se sienta el asiento libre que hay delante de César Castells. Lleva un mochila que deja bajo sus pies. A una mujer que está comiendo palomitas en la fila de al lado se le cae el móvil. El hombre de delante del asiento de César Castells, la avisa de que su móvil está en medio del pasillo. La chica recoje el móvil y da las gracias al hombre. Le hombre se gira y mira a los ojos a César Castells. Extraña vibración.

La película empieza. César Castells empieza a sentir un terrible sopor. Va dándole sorbos al café que, aunque aún caliente, le mantiene despierto. A mitad de la peli, César Castells empieza a luchar no solo contra el sueño sino también con las ganas de ir al lavabo. Están a punto de matar al padre. Está a punto de empezar el ataque. El hombre de delante de César Castells se levanta. Deja la mochila encima del asiento y se va. César Castells lo observa todo con desconfianza. Y, de repente, le asalta un terror absoluto. No puede evitar pensar que aquella mochila está a punto de estallar. Que ese hombre ha salido y la va a detonar desde fuera. César Castells entra en pánico. La batalla ocupad la pantalla. César Castells no puede más, el hombre no vuelve, se levanta, sale a mear al cuarto de baño y ve que el hombre no está. Mientrs mea, un hombre mayor entra en el baño. César Castells sale del baño y balbucea palabras inteligibles al vendedor de palomitas que la final entiende lo que cree que pasa y va al cuarto de baño a comprobar si hay alguien. Vuelve y dice, hay alguien en el baño, debe ser el dueño de la mochila. Una mierda, piesan César Castells, tu has visto al viejo que ha entrado después. César Castells, bloqueado y por un instante no sabe qué hacer. Finalmente dice, a la mierda, entra en la salad, coge sus cosas y se va. Entra en la sala, coge sus cosas y se va. Evita coger el metro. Coge un bici y pedalea lejos de allí. Pedalea atento a las sirenas, a las caras de las personas, a los coches que circulan dirección al cinéma du parc. Sigue pedaleando hasta que llega al barrio por el que más se ha movido todas estas semanas, llega la calle de beaubien. Empieza a tranquilizarse pero no quiere volver a casa. Busca algún restaurante donde hagan ramen. Solo el ramen podrá salvarle. Eso y una buena cerveza. Tras dejar la bicicleta y entrar en varios takeaway japoneses preguntando si hacen ramen, finalmente entra en un restaurante asiático, donde sirven sopa. Le vale. Quiere una sopa, necesita entrar en calor. Que la sangre vuelva a circular por sus venas. Olvidar lo que le ha pasado y retornar a la realidad. Estar solo. Vivir solo en una gran ciudad. Familiarizarse con los barrios, convertirlos en parte de tu rutina diaria, de tu cotidianeidad. Vivir solo en una gran ciudad. En un inmenso e infinito continente.

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