Un inmenso y infinito continente #04

Montréal#04

Esta es la familia de César Castells en Valencia, su lugar habitual de residencia. La presenta porque no hay que olvidar nunca que hay una familia detrás esperando (falta su mujer, claro).

Aún así, César Castells, aquí, ahora, en Montreal, sigue siendo un hombre solitario. Un hombre solitario que recorre en bicicleta la ciudad de Montréal. Sí, es un hombre solitario, no cabe duda, y se está haciendo mayor. Se ha convertido en un ser humano frente a su propia nadedad. Una persona que habla con mucha gente pero que cuando llega a casa està solo. No se queja, para él, esto, ahora, está bien.

Sin embargo en esta aventura no todo está siendo un paseo en barca, no es sencillo, uno solo, producir una investigación de esta dimensión, tan ambiciosa. Este lunes pasado, por ejemplo, tuvo un momento de verdadera crisis y a duras penas logró mantener la calma y evitar el ataque de pánico. César Castells supone que esto es lo que les pasa a las personas que hacen frente a situaciones de extremada complejidad. En su caso la situación no iba más allá de llegar tarde a una cita que tenía concertada a las 13h. Castells piensa que somos nosotros mismos los que determinamos la importancia de los asuntos que llevamos entre manos y para él llegar a tiempo a la biblioteca intercultural de Laval el día 18 de octubre a las 13h era lo más importante del mundo. Por eso, ese día, lo pasó realmente mal. Otras personas, con actividades de vital importancia real, como una operación de corazón, o transportar mercancías en buques cagueros a través de los océanos, verán las azañas de César Castells como ridículas, pero eso no impide que para él, salvar el sistema bibliotecario de su ciudad, sea tan importante como arreglar un corazón a tiempo.

César Castells es un hombre solitario que pedalea en dirección a la biblioteca intercultural de Laval, a unos 17 km de su casa. Ha salido, como el resto de días con el equipo preparado. Ha pasado por el baño, ha mirado el tiempo antes de salir, el cargador extra para el móvil, paraguas, chubasquero de cuerpo entero (por si llueve mucho) etc. Hace relativamente poco, descubrió que puede coger bicicletas públicas eléctricas. En la parada que hay al lado de casa no quedaba nunguna, tuvo que contentarse con una normal y hacer camino. Recorridos 5 km encontró otra estación de servicio donde divisó una bicicleta eléctrica. Sin pensarlo dos veces paró para hacer el cambio. Tenía que hacerlo porque con 11km por delante, sin bicicleta eléctrica, no iba a llegar a tiempo. En cuanto intercambió las bicicletas y se subió en la eléctrica, algo pasó con el flujo de datos en su móvil, de repente, no había forma de saber cómo llegar a su destino. El google maps no se cargaba, y sin datos y sin el google maps no había manera de moverse. Una vez más César Castells, no era la primera vez que le pasaba en su vida, estaba perdido en el espacio tiempo.

Estuvo unos diez minutos, quizás quince, delante de la estafeta de bicicletas esperando recuperar la señal, cuando porfin se dió por vencido eran ya sobre las 12h30, en bicicleta ya no llegaba, dejó la bici y se puso a caminar hacia donde se suponía que estaba la biblioteca intercultural de Laval, llegó a una avenida, no muy lejana, y pensó que podría coger un taxi, pero Montréal es un ciudad extensiva, a saber cuál es el ritual de recogida de pasajeros de los taxis allí. Una mujer con un chiquillo al brazo que había sido más o menos testigo de la crisis en la que empezaba a estar sumido César Castells, se paró en un semáfoto en rojo, César Castells, desde el otro lado de la acera le preguntó, sin apenas poder evitar que la mujer se asustara: ¿sabes si por aquí pasan taxis?. Ella respondió, sorprendida, no suelo coger taxis pero se supone que por esta avenida deberían pasar. Vale, eran las 12h45. Llamó a su cita para decirle que no llegaba pero saltó el contestador. Iba a cruzar en la dirección que iba la chica con el niño pero la reputación de los hombres hoy en día es tan baja que decidió girar a la derecha para que la chica no pensara que la perseguía. Por allí no pasaba ningún taxi. Se le ocurrió descargarse la aplicación de UBER pero, claro, no tenía datos, siguió caminando, no muchos pasos, y alzó la cabeza, hostia, pensó, pero si esto es una biblioteca, todas las biliotecas de Montreal tienen wifi gratuita. César Castells no podía creer en su suerte, aunque más tarde, pensando en ello, no todas, pero muchas de las estafetas de bici están al lado de una biblioteca. En este caso la biblioteca pública Le Prevost, en la avenida Cristoph Colomb, la del exterminador, la del otro día. Descargó la aplicación de UBER, se registró, pidió un coche, y una vez dentro y en dirección a Laval, llamó a su cita para decirle que llegaba tarde.

A continuación dejo algunas fotos de la biblioteca de Laval.

En la biblioteca Intercultural de Laval habló de bastantes cosas interesantes con su interlocutor. Volvieron a surgir conceptos como lazos comunitarios, pasión por las personas, actividades de mediación, actividades dentro de la comunidad, participación de impacto, relación entre estudios universitarios y bibliotecas públicas para crear empleo y un equilibrio entre la oferta y la demanda (los estudios de biblioteconomía tienen una alta tasa de ocupación laboral al final de la carrera aquí en Montréal), el reto de la interculturalidad, la existencia de un presupuesto para la población vulnerable o la restructuración de la biblioteca por necesidades.

César Castells salió sobre las 15h45 de la entrevista. Antes de salir hizo unas cuantas fotos. Una de ellas conmemorando la visita que realizó en el verano del 2018 y que ha sido su tarjeta de presentación bibliotecaria durante los últimos años. El tiempo no ha pasado en balde, pero, en estos momentos, en la puerta de la biblioteca intercultural de Laval, a César Castells no le importa el paso del tiempo, lo que realmente le importa es cómo diablos va a volver al centro de Montréal, y si llegará a tiempo para su siguiente cita, en el café La Brassée, en la rue Beaubien. Así que, aprovechando la wifi gratis de la biblioteca, César Castells prepara el trayecto de vuelta. El google maps con su destino predeterminado y la aplicación para desenganchar la bici a punto. Todo iba bien hasta que se puso a llover. Hasta esa tarde el tiempo, aunque a veces lluvioso, había sido relativamente suave, la lluvia ahora, aunque fina, caía helada, y el viento, cortante. César Castells, no tenía más alternativa que seguir pedaleando. Se había propuesto no parar a no ser que arreciera la lluvia con más fuerza. Trabajar por el método de prueba y error tiene un coste. Esta vez, además de no llevar guantes, se dejó en casa los que había comprado en su anterior crisis climática y no ir suficientemente abrigado, no pensó en coger los cascos para oir las indicaciones del google maps sin tener que parar, cada dos por tres, para mirar la pantalla, mientras llovía.

César Castells, en su bicicleta eléctrica tenía la sensación de que nunca llegaría a la isla de Montreal. Tenía que cruzar un puente para volver. También tenía la sensación, la tendría en los días venideros, de que estaba recorriendo con su bicicleta eléctrica pública, trayectos que nunca antes habían sido transitados por los habitantes de aquellas casas y pueblos que veía pasar. Cruzó finalmente el río y pedaleó durante un tiempo por su orilla. Había dejado de llover hacía un rato. De no haber hecho tanto frío se habría parado, sentado sobre alguna de las tumbonas de madera que habían allí dispuestas como elementos de mobiliario casual que invitaban a tomarse una pausa. César Castells, continuó pedaleando, no quería jugar con su suerte, milagrosamente, sus datos se habían desbloqueado. El google maps se cargaba con normalidad. Más tarde comprobaría que no había pasado nada especial con los datos, los tenía suficientes para todo el mes, eso sí, contratado el suministro en modo pausado, lento. Llegó por fin a la Avenida Cristoph Colomb, tierra conocida.

La avenida Cristoph-Colomb es larga y para llegar hasta el café la Brassée, César Castells aún tiene que pedalear 6,6 km. Tiene tiempo por delante para pensar, ya no necesita estar pendiente del google maps, empieza a conocer el territorio. Conocer un territorio, hacerse un mapa del lugar en el que uno empieza a habitar, desde cero. Tener la oportunidad de construir ese mapa, un nuevo mapa.

El sábado pasado, César Castells, cogió por primera vez el metro en la ciudad de Montreál. Volvió a quedar con su amiga bibliotecaria. Ella tiene un proyecto muy interesante de biblioteca tercer espacio y educación para el medioabiente. Mientras caminaban por las callejuelas verdes, comentando la iniciativa ciudadana del barrio de Ville Marie, donde además de haber instalado un invernadero y un espacio para dar charlas y talleres –ella se preguntaba por qué aquellas actividades no formaban parte de las actividades propuestas por la biblioteca, por qué existían en paralelo en lugar de ir cogidas de la mano–, tenían un proyecto de recuparción de los riachuelos sepultados por la construcción de las calles, ella le explicaba los entresijos y la base filosófica de su proyecto.

El plan era ir andando hasta las BAnQ, donde ella tenía que recoger un libro que había reservado. Llegaron tarde y habían andado en dirección contrario a casa de César Castells. Llovía y no era plan de volver andando, casi 8 km. Elle le dijo, ¿cogemos el metro, no?, él asintió y le explicó que no tenía billete y que le ayudase a sacarse uno de diez viajes.

El metro resultó dejar a César Castells relativamente cerca de su casa. A unos 3 km. Cuando llego a la parada Pie IX, a pesar de la fina lluvia que caía, cogió una bici eléctrica, pedaleó hasta un puesto de sushi que había localizado en una caminata el fin de semana pasado y se compró la cena de esa noche. Antes de que la tuvieran preparada tuvo tiempo para entrar en una especie de ultramanarinos que había al lado, aquí suelen haber muchos establecimiento de este tipo, donde puedes comprar comida y bebida. Preguntó si podía comprar una cerveza y bebérsela fuera. El dependiente le dijo que no había problema. Así que esperó bajo la lluvia, protegido por su paraguas, a que le avisaran, cuando estuviera listo su pedido de sushi, mientras se bebía la primera cerveza del día. El primer trago fue como un milagro.

César Castells le pega el primer trago a esa cerveza que le va a hacer compañía durante los próximos 15 minutos. Desde que ha llegado a Montreal tiene una sensación extraña, una sensación que no experimentaba desde hacía mucho tiempo, cuando de joven, a los 18 años, empezó a visitar a un amigo en París. Se estaba enamorando de esta ciudad. ¿Te puede enamorar de una ciudad?, sí, pensó César Castells, te puedes enamorar de una ciudad.

París, para César Castells, fue su gran amor de juventud. Año tras año durante los años 90s y hasta aproximadamente el 2005, no dejó de visitarla. París era su ciudad. Intentó irse a estudiar allí pero no hubo manera de encontrar el puente. Se tuvo que conformar con esos viajes de estancias cortas, principalmente en verano, para recorrer una ciudad en la que se sentía como pez en el agua: librerías, música en directo, teatro, cine y amistad. Mientras apuraba la cerveza, César Castells pensó que quizás, sin quererlo, hubiese llegado el momento de enamorarse de una nueva ciudad: Montréal.

Pero ahora mismo, César Castells está pedaleando por la avenida Cristph-Colomb, el exterminador, y hay varias ideas que le están dando vueltas por la cabeza desde que llegó, ideas que se entremezclan, como la de recordar París estando en Montréal, que vienen, que van, pero que César Castells sabe que no cesarán de demandar atención hasta que las plasme por escrito. Una de estas ideas es el magma sobre el que reposa todo este viaje de investigación: la necesidad de un respaldo filosófico-político-social anclado en la participación ciudadana para darle sentido a los contenidos, actividades, usos, espacio y mobiliario de una biblioteca. Lazos con la comunidad de los que deben surgir las programaciones y la cobertura de sus necesidades. Y estos es así ya que con presupuesto se puede programar para la comunidad sin contar con su participación, pero en el siglo XXI, un siglo saturado de propuestas para la comunidad sin contar con la comunidad –queremos consumidores, no ciudadanos–, la sociedad civil, y la legitimación de la existencia de las bibliotecas en particular y de los servicios público-sociales de las administraciones públicas en general, están pidiendo, si queremos que las iniciativas perduren en el tiempo, se arraiguen en nuestro comportamiento ciudadano, y construyan capital social, algo más: que la relación jerárquica entre administración y sociedad civil pase de ser de arriba a abajo, a ser de tú a tú. Y la comunidad, hoy en día, mediante acciones propias, está lanzando un mensaje muy concreto: si vosotros no os movéis, nos moveremos nosotras.

César Castells llega por fin al café La Brasée y aparca la bicicleta. Cuando mañana por la mañana compruebe los recorridos tomará concienca de que cada trayeco en bicicleta eléctrica les cuesta al menos 4 dolares. A partir de ese momento solo la cogerá en situaciones de larguísimo trayecto, o cansancio insostenible.

Ha llegado con unos 45 minutos de adelante. Tiempo que César Castells aprovecha para reponerse, entar en calor, tomar un capuchino y cerrar las visitas que realizará el resto de la semana.

Esa noche César Castells cenará en el restaurante italiano que hay justo al lado del café, cenará pronto, como es costumbre aquí, sobre las 19h, se comerá unos entrantes, que compartirá con Ismaël y con la bibliotecaria que acaba de entrevistar y con quien tenía cita en el café, una pizza del día y se tomará un café que a pesar de que en Valencia no le afectan para dormir, aquí en Montréal, multiplicará el efecto del jet lag impidiéndoles dormirse en toda la noche.

La bibliotecaria a la que César Castells ha entrevistado antes de cenar trabaja en la Direction des bibliothèques. No será la única persona que entreviste, que trabaje en esta dirección dependiente de la alcaldía de la ciudad de Montreal.

Ella trabaja en el programa, atención al nombre, Programa de inclusión social y mediación del libro. Ella se encarga especialmente del «Dossier»autochtone, mediante el cual pone en marcha toda una serie de actividades, que ofrece a las bibliotecas de la ciudad de Montréal, para la defensa y el respeto hacia los primeros pobladores de estas tierras. Y, atención, es bibliotecaria, eso sí, dentro de un sistema bibliotecario con una acepción amplia de sus funciones y definición.

Cesar Catells cenó muy bien, y muy bien acompañado, aunque no pudiera dormir en toda la noche. Al día siguiente…

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