Vamos a necesitar mucho amor

Vamos a necesitar mucho amor para volver a ser nosotros mismos.

Suena el despertador a las 6h40, no recuerdo haberme despertado tan temprano tantas semanas seguidas en mi vida. Mi hijo ha empezado el instituto y ha de estar a las 7h40 en València para ir andando con sus amigos hasta allí.

La rutina es siempre la misma, me levanto, bajo, preparo la cafetera, saco el pan para que se descongele, me tomo los probióticos, me meto en el baño, despierto al “niño” (o al niño y la niña), preparo los bocatas, nos metemos en el coche, pongo Radio3, arranco el coche y conduzco hasta la autovía.

(no sé cuánto tiempo dejarán que esté aquí colgado el vídeo de Sufjan & Angelo, pero, por si desaparece, aquí va el título de la canción que han compuesto juntos: Back to Oz)

Nadie, hoy en día, se sorprenderá si digo que mantener una relación de pareja (sea cual sea el género de las partes) es una actividad de alto riesgo, donde entran en juego las dotes que cada cual tenga como malabarista, equilibrista y encajador/a de bolillos y/o de golpes (saber perder, saber ganar). Una vez más, si estamos vivos es de puro milagro, a las parejas, también les pasa. A las costuras de un relación de pareja se las pone a prueba cada día. Vamos a necesitar mucho amor para volver a ser nosotros mismos.

Vale ya de rodeos, este libro va de una crisis de pareja (entre otras muchas cosas)

Desde que vivimos en las afueras de Valencia, mi percepción del mundo ha cambiado. Esto se ha producido porque abandonar el centro de la ciudad ha ampliado mi perspectiva con respecto al modo de vida de esta sociedad.

Muchas personas vivimos con cierta coherencia gracias a un truco que en economía se llama Ceteris Paribus, es decir, crear un modelo a partir de la selección predeterminada de una serie de variables (espero haber recordado bien la definición, hace mucho tiempo que estudié la carrera). En nuestra vida coherente el truco consiste en no contemplar algunas variables, que a la postre serían determinantes para entender nuestra impotencia y/o frustración ante situaciones que creemos que deberían funcionar de otra manera, en el caso de que seas de esas personas que buscan explicaciones a todo, claro. Según mi hija, yo soy de ese tipo de personas: Papá, ¿por qué inventas historias de todo? Me decía subida a la bici, protegida por un impermeable amarillo que le había dado mi madre. La lluvia nos pilló durante el camino de vuelta a casa, solo admitió volver en bici cuando mi madre sacó el chubasquero. No quería mojarse. Sin movimiento no hay aventuras, le dije, y sin aventuras ni hay historias ni entendemos el mundo en el que vivimos, le dije. El paseo no acabó del todo bien, es difícil coordinar los deseos de lo que los padres queremos para nuestros hijos con lo que los hijos realmente desean, pero esta, es otra historia.

Aquí va la foto de la peli Historia de un matrimonio. En esta peli todo va de mal en peor hasta que al final parece que todo va bien, o por lo menos mejor, porque ella logra hacerse oír y encontrar su lugar (con otra persona) logrando deshacerse del COMPROMISO y del amor para ser libre y ella misma.

Nunca he sido de esas personas que creen en el amor romántico, las relaciones de juventud que apuntaban hacia ese fin se chocaron estrepitosamente contra el muro de los finales de verano y nunca tuve la oportunidad de construir mi vida de pareja sobre una utopía. Desde muy pronto tuve presente la complejidad de este tipo de relaciones, por eso, creo, no tomé una decisión determinante hasta pasados los 35 años. Un decisión determinante no significa únicamente estar enamorado, significa fundamentalmente estar preparado para EL COMPROMISO.

EL COMPROMISO es lo que en el pasado se llamaba pasar por el altar. Ahora no hace falta firmar nada físico, pero para construir cualquier pareja, EL COMPROMISO debe existir.

El COMPROMISO es el enemigo a batir si te quieres separar de alguien, lo tienes que bombardear, hay muchas maneras. Desde acciones muy pequeñas, casi invisibles que lo destrozan sin darte cuenta (o sí) hasta que solo queda la carcasa de lo que fue una relación de pareja, hasta los ataques con armas de destrucción masiva.

Lo sé, esta foto es horrible, pero algo así es lo que veo cada mañana antes de dejar al “niño” en el semáforo para que vaya andando con sus amigos hasta el instituto.

Vivir en las afueras, para un urbanita como yo, como comento más arriba, ha sido revelador. Si vives en el centro de Valencia, no entiendes por qué los teatros, los conciertos, las actividades culturales, no están llenos de gente, no entiendes por qué razón es tan difícil vender el vinilo que acabas de sacar (sí acabo de reeditar mi disco Un Immens i Infinit Continent en Vinilo porque el lanzamiento me pilló en plena pandemia…), no entiendes por qué la cultura no es uno de los grandes motores de nuestra economía. Ceteris Paribus, no lo entendemos porque no queremos. Solo queremos ver lo que nos interesa, queremos construir el modelo a partir de las variables que son cómodas, si no, no llegaríamos a las conclusiones que nos permitirían vivir con coherencia.

Esta es la portada del vinilo del disco Un immens i infinit continent, lo he reeditado porque la pandemia me pilló en pleno lanzamiento, aún os podéis hacer con una copia, si ticas sobre las imagen vas al bandcamp, donde puedes comprarlo, !ah¡, el diseño es de Virginia Lorente.

Acuerdos, compromisos, negociaciones, muchas negociaciones, las obligaciones como plazas fortificadas desde donde defender los límites de nuestra vida privada dentro de la familia, si esto es posible, de nuestra soledad, de nuestra individualidad, de nuestra carrera profesional, en definitiva del yo individuo.

EL COMPROMISO. Joder, qué palabrota más grande, pesada, heavy, cualquiera tendría la tentación de huir ante tremendo palabro. Si no fuera así, separarse no sería un proceso tan complejo, doloroso y tortuoso. Las raíces del compromiso son mucho más profundas que las erupciones volcánicas que surgen de una disputa, desencuentro o riña. Para arrancar esas raíces se necesita un pequeño cataclismo que dejará un enorme cráter en nuestras vidas. Y, ¿quién quiere pequeños cataclismos en su vida cuando la rutina doméstica de por sí ya nos tiene contra las cuerdas?

EL COMPROMISO & LA RESIGNACIÓN en el siglo XXI. (Todo auto impuesto, lo cual es una novedad).

La rutina, la administración doméstica, la resolución constante, continua, diaria e infinita de problemas cotidianos de baja, media, alta e incontrolable intensidad. Crear un equipo. Ser un equipo de dos. Tener suerte en la elección de tu compañero/a de equipo. Vivir en libertad comprometida, entender la complementariedad y necesidad del resto para fortalecer el equipo. Ser un equipo de muchas personas con un núcleo de dos (no sé lo que digo).

Vamos a necesitar mucho amor par volver a ser nosotros mismos.

Aquí va la foto de la peli de Cesc Gay, sentimental, en ella también se habla de una pareja en crisis (“clásica” y desesperada) y otra del siglo XXI (muy feliz).

Volvamos al principio. Al amor. A Sufjan & Angelo y su canción: Back To OZ (cuando la busqué en Google al llegar al trabajo creí haber oído Back to us, de ahí el subtítulo de esta entrada). Entramos en el coche, mi hijo se sienta en el asiento del copiloto. La radio encendida, es aún de noche, claro, son las 7:10 de la mañana, el locutor habla, Ángel Carmona, aunque podría ser Gustavo Iglesias, siempre los confundo, las ochooooooooo, pero, no, hoy es Ángel Carmona quien pincha, antes de entrar en la autovía, una canción que desde el primer acorde me atrapa, nos atrapa. Entramos en la autovía, mi hijo está callado, yo también, la canción es tan bonita que subo el volumen, y aquello se convierte en un videoclip musical, en un trozo de una película que marcará el resto de mi vida. Adelantamos vehículos de todo tamaño y dimensión, la luz por el horizonte empieza a nacer, los coches ponen intermitentes al sobrepasarnos, la música nos acompaña, nos guía, nos hará mejores y nos mostrará el camino del amor.

La canción acaba. El subidón es máximo. Más tarde, cuando esté en el curro le enviaré unos cuantos mensajes a Sanschess para contarle que por fin he encontrado la canción de Sufjan hecha a mi medida. Pero ahora, en el coche, voy flotando, vamos flotando. Si digo que este viaje sucedió dos veces, a la misma hora, y que produjo el mismo efecto, no os lo creeríais, pero fue así, Ángel Carmona puso la misma canción dos veces a la misma hora con dos semanas de diferencia, y yo viví, vivimos, la experiencia por segunda vez con idéntico efecto: volver a ser nosotros mismos cabalgando a lomos del AMOR.

(Voy a poner otra vez el vídeo porque vale la pena que volváis a escuchar la canción para que podáis rememorar como yo ese momento místico mágico filial)

Vamos a necesitar mucho amor para volver a ser nosotros mismos. Y para aterrizar de tan tremendo subidón. Porque lo que sigue a continuación no es tan bonito, es tan feo como la imagen fea que hay más arriba. Pero eso es otra historia, aunque como dice mi hija (¿Papá, por qué siempre te estás inventando historias?), seguro que acabo contándola. De hecho ya estoy pensando en ella: Sal del coche y ves a pie / Vacía las autovías / Comparte tu vehículo / Un carril más no es la solución (Acciones humanas comunitarias de salvación de La Tierra). Vamos a necesitar mucho amor, mucho, mucho amor; mucho, mucho, mucho amor; mucho, mucho, mucho, mucho amor para salvar La Tierra y dejarles un lugar donde poder vivir a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, y a los hijos de los hijos de nuestros hijos…

3 respuestas to “Vamos a necesitar mucho amor”

  1. Ana Linares Ruiz Says:

    Néstor, Néstor!!!!! Es precioso lo que has escrito. Estoy ahora mismo desconcertada y a la vez triste y alegre. Triste por verme reflejada y alegre porque si que es verdad que me das con tus palabras un empujoncito y ganas de luchar. Y si Necesitamos mucho amor.

    Cuanto me alegro de haberte conocido!!!! Ana Mis besosss y mis abrazos son para ti.

  2. yolanda Says:

    Hoy un amigo común me reenviaba tu articulo, inmediatamente le contesto sin pensar como lo hago en este canal… porque el peligro de lo espontaneo tiene su que, como pasear en bici bajo la lluvia sin chubasquero.

    leo vamos a necesitar mucho amor y siento tan brutal identificación con su pensar , mi sentir es el mismo cada mañana vaya o no vaya a la oficina, sea laborable o festivo, ya te lo decía anoche…. me aburre el mundo, no me gusta lo que ofrece, y no me puedo bajar de este tren porque aun fuera lo suficientemente valiente como para abandonar este modo de vida -sistema convencional  e irme a plantar tomates a una isla como mil y una veces me gusta decir, estoy segura de que con lo que se ahora, tampoco allí hallaría el sosiego.
    Yol.

    • nestormirplanells Says:

      Hola, Yolanda, gracias por tu comentario. Como dice un amigo, somos muchos los que estamos parados en el mismo atasco. Muy pocos encuentran la manera de salir de él. Si fuera fácil, no existirían los atascos. De eso habla esta entrada. Antes de escribirla estaba leyendo Un verdor terrible, de Benjamín Labatut, el primer capítulo, Azul de Prusia, acaba así: “Entre las pocas cosas que Fritz Haber tenía consigo al morir hallaron una carta escrita a su mujer. En ella, Haber le confiesa que siente una culpa insoportable; pero no por el rol que jugó en la muerte de tantos seres humanos, directa o indirectamente, sino porque su método para extraer nitrógeno del aire había alterado de tal forma el equilibrio natural del planeta que él temía que el futuro de este mundo no pertenecería al ser humanos sino a las plantas; ya que bastaría que la población mundial disminuyera a un nivel premoderno durante tan solo un par de décadas para que ellas fueran libres de crecer sin freno, aprovechando el exceso de nutrientes que la humanidad les había legado para esparcirse sobre la faz de la tierra hasta cubrirla por completo, ahogando todas las formas de vida bajo un verdor terrible.

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