Bibliotecas para la ciudadanía /La ciudadanía en las bibliotecas.

43B87445-EBDC-4944-9504-54C3351C73BE

Si algo “positivo” pueden tener las crisis es que son un buen momento para realizar un ejercicio de autocrítica y evaluar todo aquello para lo que no hemos estado preparados, todo aquello que hemos dejado de lado priorizando necesidades o bien por la inercia de la seguridad, la del transatlántico que navega a pesar de las muchas vías de agua que se le van abriendo durante su ya largo trayecto, o bien por ser incapaces, sin crisis, de salir de nuestra zona de confort. Por muy ineficiente que ésta sea.

La metáfora del transatlántico viene que ni pintada en este momento, digamos que la crisis del coronavirus ha puesto una sexta marcha en el cuestionamiento de la utilidad y la función de las bibliotecas y la primera medida que se tomó ante la cuarentena fue la de cerrarlas.

No importa, no importa que las bibliotecas hayan echado el cierre y hayan tenido que a toda prisa improvisar un plan de acción digital. Esta entrada no es para hacer leña del árbol caído, todo lo contrario, como siempre, el espíritu crítico, que no decaiga, que sirva para ponernos la pilas, para abrir nuestras mentes para mirar más allá, más allá de lo físico, en este caso, adentrarnos en los posibles usos y servicios virtuales de las bibliotecas. La próxima crisis ya no nos pillará en cueros.

Pero no es solo la cuestión del servicio virtual, y su carencia, lo que ha puesto de relieve esta crisis. No.

No vamos a decir nada nuevo si comentamos que urge un plan bibliotecario, urge una nueva ley bibliotecaria, urge un nuevo espíritu bibliotecario porque urge una nueva legitimación de la función bibliotecaria. Una legitimación política bibliotecaria que vaya más allá de la animación lectora.

Estos días hemos sido testigos de que el ser humano, en situaciones límite, vuelve a las cavernas, la parte graciosa, hasta el momento, del asunto, ha sido la broma del papel higiénico, la menos graciosa, que por momentos, el acopio de existencias hacía entrever la falta de solidaridad ciudadana, la falta de comunicación ciudadana, de cohesión.

Esta situación, que se intuye en los momentos de “bonanza” —en el sistema capitalista, los supuestos momentos de bonanza suponen una bajada por la escalera que lleva hacia la supresión de servicios sociales y la desconexión ciudadana—, dan miedo en los momentos de crisis y nos hacen pensar en el “Y si”. Ninguno de nosotros quiere pensar en el “Y si”, porque en particular uno de ellos da bastante miedo: “Y si no salimos de ésta”.

 

6A7E5AC9-9324-4922-B707-5A84BC48FA60

Las personas vinculadas con posicionamientos reaccionarios darán explicaciones peregrinas como justificar una cacerolada porque el vicepresidente del Gobierno no haya respetado la cuarentena. Son capaces de inventar muchas otras razones, a cada cual más tóxica, entre las cuales se puede incluir, ésta menos visceral, pero no por ello menos reaccionaria: que el sistema ha fallado por no tener implantado un sistema de recogida y gestión de datos 5G autoritaria, de no haber convertido aún, la sociedad de la información, en la sociedad del control y el miedo.

Tenemos, por desgracia, gobernantes a los que se les hace la boca agua cuando piensan en un escenario donde aparezcan por fin la restricción de libertades personales. Y no hablo en este momento del Estado Español, hemos tenido mucha suerte de que el estado de Alarma se haya declarado bajo el mandato de un gobierno progresista, un estado de Alarma con el ejército en las calles bajo el gobierno de una alianza entre Casado, Albert Rivera y Abascal hubiese sido una regresión y hubiese dado mucho miedo.

En el artículo de Bruno-Chul Han, La emergencia viral y el mundo de mañana (1), publicado en El País, el 22 de marzo de 2020, se hace referencia a situaciones tales como que los ciudadanos son valorados por puntos en relación con lo críticos o no que son con el gobierno. Si lo son, tienen menos puntos y pierden privilegios. También habla de drones que, según tu conducta, que está controlada por la información que dan los móviles y las cámaras instaladas en cada esquina, autopista y carretera, te puede imprimir y lanzar una multa.

El control de la pandemia en China nos ha abierto la puerta al abismo occidental, ese abismo del que nos libramos de milagro tras la Segunda Guerra Mundial y que no era otro que el de vivir bajo sistemas autoritarios que controlasen y adoctrinasen a la ciudadanía.

En occidente, el pueblo es soberano. La ciudadanía se construye desde los individuos para los individuos y el control y la gestión de los datos personales está sujeta a una estricta legislación. Ni el estado ni ninguna empresa privada puede utilizar esta información en su beneficio. ¿Es esto, hoy en día, una desventaja comparativa, no solo económica, sino, más importante aún, político-social, frente a las democracias autoritorias asiáticas?

¿Qué creéis que pensarán Trump, Putin, Bolsonaro, Marine Lepen, Casado o Abascal? ¿Qué pensáis que creen que deben hacer? Ninguna idea que se me ocurre es buena. Ninguna que tenga que ver con la soberanía del pueblo, la libertad ciudadana y la iniciativa política de la comunidad.

La tentación de la dictablanda está ahí, cada vez más amenazante. Por desgracia, esto es algo que entraba entre las posibilidades del “Y si”.

5FCAC8F8-9407-492C-BB83-18574B31A726

El capitalismo, en este sentido, ha sido una herramienta muy eficaz, un instrumento que ha ido allanando el camino, socabando instituciones y servicios públicos. Hemos dejado en manos del mercado, de los centros comerciales, la educación de nuestros hijos, nuestra propia educación, a cambio de unos beneficios materiales que nos están llevando, no solo a la destrucción del planeta, sino también a la destrucción de nuestra propia concepción de ser humano individual.

Si el mercado se ha permitido el lujo de desprestigiar y frivolizar servicios tan básicos como el médico, qué no habrá sido capaz de hacer frente al sistema educativo o, para el caso que nos ocupa, el bibliotecario.

El sistema bibliotecario, eje vertebrador de la difusión del conocimiento en otros tiempos, ha caído en la más completa prescinbilidad. En la mayoría de los casos, en cuanto fue declarada el estado de Alarma, se procedió a su cierre. Sin más. Ya no eran útiles. En una situación de emergencia, las bibliotecas dejaron de ser útiles.

Sí, en los últimos días se han sacado una batería de medidas de urgencia, servicios digitales que estaban fuera de juego hasta la fecha y con los que se intentará paliar la evidencia de que el transatlántico se hunde.

Y se hunde, no solo porque hemos estado mirando abobados como la revolución tecnológica se afianzaba ante nuestros ojos como si fuera una pandemia lejana que jamás llegaría a nuestras tierras, sino también porque no hemos sabido redefinir la función política de la biblioteca en nuestra sociedad.

Sí, fue muy importante la animación lectora cuando había que alfabetizar a la población pero, esto ya no basta.

Y aquí volvemos al “Y si”. Y si hubiésemos prestado una mejor y más eficiente atención a nuestro sistema bibliotecario, y si hubiésemos sido capaces de pensar en el potencial social del sistema bibliotecario. Del potencial de convertir el sistema bibliotecario y su bibliotecas en puntos de formación ciudadana, donde se enseñase a tener una actitud cívica frente a las necesidades sociales, donde se potenciase la cohesión social, la participación y se atendiese a las necesidades de la comunidad. Pero el “Y si”, ahora, no sirve de nada, no podemos recrearnos en el fracaso de las decisiones correctas que no se tomaron en el pasado (este no es un problema solo del sistema bibliotecario). No podemos ahora rasgarnos las vestiduras por haber desabastecido las instituciones vitales para la salud social, por que sí, las bibliotecas, entre otras muchas cosas, son hospitales para la mente, laboratorios para la creatividad y fábricas de pensamientos. Y ahora, nosotros, los ciudadanos, las necesitamos más que nunca.

 

D0F048BB-3D8E-44BC-B7D4-FACB61DD0E58El principio de la larga noche.

La lucha de la ciudadanía contra las dictablandas necesita bibliotecas fuertes. Bibliotecas fuertes para los ciudadanos, bibliotecas hechas por y para la comunidad. Bibliotecas donde se hagan grandes preguntas como: ¿Qué es ser ciudadano y qué implica serlo? Lugares donde se explique la importancia del respeto mutuo, la cohesión social y la solidaridad, y no solo en momentos de crisis.

Las bibliotecas de hoy han de saber explicar al ciudadano que además de la responsabilidad mercantil que tienen, por obligación, con el sistema capitalista en el que vivimos, ha de asumir, para corregirlo, una responsabilidad social. Son las bibliotecas lugares desde donde se podrá enseñar a la gente a gestionar su tiempo y su dinero en beneficio de la comunidad, sin estar pensando siempre en que el estado protector estará ahí para solucionarlo todo. Las bibliotecas han de ayudar a dar voz a la comunidad, han de ayudar a que la sociedad civil se haga oír y deje de ser considerada únicamente como un conjunto de meros consumidores o proveedores de datos—que más adelante servirán para hacer a dicha comunidad más adicta al consumo— para ser controlados.  Podremos así pensar en una formación de la ciudadanía por y para la comunidad apoyada en el sistema bibliotecario que permitirá tomar grandes decisiones sobre nuestro estilo de vida. Estas decisiones abarcarán desde el tipo de ciudad en la que queremos vivir hasta el sistema educativo que creemos que debemos defender para protegernos de las amenazas que se ciernen sobre nosotros, pasando por la reivindicación del parón energético, cada cierto tiempo, de la economía mundial, para preservar el medio ambiente y nuestra salud.

No es para nada descabellado pensar que las bibliotecas, el sistema bibliotecario, puede ser el eje vertebrador sobre el que se asiente la nueva ciudadanía que necesita la nueva sociedad en la que vamos a amanecer en cuanto salgamos de la crisis.

Porque, si salimos de ésta, tendremos que elegir entre la renuncia impuesta a nuestras libertades personales por gobiernos totalitarios o dar un paso adelante como ciudadanos y tomar conciencia personal de la implicación que cada uno de nosotros hemos de asumir para garantizar la cohesión, la solidaridad y la comunicación social. Solo una ciudadanía fuerte podrá hacer frente a las crisis económico-político-sociales y medioambientales que se avecinan, solo una ciudadanía fuerte capaz de dar por la sociedad tanto de lo que le exige a ella será capaz de hacer frente a los negros nubarrones que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Empecemos a forjar a los nuevos ciudadanos desde las bibliotecas, en cuanto salgamos a la calle, tomemos las riendas de nuestro futuro desde el minuto 0.

 

Leer además:

(1)

¿Esto nos está pasando realmente? de Santiago Alba Rico publicado en el diario.es el 17/03/2020
Conversación entre Alessandro Baricco y Jorge Carrión por Laura Fernández en El País 17/03/2020
Así habló Kai-Fu Lee: ‘Superpotencias de la inteligencia artificial’, una profecía del nuevo orden mundial por Eduardo Almiñana en ValenciaPlaza 23/03/2020
 La biblioteca pública tras la pandemia de coronavirus por Evelio en El blog Biblioteconomía de guerrilla el 20/03/2020

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: