Héctor Arnau contra Roger Federer

Un sábado sí un sábado no, acompaño a mi hija a clases de tenis. Como no me gusta estar parado he acabado por apuntarme yo también y aunque siempre he sido más de frontón he querido probar para conocer mejor este juego.

No es que no lo haya practicado nunca, mi primer hijo nació la noche que Del Potro ganó a Roger Federer el Open USA en el 2009, eran más o menos las 2h de la mañana cuando acabó el partido, media hora después mi mujer se ponía de parto.

Esa noche no dormí.

Desde entonces he jugado al tenis al menos un par de veces al año. Normalmente con gente que como yo no tiene ni idea de jugar al tenis.

Las partidas entre malos jugadores son tediosas pero hay algo en ese juego que me tiene enganchado desde el 2009. Su estética, su marco psipolíticofilosófico. Roger Federer perdiendo a pesar de dar todos los golpes con la posición continental de la raqueta, incluso el revés. La perfección técnica.

roger federer

A Héctor Arnau lo conozco desde el principio. Forma parte de la constelación de cuerpos celestes con los que he crecido. Da igual que la relación haya sido más o menos cercana a lo largo de los años, al final lo que queda es una cierta familiaridad como muestra de una experiencia vital común. Común en el sentido de que hemos coexistido en el mismo espacio tiempo.

Fui a ver ayer su nueva propuesta: El Feminista. Hacía tiempo que no lo veía en directo, a excepción de un concierto de Las Víctimas Civiles, el proyecto en el que ahora está más volcado, al que llegué cuando casi estaba acabando.

Héctor Arnau y su planteamiento estético. Su marco psicopolíticofilosófico.

Hector arnau

Cuando empezó el año, tras el subidón de La Batalla Vital, me sentía vacío como un saco de patatas vacío, a diferencia del saco de patatas vacío, el mío, mi vacío, no parecía tener fondo.

Era un poco como ir cayendo por un tobogán. Intentas asirte a las paredes pero los asideros, que son ideas que lanzas sin ton ni son, son tan endebles que lo único que hacen es acelerar más aún la caída.

Y supongo que de tanto caer lo que le pasa a uno es que acaba flotando.

Mi marco estético. Mi posicionamiento psicopolíticofilosófico. La especialización. La concentración de la energías en un solo punto. El tener algo que decir. Reducirlo todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz. Todo eso se había ido a la mierda. Flotando en medio de la nada todo eso había desaparecido.

Ya en estado de flotación sentí una terrible necesidad de lectura. De aniquilar al elemento creador y dar paso al elemento observador. Recolector.

En ese estadio necesito planificar y compartimentar mi tiempo.

Recuerdo una noche rodeado de libros. Con mi libreta en la mano dibujando una tabla con los días de la semana donde racionalizaba el empleo de mi tiempo. En ese momento toqué fondo. Pisé de nuevo tierra firme.

SOLENOIDE

Cuando tengo un ataque de lectura puedo leer muchos libros a la vez. Mi ansiedad lectora está por encima de mi capacidad lectora. Y mientras avanzaba en la ardua tarea de leer Solenoide de Mircea Cartarescu –una especie de tapiz tejido con puntadas tan finas que podría servir perfectamente como chaleco antibalas. Y es que la literatura cuando lo abarco TODO se convierte en un artefacto sin fisuras, indestructible, eso sí, hay que hacer un esfuerzo de concentración extra para captar el mensaje.– fueron apareciendo a su alrededor otras lecturas.

El marco estético. El posicionamiento psicopolíticofilosófico. La especialización. La concentración de la energías en un solo punto. El tener algo que decir. Reducirlo todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz.

Esto son los requisitos básicos que le pido a un libro para seguir leyéndolo. Para acabarlo. La noche que me rodeé de libros tenía a mi alrededor los siguientes: Nombres y animales de Rita Indiana, Esa gente tranquila de David Mamet, Lejos de todo de Rafa Cervera, Les quatre vides de l’oncle Antoine de Xavier Aliaga, Wendy y la bañera de los agujeros negros de Julio de la Rosa, Lagartija de Banana Yoshimoto, Esto no es América de Jordi Puntí, Tony Pagoda y sus amigos de Paolo Sorrentino y el Cuento de la criada de Margaret Atwood (este último es que alterno con Solenoide para coger aire).

 

 

Al empezar con las clases de tenis te das cuenta de algunas cosas. Principalmente de aquello que jamás podrás alcanzar. En el deporte hay una cuestión clara: el deterioro físico. Empezar a jugar al tenis a los 46 años… Pues, bueno, no estas en tu mejor momento para llegar a según qué pelotas…

Yo se lo expliqué a mi entrenador: mira estoy mayor, no me hagas correr mucho que me ahogo. Él lo entendió y hemos tenido un relación cordial durante los últimos meses. Hace un par de sábados no vino mi entrenador. Pusieron en su lugar a un chico joven, no creo que tuviera más de 21 años. Rebosaba energía. Al verlo con tanta energía me puse a la defensiva. No tengo el corazón para muchos trotes. Se me acelera con poco que haga. Así que empezamos el entrene y con todo su entusiasmo, al verme resoplar como una mula después del primer calentamiento me dijo: Ves a la fuente a beber agua que hace mucho calor. Por lo menos se dio cuenta de que no estaba en muy buena forma física. Aún así, su pasión, su deseo de enseñar, de que yo aprendiese, me conmovían, y me esforcé mucho más que con mi entrenador habitual.

Me contó algunas historias personales. Que no voy a contar aquí. Y hablamos de Federer y de que lo hacía todo bien, de que cogía siempre la raqueta en la postura continental, para todos los golpes, y que era técnicamente perfecto.

Me dijo también que al tenis no se juega con los brazos, se juega con el cuerpo y que con cada golpe tienes que pisar fuerte el suelo con las piernas para cargar cada golpe con la fuerza de tu cuerpo. Cada golpe chafando fuerte el suelo, con convicción para ejectuar el mejor golpe con toda la potencia de tu cuerpo.

El chico se desesperaba, acostumbrado a jugar al frontón, que es todo fuerza de brazo con el cuerpo recto, para mí es difícil jugar con el cuerpo ladeado. “Pisa fuerte y golpea, pisa fuerte y golpea.” Me decía. Le pregunté si podía volver a la fuente, hacía calor, entre ola de frío y ola de frío, el tiempo en Valencia es casi primaveral.

federer reves

Héctor Arnau ayer en el Ca Revolta representaba su última creación: El Feminista. De todo lo suyo que he visto es lo que más me ha gustado. Tengo la sensación de que por primera vez se ha quitado la máscara. De que por primera vez pisa la tierra de los mortales mostrándose no ya como un ser prodigioso que nos habla desde un púlpito sino mostrándose como un ser de carne y hueso que nos toca con su mano la mejilla para hacernos morir.

Solo le falta una cosa, y se lo dije al salir: pisa fuerte y golpea. Pisa fuerte y golpea. Este es un nuevo registro pero tienes que ir con todo el peso de tu cuerpo a golpear la bola.

hector arnau joven

Ni Héctor Arnau, ni Rafa Cervera, ni Julio de la Rosa, ni Xavier Aliaga (estos fueron los tres libros que me acabé este mes), de momento, pueden competir con el Roger Federer de la literatura, no creo ni tan siquiera que sea esta su intención, competir con Mircea Cartarescu, pero sí que pueden, y lo hacen a la perfección, defender su partida con total solvencia. Y esto es debido a algo que he dicho varias veces más arriba: tienen definido el marco estético su obra. Tienen definido el posicionamiento psicopolíticofilosófico de su obra. En su obra hay un trabajo de especialización y de concentración de la energías en un solo punto. Los cuatro tienen algo importante que decir. Los cuatro lo han reducido todo para poder hablar de algo concreto y a partir de ahí construir lo universal, un discurso propio, una voz.

 

Me hace especial ilusión que tres de estas “nuevas promesas” de la ESCRITURA sean valencianas: Rafa Cervera, Xavier Aliaga y Héctor Arnau. Y me hace ilusión porque siempre me ha dado por saco que se infravalorase la escena local. Que la escena local siempre haya sido una etiqueta para desprestigiar en vez de ser una manera de poner en valor el trabajo de la gente que vive aquí al lado, en nuestra tierra. Por suerte, el tiempo va poniendo las cosas en su lugar y poco a poco lo local tiene poco o nada que envidiar a lo nacional o lo internacional.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: