Chiqui, chiqui, revolution

Antes  de navidades recuperé la lectura de los cómics de Leo: Aldebarán, Betelgeuse, Antares y Supervivientes. Había empezado a leer a Leo hace bastantes años y me encantó esa manera de imaginar la colonización del espacio y del concepto de extraterrestres.

Volví a Leo porque me pasé por Futurama y vi una copia de Antares. No la tenía así que la compré. Me volvió a encadilar ese mundo y me quedé con ganas de más así que busqué en la biblio y me encontré con Supervivientes que aún no había leído y con Kenia y Namibia.

Los leí todos ferozmente. Y me quedé con ganas de más. En todos ellos aparece la búsqueda de una explicación a la existencia alienígena que me engancha.

Pero este post no es para hablar de la obra de Leo, este post es para hablar de algo que sucede en uno de sus álbumes, en Supervivientes, anomalías cuánticas.

La nave de los protagonistas tiene un accidente y aterriza en un planeta desconocido. Allí el espacio tiempo no es como aquí: uniforme (sí, ya sé que tal y como está hoy en día la física cuántica este comentario es bastante atrevido. Julio de la Rosa intenta dar una explicación en Wendy y la bañera de los agujeros negros). Allí hay diferentes espacios tiempo en un mismo planeta. De repente de la nada, surge un campo que al atraversarlo te transporta al futuro. No se sabe cuantos años, no es algo fijo, solo lo sabes cuando encuentras a alguien o algo que no le ha afectado el espacio tiempo.

Imagina que sales de casa por la mañana, que llegas a tu trabajo que está en otro campo espacio temporal y que mientras para ti han pasado ocho horas, para tu familia han pasado diez años de tiempo real. Tus hijos se han hecho mayores, tus padres han muerto pero para tí solo han pasado ocho horas.

Este viaje espacio temporal es una de las claves del éxito de la serie Perdidos. Los viajes en el tiempo son su gancho. No sé sabe exactamente que es la nube negra pero en el cómic de Leo aparece también una nube negra como una forma de delimitar la aparición del campo espacio temporal. En Perdidos no solo se puede viajar al futuro, también se puede viajar al pasado.

Viajes en el tiempo. ¿Qué son los viajes en el tiempo?

Este fin de año estuvimos en Bucarest. Fue así, pensado y hecho. No había estado en mi vida en Rumanía (mi primera incursión consciente a los países del Este. Cuentan mis padres que cuando vivíamos en Suiza fuimos a Yugoslavia). Leí hace muchos, muchos años una novela que hablaba de la consolidación de la nación rumana luchando contra el Imperio Otomano. No recuerdo el título. Pero fue lo primero que pensé cuando subí el avión.

Cuando bajé del avión lo primero con lo que nos encontramos fue un taxi. Un taxi que nos llevó a la casa que habíamos alquilado. Nos costó 30 Leis el viaje. El taxista había puesto en marcha el taxímetro y eso era lo que marcaba cuando llegamos a la puerta de nuestra casa.

Era de noche, quizás la 23h, allí es una hora más que en España, y tienen Leis porque son de la Unión Europea pero no, ya había empezado el viaje espacio temporal, aunque no lo sabíamos. El dueño de la casa nos dijo que en el centro los bares con comida (Kebabs) cerraban a las 3h de la mañana. Así que dejamos las maletas en nuestros cuartos y nos fuimos caminando al centro. Estaba a unos 25 minutos.

Volvamos a Leo y a sus cómics donde sus personajes viajan en el tiempo.  Hay diferentes formas de viajar en el tiempo. Unas son ciencia ficción otras son reales. Ahora mismo, cogiendo un avión puedes volar al pasado. Y al futuro, claro está.

No sé porqué cuando viajé a Argentina o Uruguay no tuve esta sensación de viaje en el tiempo. Quizás porque en mi cabeza entiendo Europa como algo homogéneo. Como una unidad de países con mucho más en común de lo que ellos mismos son capaces de admitir.

También es verdad, y aquí empieza la visión incómodamente etnocentrista de esta entrada, que siempre tendemos a mirar a aquello hacia lo que queremos avanzar: Francia, Alemania, Gran Bretaña, Bélgica, Italia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia… Y tendemos a obviar aquello a lo que a lo mejor nos parecemos más pero queremos dejar atrás: Polonia, Chequia, Grecia, Bulgaria, Eslovaquia… y Rumanía.

Ir a Rumanía, y aquí voy a desvelar una de la ideas centrales de esta entrada, es como viajar a la España de los años 80. Sí, es verdad, hay nichos de modernidad que no existían y supongo que habrán en las afueras nuevas urbanizaciones para los nuevos ricos. Pero el núcleo de la ciudad es decadente. Los edificios, las calles, el pavimento, los postes, los cables. El lavado de cara  mediante las ayudas europeas aún no ha llegado a Rumanía.

las fotos son de Begoña Lozano

Siempre he sido muy crítico con lo sucia que es Valencia. Llena de meados y cagadas de perro. En Bucarest no hay cagadas y meadas de perro, lo que hay son ruinas que conviven cotidianamente con edificios antiguos que tienden a convertirse en ruinas.  A mí eso, me pareció mágico. No sé lo que puedes buscar en tus viajes pero encontrarte con tu pasado, encontrarte con una ciudad en la que todo está por hacer me pareció mucho más motivante que ir, por ejemplo, a Helsinki, y eso que Helsinki me encanta.

La imperfección de la nación decadente.

Para el viaje me llevé también el último libro del rumano Cartarescu, Solenoide. En Bucarest no me había metido a fondo con él. Cuando lo hice, haber estado en Bucarest me permitió comprender mucho mejor la decadencia de la que habla en su libro. Esa sensación de grandes cosas abandonas: monumentos, casas, apartamentos, calles, fábricas, frío, mucho frío… Y en medio de todo esto, los taxis.

A la mañana siguiente nos despertamos tarde. Era 31 de diciembre y teníamos que hacer la compra. Salimos de casa a las 12h30. El mercado cerraba a las 14h. Decidimos coger un taxi.

Yo subí en la parte de delante. Cuando tiré a ponerme el cinturón el conductor me dijo que no, que no hacía falta, me dio un golpe en el brazo para que lo dejara tranquilo encima de mi pierna. Le indiqué el contador pero no lo puso en marcha. Desde atrás me dijeron que  habían cerrado un precio por 20 Leis el viaje. Vale, nada más arrancar el conductor se enciende un cigarrillo. Ostras fumar en el taxi, esto sí que hacía años que no lo veía. Empezamos a hablar de cuánto hacia que no se permitía fumar en los taxis en Valencia. Desde el 2006.

Así que ahí estábamos nosotros subidos a un taxi circulando por Bucarest. El taxista andaba contentísimo, fumaba, no llevaba cinturón y había conseguido un viaje por 20 Leis sin tener que bajar el contador.

taxi_01

Sí, esta historia va de taxistas y de viajes en el tiempo.

Llegamos al mercado. Era casi hora de cerrar. Me dió tiempo para pedirme un vino caliente. Compramos carne que parecía ternera pero que al final resultó ser cerdo. Era como un mercado soviético, de detrás del telón de acero, allí no había llegado la modernidad neoliberal pero justo enfrente había un Carrefour donde acabamos de  hacer las compras.

Cuando nos disponíamos a coger otro taxi para volver a casa, el taxista que estaba esperando en la parada no nos quería llevar. No sabemos por qué. Pasamos al siguiente y tras discutir sobre el precio logramos subir diciendo que lo que marcara el contador. Finalmente lo conseguimos y creo que pagamos unos 7 Leis….

Viajes en el tiempo subidos a taxis postsoviéticos.

Llegó la noche, celebramos la entrada del nuevo año por partida doble, primero con horario español y luego con horario Rumano. Hicimos un poco el ganso disfrazándonos de vampiros y salimos a la calle a la búsqueda de un garito con Música Indie.

Como eran las 2h hubiésemos preferido ir al centro en taxi y de hecho nos subimos en uno pero a los dos minutos de estar subidos le dije a la sonriente y fumadora taxista señalando el contador apagado: “¿Chiqui Chiqui?” Ella contestó: “Chiqui chiqui, no, revolution.” Nos reímos todos: jajajaja, jijijiji… Alguien desde atrás le preguntó: How much?. 30 Leis, contestó. Dijimos que ni de coña, así que paró el taxi, nos bajamos y llegamos al centro andando. “Chiqui, chiqui Revolution”.

La revolución de los taxistas rumanos, ellos se han quedado mosqueados tras el telón de acero, con precios de la época del telón de acero y ven a los extranjeros y a algunos de sus paisanos como un viaje al futuro. Un futuro en el que 7 Leis son 30 Leis. Un futuro donde serían más ricos, aunque eso sí, ni podrían fumar, ni conducir sin cinturón.

Aquí estoy yo en mi casa. aviones desde casa_02

 

Veo pasar un avión.

aviones_03

 

Aquí estoy yo en el avión, veo mi casa desde mi asiento. Justo en medio de la imagen, hacia la izquierda.

contra_aviones_01

Espera, lo señalo.

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Ahí, en el puntito rojo estoy yo. Aquí, subido al avión viendo mi casa desde el aire estoy yo.

Un avión es como una máquina del tiempo. Vuelvo de Bucarest. Un avión, otro avión, otro avión y otro avión. Cada uno un viaje en el tiempo. Ahí arriba estoy yo, aquí abajo también.

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Comprendo muy bien la sensación de volver al trabajo y que para tus compañeros hayan pasado solo unos días pero para ti hayan sido como 10 años.

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