Del lalalalá al hachazo (o las manos de mis hijos).

 

metroLlevo años diciéndome que antes de que deje de pasar tengo que escribir sobre ello. He hablado del tema en un par de ocasiones a personas anónimas a las que les he colado la idea sin que viniese a cuento y también lo he colado por ahí, como quien no quiere la cosa, en la biografía de algún personaje, pero eso que llevaba tiempo diciéndome, escribir sobre cómo le cojo las manos a mis hijos de camino al colegio, no lo había podido contar hasta hoy.

Una frase como ésta larga, difícil de digerir por expresar con un aprobado justo lo que quiere transmitir sería un claro ejemplo de lo que no ha hecho Ray Loriga en su nueva novela: Rendición.

Sí, llega un momento en que podemos identificar cuando escribimos mal y tenemos que sacar el hacha. Es el momento en que la escritura pasa de ser un lalalala a ser una tortura a la que hay que estar preparado para enfrentarse con un hacha bien afilada. Pasa en todos los ámbitos de creación: del lalalalá al hachazo.

Es verdad que de tanto hacerlo, al final, uno acaba encontrándo su aquel al trabajo meticuloso, artesanal, no hay otra manera, que significa crear algo, pero olvídate del lalalalá y prepárate a sudar tinta.

Sacas el hacha y empiezas a tallar el bloque de madera con contundencia pero al mismo tiempo con mimo, con cariño, pero con contundencia, ¿cómo se puede hacer esto?

rendición

Hace mucho, mucho tiempo, Ray escribió uno de sus mejores textos, no sé ni dónde ni cómo llegué hasta él. Describía de forma desternillante una situación cotidiana, ponerle parquet a su casa. En aquella época no había facebook pero había myspace y como estaba con Cristina Rosenvinge, Ray, claro, le escribí diciéndole que felicitara a su marido, que me había reído mogollón leyendo esa anécdota cotidiana, esa novelización de la vida cotidiana. Una veta que me pareció muy interesante y que yo, creativamente, he intentado explotar al máximo, Ray Loriga no mucho.

Iba a titular el post: novelizar la vida, o quizás inventarla, o quizás no. Seguramente tiene que ver con el día que Ray contó la hazaña de poner parquet en su casa, o quizás no.

Mi hijo y mi hija son diferentes, no importa en el lado que se pongan, lo noto cuando les cojo la mano para ir al colegio. Por decirlo así, rápido, ella tiene las manos finas y él las tiene gruesas. Él te coge la mano encajándola y a ella tienes que encajarla tú porque siempre deja un dedo por encima del lateral, como intentando dominar la situación.

No todo el mundo sabe utilizar un hacha. Es normal, no es fácil el manejo. Más difícil es aún utilizar un hacha para tallar cosas complicadas, cosas resistentes al tiempo en su propia “fragilidad”. No, no es fácil el trabajo del creador, has de estar pendiente de demasiadas cosas. La alta literatura tiene demasiados frentes abiertos y lo que no se te va por el estilo se te va por la forma o por la estructura o por la construcción de los personajes o por la credibilidad de lo que cuentas o por el cierre de la historia. Bufff, dan ganas de pegarle un hachazo al ordenador y mandarlo todo a la mierda. ¿Quién cojones me haría a mí pasarme del Lalalalá al hachazo?

ray-loriga

Hace unos meses fui a visitar a un colega a Toulouse, el viaje nos salió a cuenta porque utilizamos el blablacar. Siempre que voy a Francia pienso en Philippe Djian. Es el único escritor del que me he leído todos sus libros. Sin darme cuenta pasan los años, voy a la FNAC pregunto por él y hago que me traigan todo lo que ha publicado. Como no llevo un listado, y tiene tantos libros, hay algunos que tengo repetidos.

En Toulouse las cosas más interesantes le pasaron a Mr. Perfumme, que es más joven que yo y aún tiene energía para que le pasen cosas interesantes como levantarse por la mañana en un apartamento de Toulouse sin móbil, sin saber la dirección donde estábamos nosotros, ni qué hora era, ni si nos volvería a encontrar. Por suerte el edificio donde se durmió estaba justo al lado de la casa donde nos alojábamos, tuvo la suerte de levantarse y llegar a casa antes de que nosotros nos hubiéramos ido a desayunar.

Mientras Mr. Perfumme se llevaba su anécdota Toulousenca que contar a nuestros amigos, nuestra mayor ambición era comer paté, quesos variados, unas ostras, si era posible, y, por supuesto, pasarme por una librería a ver si Phillipe Djian había sacado libro.

Entré en la librería equivocada porque el vendedor se notaba que odiaba a Phillipe Djian. Así de pasada me contó que había trabajado para la editorial en la que estaba Djian en sus inicios, cuando vendía 200.000 y 300.000 ejemplares, en Francia puede pasar esto, pero que nunca le había parecido un gran escritor. Ni a él ni a ningún lector francés con criterio…

En ese momento pensé que ese librero era un capullo ya que yo he crecido como lector con Djian, desde 1994 hasta el 2017, y viene el librero con su soberbia francesa de conocer su sociedad mejor que yo para decirme que Djian se ha convertido en un escritor menor, que solo vende 10.000, 20.000 libros, esto también pasa en Francia.

Total que como soy muy respetuoso le digo que me diga él qué cojones es la alta literatura francesa y me encasqueta el último libro de Despentes, era de esperar, y un par de libros más que son muy buenos pero que no pasé de la primera página porque me dormía. Por supuesto me llevé también uno de Philippe Djian que no tenía: “Oh..”

oh...

Sé que las sensaciones no se pueden almacenar, que no son como videos o fotografías. Sé que las sensaciones son cosas que añoramos, como cuando ves a tus hijos irse en el coche de tu padre, van en los asientos de atrás, te miran, te saludan resignados como diciendo porqué no te vienes con nosotros. Te sonríen y se despiden moviendo la mano.

Eso es lo que tienes que aprender a manejar con el paso del tiempo para no ir directo al acantilado más cercano y saltar sin pensar demasiado. A veces las emociones son demasiado fuertes para ser contenidas dentro de un cuerpo humano. Estamos tan acostumbrados a no ser imprescindibles para nadie que de repente serlo puede resultar abrumador.

Así que ahí voy yo, los días que me toca llevar a mis hijos al cole, agarrado de sus manos, aunque ellos piensen lo contrario. Aprovechando ese contacto que sé efímero. Se sueltan y espero a que vuelvan, aún sé que van a volver, aún me necesitan. Sus manos se acoplan a las mías como Koji Kabuto en la cabeza de Mazinguer Z.

Ray Loriga y Philippe Djian son dos leñadores. Uno es español y el otro es francés. Esto marca. Vivir en un país u otro marca porque uno tiene que encajar la leyenda de El Quijote y el otro tiene convivir con la alta intelectualidad francesa de izquierdas, la divine gauche, un tío que empezó siendo guarda en una aduana, un self made writer, y un tío que bebe cerveza y es fanático del Real Madrid, un poco más de lo mismo. Universidad de la vida, de la calle. Luego claro está hay que sacar el hacha, alfilarla, y saber contar la historia, como Faulkner, en la economía de la palabra está la fuerza de la historia. Muy bien Ray, El Quijote y Faulkner todo en uno.

djian

Como soy fan de Isabelle Huppert, y tengo la suerte de trabajar en una biblioteca, cayó en mis manos Elle, la película de Paul Verhoeven. Empecé a verla y ya notaba yo algo raro, algo familiar, un posicionamiento ético y moral de la historia que me resultaba familiar. Cuando acabó la película y me fijé en los créditos lo comprendí, la peli está basada en “Oh..!”, el libro de Philippe Djian. Vi la entrevista que le hacían a Paul Verhoeven sobre como fue la producción de la película. Contaba cosas muy interesantes que tienen que ver con la forma de escribir de Phillippe Djan y que tiene que ver con la razón que haya sido fan suyo durante tantos años.

Cuenta Paul en la entrevista que originariamente ésta iba a ser una producción Norteamericana (aquí van a haber spoilers de la peli y del libro, o quizás no) pero que tanto las actrices como las productoras perdían el interés en cuanto conocían la resolución del conflicto que plantea la historia. En el cine americano hay una ética, una moral, y cuando en la historia, una vez se conoce el culpable, no aparece la venganza, ya no interesa. Ya no interesa al cine norteamericano hacer cine para adultos, no pueden aparecer desnudos ni ideas que hagan reflexionar a la gente. Así que Paul tuvo que mirar hacia Europa y más concretamente hacia Francia y más concretamente hacia Isabelle Huppert que es una actriz que si sabe algo es que por mucho que intentemos esconder la inmundicia humana, ella sigue estando ahí.

Y ahí está Ray, encorsetado en su armadura castiza española a la que los hachazos Faulkerianos le vienen que ni en pintura enfrentándose a nuestra propia idiosincrasia, intentando vehicular y consiguiéndolo, lo invehiculable. Francia y España son dos países diferentes pero Loriga y Djian son dos llaneros solitarios que a duras penas saben como han podido avanzar en todo esto.

Esta mañana mi mujer tenía trabajo. Del calor que hace ya no se puede estar en la ciudad a no ser que tengas un ático con piscina o una piscina pública cercana. Así que como buen hijo de mi tiempo decido irme a casa de mis padres, que ellos sí consiguieron triunfar en la vida y tienen un “chaletito” en las afueras de Valencia con piscina. Como mi mujer se ha llevado el coche iremos en metro. No voy a contar esta vez la de veces que cogí ese metro de joven los domingos por la tarde a partir de los 14 años para aprovechar esas horas previas a la vuelta de mis padres y tener un espacio privado con mi novia de entonces…

Son las 12h10 y el metro sale a las 12h33. Vamos semicorriendo porque vamos justos de tiempo. El sol cae a plomo y mis hijos que han salido con fuerza del patio empiezan a estar cansados, aunque van por delante de mí, ralentizan su paso hasta que se ponen un poco por detrás, estiran la mano y se cogen de las mías. Él las tienes gruesas y lánguidas, de jugador de pelota valenciana, ella finas y nerviosas, de jugadora de voleibol, para mí los dos tienen manos de pianista.

 

 

 

 

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