Calamaro & Monteserrat Caballé o la filosofía me salvó la vida.

Sí, amigos, la filosofía me salvó la vida.

Hace ya unas cuantas semanas que le voy dando vueltas a esta idea. Estabámos comiendo en casa de mis padres y mi madre dijo: ¿véis esa serie nueva del profesor de filosofía? Mi padre la arropó: sí, esa que él es un gamberro.

MERLÍ.

merli_tv_series

He perdido la costumbre de ver series por televisión, no sé porqué, me pone muy nervioso no tener el control de lo que veo y cuándo lo veo.

Sobrevolé un capítulo de Merlí y comprobé que mis padres tenían razón: la serie valía la pena. Aún así dejé de verla a los 20 minutos, fue suficiente para recordar a Mr. Sánchez, mi profesor de filosofía de COU.

La semana pasada volví a ver un capítulo de la serie. Esta vez aguanté un poco más. Mientras la veía no podía dejar de pensar en Mr. Sánchez, ese profesor de filosofía que de alguna manera me salvó la vida, o me salvó de la locura. Creo que no fui al único al que rescató y creo que no me equivoco al decir que muchos de los alumnos que lo tuvimos como profesor sentimos algo que durante los años anteriores de colegio no habíamos sentido: en el conocimiento puedes encontrar la salvación, porque en el conocimiento puedes encontrar la explicación de lo que te pasa.

Esa temporada, la de los 17/18 años fue una de las más difíciles de mi vida. Tendría que escribir un libro para intentar desentramar lo que me pasó aquella temporada. Pero ahora quiero centrarme en Mr. Sánchez el profesor de filosofía que con su forma de explicar la filosofía me rescató de la oscuridad. Y no era solo porque era un buen pedagogo, que lo era, sino porque la filosofía era lo que precisamente necesitaba yo en ese momento de mi vida para entender lo que estaba pasando por mi interior, y lo que estaba pasando por mi interior con relación al exterior, al mundo que nos rodea.

Revisamos todas y cada una de las tendencias filosóficas y con cada una de ellas me abría la mente, me daba respuestas, me daba razones para ir hacia la luz, comprender y seguir viviendo. Mr. Sánchez parecía un mago y la filosofía era su varita mágica. ¡Chass!, te enciendo esta luz en el cerebro, ¡Chass!, te enciendo esta otra. Todo desde el escecpticimo, desde la ironía, desde la crítica.

Supongo que cualquiera que haya sido profesor sabrá lo difícil que es meterse a los alumnos en el bolsillo, sobre todo cuando se topa con una clase bastante guerrillera y descentrada.

Si digo que aprobé la selectividad gracias a la filosofía, ahora, después de leer esta entrada nadie estará sorprendido, pero durante aquel año ni tan siquiera Mr. Sánchez tenía claro que yo estuviese entendiendo algo de lo que estaba explicando. La mecha que había prendido en mí estaba por encima de lo que él mismo podía imaginar.

Ayer fui a ver a Calamaro, actuaba aquí en Valencia y como era el cumpleaños de Sonia le regalé una entrada y la acompañé.

Calamaro_01

En cuanto Calamaro salió al escenario, su propuesta era jazzy, supertranqui, la gente empezó a aplaudir como poseida por el mismísimo diablo. Un ruido atronador. Sin haber dado ni una sola nota.

Al ver a Calamaro ahí arriba, acallando las masas, volví a pensar en Mr. Sánchez. Pensé en algo que dijo en una de sus clases, esos enigmas que planteaba, que nos planteaba, creo que eran la esencia de su poder, ¿qué pensáis vosotros? ¿tenéis una opinión? ¿sois capaces de decir algo inteligente? Mr. Sánchez siempre nos estaba retando, de tú a tú, como personas inteligentes  (aunque según nuestro expediente fuésemos los burros de la clase), cómo personas que podíamos saber tanto a o más que él sobre la vida. Como personas responsables que eran capaces de manejar sus vidas.

Mr. Sánchez nos planteó aquel día la siguiente cuestión: cuando la gente va a un concierto de  Montserrat Caballé, que por aquella época ya era bastante mayor, ¿va a ver a Montserrat Caballé o va a escuchar a Montserrat Caballé?

Mr. Sánchez decía más o menos que uno, si admiraba mucho a alguien, perdía el espíritu crítico y ya no iba a ser capaz de valorar si la persona que tenía enfrente estaba por encima de su imagen. No iba a ser capaz de determinar si Montserrat Caballé estaba cantando bien o mal porque el simple hecho de ver a Montserrat Caballé en directo te hacía perder la perspectiva de su calidad. Querer ver lo que uno quiere ver puede distorsionar lo que uno ve realmente. Si queremos ver un gran concierto de Montserrat Caballé lo vamos a ver aunque Montserrat Caballé esté dando el peor concierto de su vida.

Ya os he dicho que Calamaro salió a escena y el público empezó a aplaudir poseido por el dios del ESTO ES DE PUTA MADRE, pase lo que pase, porque ese tío que tengo delante, el continente, es más importante que el contenido: qué va a cantar, cómo lo va a cantar, con quién va a tocar etc.

Pensé, Calamaro, tú no puedes hacer conciertos de este tipo, tío, tú tienes que hacer conciertos en grandes estadios porque la gente no quiere escucharte, la gente quiere aplaudir y corear tus himnos.

Y así fue gran parte del concierto, aplauso antes de empezar una canción, aplausos cuando empezaba a cantar, aplausos cuando dejaba de cantar y aplausos cuando acababa la canción.

Por momentos tenía la sensación de estar viendo un partido de fútbol y eso que la música, las canciones y la manera de cantar de Calamaro me gustan mucho, pero, amigo, qué público. Qué mierda de éxito, ché. Y eso que Calamaro los estuvo conteniendo todo el rato, el cuateto jazzy no daba para más, de volumen, no de calidad, evidentemente, había que contener el volcán.

Salí del Palacio de Congresos con una extraña sensación. No podía dejar de pensar en Mr. Sánchez y en Montserrat Caballé. Lo mismo que me salvó la vida cuando tenía 18 años había hecho imposible que  disfrutara del concierto, y no solo porque tenía la sensación de estar rodeado de hooligans, sino porque Calamaro al verse en esta tesitura estuvo condescendiente consigo mismo y dio un concierto al 50%. El continente fue más importante que el contenido y todo el mundo salió muy contento de allí, menos yo.

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Una respuesta to “Calamaro & Monteserrat Caballé o la filosofía me salvó la vida.”

  1. Efrén Says:

    Monsieur Sánchez era fan de Spinoza…

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