Ser músico hoy (mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -23-

planificacion_03Tiempo, dinero, planificación y producción.

¿Por qué, para qué, hasta cuando ser músico?

Una canción, un disco, es la punta del iceberg. O debería serlo cuando uno se plantea seriamente sacar a la luz una canción o un conjunto de canciones.

Para mí ya ha pasado el tiempo en el que tenía algunas canciones grabadas y entonces pensaba, ahora qué. Seguramente este planteamiento, útil a corto plazo para para empezar en el mundo de la música, sea de lo más pernicioso.

En estos momentos no movería ni un dedo por un proyecto en el que no me hubiera planteado antes cúanto tiempo y dinero me va a costar llevarlo a cabo y, sobre todo, por qué lo voy a hacer y qué quiero conseguir con él.

Se acabó el tiempo de la especulación. Desde La Disolución doméstica decidí que antes de sacar nuevas canciones necesitaba pensar en términos más amplios, términos que me dieran satisfacción con respecto a lo que yo espero de la música en concreto y del arte en general.

Esta actitud me ha llevado a rechazar de plano todo aquello que me ha venido a la cabeza en primera instancia. Donde antes en cada nueva idea había una canción potencial, ahora en cada idea nueva hay un potencial borrador que seguramente voy a desechar. He tenido que aprender a deshacerme, a aniquilar, la ocurrencia.

La ocurrencia es sin duda la gran enemiga de la música, si me apuras del arte, y, si me apuras aún más, de cualquier cosa que emprendamos. La ocurrencia puede ser un buen punto de partida para que nuestra mente se ponga a trabajar pero sin duda tras ella no se esconde más que una idea muy endeble que solo con el tiempo podemos aprender a identificar como tal.

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Porque, ¿para qué sacar un disco de ocurrencias? Por lo menos hoy en día, con 44 años, ¿para qué? No, yo necesito sacar un disco con canciones sólidas como rocas, canciones a las que pueda mirar a los ojos cuando pase el tiempo. Canciones que al volverlas a oir mucho más tarde no piense, mira, qué listo, que ocurrencia tuve ese día, pero qué tonto fui gastando tiempo y dinero en transformar esa ocurrencia en algo real.

La producción, la planificación ayuda a combatir la condescendencia con las ocurrencias.

A veces, cuando estoy a punto de iniciar un proyecto, entro a mi estudio y me viene a la cabeza una imagen: un tronco muy, muy, muy largo, tirado en el suelo que tengo que encontrar la manera de levantar. Esta mera imagen me echa para atrás. Pienso: joder, ¿de verdad quieres levantar ese tronco? No prefieres irte a ver alguna serie, tomarte alguna cerveza, no sé, cualquier cosa. Como es lógico, ese tronco no hay manera de levantarlo, solo se puede ir cortando a cachitos e ir almacenándolo de tal manera que lo podamos utilizar para construir el nuevo disco, o conjunto de canciones.

Hablo de la faceta de la creación musical pero ya he comentado anteriormente que que soy un selfmademusician y que la creación musical no es más que un pequeño porcentaje de todo lo que hay que hacer para ser músico.

Planificación y producción. Qué voy a necesitar para crear, qué voy a necesitar para dar visibilidad a mi creación: tiempo y dinero.

Me viene otra imagen. Un lobo que va dando dentelladas hasta que por fin consigue asir la pata de una presa. Un músico va dando palos de ciego, rechazando una tras otra esas maravillosas ocurrencias que le hacen sentir como alguien especial, para dar por fin con algo valioso. Cuando lo encuentra clava los colmillos y no suelta presa, pase lo que pase, no suelta presa.

Estoy ahí, con la presa en la boca, sacando el máximo provecho de haber encontrado algo que creo que es digno de contar (tiempo y dinero, vale la pena que dedique mi tiempo y mi dinero en ello). Saco un papel y me planteo qué quiero contar: historia o estado. Concreto varias canciones con una temática común: historia; otras con pseudocuestiones personales: estado. La presa ya no se escapa. Planificación y producción.

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¿Qué voy a hacer con estas canciones? Qué espero de ellas, dónde quiero que me lleven, cómo quiero cortar el árbol. Sigo escribiendo en la libreta y planifico el contenido hipotético de un conjunto de canciones. Por primera vez empiezo a pensar en su visibilidad.

Planificación y producción: qué necesito, dónde quiero llegar, en qué quiero gastar mi tiempo y mi dinero. Empiezo a pensar en un plan de visibilización. Empiezo a pensar en personas que me pueden ayudar a llevar a cabo ese plan. Empiezan las reuniones. Sigo ensayando para grabar, sigo pensando en los arreglos para mejorar las canciones, sigo pensando en las canciones escritas que aún hay que ensayar, pienso en las que aún no están escritas y que hay que escribir para seguir con el plan. Para llegar el objetivo.

Empieza el malabarismo, estoy talando el tronco, tengo la presa bien agarrada por los colmillos, pienso en el tiempo y en el dinero que le estoy dedicando a todo esto, pienso si vale la pena, doy las gracias por no haberme dejado llevar por la ocurrencia. Doy las gracias por haber sido crítico desde el origen. Desde el principio. No podría soportar estar trabajando en algo que no me estuviese motivando al cien por cien, algo que por ejemplo en vez de una satisfacción personal estuviese basado en la aceptación de los demás, en esperar una vez más que los que van a escuchar mis canciones son los que van a tener que valorar la calidad de lo que hago, esto será así, lo quiera o no, pero no es el motor del que nace la fuerza para concretar lo que ahora estoy haciendo. Y pensar así es lo que me hace continuar.

Continuo con las reuniones. Busco la manera de darle visibilidad al proyecto. Busco la manera que me haga sentir creativo buscando la visibilidad del proyecto. Y de las reuniones salen ideas de producción y planificación que se retroalimentan con el proceso creativo de las propias canciones. Hablo con gente que me puede ayudar a llevar la promo, a llevar la producción, la planificación y de ahí van surgiendo más ideas que dirigen ahora ya por un carril fijo el sentido de mis canciones, de las letras de mis canciones, de la visibilidad de las canciones, ahora ya todo el proceso convertido en un todo.

Hace un par de semanas redacté el plan de mi nuevo disco. Antes de mandarlo a algunas personas pensé: haces esto para disfrutar al máximo el proceso de creación, no lo olvides.

Al mismo tiempo me vino a la mente una idea que me comentó Landete cuando nos fuimos estas Pascuas con nuestras familias al monte y le conté a grandes trazos mi plan: queremos llevar una vida artística pero no tenemos tiempo material para ello.

 

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