David Bowie (Algunas claves para la supervivencia)

La fiesta de fin de año fue peculiar este año. Añoraba la celebración del año pasado en Granada, nos retiramos poco antes de las 18h para volver a casa y reponer fuerzas para la fiesta de la noche. Todo el día por la calle de un bar a otro comiendo y bebiendo con dos anfitriones de excepción Manu Ferrón y Jota.

Este año, en Valencia, me empeñé en hacer lo que llamé UN GRANADA, convoqué a los que íbamos a cenar a las 18h para empezar la fiesta por las calles de Valencia y a las 21h volver a casa, cenar e irnos a la Plaza del Ayuntamiento a comernos las uvas.

Cuando salí a la calle dirección al local donde habíamos quedado noté las calles bastante desiertas, muchos locales estaban cerrados. Llegué al Rivendel y también estaba cerrado. Se lo comuniqué a los demás por whatsapp, les dije que iba a buscar algún sitio donde tomar alguna cerveza.

Llegué a la Plaza del Tossal y estaba llena de guiris cenando, seguí por la calle caballeros y o bien los locales estaban cerrados o bien estaban llenos de guiris. Entré en una pizzería al corte y me pedí un bote de cerveza, andé hasta la plaza de la virgen y me senté al lado de un grupo de jóvenes italianos que estaban allí comiendo unos bocadillos mientras comentaban si iban a ir o no aquella noche a misa.

No iba a poder hacer un Granada, aún así seguimos intentándolo, a las 19h se unieron a mí Miquel y Begoña, nos tomamos otra birra, y luego un vino. Después nos juntamos con Sonia, subimos a su casa a cenar, llegó la gente, cenamos, nos comimos las uvas, fuimos a bailar a la Plaza del Ayuntamiento, fuimos al Racó de la Corbella, y de allí, Sonia y yo nos fuimos a la francesa porque me dolía la cabeza atrozmente. Tenía una especie de resaca previa, que es lo peor, es decir una resaca antes de acostarte, en vez de a la mañana siguiente. Esto solo te pasa a partir de cierta edad.

A la mañana siguiente recogimos a los niños, fuimos a comer a casa de mis padres y en vez de comer me metí en la cama. De previa, la resaca había pasado a post.

Me levanté a las 16h30 más en forma, comí, bambamos por ahí y subimos al coche para volver a Valencia.

Puse la radio. Estaba algo decaído. Como con un reflejo de bajón adolescente. Me encanta escuchar la radio el día de fin de año o el día después de fin de año. Siempre recordaré que en el fin de año del año 2000 Jesús Ordovás puso el Sunny Afternoon de los Kinks para despedirse del milenio. Yo iba solo en el coche por las calles de la eliana, a saber a qué fiesta.

Esta vez iba en famila y era el día después. Es más difícil ir de bajón en familia. La música acentuó esa sensación. Al encender la radio sonaba la voz de Lou Reed, presentí que era una canción muy importante para mí, aunque mareado como estaba no la reconocí hasta que sonó Is the begining of a new age… Agárrate al sillón que viene curva. A ver cómo manejamos esto. Disimular la lágrima, mirar hacia adelante conducir. Pusieron alguna canción más, algo menos emotivo cuando acabó empezaron a sonar los acordes de Absolut Beginners de David Bowie… Ay, ay, ay… Jorge Madorell Blasco me cantaba esta canción cuando tenía catorce años, cuando empezaba a salir con chicas. Para mí en aquel entonces Bowie era un tío que tocaba el saxo y que se besaba con una chica asiática, sabía poco más de él. You’re an absolut beginner… Y me olvidé de él hasta que un año llegó LA CINTA, estoy seguro de que mi hermana y sus amigas se acuerdan de ella porque fue una cinta que se grabó todo el mundo, alguien había hecho una compilación de canciones, solo recuerdo cuatro: Get it on, de Marc Bolan, Career opportunities de los Clash, Get up and don’t come back (nunca he sabido su título real) de los Who y Ziggy Stardust, de Bauhaus (era el año 1989-90). Sí, de Bauhaus, eso me dijo Jorge Pastor cuando le pregunté qué cojones era aquello que estaba sonando.

La primera vez que oí el Ziggy Stardust fue de la mano de Bauhaus, no puedo explicar muy bien lo que pasó pero a groso modo puedo decir que de manera directa conecté por primera vez e inconscientemente con mi parte femenina y no sé muy bien porqué, aquello me liberó, y ya no volví a ser el mismo. Sí, la música es como la heroina (supongo) y nos pasamos el resto de nuestra vida buscando el recuerdo de aquel chute primigenio. Volví a mirar LA CINTA, , no quería olvidar el nombre de aquel grupo, entre paréntesis, al lado de Bauhaus, ponía: David Bowie.

Si David Bowie había escrito aquel pedazo de canción yo quería oirla de su propia voz. Quería subir hasta la fuente. Y me fui a Discos Amsterdam, le pregunté a Juan Vitoria y me sacó el Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars y se lo compré.

Fui a mi casa y puse el disco. Ziggy Stardust (junto a All along the Watchtower, Hey Hey My My y Heroin son canciones que debo haber oído miles de veces, millones de veces, soy un clásico cerril, o lo era, mientras duró el efecto del dopaje), la canción orginal no solo superaba la versión de los Bauhaus sino que además potenciaba aún más esa sensación andrógina y novedosa que había surgido en mí. Pero es que, además, me quedé alucinado con el sonido. Era algo muy muy novedoso para mí, acostumbrado a las cajas de ritmos, las cadencias oscuras y apagadas de los Cure, o incluso las baterías y guitarras sucias y desvencijadas de los Jam, aquello era otra dimensión, algo que bien podría asimilarse a un orgasmo sónico o como decía más arriba a un primer chute (esto lo sabrán sobre todo quien se haya metido un chute). El caso es que la canción de Ziggy fue la puerta por la que entré a lo grande al disco del auge y caída de las Arañas de Marte y por lo tanto al mundo de Bowie. Durante mi estancia en Poitiers escuché hasta exprimirlo el Diamond Dogs.

La culminación de todo esto se produjo primero de la siguiente manera:

“Estoy en en el Revólver, reputado local de conciertos del Carmen. Allí han tocado muchos grupos locales que sigo y esta vez nos toca a nosotros. Formo parte de una banda que se llama Rocaviva, hacemos sobre todo versiones porque aún no sabemos hacer nuestras propias canciones, es 1992, queremos emular a nuestros ídolos, creemos en ellos, creemos en su música, creemos que podemos ser héroes por un día. Rafa Murcia hace sonar en su guitarra el acorde de Sol, después el de Re con ese peculiar arreglo que hace tan característica esa canción, oouhh yeah, y entro a cantar: Ziggy played guitar jamming good with Weird and Gilly, the spiders from mars… Por allí anda David Barberá que oye por primera vez esa canción y que, como yo, se da cuenta de que le salvará más de una vez a lo largo de su convulsa adolescencia.”

La segunda culminación se produjo cuando lo vi en directo en el Doctor Music y tocó Ziggy Stardust. Solo recuerdo bailar en círculos mientras tocaba la canción como un cachorro feliz en medio de las montañas (por cierto por allí estaban David Barberá, Tana Capó y Héctor Arnau) al que por fin le habían concedido su gran deseo ( en ese Doctor Music hubieron varios deseos cumplidos: Patti Smith, Iggy Pop y Lou Reed. Casi Nada.)

Años más tarde me metí a fondo con el complicado disco Low de la mano de la protonovela de Rafa Cervera, en la que narraba una supuesta visita de Bowie a Valencia paseándose por el Carmen.

Mi hermana, no sé muy bien por qué a lo largo de los años me ha ido regalando sus discos. El Heroes me lo trajo de Amsterdam y más recientemente como cuento en otra entrada de este blog The Next day hace un par de años.

 

Acaba Absolut Beginners justo cuando aparco en el chaflán. Los niños se han dormido y cada uno cogemos a uno para subirlos a casa y meterlos en la cama. Justo cuando los metemos en la cama se despiertan. Estamos en Navidad y no quieren dormir. Bajo, aparco el coche. Subo. Veo por enésima vez con ellos y con Sonia un episodio de Star Wars que pasan en la tele.

Por fin todos duermen, me voy al estudio, enchufo el piano y me pongo a tocar. Es la única manera de no caer en el hoyo, seguir tocando, seguir tocando hasta el final intentando emular ese “chute” primigenio que me metió en todo esto.

 

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Una respuesta to “David Bowie (Algunas claves para la supervivencia)”

  1. jabamu Says:

    Muy buenos recuerdos, Nestor. Un abrazo.

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