Ser músico hoy (Mi visión de la música o por qué estoy donde estoy) -10-

La definición del sonido. La invocación del acorde.

Ayer me fui a ensayar a Alcoi. Estela está allí (la bajista) y no voy a hacerle venir cada vez que ensayamos a Valencia. Hay que cuidar a los músicos que queremos. Me llevé unos cuantos discos para el viaje. El lunes por la noche había visto Love & Mercy, una porción de la vida de Brian Wilson. Él ya no quería tocar en directo, se quería quedar grabando, hacer un disco como el Rubber Soul de los Beatles. No sé por qué el disco estaba en al aparador de la entrada de mi casa, así que lo cogí para el viaje. En el coche además tenía el último disco de Francisco Nixon, y de la biblioteca llevaba el último de Destroyer y el de Sufjan Stevens, Carrie & Lowell.

Salí de Valencia escuchando el Rubber Soul, ajusté los bajos ya que en comparación con la voz no los escuchaba bien, a pesar de estar balanceados a mi izquierda; la voz, la guitarra y la percusión, que no la batería, a la derecha; y así surgieron mejor definidos los arreglos de piano, bajo y batería.

Cuando acabó puse el disco de Sufjan, que ya había escuchado bastante este verano. Pensé en la diferente manera de enfrentarse a la composición, el disco de Sufjan es magnífico pero uniforme. En los Beatles, a pesar de que como decía Brian Wilson hay un pretensión de contar una historia global, cada canción es un universo, cada canción parece ser concebida para contrarestar, sin perder la intención global, la intención de la canción anterior.

Son otros tiempos, todo está más parcelado, acotado y todo parece uniforme, y hay que buscar la diversidad dentro de una especialidad global, cosa que para mí, a pesar de ser maravilloso, no me parece sublime. En esta línea, aunque arriesgando un poco más, anda Destroyer, a pesar de que él sí que consigue que tres o cuatro temas de su disco alcancen esa etiqueta de estridencia dentro de la totalidad sigue existiendo una especie de plomo que arrastra toda la sonoridad global hacia un mismo lugar, una misma atmósfera que lo vuelve a convertir todo en uniforme. Extrañamente, o quizás no, Francisco Nixon es el que ha hecho el disco más arriesgado y Beatleiano de los tres, quizás por no tener un mercado demasiado amplio, por poder hacer lo que le da la gana o simplemente por inquietud personal. Eso sí, se nota, aunque no sé si también está buscado, una producción más low-fi, en comparación a esos dos mastodontes de la producción independiente mundial.

Bien, estaba llegando a Alcoi, a 70 kilómetros una neblina invadió la calzada, iba escuchando el disco de Sufjan Stevens, pensando en la deuda que tiene con Elliot Smith,  me estaba quedando sin gasolina, así que paré justo antes de entrar a la ciudad, estaba dentro de una nube.

Era un autoservicio. Puse la cantidad, metí la tarjeta, dejé la cartera encima del servidor,  y enchufé la manguera al depósito. Me fijé en el marcador, los litros iban más rápidos que los euros. Volví a mirar. ¡Sí! Los litros iban más rápido que los euros. No, no estaba soñando. No daba crédito, desde el 2009 que los litros no iban más rápido que los euros. La leche, que no me cabe todo el gasoil en el depósito, al mismo tiempo desde la pantalla del autoservicio iban lanzando anuncios para comprar lubricante, ponerse el casco cuando vas en moto etc. Acabo de poner el gasoil, el depósito a reventar, le regalo un euro a la gasolinera, no me cabía, no me cabía, y me voy a l’Escenari que es donde había quedado con Estela.

La recojo, vamos al local de ensayo, aparcamos y le digo que me quiero pillar un café largo para llevar. Entramos en el bareto de al lado de los locales, le digo al camarero: un americano, tres latas de cerveza y dos paquetes de papas. Busco mi cartera en el bolsillo del pantalón. No estaba. La busco en el bolsillo de la chaqueta. Tampoco. Ostia, pienso, me la he dejado en la gasolinera. Me la he dejado en la gasolinera, le digo a Estela, salgo al coche, miro dentro, vuelvo, me la he dejado en la gasolinera. Volvemos pitando a la gasolinera. Conforme vamos llegando veo que hay dos coches, les hago luces, freno, bajo del coche y digo habéis… Un mujer me tiende la tarjeta, la cartera y me dice, la acabamos de ver. Miro en su interior, está todo el dinero. En media hora nadie había tocado la cartera.

 

¿Por qué ser músico hoy? ¿Para qué? ¿Hasta cuando?

Hace un año, no sé muy bien porqué, quizás por culpa de Marcelo Camelo y Rodrigo Amarante, por consiguiente podría decir que por culpa de Micalet, empecé a sacar algunos temas de Marcelo y Rodrigo. Empecé a buscar acordes de bossa. Fue en ese momento cuando empecé a revisar dos de mis temas en forma de bossa: Veronal & Crucifixión y La rutina del Knock out. Fue el verano del 2014. Cuando todo empezó. La invocación del acorde llevó a la regeneración de la canción y en definitiva del marco de composición.

Al mismo tiempo pasaron otras cosas a nivel sónico. Por un lado tuve el privilegio de que Remi Carreres accediese a enseñarme algunos trucos para hacer ruidos con pedales de guitarra desde una mesa de sonido, más tarde los utilicé para hacer la banda sonora del medioetraje La conquista del Oeste.

Después, yo llevaba tiempo preocupado con el sonido y la potencia de mi voz en directo. Estaba buscando registros más graves e íntimos y estaba perdiendo presencia en directo. Así que empecé a fijarme en la producción en las voces en los conciertos en directo. Descubrí cosas muy interesantes. Hoy en día gracias al avance tecnológico las voces llevan una producción en directo impresionante. Me di cuento en especial en el concierto de Mujeres el año pasado en el DELESTE, estaba tan impresionado con el sonido de la voz que fui a la mesa y pregunté, oye, qué efectos lleva la voz. El técnico me dijo, un delay, reverb, un echo, un compresor y no sé qué más… Pensé, joder, eso sí que es ir respaldado. Me pareció bien, todo aquello me pareció lógico y bien. La voz sonaba cojonuda para el tipo de música que estaban haciendo así que tomé nota.

 

Por aquella época le había dejado mi bajo Fretless a Miguel Matallín para que lo pusiese a punto. Cuando fui a recogerlo le dije a Matallín, aquel día estaba Nerea Serrano en su taller, que si me podía aconsejar algún efecto para voz que se pudiera lanzar desde un pedal. Les pregunté que qué pensaban del Vox pero ambos me dijeron que no, que el Vox, no. Me había fijado en él en un concierto de los valencianos We used to pray. También me acerqué a final del concierto para ver el pedal de voz que llevaba ya que durante el concierto había percibido que aquella voz no podía ser la voz propia del cantante, allí también había algo más. Tanto Miguel como Nere me recomendaron el Helicon. Tomé nota.

 

Me compré el Helicon para mi cumpleaños. Y empecé a hacer pruebas. No sabía muy bien lo que buscaba, así que tuve que hacer bastantes pruebas y estudiarme el maldito manual de instrucciones. Lo dejé por un tiempo. Al mismo tiempo recuperando lo que me había enseñado Remi Carreres para meter efectos desde la mesa, utilicé mi pedal de flanger, un wha wha y un RAT para meter efectos en un segundo micro. Esta forma de conseguir un sonido raruno en un segundo micro me dio muchos problemas y tuve que abandonar ese camino. Finalmente, para el segundo micro opté por utilizar el IPAD como pedal de voz. Me compré un IRIG y me descargué la aplicación VOICE LIVE.

Retomé el estudio del manual del Helicon, finalmente conseguí crear unos tres sonidos que se acoplaban a lo que iba buscando. Por fín lo tenía. Dos micros con efectos bien diferenciados para lanzarlos desde pedales distintos.

 

Ahora la guitarra, pensé, esto fue durante el verano, Miguel Matallín había puesto a punto mi Stratocaster noventera y tuneada. Recuperé un pedal Delay/Echo/loop que hasta entonces solo había utilizado como loop pero que después de los directos de La conquista del Oeste empecé a utilizar como delay. Et voilà. Se produjo el milagro.

 

Durante el verano estuve ensayando con esos nuevos sonidos. Asentando la idea con la que iba a hacer el concierto del MUV, en noviembre. Los acordes bossa para revisar algunas de las antiguas canciones y los efectos en la voz y en la guitarra para crear un nuevo camino sónico.

 

Ahí estaba hasta ayer, digo ayer porque ayer di otro paso más en la investigación del sonido de mi próximo disco. Sabía que además de lo que me atañía directamente a mí, voz y guitarra, habían más cosas que iban a determinar el sonido del disco. De hecho la primera vez que hablé con Estela para que se metiese en este proyecto no fue para que tocara el bajo sino para que se ocupara de la programación de la caja de ruidos y de los ruidos. Finalmente ha tenido que ocuparse de los bajos pero por suerte su compañera de Julia, Lidia, estaba ayer en el ensayo. Allí en Alcoi en su local de ensayo Lidia tiene montado un especie de púlpito que parece el del alto de los Pet shop boys. Rodeado de aparatos, teclados y pedales.

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Ayer después de recuperar milagrosamente mi cartera intacta de la gasolinera Estela y yo estuvimos charlando un rato, una especie de reunión Malatesta Records, ella se ocupa de la difusión en nuestra discográfica, hasta que llegó Lidia. ¿No estáis ensayando? nos preguntó Lidia cuando llegó. No, le dijimos, he perdido la cartera, hemos tenido que ir a por ella… No me conoce aún mucho y estaba flipando.

 

Todo fue muy natural, se puso detrás del púlpito con todos sus aparatos y le expliqué lo que creía que buscaba ya que ni yo mismo hasta ayer tenía muy claro qué buscaba. Le estuve preguntando cómo funcionaba cada aparato y qué hacía cada uno de ellos. Un vez tuve más o menos claro el funcionamiento empezamos a tocar. Creó una base inicial y partir de ella le pedí cosas que pudiesen arropar la canción. Estela también iba opinando sobre qué podíamos meter o cómo lo podíamos meter. Probamos un par de temas. Aquello tenía muy buena pinta. Me comentó que si quería trabajar con ritmos más claros que podíamos utilizar el garage de IPAD. Que se los podía enviar y ella los construiría. Le dije que ok.

 

Ellas se quedaron ensayando, tenían hoy un concierto como Julia.

Salí del local de ensayo, me subí al coche. Recorrí la gran avenida de Alcoi, pasé por delante de la gasolinera donde me había dejado la cartera. Seguía habiendo neblina, lloviznaba un poco, intenté ponerme el disco de Destroyer pero estaba demasiado cansado. Intenté ponerme el disco de Francisco Nixon pero tampoco estaba para su música de la Costa Fleming. Necesitaba que me hablara alguien para despejarme. Estuve a punto de llamarte pero finalmente puse Radio 3, sonó la voz de Juan de Pablos y lo escuché hasta que llegué a Valencia.

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