Presentación del libro Limbo de Agustín Fernández Mallo en la librería Ramón Llull

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Cuando el otro día Almudena me llamó para hacer la presentación del nuevo libro de Agustín Fernández Mallo, acepté sin pensármelo dos veces. Al darme cuenta de mi decisión, lo primero que pensé fue: ¿por qué voy a estar yo allí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí? Lo pensáis vosotros, y lo pienso yo.
¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Hacia el año 2004, coincidiendo con una de las grandes decisiones que tuve que tomar en mi vida, sacarme una oposición de bibliotecario, decidí que, si con 33 años iba a pasarme algunos años encerrado en casa estudiando, como compensación, y para acompañar este encierro, iba, al mismo tiempo, a escribir una novela.

No es que no hubiese escrito nada antes y que de la noche a la mañana decidiese ponerme a escribir, pero sí que es cierto que el gusanillo que siempre había estado allí, en ese momento, se convirtió en una anaconda.

Escribo letras de canciones desde los 17 años, pero fue a los 18 años, al leerme tres veces seguidas Rojo y Negro de Sthendal, para aprobar la selectividad francesa, cuando me convertí en el lector empedernido que me llevó a escribir algo más que letras de canciones.

Al cumplir los 21 años escribí una novela cortita. A los 26 años volví a escribir otra novela corta. Y sobre los 28 escribí una serie de relatos cortos. Además, tengo por casa un montón de cuadernos llenos de notas y reflexiones.

Nada de todo esto fue publicado y puede que no tenga el más mínimo interés, pero forma parte de la razón por la cual hoy estoy aquí.

Ahora, más que antes estaréis pensando: ¿Por qué hoy él está aquí?

¿Por qué hoy yo estoy aquí?

Bien, como he dicho antes, hacia el 2004 decidí volver a escribir una novela. Durante su escritura redoblé mi intensidad lectora. Con la aparición de internet y de las publicaciones digitales indagué a conciencia lo que estaban produciendo las nuevas generaciones de escritores en España. Fue entonces cuando di con una publicación fundamental para mi formación: la revista digital Teína. De ella saqué multitud de autores noveles que leí vorazmente. Además el jefe de todo aquello, Rubén A. Arribas, escribía muy bien.

Después de haber leído todos los números publicados hasta la fecha de la revista de cabo a rabo y haber descubierto gracias a ella referencias tan importantes como la de Bolaño, que no era novel ni español pero era muy bueno, decidí pedirle a Rubén que me ayudara a pulir la novela que acababa de escribir.

Ni nuestra relación ni la novela llegaron a buen puerto. Pero durante ese tiempo, además de tres artículos para la revista, me pidió que escribiera algo que os quiero enseñar: es un librito, de producción cuidada y artesanal, que publicó Jesús Zomeño. En este en particular estamos Jesús Zomeño, Agustín Fernández Mallo y yo.

Es la primera y única cosa que me han publicado en la vida.

Y mira por donde estamos Agustín y yo juntos, estamos juntos en una misma publicación, y hoy estamos juntos en la misma mesa.

Mientras escribía este relato, Rubén o Jesús, no recuerdo exactamente quién, me comentó: Agustín aportará un cuento que forma parte de una novela que está escribiendo.

La novela es esta:
Nocilla Dream, publicada por la editorial Candaya.

Cuando me leí esta novela, y en aquella época leía mucho libros de autores noveles, como os he dicho, sentí lo mismo que cuando escuché Actos Inexplicables, el primer disco de Nacho Vegas (que por cierto me regaló David Barberá): un nuevo lenguaje había llegado por fin a la música y a la literatura española. Un lenguaje que lejos de intentar conquistar los círculos academicistas, quería conquistarme a mí, una persona que había desarrollado sus conocimientos literarios y musicales al margen de los cánones ortodoxos.

En ellos descubrí un tipo de literatura que por fin establecía un puente entre la generación Beat y España. Que por fin trasladaba a España hasta ese pasado que le fue negado por el franquismo, esa losa que nos arrebató aquello que ahora nos estaban dando estos nuevos autores. Por fin nuestras mentes y nuestras inquietudes estaban en consonancia con las mentes e inquietudes de aquello que en otros países sucedió en los años 50 y 60.

A nivel personal encontrar un libro como este fue liberador. Más tarde hablando con Alberto Torres Blandina, que también creo que está por aquí, me comentó que para él, ante todo, este libro era rompedor en su forma, en su contenido hipertextual y en la presentación de una información multidisciplinar de manera novedosa y experimental.

Yo en esto no voy a entrar. Alberto os podrá explicar mucho mejor que yo su visión sobre la importancia de esta nueva forma de creación. Como tampoco voy a entrar en el debate que se gestó en torno a este libro, la generación Nocilla, o la Postmodernidad. Sinceramente, y aquí vuelvo a invocar a Nacho Vegas, no me interesa este debate. Conocí la obra de Nacho Vegas y la de Agustín antes de que fuesen famosos, antes de la polémica y antes de las críticas (positivas o negativas), y las menciones que leí de pasada sobre el tema me parecieron fruto del desconocimiento del origen de las cosas.

Hay creaciones que están por encima de la mercadotecnia. Creaciones que se consolidan porque quien las hace están en el lugar y en el momento adecuado. Nacho Vegas fue en España un pionero en su manera de escribir canciones y Agustín Fernández Mallo en su manera de escribir novelas.

En el caso de Agustín, surge otro símil con el mundo de la música indie española, al que sé que está muy vinculado. Para mí, su salto de la editorial Candaya a Alfaguara fue como cuando Los Planetas ficharon por la RCA.

Se puede decir que tras dar muchos coletazos durante los años noventa, con Agustín Fernández Mallo, en España, por primera vez, se asienta la literatura Indie. De la que puede formar parte, y esto es una apreciación personal, Kiko Amat o Ray Loriga (aunque él no quiera) y en sus primeras novelas, antes de rendirse al academicismo, Francisco Casavella.

No os descubro nada cuando os digo que ser escritor puede significar muchas cosas. Cosas tan grandes como ganar un premio Nobel o formar parte de la Real Academia de las Letras. Ser escritor, plantearse ser escritor, en muchas ocasiones, da miedo, y gracias a escritores como Agustín, lo difícil parece fácil. Sus novelas se leen con avidez, de tirón y siempre acabas con una sensación doble: la de movimiento, la de que hay que moverse, que hay que ponerse en marcha y hacer cosas, viajar (aunque sea por google maps), aprender, vivir, experimentar, escribir; y la de que lo que has aprendido leyendo va más allá de lo que realmente has comprendido.
Y es que, tras los libros de Agustín se parapeta el reto filosófico de tratar al lector como alguien inteligente, capaz de reconstruir ideas, historias, reflexiones e información, sin que, y ahí estriba su gran logro, el lector se sienta como un imbécil.

En su último libro, Limbo, además de todo lo que he dicho hasta ahora, hace algo que le aproxima aún más a mí como músico. Me cuenta, entre otras cosas, la historia de un grupo de música formado por Joan de Vacabou (que por cierto tienen alguna canción en francés: Le Monde Sens Dessus Dessous, como yo hace unos años) y el propio narrador de la novela.
Hay dos ideas interesantes en esta propuesta. La primera que el grupo, le ponen el nombre de Artwork, tiene éxito, y consigue grabar su primer disco en una especie de casa rústica francesa convertida en estudio de grabación. Sí, en la literatura se puede escribir sobre un grupo de música que tenga el éxito que tú siempre hubieses deseado en la vida real.
La segunda idea es la propuesta musical en sí misma, que a mi entender ronda todo el libro: El Sonido del Fin. No sé si el narrador pretendió, al escribir la segunda parte de la novela, dar vida al Sonido del Fin, pero esa fue mi interpretación. En esa casa rústica francesa los dos personajes estaban dándole forma al Sonido del Fin. La forma de concebir el proyecto musical me pareció especialmente interesante, hasta el punto que cuando Almudena me propuso hacer esta presentación pensé: no voy a perder la oportunidad de proponerle a Agustín que busquemos él y yo, esta tarde, un poco, el Sonido del Fin.
Así que, Agustín, he traído un aparatito muy básico para hacer loops, he pensado que yo puedo crearte alguna base y tú puedes recitar alguno de tus poemas sobre ella, o bien puedes crear tú la base y yo recito alguno de tus poemas sobre ella o invitamos a alguna de las personas aquí presentes y que recite alguno de tus poemas sobre algunas de las bases que crees tú o que cree yo.

O no sé, si esta propuesta te parece muy atrevida, podemos pasar directamente a tu exposición o a la rueda de preguntas que seguro que muchos de los presentes querrán hacerte.

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Una respuesta to “Presentación del libro Limbo de Agustín Fernández Mallo en la librería Ramón Llull”

  1. Rubén A. Arribas Says:

    Gracias por sacarnos tan favorecidos, Néstor, en este recuerdo de los viejos tiempos… Y, sobre todo, por acordarte tanto y tan bien de Teína. Eres un fenómeno.

    En serio, todavía sigo sin creerme que una banda de delincuentes intelecuales como éramos nosotros en aquella época consiguiera encontrar un lector tan entregado, que valorase tanto lo que hacíamos y que tuviera tantas ganas de sumar como tú. Tiendo a pensar —en un arranque de teinismo narcisista— que acaso, aunque solo fuera sin querer, algo debimos de hacer bien para merecer tanto aprecio.

    Gracias a ti por llevarnos hasta las nubes, que diría Sinatra, y hacernos partícipes de esta canción tan personal en la presentación del libro de AFM. También por todo lo que nos aportaste (mucho, bueno y variado).

    Felicidades por la presentación y ojalá que vengan muchas más. Las tuyas, por lo que leo, son más divertidas que a las que me toca ir (y ni te digo que el par que alguna vez me pidieron hacer…). Con música y todo, sí, señor. Un crack.

    PD. Saludos para los señores Blandina y Zomeño, si es que están por ahí.

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