El ayuno II

Tres meses después de iniciar mi periodo de ayuno mi peso se estabiliza en 78,5.
Pasaré a considerar está etapa de mi vida como El Periodo del Ayuno. He vivido estos tres meses con estupor. Comemos todos los días. Bebemos todos los días. Algo tan evidente como esto ha adquirido una relevancia mecánica en mi vida. De lo inconsciente a lo mecánico.

Puedes plantearte la vida como la sucesión de decisiones improvisadas o puedes planteártela desde la visión racional y eficiente de todo lo que haces y el resultado exacto de lo que quieres obtener.

Determinar objetivos claros para dilucidar el camino más corto. Ser práctico. Tomar conciencia del lugar que ocupas y considerar la posibilidad real del lugar que quieres ocupar.

Comida. Sólo es comida. Cuando ves a una persona durante El Periodo de Ayuno ya no ves solo a la persona, ves a la persona que come. ¿Qué comes?
A partir de cierta edad nuestros cuerpos delatan un estilo de vida. No hace falta ver comer a alguien para saber lo que come.

En el mejor de los casos a las personas les suelen sobrar entre 5 y 15 kilos. Esos kilos que son la frontera entre un estilo de vida y otro.

Datos, todo esta en los datos y en la química, y en las combinaciones y, en definitiva, en los números. Eficiencia del cuerpo humano. Control mental y conocimiento de nuestros límites y necesidades. Entre 5 y 10 kilos puede estar la respuesta a nuestra felicidad, o no. La frontera entre el sacrificio y la resignación y la distensión y hedonismo.

Se habla alegremente de la dieta equilibrada y sana pretendiendo ofrecer este nuevo estilo de vida como algo al alcance de cualquiera, como si cualquiera estuviese en disposición de controlar su propio organismo, sin advertir de ante mano que con un dieta sana, con una dieta eficiente, emprendemos, en realidad, una revolución cultural, social y psicológica de dimensiones colosales.

Existe una máxima (muy similar para cualquier tipo de adicción): para dejar de comer vas a tener que cambiar tu entorno.

Y ante esta máxima existe un primer escollo: qué porcentaje de tu entorno estás dispuesto a sacrificar para conseguir tu objetivo.

Cuanto más social es una adicción, más se acerca uno al mundo de las “sectas” y ¿qué hay más social que la comida? Por no hablar de la bebida.

A estas alturas de mi reflexión y también de El Periodo de Ayuno, aparecen las primeras contradicciones: personas que van a un restaurante vegetariano para comer sano repitiendo los mismos esquemas de saturación que seguían cuando supuestamente llevaban un dieta poco saludable.

Desde que estoy en el Periodo de Ayuno he ido un par de veces a comer en restaurantes vegetarianos. Mi mayor sorpresa es que cambian los ingredientes pero no cambia ni la presentación, ni las combinaciones. Por lo tanto, ¿puede un vegetariano estar gordo y poco sano? Evidentemente. Tanto como alguien del otro bando que supuestamente no cuida su alimentación. Y es que, por mucho que les pese a muchos, el problema no está en los ingredientes en sí mismos, el problema está en las cantidades y en las combinaciones, pero sobre todo en las cantidades. Y amigo, ahí está el gran dilema, es más fácil cambiar de ingredientes que reducir las cantidades y las combinaciones, cultural, social y psicológicamente.

Entonces, bajo este prisma, la realidad se agrieta. La realidad te lanza preguntas a medida que vas avanzando: ¿te vas a tomar esa cerveza o no te la vas a tomar? ¿Cómo cenas cuando sales con tal o tal otro grupo de amigos? Empiezas a entender que una decisión demasiado drástica puede llevarte a dar un giro radical en tu vida, algo tan radical como cambiar de vida para que las nuevas preguntas que se ciernen sobre ti tengan una respuesta nueva, real y consecuente.

Bien, ahí tu entorno se empieza a asustar, y tú también. Nada asusta, y molesta, más a la gente que de repente dejes de ser el que están acostumbrado a que seas. En el fondo somos todos deudores y esclavos de nuestro entorno, hemos de responder ante un tipo de comportamiento y si queremos cambiar, de repente, tendremos que buscar antes un nuevo refugio, si no queremos quedarnos totalmente solos.

En este estadio la situación se complica. Desde qué empecé con El Periodo de Ayuno me ha venido a la mente en varias ocasiones el concepto Secta, o sectario, pero en términos serios, peligrosos, no hablo de la utilización banal del término.

Ante una situación de crisis alimentaria, de voluntad real de cambio en los hábitos alimenticios, de voluntad real de disminuir el consumo y la combinación de los ingredientes, somos carne de cañón para las sectas. No recomiendo a nadie que inicie un Periodo de Ayuno si no tiene un sólido respaldo familiar (entendiendo a los amigos como familia también), o está en crisis de pareja, familiar o personal. El Periodo de Ayuno está vinculado con algo muy espiritual, con algo muy íntimo que te puede llevar a renunciar a todo por llevarlo a cabo. Un reto, un último eslabón para demostrar el dominio de la mente sobre el cuerpo. Para eso se necesita ayuda, respaldo, cambiar de entorno, conocer personas que estén convencidas del beneficio de este cambio. Cuidado, caminas por tierras movedizas.

¿Quiere adelgazar? Cambie de dieta, pero cambie de dieta para siempre…

Alrededor de este mundo hay, una vez más, una gran patraña. Cualquiera que quiera perder peso debería saber de antemano que lo que está pretendiendo realmente es cambiar de vida. Es posible que cuando demos unos primeros pasos nos de vértigo la dimensión de la decisión que se ha tomado, por eso, me apuesto cualquier cosa, el 99% de los intentos de cambio de dieta fracasan. Aparece de nuevo en esta reflexión algo que al sistema capitalista le encanta: creamos el problema y ganamos dinero dando la solución. Pero, en este caso, además es que la solución es una ficción, porque en el fondo nadie está dispuesto a cambiar de vida por perder unos cuantos kilos, prefieren vivir en el sobrepeso, y es normal. ¿Qué van a hacer?, abandonar a su mujer, hijos y amigos. No. No están dispuestos. Y ahí de nuevo aparece el concepto secta, alguien que ve que sí que puede, alguien que ve que los demás no pueden y que empieza a trabajar sobre esta idea, y que les dice a los demás: sé que no puedes hacerlo pero yo sé cómo hacer que lo hagas. Yo te puedo enseñar el camino.

El margen de holgura.
Hay un margen de holgura, como en todo. Una frontera móvil de diálogo que siempre se tiene que exprimir al máximo antes de emprender la guerra. Por mucho que estemos deseosos de poner por fin las cosas en su sitio, por mucho que deseemos exponer que somos capaces de imponer nuestra propia visión sobre las cosas a nuestro cuerpo, tenemos que llevar nuestras negociaciones con él al extremo. Vale la pena intentar entendernos a nosotros y a nuestro entorno al máximo antes de tomar decisiones definitivas.

El margen de holgura es en realidad un lugar inicialmente incómodo para la lasitud del ser humano, acostumbrado a controles esporádicos, anecdóticos y discontinuos. El margen de holgura te obliga a estar siempre atento, a percibir dónde, en qué momento y durante cuánto tiempo estás sobrepasando los límites. El margen de holgura significa que has de volver, y has de saltarte los límites dentro de unas nuevas coordenadas. Has de dejar de pensar en saturación y satisfacción inmediata, has de detener el tiempo y convertir los minutos en horas y las horas en días. Has de convertir los gramos en kilos. Has de tener un estudio al que acudir. Un lugar inexpugnable en el que nada te pueda cuestionar el núcleo de lo que estás haciendo, porque lo que estás haciendo es cambiar de hábitos, de ritmo.

Renunciar a ese margen de holgura, a esa frontera, supone, o bien asumir esos kilos de más, que siempre serán susceptibles de aumentar conforme vayamos incidiendo en esos hábitos algo descontrolados, y asumir todos los efectos colaterales que ello conlleva (enfermedades), o bien sumergirse en el nuevo mundo de las “sectas” de la salud, y asumir sus propios efectos colaterales (otro tipo de enfermedades).

No es ninguna tontería que en un mundo saturado florezcan sectas de la salud. Es en ellas donde las personas de alguna manera van a buscar un nuevo entorno desde dónde protegerse de la saturación. El problema es que muchas de estas sectas de la salud basan su existencia en la venta y el consumo. Es decir en otro tipo de saturación.

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