El ayuno

La literatura está llena de referencias al ayuno. Supongo que la diferencia entre el ayuno y el hambre es que uno es voluntario y el otro impuesto. El artista del hambre es el ayuno, el Hambre de Hamsum es el hambre.

Puedes plantearte cientos de veces dejar de comer. Sabes que tienes problemas digestivos, pero no es tan sencillo enfrentarte a ellos.

Hace 10 años deje de fumar. Puedes dejar de fumar, no puedes dejar de comer completamente.

Comer tiene sus escalas, sus grados. No descubro nada cuando digo que comer y beber tienen una gran connotación social.

Muchas veces hablamos de la alimentación de los animales que consumimos los humanos como una enfermedad en sí misma.

No creo que haya mucha diferencia entre los animales alimentados como productos, como una mercancía, como una explotación, y la alimentación de los seres humanos.

El ayuno te sirve para darte cuenta que que estamos rodeados de cuerpos saturados porque estamos dentro de una espiral de consumo que nos satura. Comemos más de lo que necesitamos, seguro, y bebemos.

Pero, ¿qué necesitamos? ¿Todo, una parte, una mínima parte?

Deberíamos estar aislados para dejar de comer. Para comer sólo lo imprescindible.

En realidad el ayuno es una manera de preservar nuestro aparato digestivo dándole un descanso diario.

En nuestra sociedad, nuestro aparato digestivo necesita descanso.

También es importante considerar el hambre como algo positivo. El hambre, en nuestra sociedad no debería ser una amenaza, debería ser un aliado.

Puedes comer poco, y vivir perfectamente.

Eliminas el chocolate, el pan, la bollería, los
Fiambres, las bebidas gaseosas, los
Cocidos, las patas de cordero, el embutido, las lentejas con chorizo, los batidos, los helados, la carne roja, pizza, spaguetis, el alcohol, y comes:

Pechuga a la plancha
Pescadilla al vapor
Tomate
Pepino
Hervido de patata cebolla zanahoria y judías
Lechuga
Queso fresco
Infusiones
Sopa de pollo con fideos o sémola
Sopa de pescado
Comes piña, comes kiwis, comes y uva, pera, melón.
Acelgas, espinacas.

Ayunas: cenas a las 9h y en contra de lo que dice la norma cuando te levantas te tomas una infusión, y cuando se te despierta un poco más el hambre, te comes un plátano.

Esperas hasta las 13h. para comerte la sopa y la pechuga.

Luego pasas la tarde bebiendo infusiones y comiendo fruta y un poco de queso fresco.

Llegas a casa y cenas una pescadilla, sopa y piña.

Si sigues ayunando y te invitan a comer personas que no están ayunando, lo que ves son mesas saturadas de comida. Hay mucha más comida en las mesas de lo que un cuerpo puede digerir en un día. Nuestro cuerpo está siempre trabajando, saturado. No comemos por hambre, comemos por un impulso social que no se puede controlar.

No hay mucha diferencia entre el acto de comer y el de fumar, lo más importante es que nadie, o casi nadie se plantea fumar un poco, o fumas o no fumas. Pero dejar de comer es diferente, tienes que comer, pero, cómo aprendes a comer un poco, a quedarte con hambre, cuando estás acostumbrado a saciarte. Les pasa a las vacas, a los cerdos y a las gallinas en sus fábricas, no pueden evitar saciarse, por qué no nos va pasar a nosotros.

Vas a una cena, con unos desconocidos.
-no, disculpa, no como patatas
No, tampoco como carne roja, quiero una pechuga a la plancha.
No, no voy a comer calamares, ni mayonesa, ni empanada gallega.
¿Vino? Poco, una copa. ¿20 Cervezas? Pero si con eso tienes alimento para dos días. ¿Tu, alguna tarde te bebes tres litros de agua?

La comida puede ser una fuente inagotable de colores y tonalidades.

Empiezo a pensar que el problema no está en qué comemos, sino en comer para saciarte.
Si comes todos los días un par hamburguesas, estarás mal nutrido, pero no desnutrido. Sin embargo pasarás hambre ciertas horas al día y a tu organismo le dará tiempo a recuperarse para la siguiente ingestión.

El lunes trece de enero por la tarde fui a urgencias porque me dolía el costado izquierdo, a la altura de la pelvis. Salí a las tres de la mañana. Me diagnosticaron una diverticulitis. Me dijeron que siguiera una dieta líquida durante 48 horas y después una dieta blanda hasta que se me fuese el dolor. Cuando salí del hospital pensé que el dolor se me iría con mayor rapidez, pero para mi sorpresa llegó el fin de semana y el dolor persistía. Sólo desapareció al final de al semana siguiente.
Hoy estamos a 2 de febrero. Se han cumplido tres semanas desde que me diagnosticaron la diverticulitis. Tres semanas de dieta blanda. No sé exactamente cuanto pesaba antes de entrar en el hospital, pero suponiendo que pesara unos 87 kilos, en estos momentos peso 83,5, en tres semanas he perdido tres kilos y medio. El dolor ha desaparecido, y he dejado de tener problemas de digestión.

Es la primera vez en toda mi vida que conscientemente pierdo peso por no comer. Yo adoro comer y beber y siempre he preferido hacer deporte para quemar calorías que renunciar a comer y beber lo que me ha dado la gana. Ahora, con distancia, me doy cuenta de que dejé de fumar para seguir comiendo y bebiendo. Los síntomas que el 13 de enero sentía cuando fui a urgencias solo eran un poco más fuertes que los empecé a sentir hace ya más de diez años. ¿Todo estaba en la vida sedentaria acompañada del hábito alimenticio? Estoy caso seguro de que sí.
Dejas de hacer deporte, te pasas el día sentado y te alimentas como sí fueses una mercancía más de la cadena alimentaria.

Entonces no sólo vivimos en la saturación material de nuestras necesidades sino que además vivimos en la saturación física. Es decir para que la economía funcione, para que le mercado funcione, para que haya empleo, para que haya generación de riqueza capitalista tenemos que asimilar y aceptar un mundo de SOBRECONSUMO DE MASAS.

Da igual que seas vegetariano, vegano o carnívoro, igualmente vas a tener que consumir por encima de tus necesidades.
Porque, supongamos que mañana 20 millones de españoles, se adhieren a la dieta y al ayuno que he expuesto más arriba. ¿Cuántos millones se perderían en volumen de negocio? ¿Y si el sistema provocase enfermedades indirectamente para después crear negocio al sanarlas?

Pero, dejemos el sistema de lado. Mirémonos a nosotros mismos. Supongamos que yo soy alguien que puede responder a un perfil medio, nadie me obliga a consumir nada que yo no quiera consumir, o al menos eso quiero pensar, pero yo, mientras he estado sano, siempre he pensado en defender ante todo la sensación de poder hacer lo que me diese la gana, aunque luego tuviera que pagar por ello, antes que estar reprimiendo o controlando mis deseos.

¿No somos acaso libres por medio de la saturación?

¿No es acaso la saturación de nuestro cuerpo, más aún que el de nuestras casas, o posesiones, el núcleo de nuestra libertad?

¿No es acaso saturándonos como llegamos por la vía rápida a ese lugar en el que creemos que hacemos lo que realmente nos da la gana? Donde se confirma nuestro libre albedrío.

Saturación material, saturación mental y saturación física. No nos compadezcamos tanto de las vacas, de los cerdos o de los pollos, ellos sólo son un reflejo de como vivimos nosotros mismos, aunque, claro está, no queramos darnos cuenta de ello.

El sábado por la tarde mi mujer, mis hijos y yo, merendamos juntos. Es la primera vez que merendamos lo siguiente: un kiwi, un plátano, un trozo de queso fresco para cada uno, nueces, miel, e infusiones para todos. Estuve a punto de hacer una foto, me resultó extraño, y pensé: qué pasaría si en vez de esto estuviéramos merendando un bocata de sobrasada con queso.
No recuerdo ni una sola vez en mi niñez, que haya merendado kiwi, queso fresco, plátano, nueces, miel e infusiones. Ni una vez. Siempre he merendado bocadillos, o empanadillas, o enseimadas, o cuernos de chocolate.

Entonces abro la nevera y ya no veo la comida como un objeto de deseo, lo que veo es una fuente de vida o muerte. Productos que antes me atraían ahora me provocan indiferencia . ¿Qué va a pasar con mi vida a partir de ahora? ¿Cuáles van a ser mis referentes alimenticios? ¿Estoy dispuesto a enfermar por la causa de comer lo que me de la gana? ¿Cómo voy a lidiar con las rutinas sociales, convivir con ellas, para que no se evaporen mis relaciones?

Mi cuerpo me está pidiendo un giro vital. Me está diciendo, se acabó, ese camino se acabó. No hay nada más que ese camino te pueda aportar, por ahí no vas a encontrar nada que te de respuestas ya.
Le digo a mi mente que escuche a mi cuerpo, pero mi cuerpo tiene vida propia, sus propias rutinas, es capaz de crear sensaciones falsas con tal de conseguir sus dosis. Las dosis de comida que lo van a matar.

Hay que cuidarse, dicen. No, lo que hay que hacer es redefinir la verdad, ¿dónde está la verdad? La verdad está en la escasez, despertad, si podéis.

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