Es solo otro fin de semana perfecto

Supongo que el truco está en conjugar las responsabilidades paternas con los intereses individuales.

Ese fin de semana, el del 6 de octubre, se produjo esa magia en la conjugación de dos esferas sobre las que hay que trabajar mucho para se fusionen en algunos puntos de encuentro.

El sábado por la mañana empezó con el circuit vermut, a las 10h estaba en el local de ensayo. Carga el equipo, vete a la pinça monta el equipo, coordinación con Stéphanie Cadel et la Caravanne.

Tocar, dos pases.

Acabas la mañana con la sensación de haber hecho bien las cosas. A pesar del pequeño percance policial del Café Berlín, el circuit vermut funciona, esto es importante.

Comemos músicos y familias con o sin hijos, y se hace la hora de volver a casa. De cargar el equipo, pasar por el local de ensayo, dejar los trastos, bañar a los niños meterlos en la cama…

Bien, todos estamos agotados por el día que hemos pasado, pero, yo, yo, yo, quiero ir al MIMAA, no pude ir el viernes, y se me ha quedado esa espinita clavada.

Nada, que sobre las 11h30 salgo de casa. Consulto la programación por el móvil. Puedo llegar al concierto de Los Cuantos, aunque sea al final.

Parece ser que llevaban dos ediciones haciéndolo en Alicante, este año se lo han traído a Valencia.
Llego a la Rambleta. Aparco en doble fila, pago la entrada, voy directo al teatro y, en medio de una canción, me siento.

Cuento, y esto es verdad, que no tenía ni idea de quiénes erán los Cuantos, en ese momento, cuando me senté no lo sabía.

Luego fui comprendiendo que sí que sabía quienes eran. Había leído el día anterior el artículo de Eduardo Guillot en el NEO, y poco a poco fui refrescando la memoria.

Antes, un sonido atronador me peinó la raya en medio.

RACATACATACATACATACATÁ: trueno: sonido: trueno de guitarra. Dos guitarras torreón sentados.

Un cantante más flexible que la rana gustavo, sentado y andando a cuclillas. Una chica con un traje comprimido tocando el piano y un batería que tocaba de la hostia, es decir de maravilla y que sorprendentemente, se oía poco (podemos imaginar el volúmen de las guitarras: atronador).

Aplastado por el sonido contra la butaca, pensaba: joder, supongo que solo deben hacer bolos en directo en teatros o grandes festivales porque ensayar a ese volumen en un local de ensayo es para quedarse, o estar, sordo.

Yo después del rollo acústico de la mañana del circuit vermut estaba encantado. Me puse a pensar que habría sido de mi vida si en vez de montar incrustados en el escaparte basándome en el sonido acústico, lo hubiese montado basándome en el sonido del trueno.

Otra camino, sin duda, igualmente interesante.

Aclaremos qué hacía yo en el MIMAA, yo una vez tuve un proyecto de “música avanzada”, se llama así, ¿no? que se llamaba la lavadora cuántica, y eso está ahí, dando vueltas en mi cabeza.

Volvamos al teatro.

En el artículo, Guillot comentaba que había uno de los músicos de los Cuantos que tambén tocaba en Ginferno, pero, espera, antes, me di cuenta de que el que estaba sentado a la derecha de mí era Javier Colis. Dije, hostia, ya está claro, estoy viendo el nuevo proyecto de Javier Colis. Empezaba a entender qué estaba pasando.
El grupo tiene una propuesta de la leche y no lograba ubicar aquello allí. Después de ese concierto, será difícil ubicarlo en otro lugar que no sea un teatro o festival.

Acaban Los Cuantos y pienso que ha valido la pena el esfuerzo, tengo un sueño que me caigo, me paseo por las instalaciones video sónicas. Me compro una cerveza y me apoyo en una barandilla para contemplar la sesión “techno”. No tengo ni ideo de quién está subido al escenario de al lado del bar.

Algún día después pienso que con el techno se acabaron los himnos. Pero supongo que soy un neófito en la materia y supongo que dentro de su lenguaje tendrán sus propios himnos. A mi me cuesta no pensar en canciones.

Bien, vuelvo al teatro y ya está tocando otro grupo, no puedo decir quienes son porque no me fije en el momento que entraba en el teatro y ahora buscando la info me sale que tocaban: negro, que no era, Mentat, que tampoco era, y Ansaldo tropical, que creo que tampoco era ya que en la sala no sonaban como en la grabación. Pido disculpas por no conocer el nombre del grupo. Solo diré que consiguieron convertir sus deficiencias en virtud. Claro está que después de haber visto a Los Cuantos, de haber visto a su cantante meterse a la gente en el bolsillo mientras arreglaban la guitarra del compañero de truenos de Javier Colis, después de haber dejado el listón tan alto. Lo tenían jodido.

Pero el batería era gracioso y sobre todo, tenían una propuesta marciana a mitad camino entre el garage desbocado y la afinación discordante de Sonic Youth compaginandolo todo con canciones cantadas coralmente que le daban al conjunto una esencia simpáticamente demodelora. Canciones himno subterráneas. O algo así.

Cuando acabó el bolo yo estaba reventado. La programación se había retrasado y me quedé un rato en el teatro, luego salí y tras apoyarme de nuevo en la barandilla para ver otra propuesta de techno música avanzada (por llamarla de alguna manera – esta propuesta me pareció más interesante, dos tíos contruyendo bases en directo y metiendo sonidos y tal, parecían que estaban creando ambientes-) me metí en el teatro y esperé que empezara Ginferno. Sé que es un sacrilegio, pero, no podía con mi alma y cuando acabó el primer tema me fui.

Antes de irme comprendí quién era el músico que Ginferno compartía con Los Cuantos, el cantante. Esta vez con gorro de lana de marinero. Bailando como un poseso. Una propuesta superinteresante para ver con calma, sin estar cansado, para, incluso bailar, cerca del bodevil. Difícilmente clasificable. Un puesta en escena divertida, nerviosa, como el cantante (¿Para qué sirve un grupo de Rock en tiempos de crisis? Para nada. O: no voy a deciros nada que no sepáis ya, por eso voy a estar callado- eso lo dijo mientras se solucionaba el problema del guitarra de los Cuantos-.)

Sal de La Rambleta. Sube al coche, aparca, las 3h de la mañana.

Domingo y paella familiar. Toco un poco la guitarra. Veo como el Levante revienta al valencia en un canal pirata de internet donde se pueden ver todos los acontecimientos deportivos. No me interesa el fútbol. La liga me aburre.

Los niños se quedan con lo abuelos, nos vamos al teatro.

Una caña en el I LOFT Valencia. Mola ver teatro mientras te tomas un caña.

La gente.

Todo un éxito.

No voy a decir nada. Hay que verla. Hay que ir.

Solo puedo decir que los actores están que se salen. También la dirección y también la dramaturgia.

En algunos momentos me recordó a una propuesta kafkiana con humor. Algo nada sencillo.

Que más puedo decir: una pequeña gran joya.

Cuando salimos intento convencer a Ruth y a Jaume de que no solo la obra está muy bien sino también su propuesta teatral de batalla en tiempos de crisis.

Su propuesta me recuerda nuestro circuir vermut, a ir a por la gente, a llevar la música y el teatro en formatos flexibles, lejos del mastodonde de las subvenciones. La gente es la que responde, y responde bien.

Pienso en Los Cuantos, los cuantos no podrían tocar en el circuit vermut, no podrían tocar en I LOFT VALENCIA.

¿Qué hacemos con esas propuestas también interesantes? ¿Qué hacemos?

Actores

Ruth Atienza + Juli Disla + César Tormo + Lorena López + Toni Agustí

+ Artistas Invitados En el estreno:

Amparo Fernández + Carles Sanjaime

Dramaturgia Pérez& Disla

Texto Juli Disla

Dirección Jaume Pérez

Produce Pérez&Disla

P.D.: me compré un disco de los Cuantos en el Stand de flexidiscos

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