Mientras escribo

Mientras escribo

Creo que me he leído un par de novelas de Stephen King: El Resplandor e It. Miento, me leí un libro que tiene un par de cuentos, uno de ellos era El Cuerpo. Creo que hicieron un película con esa historia en la que salía River Phoenix de niño. Escribo de memoria sin confiar demasiado en ella, así que, voy al google y compruebo que es cierto: Stephen King escribió un cuento que se llama El Cuerpo; también es cierto que en el cuento se basaron para hacer una película coprotagonizada por River Phoenix.

Una de las ideas que lanza Stephen en Mientras escribo tiene que ver con la voz pasiva que he utilizado en la última frase del párrafo anterior, mejor evitarla al escribir. No es el único consejo que da.

He dudado mucho antes de ponerme a escribir esta reseña, ya que si la mayoría de las veces las reseñas que hago suelen ser hipersubjetivas, esta puede rayar suprasubjetividad. Esta se da en los casos en los que una persona toma las riendas para describir una situación en la que no ha sido el único protagonista y al mismo tiempo sí que ha sido el único protagonista.

He reflexionado muchas veces, y siento pudor al explicitar esta reflexión en público, en el día en el que decidí ser escritor, porque, sí, hubo un día en el que decidí ser escritor. Sí, es cierto, aquí abro un paréntesis para que quien quiera suelte un grito, una carcajada o una sonrisa soterrada por un labio mordido (otra frase en voz pasiva).

El día que decidí ser escritor, en realidad no sabía lo que hacía, miento, no tenía ni la más remota idea de lo que hacía, la verdad es que no tenía ni puta idea de lo que hacía.

Tomé esa decisión hace casi ocho años, y sí, es cierto, siempre había escrito, alguna novelita, algunos relatos cortos, letras de canciones, poesías, pero nunca, ni en el más remoto de mis pensamientos, escribí todo aquello bajo la idea de SER ESCRITOR. Digamos que lo hacía de forma irreflexiva. Además siempre había sido un mal estudiante; cómo un mal estudiante iba a querer ser escritor. Ser escritor para mí iba asociado con una concepción muy clásica de la creación. Yo era un creador outsider, un selfmade creator. Es decir, un ignorante.

Sí, porque la ignorancia tiene una gran importancia en lo que estoy intentando transmitir con esta reseña. Es cierto que ser ignorante te puede dar una gran valentía, pero, esa es la gran verdad, ser valiente no te libra de ser ignorante.

El día que decidí ser escritor, no lo sabía en aquel momento, lo que había decidido no era ser escritor, lo que había decidido había sido intentar luchar contra mi ignorancia. Sí, puede que llegase con algo de retraso, hay quien toma esta decisión bien joven, yo siempre he sido un hombre lento, y de esto, sin embargo, no me arrepiento.

Digamos que hay un tiempo para estar totalmente embotado, como incomunicado, este estadio es particular para cada persona, pertenece a su privacidad evolutiva, a su desarrollo como ser humano. No hay reglas para provocar ciertas revelaciones en las personas. Por eso no me ha importado ser lento, lo que me ha importado ha sido llegar a experimentar LA REVELACIÓN.

Bien, estoy en mi antigua casa, quizás sea una tarde cualquiera del mes de septiembre. Estoy ansioso con lo que voy a hacer o dejar de hacer durante la temporada. Ante mí se presenta el reto de superar una oposición inminente, pero, yo, lo que decido, es ser Escritor. Y como otras veces, me pongo a escribir, pero, esta vez va en serio.

Desde luego mirándome con perspectiva no puedo más que esbozar una sonrisa. Menos mal que en fondo nunca he sido una persona impaciente, que siempre he tenido la intuición, esa es una de mis virtudes, de que las cosas bien hechas solo se pueden hacer a fuego lento.

Y así, ha sido. Como he comentado antes, el día que decidí ser escritor en realidad decidí emprender una batalla contra mi ignorancia. Ese día salté al ruedo de la vida, al ruedo de la verdad, al ruedo de los millones de pensamientos nacidos de millones de personas lúcidas, hiperlúcidas, y más, personas que llevaban muchos muchos años, a pesar de su juventud, queriendo ser escritores. Qué maravilla, ser tan joven y saber que quieres ser escritor, músico, artista, creador, soldador, fontanero. Qué grande es saber lo que quieres ser. Pero este es otro tema.

El tema que me ocupa es de el combate contra la ignorancia. Y aquí, a diferencia de esta reseña no estoy hablando de un combate público, aunque muchos se lo toman como tal, no, hablo de un combate privado, un combate personal contra la ignorancia, que sin más nos llevará, a mi me llevó, me sigue llevando, hacia la búsqueda infinita, a meterme en el papel de Sísifo.

Para qué confesar todo esto, para qué hablar de todo esto sabiendo, como sé en estos momentos, lo que sé. Qué es lo que sé: la fórmula tiene que dar con dos variables, si no, no funciona.

Las dos variables para que la fórmula sea resuelta están sujetas a una total aleatoriedad, no conocen la vejez, ni la juventud, sólo saben que dependen exclusivamente de la predisposición a La Revelación.

La Revelación, si la alcanzas no te dará las claves para ser escritor, nadie te puede dar las claves para ser escritor, por mucho que asistas a talleres o que recurras a maestros o guías. Nada excepto tú puede dar con La Revelación. Esta es una de las variables. La otra es estar dispuesto a la aniquilación de tu ego sin que esto suponga la aniquilación ni de tu ego ni de tu voluntad.

Estamos aproximándonos a lo realmente importante. La filosofía de vida personal de cada uno de nosotros. A mi filosofía de vida.

El día que decidí ser escritor, en realidad estaba plantando una estaca en el suelo firme de mi vida para establecer los límites por los que irrefutablemente iba a moverme. No lo sabía, o yo no era consciente de ello, pero hasta entonces, no había hecho más que dar bandazos.

Tuve que deshacerme de toda una serie de misiones que me había encomendado por creer que estaba en deuda con el mundo. Tuve que centrarme en responder a la gran pregunta: qué es lo que en el fondo quería realmente hacer en la vida: La Gran Revelación. Muy a mi pesar muchas de las percepciones que había construido de manera racional cayeron y dieron paso a la verdad.

La verdad, la única verdad, era que me gustaba escribir, me gustaba escribir, lo que fuese, canciones, poesías, relatos, novelas. Eso era lo que me gustaba hacer, y eso era lo que iba a hacer.

Y a pesar de que sabía que tenía que sacarme una oposición, pude entrever que aquella nueva idea que se había instaurado en mí, que siempre había estado en mí, pero que nunca había tenido la posibilidad de aflorar (LA REVELACiÓN), iba a ser lo que iba a darle sentido a mi vida.

El día que decidí ser Escritor, una gran certeza dio paso a una incertidumbre infinita. Lo primero que hice fue comprar más libros, ver más películas, escuchar más música. Más, cada día más. Seguí escribiendo, pero, debido a mi falta de referencias tuve que buscar guías, maestros, y aquí es donde entra la suprasubjetividad, y aquí es donde tiene alguna razón de ser que escriba de todo esto para hacer una reseña de Mientras escribo.

Es verdad que no podemos, o no debemos echarle la culpa de nuestras desgracias o deficiencias a quien nos rodea, a quien pedimos ayuda o asistencia, pero en muchas ocasiones, para poder tratar con principiantes hay que tener una serie de pautas bien definidas que no den lugar al error, al vacío o al equívoco: parámetros fríos y tangibles.

Un taller de literatura, un maestro o un guía espiritual nunca podrá ayudarte a ser escritor pero te podrá indicar ciertos parámetros orientativos que te podrán acercar a saber en qué situación estás.

Cuando tuve mi primer profesor de escritura, a pesar de que le hice muchas preguntas de carácter objetivo, del tipo, cuántas horas hay que leer de media al día, cuántas horas hay que escribir de media al día etc. no supo contestarme. Tampoco logramos un entendimiento en la corrección del estilo. Tampoco la conseguimos en la ayuda para la construcción de una trama o de los personajes. En definitiva, acabamos mal.

Está claro que el tiempo es importante para poner cada cosa en su sitio. Para realizar ejercicios de autocrítica y para revisar todo aquello en lo que nos hemos equivocado. Bien no puedo dejar de pensar que lo mejor que me hubiese pasado el día que decidí ser Escritor fue haberme topado con un libro como Mientras escribo y que mi mayor error fue tomar clases particulares de escritura.

Cuando decides ser escritor te lanzas al vacío. Psicológicamente, si no tienes a mano un mentor de confianza, eres carne de cañón en manos de buitres voraces que están esperándote para alimentar su ego. Sí, porque cuando decides ser escritor, te das cuenta de que antes que tú, hay cientos, miles de personas que también han decidido ser escritores, y que, por lo tanto llevan tiempo intentando serlo, y que por lo tanto, a pesar de no serlo, conocen mejor que tu los instrumentos, porque no nos equivoquemos, el dominio de la lengua es una cuestión de dedicación y tiempo, de pulir y corregir, pero, ¿quién es capaz de contar una buena historia?

En la técnica, en las reglas, en el tiempo dedicado a las lecturas es donde te van a dar un repaso en cuanto digas que quieres ser Escritor sin haber meditado sobre lo que ello significa. Tiempo, todo es cuestión de tiempo.

El día que decidí ser escritor, lo intuí cuando mi profesor particular acabó enfadándose conmigo, se dio cuenta de que lo que me decía carecía de valor para mí y se enfadó. Lo que uno necesita es tiempo.

En Mientras escribo está claramente definido a qué debes dedicar tu tiempo si quieres ser escritor. Cuanto tiempo debes dedicarle a la lectura, cuanto a la escritura. Parecerá una perogrullada pero leer, tanto libros como críticas de libros, te ayudará a definir tu estilo, pero sobre todo te ayudará a saber cómo enfrentarte a los lugares comunes, todo está inventado.

Pero además este libro te dará un serie de claves básicas y completas sobre las que basar el camino que has emprendido para luchar contra la ignorancia.

Mientras escribo debería ser el libro de cabecera de todo aquel que un día cualquier tiene la revelación de que quiere ser Escritor.

Después de leer este libro. Pasados cuatro o cinco años haciendo lo que dice este libro, tal y como dice Stephen, si tienes la genialidad y el tesón suficiente, quizás puedas escribir un relato corto; pasado otro cierto tiempo, si tienes la imaginación y la fuerza suficiente como para inventar personajes y tramas (en Mientas escribo también se habla de la construcción de personajes y tramas), quizás puedas escribir tu primera novela.

Cuando llegues a este punto quizás puedas decir que eres escritor, pero, aún así es muy probable que nadie quiera publicarte la obra, por eso Stephen te recomienda dos cosas: que busques un agente, incluso antes de escribir tu primera novela, y otra, que sepas para quién estás escribiendo, que sepas cómo funciona el mercado, ya que de ello dependerá que puedas vender o no tu obra.

Libro esencial, revelador, totalmente pedagógico sincero y sin pretensiones.

Recomendado para cualquier ignorante que quiera ser escritor.

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Una respuesta to “Mientras escribo”

  1. vte Says:

    muy interesante! gracias por la reflexión, hacia tiempo q no te leía, pero te comento q cada vez me gustas mas.

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