Bechamel

Un pequeño músculo sobre el que reposa el engranaje de nuestro cuerpo. Leo este comentario, sentado en el sofá. Dejo el periódico, digamos que es un periódico lo que estoy leyendo, pongamos que es un artículo científico sobre el cuerpo humano, pongamos que me ha llamado la atención el titular: Un pequeño músculo sobre el que reposa el engranaje de nuestro cuerpo. Tras leerlo me levanto con un cierto temor. El artículo no determina dónde está ese músculo, incluso invita a que sospechemos que ese músculo, en realidad, no tiene una localización fija, es decir, que es posible que cada persona lo tenga ubicado en un lugar diferente. Vaya, un problema más, pienso. No es confortable pensar que tengo un punto “débil” tan evidente y tomar conciencia de ello con tantos años de retraso. Me toco por todo el cuerpo como buscando un interruptor que pudiese desconectarme sin más. Ando hacia la cocina y saco el plato de pollo desmenuzado de la nevera. No puedo dejar de pensar en ese músculo minúsculo del que depende la estabilidad de nuestro cuerpo. Según el artículo, un cuidado poco minucioso de este músculo puede tener consecuencias fatales en el ser humano. Desde caídas repentinas e inesperadas, hasta, ahí fue cuando realmente me asusté, la muerte súbita. Me doy cuenta de que no sé para qué he sacado el plato de pollo desmenuzado, aún no lo voy a necesitar, primero tengo que hacer la bechamel. Hago amago de volverlo a meter en la nevera, pero, lo dejo encima del banco de la cocina, me doy cuenta de que me apetece tenerlo ahí, como si fuera una señal del plato final al que tengo que llegar, como una razón que me explica por qué voy a sacar la leche de la nevera, la harina y las cebollas de la despensa y la nuez moscada y la sal del cajón del armario. Al coger la tabla de madera donde voy a cortar las cebollas, pienso, ¿cómo sé todo esto? En mi vida he hecho una bechamel. Sí, es verdad, consulté internet ayer por la noche para conocer la receta, pero, en ningún sitio leí nada sobre la cebolla y la nuez moscada. Esta claro que sabemos más de lo que creemos saber. Existe un conocimiento oculto, un aprendizaje subterráneo que, cuando menos lo esperamos, sale a la superfucie. Llego a esta conclusión mientras corto las cebollas, dos pequeñas cebollas, en trozos cuadrados y pequeños. Cuando quiero darme cuenta estoy en el colegio. Estoy a punto de entrar en una clase. De la clase acaban de salir unos alumnos que van tres cursos por delante de mí. Miro la pizarra. No comprendo nada. Me asusta no comprender nada. Me asusta pensar que nunca podré llegar a comprender aquello que leo en la pizarra. Vuelvo a la cebolla. La tiro a la sartén, el aceite está ya caliente. Cuando está a punto de ponerse doradita, tiro la leche, a ojo, otra enseñanza adquirida con el paso del tiempo inconscientemente, pienso. Me doy cuenta de que la cebolla no está suficientemente hecha así que añado un poco más de leche y tapo la sarten. Bajo el fuego al tres. Salo el pollo desmenuzado. Friego unos vasos y unos platos que hay en la pila. Organizo la cocina. El niño duerme en la manta de juegos. Me acerco a echarle un vistazo. Veo el periódico. Un pequeño músculo sobre el que reposa el engranaje de nuestro cuerpo. Uff. ¿Cómo cuidar algo que no sabes dónde está? Vuelvo a la cocina. La cebolla ya está lista. Añado la harina, a ojo. Sé que la bechamel tiene que quedar espesa si quiero que salgan unas buenas croquetas. A lo mejor debería haberla volcado de otra forma, pero, no sé por qué, hago una montañita en medio de la leche. Bajo el fuego al dos. Extiendo la harina con una cuchara de madera. Hay bastantes grumos que sobresalen como islotes. Aplasto los grumos y remuevo. Lentamente. Aplasto los grumos y remuevo. Otra vez. Lentamente. Aplasto los grumos y remuevo. Subo el fuego al tres. Aplasto los grumos y remuevo. Lentamente. Aplasto los grumos y remuevo. Otra vez. Lentamente. Aplasto los grumos y remuevo. Mantengo el fuego en el tres. Aplasto los grumos y remuevo. Lentamente. Aplasto los grumos y remuevo. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Otra vez…

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Una respuesta to “Bechamel”

  1. Almudena Says:

    qué bueno.

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