Wallace, Bernhard y Papini (5)

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Trabajar con bases de datos de libros puede ser para una persona como yo, como para un yonki trabajar con jeringuillas. Sobre todo después de que me propusiese no leer ningún otro libro hasta que me acabara de leer los tres libros que me he propuesto acabar de leer. A saber uno de David Foster Wallace, uno de Papini y otro de Bernhard.

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Pero, trabajar con una base de datos de libros, como digo, es una tentación. Una tentación irresistible: a ver, ¿cuantos libros hay de Wallace en la biblioteca? ¿Y en la red de bibliotecas? Qué títulos tan sugerentes. ¿Tomo nota de alguna signatura? No, no puedo, no puedo, no debo, para qué crearme falsas expectativas con nuevos libros que no voy a poder leer si quiero cumplir el reto que me he propuesto cumplir. Pero, ¿y de Papini? ¿Cuántos libros hay en la biblioteca de Papini? Muchos más, hay muchos más. De hecho al repasar el listado de libros me doy cuenta de que hace tiempo empecé a leer uno: El Libro Negro. Nunca lo acabé de leer. Lo tenía mi padre en casa y me llamó la atención el libro. Leí unas cien páginas. La primera impresión que tuve sobre Papini, a raíz de esa lectura, no fue muy positiva, pensé que por un lado el autor debía creer que los lectores éramos idiotas y en segundo lugar que parecía un repaso de la historia reciente de la primera parte del siglo XX para estudiantes de educación básica. Por supuesto, ahí está, en la estantería -muchas personas se preguntarán para qué sirven las bibliotecas, pero, la respuesta es bien sencilla; las bibliotecas sirven para ahorrar dinero, a una biblioteca vas, te llevas a casa El libro Negro, te lo quedas por dos semanas, te das cuenta en la página 100 que lo consideras prescindible, lo devuelves y te has ahorrado, al menos, algo de dinero; la desilusión de encontrarte frente a frente con un libro que no te gusta no te la quita nadie. Ahora bien, si el libro te gusta, pongamos por caso que en tu biblioteca está Meridiano de sangre y te encanta, pues, vas corriendo a tu librería más querida y te lo compras, para poder subrayarlo, tomar notas etc. Por favor no hagas esto en los libros de la biblioteca, cómpratelo si no vas a poder evitar hacer esto. Ah, y si te ha gustado mucho Meridiano de Sangre no caigas en la tentación de comprarte tres o cuatro libros más del autor del que te has prendado, inicia el proceso desde el principio, vuelve a la biblioteca, no todos los libros de los buenos autores son buenos-.

 

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Volvamos a la tentación. La tentación para una persona como yo, que se ha planteado leer los tres libros que ha empezado a leerse, y no sólo esto, sino que además durante tres meses no voy a leer nada que no sean estos tres libros, para un persona en mi situación, para una persona que asume un reto de estas características, la vida se puede convertir en una verdadera odisea, porque, ya no es sólo que tenga que trabajar con una base de datos llena de información sobre libros que me encantaría leer, no es sólo que cuando llego a casa he de cerrar los ojos para no fijarme en los libros que deambulan por mesitas, estanterías y camas sin hacer, no, no es sólo esto, es todo un entramado vital del que me tengo que proteger para no caer en la tentación. Como un yonki, diréis, y es cierto, como un Yonki soy. Tengo a los camellos llamando a mi puerta, tengo localizados los rincones donde escondo la droga en caso de que mi camello me falle, pero, a diferencia de la droga, la literatura no es ilegal, y te la encuentras por todas partes. Abres el periódico y encontrarás literatura, abres tu correo electrónico y recibes la noticia de que abren una nueva librería en Russafa, una especializada en Novela negra, ni más ni menos -hasta aquí han llegado ya las librerías especializadas; recuerdo mi último viaje a Lyon, fue allí, hace un par de años cuando entré en una librería totalmente especializada en novela negra, por supuesto, me compré tres libros, me he leído dos, uno de los cuales me había leído ya, me di cuenta cuando me estaba acabando el libro; y ese libro, el restante que nunca me leí, por ahí deambula, de estantería en estantería, de casa en casa, de viaje en viaje; no, no podré ir a la inauguración de esa nueva librería de novela negra, no puedo permitírmelo-, y buscas un concierto y consigues uno en la Feria del Libro, y no sólo esto, cuando acabas de tocar, se acerca a ti un representante que dice que tiene un catálogo de libros y discos para vender en librerías y que está interesado en tu música. Ahí comprendes que el reto que te has planteado llevar a cabo no es ninguna tontería, no va a ser ninguna tontería conseguir leerme estos tres libros sin caer en la tentación de leer algún otro más, de hecho cuando crees que la jornada laboral ha acabado y, antes de irte a casa te dejas caer por el local por el que pasas siempre para tomarte una cervecita y unas papas, o unas aceitunas, das un sorbo a esa cerveza que sabe a gloria, y comes una o dos papas, e inconscientemente te das la vuelta y te sorprendes mirando los libros que hay en una de las repisas, y cuando te quieres dar cuenta ya llevas 20 páginas de Carne Trémula, el guión de Almodovar, y piensas, he recaído, he recaído y ahora voy a tener que empezar de cero. Sabes que esto te pasa porque has salido de casa sin el libro de Bernhard en el bolsillo, pero, también te das cuenta de que si no has salido con el libro de Bernhard en el bolsillo es porque esa historia que Bernhard está intentando contarte sobre dos hermanastros que abandonan sus propiedades para ir a América y a África, no acaba de cuajar en tu interior. La construcción críptica y coral y epistolar, escrita también en algunos pasajes a modo de diario, no acaba de echar raices en el centro neurálgico de tu interés, y para sacar un libro de casa, para sacarlo y pasearlo y abrirlo mientras sentado en un banco te comes las merienda, algo tiene que enraizarse en tu interior.

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Es culpa de Bernhard entonces que hoy, por primera vez desde que me propuse leer los libros que me he propuesto leer, haya caído, haya abierto ese libro que tenía tan buena pinta. Ese guión, Carne Trémula, escrito por Almodovar. Ha sido culpa de Bernhard, mi camello hoy me ha fallado, pero, había otro a la espera para ocupar su lugar y la jeringuilla siempre está preparada para meterme la dosis.

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