Wallace, Bernhard y Papini (3)

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No resulta tan sencillo como pensé en un principio llevar a cabo el ejercicio que me he propuesto.

Me he encontrado con diversos problemas.

Uno de ellos es la competición que se ha impuesto entre los libros que he decidido acabar de leer. Cada uno de ellos intenta llamar mi atención con mayor intensidad que el anterior. Se está produciendo una batalla por acaparar todo mi tiempo de lectura por parte de los libros. Wallace está conquistando el territorio del cuarto de baño, Bernhard el de la cama y Papini a duras penas logra aparecer por una rendija que le queda a la hora de la merienda cuando me siento en el banco del parque.

Pero, no es este el único frente abierto. Luego están las tentaciones. Los libros que he decidido no leer pero que me muestran sus encantos para que cambie de opinión. Una antología poética de T.S. Eliot y La Vida del poeta de Robert Walser son tentaciones que a duras penas puedo controlar. Dejo de mirar las tapas, las portadas sugerentes que me invitan a dedicarles, aunque sea un momentito, a leer una frase… ¿qué me puede pasar por leer una frase?

Pero, no, he de ser fuerte, debo acabar los libros que me he propuesto leer, miro a otro lado, pienso en otra cosa, en fútbol, algo en lo que no me gusta pensar, pero, vuelve a mí la tentación, esta vez en forma de cómic. Oigo a Sergio Bleda hablar de su obra, de cómo escribió El baile del vampiro, comenta unos cuantos cómics que le han influenciado, tomo nota, voy corriendo al ordenador para ver si están en la biblioteca, pero antes de iniciar la búsqueda me digo: no, para, no busques más, lo tienes todo, por ahora lo tienes todo, no hace falta que te leas ahora, La ascensión del gran mal, de David B, no hace falta, puedes hacerlo. Debes hacerlo si quieres acabar de leer los libros que te has propuesto leer.

Pero, no estoy convencido, ya que pensar en La ascensión del gran mal me recuerda que tengo La Casta de los metabarones a mitad. Eso sí, me he prohibido comprar otro cómic hasta nueva orden, hasta que acabe de leer los libros que me he propuesto leer… Pero tengo serias dudas.

Wallace es interesante, insiste en establecer un mapa bien definido del significado del lenguaje, de aquello que transmitimos al utilizar un lenguaje u otro, un lenguaje académico  o un subdialécto. Habla de la importancia del lenguaje en la construcción social de los niños, de los adolescentes, de las etnias, como el lenguaje unifica un postura comunal frente a otra, y sobre todo dice que hay un lenguaje de las clases altas, y que cualquiera que quiera aspirar a llegar a las clases altas por mucho que pertenezca a una etnia discrimanada tendrá que aprender este lenguaje si quiere ser escuchado. GRAN REVELACIÓN.  Con Wallace se aprende, aprende mucho. Wallace es un genio de la comunicación dentro de un mundo incomunicado, sin embargo Bernhard es un artesano de la palabra y un narrador profundo como un lago negro…

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Seguramente Wallace habrá leído a Bernhard, da la sensación de que Wallace lo leyó todo, y me pregunto en qué categoría pondría Wallace a Bernhard. ¿Está escribiendo Bernhard para las minorías? ¿Para las minorías intelectuales? Alguien que empezó leyendo a Bukowski y a los Ramones, ¿tiene la capacidad para acabar leyendo a Bernhard sin que se le caigan los anillos? Quiero decir, ¿qué quiere decir esto de que el ser humano tiene un único lenguaje? ¿No sería esto limitar la capacidad del ser humano? ¿Podríamos pensar que un ser humano habla muchos lenguajes dentro de un mismo lenguaje según con quién se relacione e incluso dependiendo de su estado de ánimo? ¿Puede ir un hombre todo el día empalmado? Creo que no, creo que a veces ha de relajarse y dejar de pensar que está por arriba. Arriba no existe, sólo es una construcción social…

Sí, Bernhard y Wallace le están ganando la partida a Papini, pero, Papini, su primer cuento del libro El piloto ciego, es tan redondo que me da miedo empezar uno nuevo y romper ese círculo perfecto con el que me he quedado. Un círculo perfecto hay que conservarlo durante un tiempo, por los menos unos días, para que se asiente, para que se imprima en el tejido cerebral, algo así merece permanecer.

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