ROCK EN VALENCIA: ENTREVISTA A MANOLO BERTRÁN, CANTANTE DE DOCTOR DIVAGO

(entrevista aparecida en www.revistateina.com, n.12, junio-julio-agosto 2006)

«Me siento parte de una tradición de rock cantado en castellano y esto es lo que define al grupo»

Revuelta Elemental es el séptimo trabajo de la banda valenciana Doctor Divago. Una razón perfecta para descolgamos por las paredes del pensamiento Divaguiano y para encararnos con su esencia.

Néstor Mir
nestormirplanells@yahoo.es

Doctor Divago es un grupo valenciano que lleva dando guerra desde principios de los noventa Una banda empecinada en llevar hasta el extremo un modo de ver y entender la música y la vida. Sus influencias son de lo más variopintas pero su filosofía y actitud se enmarcan con mayor claridad dentro de los márgenes del rock’n’roll. Del Maximum Rhythm and Blues que en su día acuñaron los Who. También los Jam son otra de sus grandes influencias. Los tiempos y la energía del In the city o del This is the modern World corren por las arterias de esta banda tanto como la tradición del rock cantado en castellano.

Manolo Bertrán, alma mater de la formación y quien responde a las preguntas, es una persona deslumbrada desde muy joven por la ética y la estética del rock, por la música en directo, fanático total de la nueva ola española, de los Beatles y de los Doors. Un lector en la sombra.

DE LA LOCURA, EL ALCOHOL Y OTROS SUEÑOS Y OBSESIONES

La locura es uno de los temas centrales en tus discos y una constante, ¿a qué crees que se debe esta obsesión?
Yo soy psicólogo y me he chupado bastantes clases de psicopatología y psicología clínica. También me encanta el psicoanálisis y he leído a psiquiatras de corriente antipsiquiatra como Ronald D. Laing. Quizás sea esto por lo que pienso que uno siempre está expuesto a los desórdenes mentales y la presencia de esta amenaza no deja de ser inquietante. Incluso puede tener un punto atractivo el flirtear con pasar al otro lado, aunque me gusta ver toda esta cuestión como si fuese un ejercicio surrealista.

También da la impresión de que tu relación con el tema de la locura ha evolucionado con el tiempo, que en los últimos discos te centras en una locura más cotidiana, más cercana, quizás menos excepcional.
Sí, con el tiempo he intentado huir del efectismo, he preferido ahorrármelo, no echar mano de esos recursos y utilizar menos fuegos de artificio. He normalizado mi discurso, he trabajado para hacerlo más creíble y he buscado aspectos que tuvieran una mayor relación con mis inquietudes como persona, con todo aquello que realmente me rodea día tras día.

Los sueños son otra de tus obsesiones, ¿por qué?
Los sueños me ayudan a ahondar en esa visión surrealista de la vida. Aunque hay gente que dice que no hay mucho surrealismo en mis letras, que lo que hay es irrealidad. Cuando dicen esto creo que se refieren a que lo que intento mostrar con mis letras no es una realidad pervertida sino que es más bien una ficción, algo que en el fondo no existe. Pero, ahora que lo pienso, no sé si estoy muy de acuerdo con esa idea.

En tus letras también haces muchas referencias al alcohol, ¿qué relación tienes con el alcohol?
Me he movido bastante por los bares y he tenido amigos que han hecho uso y abuso, no sólo de esta sustancia, sino también de otras. Incluso en alguna ocasión alguien me ha mencionado que la barra del bar es bastante recurrente en las letras de mis canciones… Es normal, me he pasado muchas horas en bares y en pubs. No sólo bebiendo sino también conversando, escuchando música que no conocía, o quedándome hasta las seis de la mañana esperando a que pincharan a los Brincos, a los Bravos y a los Pequeniques.

¿Utilizas el alcohol para escribir o para ensayar?
Nunca me he emborrachado para escribir o para ensayar: para trabajar necesito estar lúcido.

¿Eres consciente de que los mensajes que lanzas no son nada sencillos y que esto puede hacer que la gente no se fije en tus letras?
Desde luego que mis letras están escritas para el oyente dispuesto a hacer una escucha activa. Quiero decir, que tendrá que reflexionar para interpretar el mensaje que lanzo y seguramente a lo largo de esta reflexión sacará conclusiones que a lo mejor nada tienen que ver con lo que yo intenté transmitir. Esto es lo que me parece interesante. Lanzar un mensaje cerrado no me seduce, no me parece tan atractivo. Si pierdo oyentes por esta razón es algo que no me planteo, que no me influye a la hora de escribir. De todas formas también hay temas en los que soy bastante directo, en los que no soy tan enrevesado.

Sí, pero aún así no son los mensajes típicos que se escriben en las canciones típicas…
No, no lo son, sí es verdad que huyo de los mensajes fáciles, de los estribillos facilones que hoy en día están tan de moda. En este sentido creo que hemos perdido un poco el norte, a diferencia de lo que pasaba en décadas pasadas, sobre todo en los años 60s y 70s, parece ser que el éxito de masas está estrechamente relacionado con la producción de textos que no tengan más de cuatro palabras. Creo que la diferencia fundamental es que antes se producía para divertir haciendo pensar a la gente, de ahí la importancia de iconos tales como Jim Morrisson o los Beatles, y ahora el objetivo es entretener por entretener, a cualquier precio.

El contexto ha cambiado…
Sí, el contexto ha cambiado y está claro que en el mundo del rock se pueden hacer muchas lecturas distintas. Por ejemplo a mi el rock’n’roll de los años 50 me encanta, ahí no hacía falta decir nada, sólo por el hecho de colgarte una guitarra ya estabas asumiendo una actitud provocativa. Además, había músicos de la ostia: Elvis, Chuck Berry, Buddy Holly, Carl Perkins… Todos ellos y muchos más que se han quedado en el tintero son mis influencias, así es como entiendo la música y sin duda quiero que mis letras reflejen esto.

Pero el contexto…
Por mucho que haya cambiado el contexto no voy a dejar de hacer las cosas como yo creo que debo hacerlas para considerarlas bien hechas.

 

REVUELTA ELEMENTAL: SONIDO Y MÉTODO DE LA CASA

Doctor Divago lleváis funcionando más de diez años y a lo largo de este tiempo la formación ha sufrido diversas variaciones. A pesar de ello habéis conseguido que vuestro sonido sea inconfundible. ¿A qué crees que se debe esto?
Tuvimos la suerte de que los reemplazos siempre fueron fans, personas que nos habían estado siguiendo y que sabían cuales eran nuestros gustos y nuestra filosofía vital y musical. Siempre que ha entrado alguien nuevo ha sido para dar una bocanada de aire fresco, un nuevo empuje, a una idea que vista desde fuera, pero también desde dentro, parece estar definida claramente.

¿Esto tiene que ver con que tú eres quien compone letra y música de las canciones?
Esto tiene un peso importante, pero también lo tiene el soporte, anímico y profesional, aportado por Antonio H. Chumillas (el armonicista) como por Asensio Ros (el baterista) a lo largo de todos estos años. Mis canciones siempre han necesitado de este respaldo básico para ver la luz.

¿Cómo trabajáis los temas?
Normalmente llevo al ensayo una idea muy clara sobre lo que quiero que sea la canción. De hecho, en la mayoría de las ocasiones ya conozco la letra de memoria cuando la presento al resto de los miembros, debido a que en casa realizo un trabajo a fondo. En el ensayo nos dedicamos a pulir, a doblar algunos pasajes, a recortar otros, a definir punteos, bajos, baterías, coros, etcétera.

¿Y cómo ha sido el proceso de elaboración de Revuelta Elemental?
Con la incorporación de David Vie, el nuevo guitarrista, la consolidación de Edu Cerdá al bajo, a su profesionalidad, y a la de los otros dos miembros que antes he mencionado, conseguimos que la elaboración de este disco fuese muy gratificante. Logramos centrarnos en disfrutar de cuestiones esencialmente musicales y ello ha sido muy importante a la hora de encontrar un refugio del cual extraer fuerzas y vitalidad.

¿Cuando empezasteis con la grabación?
Más o menos en octubre de 2005 y cada tres meses nos metíamos en el estudio de Dani Cardona (Studio 54) y hemos grabado entre tres y cinco canciones por vez.

Una vez más en Studio 54 y con Dani Cardona de productor. ¿Cómo funciona este tándem?
Llevamos trabajando juntos diez años, desde El loco del chándal. Dani es la persona que mejor nos conoce dentro de un estudio de grabación: ha trabajado mucho con nosotros. Aun conociéndonos tanto, o quizás por ello, no es complaciente con nuestra música; más bien todo lo contrario, aporta una opinión externa y un contrapunto necesario a nuestra visión de los temas. Ello se traduce en la incorporación de matices indispensables en la definición de las canciones. De todas formas, debo decir que al estudio llegamos con los temas muy currados y que, por ello, Dani pudo centrarse esta vez, con mayor dedicación, en cuestiones de interpretación y en lograr hacer que las cosas sonaran tal y como son.

Uno de los temas de este disco, aunque es tuyo, lo canta Víctor Ortiz. En otras ocasiones has hecho versiones de Lone Starr o de Nino Bravo. ¿A qué se debe este interés?
Yo me siento parte de una tradición de rock cantado en castellano y en cierto modo es esto lo que define al grupo.

¿Es una especie de agradecimiento?
Más bien son homenajes nacidos con naturalidad. Como me muevo dentro de estos parámetros me parece muy normal satisfacer estos deseos invitando a personas de renombre como Víctor Ortiz a que cante uno de mis temas (La mala herencia), o haciendo versiones de Nino Bravo, La Resistencia, Lone Star o 091.

¿Qué significado tiene el directo para vosotros?
Lo pasamos muy bien y nos encontramos muy a gusto. Además, la mejor forma de defender un nuevo disco es ante el público y nosotros trabajamos hasta el último detalle para sonar potentes, enérgicos y con calidad. El directo es una manera segura de llegar y convencer al personal. También confieso que nos gustaría actuar más y, a ser posible, ante más gente.

¿Cómo está yendo la gira?
Allí donde hemos actuado, aunque haya sido en la otra punta de la península, nos hemos encontrado con personas que saben nuestros temas de arriba abajo. Cuando eres consciente de lo difícil que es conseguirlo, constatarlo representa una gratificación muy importante. Aunque siempre podría irnos mejor, somos conscientes de que no nos podemos quejar.

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