ENTREVISTA A JULIO BUSTAMANTE, MÚSICO VALENCIANO

«Mi proyecto musical ha sido siempre mi salvavidas»

(artículo aparecido en la www.revistateina.com, n.11, marzo-abril-mayo 2006)

Néstor Mir
nestormirplanells@yahoo.es

Julio Bustamante (Valencia, 1951) lleva desde los años setenta en el mundo de la música. Sus influencias musicales son tan amplias como su carrera. Entre sus gustos están Van Morrisson, John Martin y sobre todo la música europea: la francesa —Gaingsbourg, Renaud, Brigitte Fontaine o Benjamin Biolay—, la italiana —Paolo Conte, Franco Battiato o Pino Danielle— y, por supuesto, la música española —Golpes bajos, Pau Riba, Jaume Sisa o Ariel Rot—. Como delatan estos nombres, él es un apasionado de los cantautores.

Pese a que su primer disco en solitario, Cambrers, lo publicó en 1981, Bustamante ya llevaba tiempo participando en el circuito valenciano. Entre sus aventuras musicales de entonces destaca, por ejemplo, la colaboración  en el disco la Humitat relativa (1978) de Remigi Palmero. Después de Cambrers, y antes del segundo disco, vendría la etapa de In Fraganti, un grupo que formó con uno de sus hermanos y Palmero, y que publicó varios sencillos entre 1983 y 1986.

A partir de 1987,  su carrera en solitario progresaría a fuerza de discos que se hacían esperar: Cargo de mí (1987), Salón Fujiyama (1989), Ciutat magnètica (1992), Sinfonía de las horas (1994), Los entusiastas (1998), La vida habla (2000), Con tal de volar (2003) y Material Volátil (2005). En total nueve trabajos.

Julio Bustamante habló con teína de su carrera, de su manera de componer y de la experiencia que le supuso su último disco.


ESCRIBIR TEXTOS, COMPONER CANCIONES

¿Te consideras un escritor o un compositor de canciones?
Como modo de expresión, siento la música más cercana a lo que quiero conseguir como artista que la literatura. De todos modos es curioso lo que sucede: gracias a la música escribo poemas o narrativa; sin embargo, ese tipo de escritura me ha dado disciplina para mejorar las letras de mis canciones. En mi vida ha habido momentos en que para escribir la letra de una canción necesitaba escribir primero una novela corta, un cuento o lo que fuera. Estos ejercicios eran como la tabla de salvación del náufrago a la espera de la siguiente canción.

¿Cuáles son los temas de las canciones?
Sobre temas personales, pero siempre desde la perspectiva de que lo que me pasa a mí le puede pasar a cualquiera. Si el tema sobre el que escribo no me pertenece, si ha venido a mí por la vía de la observación, busco el conflicto en mi interior y lo hago mío, intento darme una explicación de lo que significa para mí. De esta forma acabo por escribir una especie de receta, aunque siendo consciente de que ésta no es mía, sino que viene de lejos. En realidad es como reinventarlo todo porque en el fondo todo está dicho y en realidad no hacemos más que falsificar las ideas de siempre. Yo soy un falsificador nato.

¿A qué te refieres con eso de «un falsificador nato»?
Pues a que ¿cómo no voy a copiar lo que dicen mis ídolos o mis mejores amigos y componer canciones con sus ideas? Lo importante no es que tal o cual persona aborde un tema, sino que las buenas ideas vean la luz y se difundan. Así es como los temas de siempre pasan a formar parte de nuestro subconsciente. Cuando llegas a esta reflexión, es cuando las cosas salen de forma mucho más sencilla. Y además, no hay que olvidarse de que en última instancia, toda esta labor de catarsis con los demás —y sobre todo con nosotros mismos— sirve fundamentalmente para conocernos mejor.

¿Cómo sueles encarar la elaboración  de un disco?
En la variedad está el gusto: hay textos a los que les va muy bien un tipo de música y aprendes a identificar cual es la mejor forma de expresar ciertas ideas con un tipo concreto de música. Aunque también hay temas que funcionan muy bien en varios registros…  Particularmente, me gusta darle a cada historia una música diferente. También que en los discos haya equilibrio entre la temática de las canciones y el estilo musical. En mis discos, en general, cuando noto que hay demasiadas canciones políticas, o demasiadas canciones de filosofía, o de amor, o demasiada bossa, rock o bolero, abro un cajón y las guardo para otro disco.

Rock, bossa, bolero…: juegas con una amplia gama de estilos musicales, ¿no?
Sí, mis influencias son diversas y creo que al jugar con diferentes estilos muestro diferentes facetas de mi creatividad. Además, musicalmente también acabo por falsificarlo todo. Siempre digo que hago falso rock’ n’ roll, falsa bossa nova, falso bolero; aunque también sé que es una manera de decir que personalizo todos estos estilos. La verdad es que me reconozco definitivamente como un falsificador nato y así me curo de lo que pueda decir la gente.

¿Cómo te enfrentas al proceso de escribir canciones?
Mi vida es mi trabajo y donde como, escribo. Por eso me limito a hacer las cosas, a estar en marcha y a ser receptivo. Escucho música, leo, hablo con la gente… Estoy en permanente búsqueda, atento a mi alrededor y así muchas veces sin darme cuenta ya estoy en plena fase de creación.

Pero, algún secreto tendrás, ¿no?
No creas. Antes tomaba notas; sin embargo, ahora pienso que las ideas importantes toman tanta relevancia en mi vida que no hace falta apuntarlas, que vuelven sin que me dé casi ni cuenta.

Entonces para ti, ¿el proceso creativo es sencillo?
Ni mucho menos. Lo que pasa es que para mí lo más laborioso no es encontrar ideas, porque la vida pide a gritos que le devuelvas lo que te ha dado, sino saber si estoy escribiendo una canción, un artículo, un relato o un poema. Una vez he logrado identificar el material con el que estoy trabajando, el siguiente paso es pulirlo hasta que estoy satisfecho con el resultado. Y eso también es muy trabajoso.

Has adaptado poemas de Jesús Zomeño o de Fernando Garcín, entre otros. ¿Por qué has echado mano de este recurso?
Porque a veces quienes escriben le ponen palabras a tu experiencia, a lo que tú estás viviendo en un determinado momento. Además, el trabajo de compositor y el de adaptador van unidos. De hecho, adaptar un poema puede resultar tan bonito como escribir una canción: haces tuya la criatura de otra persona quien, sin dejar de ser ella misma, con su poema se anticipó a tus pensamientos. Eso, por un lado, te quita un enorme trabajo de encima y, por otro, te proporciona una especie de hermanamiento con ese poeta.

Además de adaptar poemas de otros, escribes los tuyos. ¿Qué diferencias encuentras entre las letras de las canciones y la poesía?
La poesía es lo que no sé como cantarlo. Un claro ejemplo de un poema que no había forma de que fuese canción es Hablando de Van Morrison, de La sinfonía de las horas, un tema con el que había dado otra vuelta de tuerca a la hora de mostrar mis sentimientos. Al principio pensaba que bueno, que también era bonito como poema… Y al final el título me dio la respuesta para encontrar la canción. Me dije: «¡Imita a Van Morrison, che, Julio!». Y eso hice. Hacer las cosas sencillas, muchas veces es la respuesta a todo.

¿El título fue lo que te dio la clave?
Sí, a mí los títulos me guían como si fueran un pequeño resumen de las canciones o de los poemas. Si le hubiese puesto otro título a Hablando de Van Morrison quizás no hubiese dejado de ser nunca un poema… Muchas veces construyo las canciones a partir de los títulos.


NOMADISMO MUSICAL: UNA MANERA DE VIVIR

¿Qué significa la música para ti?
Una filosofía de vida. La música y la vida me las he tomado como una aventura conjunta: nunca pude funcionar en una sin la otra. Por supuesto, nada es tan fácil; sin embargo, detrás de esta actitud se esconde la continua necesidad de descubrir. Eso me ha hecho tirar siempre para adelante.

¿Ayuda la música a vivir?
Desde luego. A mí me ha servido para realizar un aprendizaje de la soledad. La música me dejó claro que siempre es uno quien debe tirar del carro, ya sea en la vida personal o en la carrera profesional. También me enseñó que debes darle a los demás lo mejor de ti y aprender a no ser una carga para ellos. En los dos ámbitos la música ha sido una maestra para mí.

¿Tanto?
Sí, claro. Sentir placer cuando tocas, desnudarte ante los demás pase lo que pase, cambiar como persona, viajar y conocer a mucha gente, escribir canciones sobre esas cosas… Todo eso te abre a los demás y te da experiencias de vida. Podemos ser unos viciosos de las lecturas; con todo, más importante que la literatura es vivir. Aunque la literatura —propia o ajena— te pueda aportar respuestas a las sensaciones que estés experimentando, escribes más de lo que has vivido que de lo que has leído.

¿Qué dirías que es un músico?
Un músico es un nómada, un animal solitario: no pertenece a nada y su lugar es el mundo. Es lo más parecido a un loco —en el buen sentido de la palabra— y se las tiene que ver con la locura y con la soledad.  

¿Cómo te has mantenido a flote en los momentos difíciles?
Mi proyecto musical ha sido siempre mi salvavidas. He tirado hacia delante con él y he intentado no quedarme nunca parado más del tiempo necesario. Por otro lado, mis padres también fueron un gran apoyo para mí, un refugio. Sus consejos fueron muy importantes. Incluso ahora, que ya fallecieron, los tengo presentes en mis pensamientos y en mis decisiones, y me echan una mano a solucionar mis problemas.


EL AMOR, ESE MATERIAL VOLÁTIL

¿Cómo nació tu último disco, Material volátil?
La elaboración de este disco ha sido algo especial y diferente. Es un proyecto sobre el que Carlos Carrasco —productor, arreglista y músico amigo— y yo llevábamos pensando desde hacía tiempo. Un monográfico de canciones de amor.

¿Y por qué un disco de canciones de amor?
Carlos tenía pensado este disco desde hacía muchos años y yo había ido apartando canciones de amor para ese proyecto: La máquina que somos tú y yo es un descarte de La sinfonía de las horas; de Entusiastas guardé Old Song; Amor antiguo y Para quererte quedaron fuera de La vida habla, y La caseta se quedó fuera de Con tal de volar. Durante la grabación compuse nuevas canciones y descarté otras. Además, en un momento dado me enamoré y escribí la canción en francés, L’habitude du silence… Al final te das cuenta de que todo lo han escrito las mujeres y el gran espíritu, y que nosotros no hemos hecho más que pasarlo a máquina.

¿A qué se debe ese clima musical particular que desprenden las canciones de este disco?
Carlos Carrasco es el responsable absoluto del sonido del disco y por eso éste da esa sensación sónica tan compacta. Él quería crear un clima concreto y, para lograr ese efecto, me hizo incluso cantar de una manera muy determinada. No fue fácil para mí ya que estoy acostumbrado a cantar a mi bola. De todos modos me esforcé al máximo porque sabía que el resultado iba a valer la pena.

¿Cómo fue el proceso de grabación?
Grabé con Carlos las bases y la línea de voz en los meses de invierno y a comienzos de la primavera de 2005. Después dejé a Carlos solo y él se encargó de la producción musical: llamó a Lucho Aguilar, Julio Serrano, Remigi Palmero, Puchi Balanza, Mauri Mora, Montse Azorín, Maribel San Segundo, Txoni Mántaras y Vicent Gelós. Incluso él mismo grabó varios instrumentos.

¿Cómo te has sentido al ver producida tú música de forma tan integral?
No te creas que esto fue sencillo, ahí si que tuve que superarme, o ganarme a mí mismo y decir, tío, confianza ciega, aunque esto vaya al desastre. Tuve que hacer un esfuerzo grande para tener bien claro que este disco lo iba a producir otra persona y que yo me iba a tener que quedar a la expectativa. Fue un paso muy importante el que di y una nueva experiencia en mi carrera musical. Eso sí, en cuanto grabamos las bases tuve claro que todo iba a ir sobre ruedas y que lo mejor que podía hacer era dejar a Carlos solo. Cuando te embarcas en un proyecto de estas características: o confías plenamente en el que te está produciendo o mejor no hacerlo. Sin esta predisposición, si encima de que corres el riesgo de que musicalmente sea un desastre, además acabas mal con el que te está produciendo, mejor no hacerlo, porque sino será un doble desastre.

¿A qué retos te has enfrentado al hacer el disco de esta forma?
Dos muy importantes: el primero el de tener fe ciega en la persona que me iba a producir el disco, que le iba a dar un tono musical muy concreto a mis canciones y que suponía para mí una renuncia a esa vertiente multiestilística, donde es la ética y no la estética la que marca la pauta, que me gusta que tengan mis discos; el segundo, al hacer un disco monotemático tuve que sacrificar mi visión multitemática de las canciones. Yo soy una persona muy escurridiza. Soy como una anguila y componer un disco con solo canciones de amor me parecía extraño. Tenía la sensación de estar todo el rato al descubierto, sin poder tomar un respiro, sin tener la posibilidad de desviar la atención del potencial oyente hacia otras cuestiones. He tenido que desarrollar una faceta que tenía escondida.

¿Has dudado del resultado en algún momento?
No, porque al ver a Carlos tan ilusionado sabía que todo saldría bien. Para un músico, producir el disco de alguien que le gusta mucho le puede permitir disfrutar incluso más que producir sus propias canciones. Por eso estaba seguro de que el disco iba a quedar de puta madre, porque al ver a Carlos con esta predisposición y al decirme además que había soñado trabajar en este disco, entonces le dije, tío, carta blanca.

Entonces ¿estás contento con el resultado?
Claro que sí, porque éste es un disco muy especial dedicado a una persona especial. Además ahora, incluso sé cantar de otra manera. De todas formas esto no quiere decir que a partir de ahora vaya a trabajar siempre así. He abierto una nueva puerta y ahora la tengo a mi disposición de la misma manera que tengo a mi disposición la forma de trabajar que había desarrollado hasta la edición de este disco.

 

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