Archivo de Abril 2009

Wallace, Bernhard y Papini (3)

Abril 30, 2009

papini2

No resulta tan sencillo como pensé en un principio llevar a cabo el ejercicio que me he propuesto.

Me he encontrado con diversos problemas.

Uno de ellos es la competición que se ha impuesto entre los libros que he decidido acabar de leer. Cada uno de ellos intenta llamar mi atención con mayor intensidad que el anterior. Se está produciendo una batalla por acaparar todo mi tiempo de lectura por parte de los libros. Wallace está conquistando el territorio del cuarto de baño, Bernhard el de la cama y Papini a duras penas logra aparecer por una rendija que le queda a la hora de la merienda cuando me siento en el banco del parque.

Pero, no es este el único frente abierto. Luego están las tentaciones. Los libros que he decidido no leer pero que me muestran sus encantos para que cambie de opinión. Una antología poética de T.S. Eliot y La Vida del poeta de Robert Walser son tentaciones que a duras penas puedo controlar. Dejo de mirar las tapas, las portadas sugerentes que me invitan a dedicarles, aunque sea un momentito, a leer una frase… ¿qué me puede pasar por leer una frase?

Pero, no, he de ser fuerte, debo acabar los libros que me he propuesto leer, miro a otro lado, pienso en otra cosa, en fútbol, algo en lo que no me gusta pensar, pero, vuelve a mí la tentación, esta vez en forma de cómic. Oigo a Sergio Bleda hablar de su obra, de cómo escribió El baile del vampiro, comenta unos cuantos cómics que le han influenciado, tomo nota, voy corriendo al ordenador para ver si están en la biblioteca, pero antes de iniciar la búsqueda me digo: no, para, no busques más, lo tienes todo, por ahora lo tienes todo, no hace falta que te leas ahora, La ascensión del gran mal, de David B, no hace falta, puedes hacerlo. Debes hacerlo si quieres acabar de leer los libros que te has propuesto leer.

Pero, no estoy convencido, ya que pensar en La ascensión del gran mal me recuerda que tengo La Casta de los metabarones a mitad. Eso sí, me he prohibido comprar otro cómic hasta nueva orden, hasta que acabe de leer los libros que me he propuesto leer… Pero tengo serias dudas.

Wallace es interesante, insiste en establecer un mapa bien definido del significado del lenguaje, de aquello que transmitimos al utilizar un lenguaje u otro, un lenguaje académico  o un subdialécto. Habla de la importancia del lenguaje en la construcción social de los niños, de los adolescentes, de las etnias, como el lenguaje unifica un postura comunal frente a otra, y sobre todo dice que hay un lenguaje de las clases altas, y que cualquiera que quiera aspirar a llegar a las clases altas por mucho que pertenezca a una etnia discrimanada tendrá que aprender este lenguaje si quiere ser escuchado. GRAN REVELACIÓN.  Con Wallace se aprende, aprende mucho. Wallace es un genio de la comunicación dentro de un mundo incomunicado, sin embargo Bernhard es un artesano de la palabra y un narrador profundo como un lago negro…

bernhard

Seguramente Wallace habrá leído a Bernhard, da la sensación de que Wallace lo leyó todo, y me pregunto en qué categoría pondría Wallace a Bernhard. ¿Está escribiendo Bernhard para las minorías? ¿Para las minorías intelectuales? Alguien que empezó leyendo a Bukowski y a los Ramones, ¿tiene la capacidad para acabar leyendo a Bernhard sin que se le caigan los anillos? Quiero decir, ¿qué quiere decir esto de que el ser humano tiene un único lenguaje? ¿No sería esto limitar la capacidad del ser humano? ¿Podríamos pensar que un ser humano habla muchos lenguajes dentro de un mismo lenguaje según con quién se relacione e incluso dependiendo de su estado de ánimo? ¿Puede ir un hombre todo el día empalmado? Creo que no, creo que a veces ha de relajarse y dejar de pensar que está por arriba. Arriba no existe, sólo es una construcción social…

Sí, Bernhard y Wallace le están ganando la partida a Papini, pero, Papini, su primer cuento del libro El piloto ciego, es tan redondo que me da miedo empezar uno nuevo y romper ese círculo perfecto con el que me he quedado. Un círculo perfecto hay que conservarlo durante un tiempo, por los menos unos días, para que se asiente, para que se imprima en el tejido cerebral, algo así merece permanecer.

papini

Wallace, Bernhard, Papini (2)

Abril 29, 2009

cosmic_forcedavid_foster_wallace_medcosmic_force

Ante la imposibilidad de acabar de leer los libros que me propongo leer, he he optado por plantearme un juego, o un reto, o una estrategia, que me permita ser eficaz y cumplir con aquello que proyecto hacer, en este caso leer.

El juego o el reto o la estrategia es bien sencilla. A la vez que me ayudará a acabar la lectura de los libros de Wallace, Bernhard y Papini (Hablemos de Langostas, Recopilación de cuentos realizada por Miguel Saénz y El piloto ciego) me permitirá, me está ya, ahora, permitiendo dilucidar (dice Wallace que cuando hablamos y escribimos, la utilización que hacemos del vocabulario o de la gramática está hablando por nosotros, y es cierto) por qué no me acabo los libros que quiero leer.

¿Por qué dejamos libros leídos a mitad?

Algunos, es cierto, podemos decir que nos defraudan, que no cubren las expectativas que nos habíamos o nos habían creado sobre él. Y esto, que podría ser una consideración de lo más objetiva frente a uno mismo, no es más que una muestra más de que la lectura no es sólo una cuestión de voluntad sino también un estado y un estadio.

No es lo mismo leer El Tercer Policía hoy, este año -es uno de los libros que casi acabo pero que no he podido acabarme, por mucho que Cabrera Infante haya prologado el libro; por cierto, ¿qué importancia tienen los prólogos en los libros? Hace unas semanas, antes de dejar definitivamente mi anterior casa, para despedirme de ella, acabé de leerme en el water; lugar donde realizo el 30% de mis lecturas, el otro 30% de mis lecturas son sobre la cama; El Desierto de los Tártaros, prologado por Borges (¿tendrá esta última lectura una analogía con lo que aquella casa, en los últimos tiempos, significó para mí?); de todo lo que decía se me quedó grabado lo siguiente: es más sencillo reconocer la genialidad de los clásicos que la de nuestros contemporáneos- que leer El Tercer Policía a los 20 años, a los 25 quizás. Esto es lo que he concluido, sin demasiada convicción, ya que como he dicho antes la lectura es una cuestión de estado y de estadio, al ver como mi lectura ha pasado por encima de El Tercer Policía sin poder cautivar mi atención profunda, ni disparar mi entusiasmo como lector; o por encima de Locus Solus, dejándome esa misma sensación; o por encima de: Rapsodia en Nueva York (libro entretenido a la vez que inconsistente y prescindible… -¿acaso me he convertido en una persona con criterio literario o soy simplemente una persona que lee y que sencillamente transmite lo que le gusta y lo que no? ¿Por qué me gusta Meridiano de sangre y me lo leo como si fuese mi alma en ello, buscando espacio donde no lo hay, lo acabo y tengo la sensación de haber hecho lo correcto, llegar hasta el final del libro? ¿Por qué me pasa lo mismo con un libro que se ha convertido en un Best Seller: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina? o, ¿Por qué me pasa con El Desierto de los Tártaros, de Pino Buzzati? ¿El criterio que se desprende de mis lecturas me permite hablar de la creación literaria con propiedad o no soy más que un simple aficionado? ¿Puedo llegar, por este camino, a ser capaz de distinguir lo que es la buena de la mala literatura? Y lo que es más importante ¿tiene esto algún sentido? porque ¿Existe realmente la mala y la buena literatura o simplemente estoy rodeado de un mercado saturado donde hay tanto donde elegir que todo empieza a ser sustituible o prescindible? El tiempo es limitado y tengo que elegir-) etc.

Desde comienzo de año he comprado unos cuantos libros, el año pasado también compré otros tantos. Me he leído unos cuantos, no sé cuántos. Bastantes para mí, pocos para Nabokov. Pero, tengo que elegir. Y aquí vuelvo a recordar la razón por la que empecé a escribir este post. Decía Palahniuk (más o menos y no con las mismas palabras), en uno de sus libros de relatos periodísticos, que hemos llegado a un punto en el que cualquier persona interesada mínimamente por la cultura general puede haberse leído cientos de libros, puede haber vistos miles de películas, puede haber escuchado miles de discos, ido a ver decenas de museos etc. y que este bagaje de las personas frente a la cultura hace que sea muy difícil captar su atención. Es difícil sorprender a las personas en una sociedad como la nuestra, y es difícil porque es difícil focalizar el esfuerzo en un solo punto. Un solo punto, ahí está la cuestión. Ante la imposibilidad de acabar de leer los libros que me propongo leer voy a plantearme el reto de focalizar mi objetivo de lectura en un solo punto, en este caso en tres puntos. Ese va a ser el juego, el reto, la estrategia. No es que no tenga la estantería llena de libros por leer, todo lo contrario. Me esperan unos cuantos, pero, he de focalizar, centrarme, acabar lo que empiezo. He de acabar de leer el libro de Wallace, el de Bernhard, el de Papini. Eso es lo que voy a hacer leer estos tres libros, pero, no sólo una vez, varias veces, la veces que me de tiempo leerlos hasta verano. Los leeré y no me plantearé ni por un segundo leerme ningún otro libro, por mucho que lo anote en mis libretas, por mucho que me lo recomienden en los talleres a los que asisto, por mucho que entre en una librería y me gaste parte del sueldo en libros que me han recomendado o que he anotado en mis libretas. Por un tiempo se ha acabado. En esta sección hablaré de los tres libros que he mencionado reiteradamente desde el anterior post: el de Wallace, el de Papini y el de Bernhard.

Pero, no hay que pensar que esta decisión ha sido aleatoria. En realidad, he leído de los tres libros algunos cuentos y artículos durante estos días, y me he dado cuenta de que hay libros escritos de tal forma que vale la pena entrar en ellos y quedarse un tiempo, sin salir, sin pensar en nada más, por mucho que sepamos que una visión global y diversa es la mejor de las maneras de formarnos. Hay veces que el conocimiento horizontal debe dejar paso, aunque sea por un periodo de tiempo limitado, al conocimiento vertical. Hay que bajar al pozo a buscar petróleo, y estos pueden ser tres fantásticos acompañantes para hacerlo. Al fin y al cabo  no soy ni un crítico ni un periodista, y las lecturas que hago, las hago porque yo quiero.

Wallace, Bernhard y Papini

Abril 24, 2009

david_foster_wallace_med

No, no me podido acabar ninguno de los tres libros que estoy leyéndome. Ni el de David Foster Wallace (Hablemos de Langostas), ni el de Papini (El piloto ciego), ni el Thomas Bernhard (una selección de relatos realizada por Miguel Saénz). Entonces, si no me acabo los libros, ¿para qué los empiezo?

El parque se llena de Emos que bailan y yo me pregunto si vale la pena escribir la vida o  vivirla.

Cuando fuimos a ver Control, me di cuenta de que algo había pasado en mi vida desde que la vi por primera vez: he cumplido un año más, y este año de más es definitivo, he atravesado una frontera. Veo a los Emos desde una montaña, no sé si es más alta, lo único que sé es que es más vieja.

Foster Wallace, con su libro, ha disparado un par de proyectiles contra mi recién creado armazón literario y, en uno de sus artículos ha puesto de manifiesto, con una inteligencia exquisita y salvaje, las deficiencias de mi adorado Updike.

La tortura de ver más allá, y me pongo en la situación que debe experimentar una persona con los conocimientos de Wallace, debe sufrir mucho. Una persona que es capaz de detectar dentro de una novela, de forma casi involuntaria, las debilidades estilísticas de una contrucción narrativa, debe sufrir mucho.

El fondo y la forma. El eterno combate. El trabajo de artesanía gramatical, léxica… La correcta utilización del lenguaje. El custionamiento sobre qué es el lenguaje. ¿es un lingüista un escritor? ¿es un escritor un lingüista?

Hablar, todos podemos hablar, todos podemos escribir, igualmente, pero, ¿escribimos y hablamos bien? Y, hacerlo bien o mal, ¿debe ser un freno para que podamos contar historias?

¿Qué Quijote es el bueno? El escrito por Cervantes o el que leemos hoy en día. ¿No es lo que leemos hoy una traducción de aquello que escribió Cervantes? ¿Podemos decir que Cervantes no sabía escribir porque no escribía como nosotros?

Las reglas, pueden permitir que nos comuniquemos, pero, las reglas son el poder, y hay gente a la que le encanta ejercitar su poder.

Wallace tiene un estilete en su forma de escribir.  Se entiende, ¿no? Aunque quizás no esté bien expresado. Se entiende que Wallace desmenuza con sabiduría e ingenio e ironía cuestiones que escritas de otra manera, una persona como yo, no les prestaría, hoy en día, la menor atención. ¿Es esto un don? Yo así lo creo. Wallace es un lingüista, seguramente uno de los más aventajados discípulos, pero, ante todo Wallace es, era, un escritor. ¿Por qué? Porque con su lenguaje era capaz de comunicar con aquellos que no estaban o están a su mismo nivel.

Mardi

Abril 21, 2009

eliot

Desde donde me encuentro ahora no cabe posibilidad alguna para continuar con mi búsqueda.

Las recaídas, frecuentes, a pesar de mantenerme apartado de cualquier tipo de ingenio electrónico, me han llevado a recalar en esta prisión, en medio de la naturaleza. Mis padres lo llaman balneario.

Sólo el hecho de pensar en el recuerdo de la misión que se me había encomendado en La Crisis de las Islas de Bienestar me pone en un estado de nervios que me obliga a aumentar la dosis de tranquilizantes.

Así paso mis días, con el terror metido en el cuerpo. El terror de que vuelva a sucederme lo que me sucedió el día que se fundieron los plomos. El día que dejé de tener de por medio un ingenio electrónico para recibir mensajes. Mi mente se había convertido en el servidor al que estaba conectada la red. BrónicSV2 me mandaba mensajes que alcanzaban directamente mi núcleo cerebral convirtiéndose en pensamientos.

Se lo confesé a mi terapeuta cuando los reclamos por parte de BrónicSV2 fueron aumentando en intensidad. Estuve a punto, a punto, de atravesar la ventana del comedor.  Sólo el alargado brazo de mi padre frustró este intento.

Pienso en Réflect, pero, automáticamente tomo una pastilla que me disuade de seguir esa senda de sentimientos.

Me han llegado un par de paquetes.

Uno es de una antología de Carlos Edmundo Ory; el otro es otra antología de T.S. Eliot. Leo Los hombres huecos.

Me acuerdo de Mariano José de Larra.