Las sesiones con mi terapeuta están surtiendo efecto. He logrado apartar de mi mente la búsqueda de Réflect. He recibido algunos mensajes de mi joven amigo victorioso, pero, los he borrado automáticamente sin abrirlos. Empiezo a pensar que todo ha sido un farol, una trampa de la que ahora me estoy escabullendo. Ellos no comprenden por qué, yo tampoco. No es que haya dejado de pensar o imaginarme la vida de Réflect fuera de mi vida, es que, mi terapeuta, siguiendo las sugerencias de algún que otro colega anónimo, no me quiso decir sus nombres, ha aumentado la dosis de antiansiolíticos que debo consumir al día.

Puedo decir que he dejado la búsqueda. La he abandonado. He tomado la decisión, apoyado por la fuerza que me dan las drogas de diseño que me receta mi terapeuta, de olvidar. Voy a forzarme a olvidar a Réflect. Construiré mi nueva vida obviando su existencia, convenciéndome de que nunca existió. Me sumergiré dentro de una burbuja donde no podrá alcanzarme ninguna reflexión que tenga que ver con la existencia de Réflect.
Para reforzar mi decisión irrevocable he estado escuchando canciones cuyas letras me han dado fuerza.
Dos de ellas estaban compuestas por frases del estilo: “Vamos a cambiar toda la ilusión por curiosidad.” “Se parten de risa y encima les pido perdón.” La otra: ” A mí también me gusta dedicarle tanto tiempo a estar ausente.”
Las dos primeras de Standstil. La tercera de Sr. Chinarro.
Un par de blogs, mantienen también mi mente distraida: aquí
y aquí
Los recuerdos de mi infancia siguen el vaivén del oleaje de mi memoria.